Noticias Taurinas ANCTL

9 Jun

 

 

detras del valor

 

Prefacio

Por Juan Antonio Hernández (El torero)

Siempre he intentado sostener que “la fiesta de toros se siente, antes de entenderse” y, bajo esta JUAN ANTONIO HERNANDEZparticular premisa, me permito recurrir a dos anécdotas muy personales, poco importantes, pero relevantes para la postura que aquí tratare de defender.

 

La primera tiene que ver en cómo es que conocí al autor de esta obra, Francisco Miguel Aguirre Farías, “Pancho Miguel”, para después valorar, en parte, la razón por la que el mismo acude a un servidor para colaborar en este texto.

Aquí la historia:

Algún domingo, de alguna temporada de novilladas en la Plaza México, compartía alguna barrera de sombra con algún amigo, ante el cual, vertía algunas observaciones sobre el desempeño de los novilleros según eran las condiciones de sus respectivos astados. De pronto, alguien, que ocupaba la localidad de adelante, volteó y me preguntó: -“Disculpe señor, he estado atento a sus comentarios y me parecen atinados, los comparto. No le conozco pero parece enterado”, por supuesto que, tras agradecerle su opinión sobre mi forma de entender el festejo, me presente. A continuación, insistió: -“Según la valoración que le merece la transmisión y bravura del novillo anterior, ¿cuál es, para usted, la ganadería mexicana que más se apega a ese concepto?”, y enseguida, sin una duda, contesté que, en ese momento, la ganadería de bravo mexicana atravesaba por una racha de falta de bravura, víctima de la incisiva búsqueda de nobleza, pero que, recientemente, había presenciado la lidia en varios festivales de dos camadas enteras de la ganadería “El Colmenar”, y el juego de esos animales, criados por don Gerardo Martínez Ancira, me había parecido que se salvaba del intolerante descastamiento, por vender cara su muerte y, por tanto, generar transmisión con su inquebrantable bravura. Nunca esperaría, en la cara del interlocutor, quien se había presentado como el actuario Francisco Miguel Aguirre, una expresión llena de sorpresa tras mi aseveración, a la que arremetió, no con otro cuestionamiento, sino con una noticia: -“Pues, señor, acabo de comprar la ganadería a la que usted hace referencia, “El Colmenar”, al ingeniero Gerardo, el hermano de Manolo Martínez”, mi reacción la puede usted imaginar, sí, mi mandíbula colgando ante la respuesta del nuevo ganadero.

Así es, con esa sorpresa con la que usted puede tomar esta anécdota, fue como, de manera increíble, conocí al autor de la obra que está a punto de leer, con un espaldarazo “inocente” de la aventura en la que comenzaba a sumergirse el tal “Pancho Miguel”. Pude haber opinado lo contrario, o haber respondido el nombre de otras muchas ganaderías, y tal vez, la amistad y admiración que nos une desde entonces, no se hubiera consumado.

La otra vivencia a la que tengo que recurrir para sostener mi teoría sobre cómo apreciar una corrida, se remonta a mis inicios laborales en los medios de comunicación. Todo comenzó en la casa del maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin, el más célebre pintor tlaxcalteca y cuyos murales que adornan el Palacio de Gobierno de Tlaxcala, le han inmortalizado. Pues ahí, en su casa, ubicada frente a la bella y colonial plaza de toros “Ranchero Aguilar”, solían vestirse varias figuras; y esa tarde en la que se ubica mi anécdota, no era la excepción. Acudí a la bella casona a saludar al susodicho torero invitado por el pintor y ahí tope con otro artista, pero de las letras, el maestro Wilebaldo Herrera, a quien tenía el enorme privilegio de conocer. Para cuando el diestro abandono la casa del muralista, ya enfundado en el traje de luces, todos los presentes salimos enfilados tras él, con excepción de los dos artistas tlaxcaltecas, Xochitiotzin y Herrera, por lo que me retrase y pregunte al maestro Wilebaldo si no asistiría a la corrida, a lo que me respondió que no le llamaba la atención la llamada fiesta brava, aunque la respetaba. Pero mi injustificable terquedad, propia de un imberbe de 22 años, provoco que entrara conmigo a la plaza aunque fuera por escasos minutos. Ese breve tiempo fue suficiente para que pudiera admirar mi amigo la magistral faena, y bastó el mirar cuatro tandas de muletazos buenos para que me dijera, que hasta ese día, comprendía él porque del fervor que tienen decenas de sus amigos a la fiesta taurina. Es más, al lunes siguiente, me honró dedicándome unos versos sobre lo que sus ojos habían contemplado aquel “Día de los Fieles Difuntos” en la histórica plaza de Tlaxcala. Nunca Wilebaldo Herrera había siquiera degustado faena alguna, a pesar de haber oído y leído mucho sobre tauromaquia; simplemente era un espectáculo que entendía pero que no compartía, debido a su parte cruenta. Pero ese día experimento la sensación única que provoca una buena faena, aunque eso sí, me dijo que no volvería, y desconozco si pudo resistirse.

Desde entonces, cuando invito a alguien por vez primera a un festejo taurino, o simplemente a alguien que se considera no aficionado, y me advierte que no es conocedor calificándose como “villamelón”, les animo diciéndoles tajantemente: “la fiesta de toros más que entenderse se siente”.

Y así, bajo esas dos anécdotas en las que “las sensaciones” que despierta el toreo, me unieron en amistad con dos importantes personajes mexicanos, me terminó de quedar claro que el buen aficionado está marcado, ante todo, por su “buen paladar” y no por todo lo que pueda saber sobre la historia de la tauromaquia. Aunque, al mismo tiempo, reconozco que, tras la degustación de una faena, si esta es buena, viene el entendimiento no obligado de la misma, y obligado, sobre todo si aquella, a nuestro juicio, ha sido mala.

Tal entendimiento debe estar sustentado en el conocimiento de lo que es el TORO y su comportamiento, aunque, lamentablemente, al respecto se ha escrito muy poco. La inmensa mayoría de los tratados taurinos tienen que ver con su respectiva historia; otros sobre conceptos; algunos anecdóticos y biográficos; pero muy pocos se han detenido a investigar la razón de la conducta en un ruedo del foro bravo y, aun mas, del procedimiento técnico del torero ante las circunstancias que se le presentan.

La misma técnica taurina, cuasi perfecta en la actualidad, cada vez más templada, larga y de mano muy baja, que exige brutal rendimiento al toro de nuestro tiempo, no ha podido tomarse una pausa para entender la razón de esa incesante búsqueda de lo ideal. El torero sabe perfectamente donde y como colocarse técnicamente, pero nunca científicamente el porqué lo hace así.

Y ya no hablemos de los críticos o cronistas, quienes en todo momento hacemos descripciones abstractas, reseñas bañadas de adjetivos, pero casi nunca de razones técnicas. Llegando, incluso, al absurdo de describir una actuación como de “muy torera”.

A un taurino no lo hace mejor o peor aficionado si ha memorizado más o menos datos sobre la historia, lenguaje o anécdotas del toreo, sino, será mejor espectador o crítico si sustenta sus conceptos en las razones de la técnica del toreo, la cual, a su vez, esta cimentada en el comportamiento enigmático del toro de lidia.

Así pues, es un auténtico privilegio sumarme al despeje de cuadrillas de este texto, el que intenta acercarnos a lo más recóndito del carácter indeleble de un animal cuyas características únicas dieron pie al surgimiento y desarrollo de la técnica taurina. Con el sincero y firme deseo de que, en cuanto terminemos de leerlo, comprendamos mejor la magia del toreo.

 


 

500 años de Tauromaquia en México

XVII. El criollismo y la tibetanización: ¿efectos de lo mexicano en el toreo?

“Mientras el medioevo se prolongó dejando pocas posibilidades de acción e influencia al renacimiento, el barroco permite la liberación de inquietas manifestaciones estéticas, siendo la integración y constitución del “siglo de oro de las letras españolas” el mejor ejemplo de entre los muchos alcances logrados en el ámbito cultural, lo mismo en Europa que en América”. Siguiendo esta tendencia, como las describe el historiador Coello Ugalde, la Tauromaquia da nuevos pasos en la Nueva España.
Actualizado 4 junio 2016

José Francisco Coello Ugalde, historiador

El barroco cobija y estimula todo sentido derivado de la fiesta, no sólo en España, también en la Nueva España. Surge en unos momentos en que el imperio español y sus colonias están harto necesitados en proyectar expresiones artísticas que se mantuvieron aisladas del mundo, debido al proceso introvertido que en lo personal tengo identificado como de la “tibetanización”. Así, mientras el medioevo se prolongó dejando pocas posibilidades de acción e influencia al renacimiento, el barroco permite la liberación de inquietas manifestaciones estéticas, siendo la integración y constitución del “siglo de oro de las letras españolas” el mejor ejemplo de entre los muchos alcances logrados en el ámbito cultural, lo mismo en Europa que en América.

En esos años el pueblo es espectador y aunque deseoso de participar en diversas fiestas de carácter eminentemente oficial, tanto del poder político como del religioso, no puede. Quienes sí logran intervenir directamente en su ejecución son el clero y la nobleza, que por entonces detentaban importante influencia. Sin embargo, el calendario litúrgico dio motivo para que el pueblo aprovechara las diversas razones y pretextos, llevando a cabo una rica variedad de fiestas (fiestas de mayo y de la cosecha, carnavales, conmemoraciones, etc.), pasando de la observación a la ejecución, lo cual reafirmó el sentido de intensidad que con el tiempo ganó en cantidad. También en espectacularidad.

Así que una y otra fiesta: oficial-religiosa y profana invaden el escenario en términos impresionantes, al mismo tiempo en que surge y se engrandece el barroco. Ya lo dice José María Díez Borque: “El poder genera en el XVII, una variada gama de fiestas, con funciones de ostentación, propaganda, exhibición, encaminadas a promocionar fidelidades”. Para ello la casa real fue una de las principales promotoras al generarse a su interior diversas razones que por obvias razones [sic] no se quedaban en la simple celebración “doméstica”. Era preciso trascenderlas. Y para eso, allí estaba el pueblo, motor y vehículo masivos, quien se sumaba de manera multitudinaria al o a los festejos que van de los nacimientos y bautizos; a los matrimonios o nupcias reales; o de la proclamación de un nuevo rey y su opuesto: la muerte y los funerales.

El regocijo se desbordaba en banquetes, correr toros,[1] comedias, cañas,[2] juego de la alcancía,[3] juego de la sortija,[4] fiesta de los encamisados,[5] fuegos de artificio. El respeto y “fidelidad” en catafalcos y lujos funerarios. Entre gula y templanza de la destreza; entre el misterio espectacular de la cabal muestra del carácter caballeresco como señal orgullosa de una España que poco a poco se va quedando en el recuerdo, el siglo XVII es esa maravillosa y propicia región temporal donde ocurrieron semejantes grandezas.

Un noble español, o quizá un integrante de la élite criolla,
monta a caballo y se dispone a alancear al toro, suerte quefue predominante en el siglo XVII.

Esta y las siguientes imágenes, son selecciones
deliberadamente registradas, y que provienen del Códice de Tlatelolco (1733).
Col. Marco Antonio Ramírez. Imagen tomada del libro: El toreo en Morelia. Hechos y circunstancias.
Sus autores: Luis Uriel Soto Pérez, Marco Antonio Ramírez Villalón
y Salvador García Bolio. Morelia, Mich., Centro Cultural y de
Convenciones Tres Marías, 2014. 223 p. Ils., fots., facs., cuadros., p. 46.

A todo esto se agregaba un calendario celebrativo que operaba al ritmo tanto de las estaciones como del santoral sin faltar el cumplimiento del rito ancestral. En palabras de Borque nos dice por tanto lo que va a ser la fiesta durante el barroco: “simular, ocultar, aparentar, crear nuevas realidades aparenciales, dar forma a los mitos…” tan inmediatos a todo lo desarrollado en el teatro, otra importante forma de expresión desbordada.

No faltaban las mojigangas, forma primigenia de mascarada festiva, en la que el uso de trajes ridículos era señal del espíritu de simulación tan propio del teatro. Esto es, que entre la plaza y el teatro hubo un permanente sincretismo del cual la plaza pública, sitio propicio para la celebración oficial o religiosa, y también la profana, se benefició con un decorado magnífico que hizo suyo a partir de las expresiones del teatro, el cual, sin lugar a dudas compartió entre una infinidad de invisibles hilos conductores.

En el códice, la mano indígena da quizá una primera representación de la bravura agregando en el hocico del toro una llamarada, símbolo que en conjunto, demuestra fuerzas superiores capaces de haber producido un percance, tal cual parece quedar demostrado en el indígena que, a la izquierda, aparece derribado, en actitud de estar herido. Suelto el cuerpo, la capa enrojecida por la sangre, y la espada de hoja serpenteada que cayó por ahí luego del incidente.

En medio de aquella “comunicación”, y con la decidida participación de protagonistas y espectadores, la respuesta que se tuvo fue un “desenfreno y un vértigo de la fiesta, que momentáneamente alteraba el orden, con lo que se recuperaba no sólo la estabilidad de clases sociales, sino también el oscuro origen de la moral y de la religión”, como lo apunta Antonio Bonet Correa.

Y es que el mundo caballeresco y medieval fue aprovechado con objeto de reafirmarle poder e influencia en unos momentos en los cuales, la fiesta de toros, en cuanto tal, pudo encontrar condiciones propicias para su mejor organización e incluso para su primitiva codificación, con lo que habrán de verse las primeras condiciones de profesionalización, lo que no la distanciaba de su composición original.

La ornamentación del barroco taurino permite una constante exhibición de diversas puestas en escena, ricas todas, y cada una de ellas diferentes a las demás, de no ser porque la lidia o el juego con un toro representa en sí misma la antítesis de la monotonía, en el entendido de la existencia de aquellas riquezas teatrales y parateatrales incorporadas ya sin ningún tipo de prurito o de inconveniente. Torneo y teatro en el mismo sitio, manifestación que, con sus variantes temporales, así como la llegada de nuevos modos y modas, se extendería hasta ya muy avanzado el siglo XIX.

De ahí que en toda fiesta se reflejan las pasiones, los temores y las esperanzas de un pueblo o de una colectividad. En la época barroca, en especial en España, en la que la preocupación esencial era la salvación individual del hombre, la fiesta, fenómeno colectivo, estaba plena de contrastes. Frente al libre albedrío personal se oponía el rígido orden político y social. La sumisión al dogma y a la monarquía estaba fuera de discusión, de la misma manera que cada individuo pertenecía, sin posibles cambios, a un estamento o clase social. La fiesta era un espejo que devolvía a cada participante su papel e imagen en el mundo, fuera de su propio destino escatológico. De ahí que la fiesta estuviese organizada de acuerdo con las clases sociales, que cada una tuviese su puesto en ella, que pagase la parte que le correspondía, que desfilase o participase con sus comitivas y juegos y levantase sus propias arquitecturas efímeras. Aparte la ordenación general de la fiesta a cargo del Ayuntamiento, hay que contar con los ornatos y las luminarias que corrían a cuenta de las órdenes religiosas y de particulares adinerados. Pero no se puede comprender bien la fiesta si no se precisan cuáles eran sus partes y sus tiempos, los distintos actos y desfiles públicos. En la fiesta barroca, había la fiesta de los nobles, encargados de protagonizar los juegos de cañas, de sortijas, batallas simuladas, corridas de toros, cabalgadas, parejas y otros ejercicios y destrezas ecuestres. Junto con ella había la fiesta de las corporaciones o instituciones intelectuales –Universidades y Colegios- que sacaban sus carros y hacían sus mojigangas, justas poéticas u otros actos de carácter literario. A estas fiestas hay que añadir las que organizaban los conventos y las parroquias, con sus altares callejeros, procesiones, funciones y ejercicios piadosos de carácter festivo. Por último, debe añadirse la fiesta popular y “carnavalesca” de los gremios. Cada oficio concurría con sus cuadrillas y comparsas de a pie. Su cortejo era variopinto y de divertido aspecto. Su participación era la más proteica y numerosa. Abierta la marcha del desfile con los lucidos y elegantes juegos de equitación de los nobles, acababa con el mundo más a ras de tierra y pleno de simbolismos grotescos de lo popular (…)

El fondo secular y milenario que compone el magma de la fiesta barroca se hace evidente al analizar sus componentes. Las jerarquías sociales constituyen su rígida estructura. Los nobles y la equitación son sus principales participantes en tanto que actores que se muestran al público con sus atributos de clase privilegiada. Son como galanes de cine, héroes valerosos y sin tacha que igual caracolean un caballo que alancean un toro o saludan al rey, el cual era su primo, el primero entre los pares. Cuando el rey Felipe IV bajó de su balcón a la plaza para abatir una fiera, como sucedió en una corrida de la Plaza del Parque en Madrid, de un arcabuzazo “sin perder la mesura real”, tal como lo cuenta José Pellicer de Tovar en su Anfiteatro de Felipe el Grande (1631), hacia un acto de valor y destreza en el que su condición de rey quedaba exaltada a lo máximo. Las batallas y combates simulados, los torneos fingidos con estafermos y las otras lides y juegos a la ginetas muestran los aspectos arcaizantes de las fiestas barrocas. Acabada la Reconquista y a medida que el feudalismo decaía, tomó auge la vida urbana y cortesana. Los nobles que habían abandonado sus solares y posesiones provincianas en el campo al habitar en la ciudad, sólo pueden mostrar su condición guerrera en las paradas y ejercicios militares de las fiestas. Su campo de batalla será la palestra de la Plaza Mayor, el Coso o la Corredera de una ciudad, luciendo su virtual valentía ante el rey, las damas y el público popular, buscando su aplauso y aclamaciones.

Pero en donde todavía se hace más evidente el fondo viejo y ancestral de la fiesta barroca es en las mojigangas, en las que los enmascarados con figuras de animales recordaban el substrato totémico de la fiesta. En todas las fiestas la realización de las mojigangas, que desfilaban con carros y cortejos haciendo un largo recorrido por la ciudad, correspondía a los gremios.[6]

Nada más parecido, como legítimo espejo de la realidad, lo vamos a encontrar en la fiesta novohispana, eso sí, con sus peculiares diferencias envueltas en el particular carácter americano.


Otro indígena, apenas cubierto con un taparrabo, dispuesto a realizar la suerte de la “lanzada a pie”.

En ese pequeño universo de posibilidades, en la medida en que se acentuara la recreación, magnificencia y esplendor, tanto en los escenarios como en la forma de vestir y hasta de actuar de parte de los actores y los espectadores, en esa medida se lograba alcanzar con creces el propósito de toda la organización: una fiesta lucidísima que excitara en su totalidad los fines para la cual fue concebida, lo mismo para exaltar el motivo religioso, oficial o profano no dejando espacios por cubrir, porque

Toda fiesta barroca aspiraba a dejar un recuerdo imperecedero para aquellos que tuvieran la fortuna de asistir a su celebración. También a causar la envidia universal de aquellos que, viviendo en otros lugares, no habían podido acudir al lugar mismo de la fiesta. Para dejar memoria y satisfacer la curiosidad de los lectores se creó un género –el de las Relaciones o Triunfos– que hacían el relato detallado de las solemnidades y describían minuciosamente los Cortejos, Carros, Arquitecturas y demás Ornatos efímeros. Obras literarias situadas entre el periodismo actual de reportaje informativo y la escritura laudatoria de tipo político, están en los mejores casos, ilustrados con grabados. El libro más bello de su género en el barroco español es el de Torre Farfán, Fiestas de la Santa Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla al Nuevo Culto del Señor Rey San Fernando (Sevilla, 1671), en el que un tomo in folio se reproducen en láminas desplegables las obras efímeras de Murillo, Valdés Leal, Herrera el Mozo, Bernardo Simón Pineda, Arteaga, etc…, ejecutadas para tan fastuosas fiestas.[7]

En el escenario rectangular, disposición que fue trazada para la plaza en que convivieron españoles, criollos e indígenas, puede observarse que se realizaba también una antigua representación tal cual se debe haber dado pocos años después de la conquista, pues los personajes visten ropajes de acuerdo a aquella época. La aportación aquí visualizada, deja observar a un español o criollo llevando en la mano diestra una capa, con lo que se entiende que el toreo de a pie, en medio de sus insinuaciones ya es un procedimiento admitido o aceptado en las plazas, no importando quien realizara aquella labor. Solo quedaba romper el abismo que las normas impusieron a favor de los nobles españoles, que podían seguir montando a caballo mientras la élite indígena luchaba por ser aceptada en ese nuevo papel, y donde el caballo representó esa larga aspiración de encumbramiento a la vista de todos.

Pero en España y también sus colonias “los desastres de la guerra de la Independencia y la quiebra de la monarquía absoluta acabaron con el equilibrio social y la conciliación política. A partir de entonces la fiesta pública en las calles y plazas de la ciudad declinó, desapareciendo el antiguo esplendor de las arquitecturas efímeras y la parafernalia de los cortejos, comitivas y comparsas lúdicas, a la vez que perdía todo su valor purificador y salvador de necesaria y de tiempo en tiempo obligada catarsis colectiva.[8]

Ese fue el tiempo en que las fiestas tuvieron que entrar en un receso obligado, para retornar vigorosas años más adelante y manifestarse –eso sí, bajo otras condiciones- durante una buena parte del siglo XIX.

Es ahora el indígena, nuevamente representado bajo el modelo que se seguía desde los más antiguos códices, aunque más “estilizado”, según el quehacer del artista que, en 1733 termina plasmando esta escena, en la que el natural realiza una suerte en la que apoyado de una capa, va a consumar la suerte con una espada cuya punta presenta una curvatura peculiar. Pero en el fondo no es más que la clara evidencia de que el toreo de a pie se convertirá, a pasos agigantados, en el nuevo componente de la tauromaquia.

José Antonio Maravall nos permite entender y reafirmar que la fiesta del barroco no era espartana, sino de un ascetismo brutal, inhumano, en donde no se pretendía adormecer, sino anular primero toda autonomía en la conciencia del pueblo, para dominarlo después. Por su parte César Oliva, plantea que la fiesta que va desde mediados del siglo XIV y que luego se sofistifica durante el XVII, hay que entenderla como un todo, o como un espectáculo total, en donde las fronteras de los elementos constituyentes no son rigurosamente fijas. Es difícil, cuando no inútil, intentar separar dónde empieza, y dónde acaba el elemento festivo, y dónde acaba y dónde empieza el teatral; de la misma manera que es ocioso delimitar los elementos religiosos y profanos. Y es curioso, pero las fiestas sintetizan, casi rítmicamente, periodos de “gracia” y periodos de “pecado”, lo que nos hace volver los ojos a una de las más representativas, iniciada en la cuaresma y que culmina con el domingo de resurrección. Por otro lado, se encuentra aquella que se desata en ese mismo domingo de resurrección y explota en medio de muchas otras, hasta llegada la víspera del inicio de la cuaresma, luego de que el carnaval despidió al último pecador, cumpliéndose una vez más otro de los ciclos de que está constituido el calendario litúrgico, el que, independientemente de todos aquellos pretextos de origen político o social, seguía cumpliéndose en términos muy exactos.

Durante este siglo se mantienen firmes las expresiones del toreo caballeresco, dominantes en la vieja y nueva España. Creció notablemente la afición de personajes de la nobleza, cuyas hazañas quedaron plasmadas en versos y relaciones de fiestas, que hoy son testimonio curioso. Tan es así que la poetisa María de Estrada Medinilla escribió en 1640 y, por motivo de la entrada del virrey don Diego López Pacheco (…) Marqués de Villena, la Descripción en Octavas Reales de las Fiestas de Toros, Cañas y Alcancías, con que obsequió México a su Virrey el Marqués de Villena.

Dicha obra es muestra del esplendor taurómaco que se vivía por entonces. La misma autora en otra obra suya escribe: “que aun en lo frívolo, como son los toros, los juegos de cañas y las mascaradas, las que se celebran aquí serán mejores que las que puedan celebrarse en España”.

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[1] César Oliva: “La práctica escénica en fiestas teatrales previas al Barroco” (p. 97-114). En DÍEZ BORQUE, José María, et. al.: Teatro y fiesta en el barroco. España e Iberoamérica. España, Ediciones del Serbal, 1986. 190 p. Ils., grabs., grafcs., p. 108-109.

Correr toros. Ya se hace mención a esta fiesta en el Código de las Siete Partidas. Se trata de acosar al toro por hombres de a pie. Cuenta con gran participación popular, aunque el juego encierra su peligro, como atestiguan los cuatro fallecimientos en Tudela del Duero, en 1564. Entre sus innumerables variantes, estaba el acoso a caballo, como la principal: también diversas suertes, como el alanceo y la garrocha. La corrida no terminaba con la muerte del toro, aunque sí eran asaetados.

[2] Op. Cit. Juegos de cañas. El caballero llevaba en una mano la caña, especie de fina lanza de madera, y en la otra, un escudo. Los hombres se agrupaban en cuadrillas, formadas por tres, cuatro, seis u ocho miembros. Cada grupo arrojaba sus cañas sobre el otro, volviendo grupas rápidamente, pues eran atacados por aquellos. El que los perseguidores se convirtieran en perseguidos, y éstos en aquellos, proporcionaba al juego un continuo movimiento, que duraba horas y horas.

[3] Ibidem. Juego de la alcancía. Los caballeros se tiraban unos a otros, también dispuestos en grupo, gruesas bolas de barro secado al sol, del tamaño aproximadamente de una naranja. Al ir tales bolas rellenas de flores, y romperse en tales batallas, se esparcían por el lugar agradables olores, al tiempo que “la batalla” alcanzaba notable espectacularidad.

[4] Ibid. Juego de la sortija. Los participantes lanzaban sus caballos sobre una serie de sortijas que penden a 2 ó 3 metros. Se trata de introducir la punta de su lanza por tales sortijas, que eran de hierro, de una pulgada de diámetro.

[5] Ib. Fiesta de los encamisados. Se celebra la víspera de San Juan. “Fiesta que todas las naciones celebran”, dice Ginés Pérez de Hita en sus Guerras civiles…

[6] Antonio Bonet Correa: “Arquitecturas efímeras, Ornatos y Máscaras” (p. 41-70). En: DÍEZ BORQUE, José María, et. al.: Teatro y fiesta en el barroco. España e Iberoamérica. España, Ediciones del Serbal, 1986. 190 p. Ils., grabs., grafcs., p. 43-45.

[7] Antonio Bonet Correa: “Arquitecturas efímeras…, op. Cit., p. 52.

[8] Ibidem., p. 66-67.

►Los escritos del historiador José Francisco Coello Ugalde pueden consultarse a través de su blogs “Aportaciones histórico taurinas mexicana”, en la dirección:
http://ahtm.wordpress.com/

 


 

 

El comentario de Juan Antonio de Labra (audio)

Por: Juan Antonio de Labra | Opinión
Jueves, 09 de Junio del 2016 | Ciudad de México

DE LABRA

Después de luchar por su vida, Rodolfo Rodríguez “El Pana” ha muerto. Y con esta muerte ha nacido una leyenda. El final de su vida marca una historia a la que pronto se añadirá la pátina del tiempo, y al cabo de los años su recuerdo será motivo de añoranza, de nostalgia.

Es quizá El Pana el último de los románticos; un torero nacido de las profundidades del barro tlaxcalteca, esa tierra de guerreros; un hombre con talento al que las garras del alcoholismo destrozaron para verlo más tarde resurgir de entre sus simbólicas cenizas, la de los puros que se fumaba.

Y esta vida truculenta, marcada por el desaliento y la perdición, como tantas otras en los países como México, que aún viven atrapados en la pobreza, es el mejor ejemplo de una vocación en la que la fiesta de los toros, como tantas veces antes, supuso una ventana abierta a la ilusión de ser alguien.

Tan genial como lenguaraz, lo que sin duda le granjeó muchos problemas, El Pana se ganó un lugar en el corazón de los aficionados más sensibles, aquellos que comprenden el toreo como un hermoso ejercicio del espíritu y que se desbordan cuando esa magia sucede delante de un toro.
Como aquella inolvidable “tarde del milagro” en la que El Pana se despedía de los ruedos y que se convirtió en la resurrección de un torero provocativo y genial, capaz de levantar pasiones, de exacerbar la emoción del toreo hasta las lágrimas.

Esa tarde del 7 de enero de 2007 en La México dio siete vueltas al ruedo llevando en su corazón la alegría de los desamparados, de los humildes, de todos los que han sufrido injusticias en el toreo. Y en el brillo de sus ojos se reflejaba la peculiar malicia del que ha tocado fondo, del que ha descendido a las tinieblas del averno y, de pronto, en una tarde luminosa de toros, renace para tocar la gloria.

Quizá el aspecto más original de su tremenda personalidad, era ese gusto por desdoblarse en dos personas, como afirman los siquiatras. Uno era Rodolfo, el alcohólico procaz, bruto; el otro, El Pana, el torero creativo, el artista de arrebato sentimental. Rodolfo siempre habló de El Pana en tercera persona, y este detalle le confería un sello muy especial a su forma de ser. Él lo sabía, y lo disfrutaba.

Por eso cuando El Pana “murió” en la plaza de Ciudad Lerdo, al quedar tetrapléjico, ya no tenía ningún caso que Rodolfo siguiera con vida, y menos esa que le deparaba el destino, que se quedó a mirarlo con serenidad y recelo desde el rincón más cruel de la pequeña habitación del hospital donde estaba postrado.

Se fue primero El Pana con aquella fatídica voltereta, y se quedó Rodolfo aquí en la Tierra todavía 32 días más, como para recordar que el importante había sido el torero y no el hombre, que en este caso tan particular se trataba de dos seres que siempre caminaron por distintas veredas.

 


 

 

El domingo habrá una corrida en Calpulalpan

Por: Redacción | Foto: Archivo
Jueves, 09 de Junio del 2016 | México, D.F.

La raquítica jornada taurina de esta semana, en la que solamente aparecía la novillada sabatina en “Cinco Villas”, suma una corrida que tendrá lugar este domingo 12 junio en la localidad tlaxalteca de Calpulalpan, en un cartel que encabeza el capitalino Federico Pizarro.

Junto a Pizarro partirán plaza toreros de Tlaxcala, como lo son los también matadores Gabriel Sánchez “El Gaby” y Carlos Fuentes, que estrenará su alternativa, así como el novillero Ulises Sánchez. El ganado procederá de las divisas de Dario González y Tenopala.

La corrida mixta tendrá como escenario la plaza Antonio Campos “El Imposible” y arrancará en punto de las 14:00 horas, en el marco de las festividades en honor de San Antonio de Padua.

 


 

 

Caso ‘Pana’ ante la cruda realidad

Publicado por Bardo De La Taurina el 9/6/2016

[Bardo de la Taurina] Como dicen los meteorólogos, cuando un evento empieza a declinar o perder fuerza. ‘Estamos entrando en la colita’ y pronto todo volverá a la normalidad conforme pasen los días con su cobija del olvido, y por ello antes de que el tiempo nos presente esa cara, no podemos o más bien si se podría, aunque no se debe, darle cambio a la página dramática mortuoria que protagonizó Rodolfo Rodríguez ‘El Pana’ y al cual ahora lo estoy viendo como un hombre, más bien como unas cenizas con las que muchísima gente está en deuda y eso porque que no le han pagado siquiera con un ¡Gracias Pana!

Porque con tu agonía pudimos treparnos a tu calesa los últimos 33 días y exhibirnos gracias a tu viacrucis, en el aparador multitudinario de las redes sociales, de los portalillos de baja monta, de las paginillas que quienes creen que con auto publicarse ya son ‘periodistas’, y del uso que permiten algunos medios al darle abrigo a los de medio pelo pa’ abajo, sitios éstos en donde destilaron y derramaron cuantas palabrejas se les ocurrieron; de las melcochadas a la atolondradas, de las nauseabundas a las patéticas, aparte, de ponerse la etiqueta de ‘amigos de ‘Rodo’, la mayoría de los que sin haberle conocido en persona, solo por haberlo visto en la plaza o si acaso una coincidencia en algún acto social, donde se le acercaban y le estrechaban la mano, y hasta se la besaban, mientras como él decía con la otra resguardaba la cartera, y en otros casos sin saber siquiera que existías.

Hasta que se convirtió en noticia viral y con la mayor de las desfachateces se dijeron ‘de aquí somos’ y venga un cruzado muchachero por la hermandad que nos une.

‘El Pana’ era un hombre de trato y de destrato muy disparejo desde hace 50 años, siempre viendo primero pa’ su menda y por eso no dejaba pasar una oportunidad de hacerse presente, pues él comulgaba con aquello de ‘Santo que se deja ver y sentir, terminara por ser adorado’ y lo que son las cosas, ahora que se le presento la cruda realidad de su epílogo se convirtió sin proponérselo en una amerengada turronada de rimbombancia innecesaria, la que lo mantuvo vigente por más de un mes, e insisto, no sean ingratos, a los que les quede el saco o la chalina, los que malabarearon palabras, denle las gracias, ¿cómo? pues como puedan y una manera, ahora que ésta vorágine está entrando como el tren de Apizaco en el olvido, pues mantengámonos en silencio que es prudente y eso ya es una forma que nos permitirá estar en paz con nosotros mismos, no porque él ya no es él, y no le viene nada, ni siquiera eso de que descanse en paz, porque los muertos son eso, son muertos, son pasado, que no alcanza presente, él ya está donde está, ¿y quién sabe? si siguen sus cenizas prisioneras en la urna o si como él que quería, ya lo liberaron en las praderas ganaderas tlaxcaltecas y en la arena de la plaza que lleva su nombre allá en su tierra, aceptemos la realidad, la muerte no es más que el paso de estar vivo a estar frio y de ahí al estuche o al microondas y no como dicen algunos que ‘El Pana’ se fue de minero al infierno que porque ponía apodos a sus alternantes y a los empresario como el ‘Dr. Ganona’ o el ‘Dr. Satanás’ otros dicen que se fue de astronauta a torear al cielo con todo y su sarape de Saltillo. ¡Pamplinas!

Por cierto en alguna ocasión leí un libro en el que explicaba la diferencia entre ser una figura del toreo, un mandón, un torero interesante y uno popular, los invito a hacer este ejercicio tomando en cuenta al toreador referido y díganme ¿si hay razón pa’ poner al ‘El Pana’ en el mismo casillero donde están Gaona, Belmonte, Manolete? Hablando de esas cosas de la vida y de la muerte les sugiero leer un libro que recién acaba de hacer el paseíllo
cuyo título es: ‘La eternidad no tiene futuro’ de Enrique Berruga Filloy editado por Planeta.

(Al asomarnos a la mirada de un muerto, vamos descubriendo aspectos inimaginables sobre el significado y las posibilidades que desperdiciamos en la existencia)

 

 


 

 

Especial: Alternativas a toreras de a pie

Por: Jorge Raúl Nacif | Foto: Archivo
Jueves, 09 de Junio del 2016 | México, D.F.

A propósito de la alternativa que hoy recibe en Cehegín la murciana Conchí Rios, rescatamos y actualizamos este trabajo especial sobre las toreras de a pie que han alcanzado el doctorado, logro al que la queretana llega para convertirse en una de las pocas matadoras en la historia.

Contando ya a Conchi, son ocho matadoras nacidas en España, seis mexicanas, una colombiana y una peruana, relación que presentamos con detalle a continuación, salvo error u omisión involuntario:

Juanita Cruz (España). Toma la alternativa en Fresnillo, Zacatecas, el 17 de marzo de 1940, llevando como padrino a Heriberto García (padre), tarde en la que cortó dos orejas. Esta torera no usaba taleguilla, sino falda.

Bertha Trujillo (Colombia). José Ramón Tirado le cede los trastos ente un astado de Trincheras,la tarde del 12 de mayo de 1968 en Comacalco, Tabasco, bajo el testimonio de Marco Gómez.

Raquel Martínez (México). En Tijuana, Baja California, Rogelio Leduc la doctora en presencia de Adrián Romero, con toros de Trincheras, el 20 de septiembre de 1981.

Maribel Atiénzar (España). Recibe la borla como matadora el 28 de noviembre de 1981 en Pachuca, Hidalgo, de manos de Ernesto San Román y con el testimonio de Raquel Martínez, ante ejemplares de José Garfias.

María Velásquez “Lola de España” (España). Toma la alternativa en La Victoria, Lima, Perú, el 19 de enero de 1986, de manos de Daniel Palomino y como testigo César Caro, ante toros de Checayani.

Cristina Sánchez (España). El 23 de mayo de 1996, en Nimes, Francia, se convierte en matadora llevando como padrino a Curro Romero y a José Mari Manzanares como testigo, con toros de Alcurrucén.

Mari Paz Vega (España). Cristina Sánchez le da la alternativa el 29 de septiembre de 1997, en Cáceres, España, siendo Antonio Ferrera el testigo, y los toros de José Luis Marca.

Raquel Sánchez (España). Se convierte en matadora el 27 de mayo de 2005, llevando como padrino a Eugenio de Mora y, como testigo, a Manuel Amador, en la localidad española de Toledo, su tierra natal.

Marbella Romero (México). En Morelia, Michoacán, recibe la borla el 15 de diciembre de 2007 ante toros de José Garfías, de manos de Rafael Ortega y bajo el testimonio de Isaac Chacón.

Hilda Tenorio (México). Llevó como padrino a Manolo Mejía y a Ruiz Manuel como testigo, ante toros de Autrique, la tarde del 28 de febrero de 2010. Primera alternativa de una mujer en la Plaza México. Es la única, al día de hoy, que ha toreado una encerrona, hecho que tuvo lugar el reciente 15 de mayo en Tepotzotlan, México.

Sandra Moscoso (España). Se doctoró el 19 de septiembre de 2010, en Ubrique, España, llevando como padrino a Finito de Córdoba y a Juan José Padilla como testigo, lidiando un encierro de Osborne.

Lupita López (México). Lleva como madrina a Mari Paz Vega, bajo el testimonio de Hilda Tenorio, lidiando toros de La Punta y Jesús Cabrera, el 13 de marzo de 2011, en la Plaza México. Hasta ahpra

Milagros Sánchez (Perú). Toma la alternativa el 20 de abril de 2013 en Moralzarzal, España, llevando como padrino a Jesulí de Torrecera y a Esaú Fernández como testigo, ante toros de Buenavista.

Karla de los Ángeles (México). Se doctora en la Plaza México el 28 de diciembre de 2014, de manos de Hilda Tenorio y bajo el testimonio de Lupita López, con toros de Guadiana. Es la primera alternativa de una mujer en la historia donde también figuraron otras dos toreras.

Paola San Román (México). Toma la alternativa en Morelia, Michoacán, el 16 de mayo de 2015, de manos de Edgar García “El Dandy” y Javier Conde como testigo, ante toros de Carranco.

Conchi Ríos (España). Se doctora en Ceheguín, España, el 9 de junio de 2016, llevando como padrino a Manuel Benítez “El Cordobés” y por testigo a Antonio Puerta, ante toros de Guadalmena.

Cabe señalar que la novillera española Ángela Hernández, famosa por haber logrado que en 1974 se derogara el artículo 49 de la ley de 1908 que prohibía torear a pie a las mujeres, aseguró haber tomado la alternativa en un coso mexicano en 1979, de manos de Manolo Martínez. Sin embargo, en las estadísticas de Luis Ruiz Quiroz, miembro de Bibliófilos Taurinos de México, no figura este dato.

 

 


 

 

Programa de mano del 12 de junio
9 de junio de 2016 – Previo festejos

Novillos de Guadaira para Juan Miguel, Guillermo Valencia y Rafael Serna, de Sevilla, que se presenta en Madrid.
Domingo, 12 de junio, 7 de la tarde. 28ª y última de abono.

Se presenta en la Monumental de Las Ventas el novillero sevillano Rafael Serna, quien, de momento, está labrando su incipiente carrera en tierras aztecas. Apoderado por la empresa mexicana Casa Toreros, ya ha toreado dos tardes en La Plaza México. Además, el pasado 8 de mayo se presentó en la Maestranza de Sevilla y cortó una oreja de un novillo de Albarreal. Junto a él, hacen el paseo el madrileño Juan miguel, que hace su quinto paseíllo en este ruedo, donde cortó un apéndice el 22 de junio de 2014 a un novillo de María Cascón, y el colombiano Guillermo Valencia, que hizo su presentación en Madrid el 12 de julio de 2015, logrando dar una vuelta al ruedo. Los novillos anunciados lucen las cintas de la ganadería de Guadaira, de procedencia Domecq Díez.

Ilustración de portada:
Rubén Lucas García, “Carácter”, del concurso de carteles Taurodelta 2016

 

Juan Miguel

Nació en
Colmenar de Oreja (Madrid), el 22 de junio de 1986.
Debut con picadores:
Chinchón (Madrid), el 15 de agosto de 2011.
Debut en Las Ventas:
21 de julio de 2013.
Estadísticas 2015
Hizo el paseíllo en 11 ocasiones. Cortó 18 orejas

Reseña

1/5/2015 Destaca Alejandro Marcos en su presentación
27/7/2014 Oreja para Gonzalo Caballero en una tarde interesante
22/6/2014 Oreja para Juan Miguel Benito
21/7/2013 Miguel de Pablo, herido; vuelta para Juan Miguel Benito

Juan Miguel Benito Algovia nació en la localidad madrileña de Colmenar de Oreja el 22 de junio de 1986. Pronto descubrió su pasión por el mundo de los toros, influido en parte por la gran afición que se respira en su lugar de origen pero sobre todo por el parentesco que le une al que fuera matador de toros Juan Cuellar. Recibió sus primeras nociones en tauromaquia en la Escuela Taurina de Aranjuez y posteriormente en la de Arganda del Rey “Fundación El Juli”. En 2006 hizo su presentación en público en Perales de Tajuña, para lidiar erales de Los Padrillos. Enfundado en un terno seda y oro trenzó su primer paseíllo en Titulcia (Madrid), donde estoqueó un encierro de San Martín, cortando dos orejas. A lo largo de tres temporadas alternando en festejos económicos fue asimilando el oficio y demostrando sus buenas maneras. Debutó con picadores en Chinchón el 15 de agosto de 2011 para lidiar una novillada de la vacada de El Boyeril, mano a mano con Fernando Adrián. Terminó el año anotando cinco actuaciones, en las que cortó 11 orejas y un rabo. Hizo su presentación en la Monumental de Las Ventas el 21 de julio de 2013 junto a Miguel de Pablo y Pablo Santana, para despachar un encierro de Buenavista con un resultado positivo al dar una vuelta al ruedo en el segundo de su lote. Al año siguiente actuó dos tardes en Las Ventas y cortó su primera oreja en este ruedo a un novillo de María Cascón. En 2015 toreó de nuevo en Madrid, con poca fortuna, aunque cortó un total de 18 trofeos en 11 festejos.

 

 

Guillermo Valencia

Nació en
Popayán (Cauca, Colombia), el 23 de diciembre de 1994
Debut con picadores
Manizales (Colombia), el 13 de octubre de 2013
Debut en Las Ventas:
12 de julio de 2015
Estadísticas 2015
Hizo el paseíllo en 10 ocasiones. Cortó 15 orejas.

Reseña

12/7/2015 Oreja para Manuel Vanegas y vuelta para Guillermo Valencia

Natural de Popayán, una de las ciudades más antiguas de America, Guillermo Andrés Valencia Calle vino al mundo el 23 de diciembre de 1994. Su padre quiso ser torero y llegó a torear novilladas con picadores, lo que sin duda motivó su afición al mundo de los toros. De él aprendió los primeros conceptos de la profesión aunque más tarde fue alumno de la Escuela Taurina de Santiago de Cali, en Colombia. Debutó en público a los siete años de edad, vestido de corto, en Tulcán (Ecuador) toreando una becerra del ganadero Ramiro Villareal y lidió su primera novillada sin picadores el 8 de agosto de 2009 en la plaza de toros La Santamaría de Bogota, en un cartel formado por seis novilleros, donde se corrieron erales de Pozo Blanco, cortándole a uno de ellos las dos orejas. Cuatro fueron las temporadas en las que alternó en novilladas sin caballos hasta que dio el salto al siguiente escalafón el 13 de octubre de 2013, en el coso colombiano de Manizales, para lidiar una novillada con el hierro de Rincón Santo. Al año siguiente actuó en seis ocasiones, cuatro de ellas en Francia, donde ha cortado trofeos merced a sus buenas actuaciones. Se presentó en Las Ventas el 12 de julio de 2015 para estoquear novillos de herederos de Antonio Ordóñez y Toros de la Plata, junto a Jorque Escudero y Manuel Vanegas, dando una vuelta al ruedo en el primero de su lote.

 

 

Rafael Serna

Nació en
El Bosque (Cádiz), el 5 de junio de 1984.
Debut con picadores
Sevilla, 4 de octubre de 1995
Debut con picadores
Huelva, el 3 de agosto de 2015
Debut en Las Ventas:
12 de junio de 2016
Estadísticas 2015
Hizo el paseíllo en 8 festejos. Cortó 7 orejas.

Debuta en Las Ventas.

Rafael González-Serna Lirola nació en Sevilla el 4 de octubre de 1995. Sin antecedentes taurinos, aunque de familia muy vinculada al mundo de los toros, fue alumno de la Escuela Taurina de Sevilla donde recibió sus primeras lecciones del excelente matador de toros Luis de Pauloba. Siendo niño, toreó su primera becerra en casa de Rivera Ordóñez, con quien le une una estrecha amistad. Debutó sin picadores en la localidad onubense de Valverde del Camino para lidiar erales con la divisa de Agua Dulce, junto a David de Miranda y Juan Ramón Jiménez, cortando esa tarde dos orejas. Finalista de los certámenes de Candeleda, Ledesma y Ciudad Rodrigo, en la temporada de 2014 obtuvo un gran éxito en la Maestranza de Sevilla, de donde salió a hombros por la Puerta del Príncipe tras lidiar un lote de Villamarta. Con novillos de la misma ganadería debutó con picadores en la plaza de toros de Huelva, el 3 de agosto de 2015, junto a David de Miranda y Alejandro Conquero, logrando salir a hombros por la puerta grande. Apoderado por José María Almodóvar y la empresa mexicana Casa Toreros, continuó su primera campaña en el escalafón menor en tierras aztecas, haciendo también su presentación en la Monumental Plaza México el 16 de agosto, donde cortó una oreja. El pasado 8 de mayo se presentó en la Real Maestranza de Sevilla con éxito, pues logro un apéndice de un utrero del hierro de Albarreal. Novillero de excelentes maneras hoy hace su primer paseíllo en Las Ventas.

 

Guadaira    

Propietario
Ganadería de Guadaira S.L.
Representante
Don Manuel Cañaveral del Cid.
Divisa
Azul, amarilla y roja.
Señal
Rabisaco en la derecha, rasgada la izquierda.
Fincas
Dehesa del Conde, Arahal (Sevilla) y El Silo, Cala (Huelva).
Antecedentes
Esta ganadería fue formada por don Manuel Cañaveral Valdés en el año 1951 con reses adquiridas a don Carlos Melgarejo y Arias de Reina y un toro de don José Carvajal González, solicitando la prueba de acceso en 1965. En 1987 eliminó todo el ganado anterior y adquirió vacas y sementales de don Joaquín Buendía, anunciando “Guadaira”. En 1996 cambia el diseño del hierro por el que utiliza actualmente. En agosto de 1997 se adquieren 50 vacas y dos sementales de la ganadería de “Jandilla”, manteniendo esta procedencia por separado. En diciembre de 1998 se eliminó todo lo procedente de Santa Coloma y se adquirió otro lote de 41 vacas de “Jandilla”.
Procedencia
Domecq Díez.
Antigüedad
10 de abril de 2005.
Estadísticas
La pasada temporada lidió 20 novillos en 5 festejos en los que se cortaron 6 orejas. Lidió en Las Ventas, el 5 de julio una novillada en la que Fernando Rey y Miguel Ángel Silva escucharon sendas ovaciones.
El pasado domingo lidió en Sevilla una buena novillada en la que cortó una oreja David Martín.
Árbol genealógico

 

El encaste

ENCASTE DOMECQ DÍEZ

El fundador de esta estirpe de ganaderos, Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio, compró a principios de 1930 la ganadería del Duque de Veragua a Manuel Martín Alonso, quien se había hecho con el hierro ducal dos años antes.
Juan Pedro hizo caso de las recomendaciones que le dio el también ganadero Ramón Mora Figueroa y entre 1930 y 1931 adquirió al Conde de la Corte cuatro sementales, Llorón, Carabello, Chucero y Bodeguero, así como dos puntas de vacas.
Tras el fallecimiento del fundador, en 1937, se encargó de la ganadería su hijo, Juan Pedro Domecq y Díez, quien añadió reses de Mora Figueroa, con sangre Conde de la Corte y García Pedrajas, ambas de origen Parladé.
Los toros de este encaste suelen ser bajos de agujas, finos de piel y de proporciones armoniosas. Las encornaduras tienen un desarrollo medio, pudiendo crecer en forma de gancho o gatillo (engatillados). El cuello es largo y descolgado, el morrillo bien desarrollado y no tanto la papada. Los pelos predominantes son negros, colorados, castaños y tostados. Pueden aparecer los jaboneros y ensabanados por la influencia de la casta vazqueña.
En cuanto al comportamiento, este encaste conserva la cualidad de ir a más. Se arranca pronto y lo hace galopando, con alegría y fijeza en los trastos de torear. Dado que el legado de Juan Pedro Domecq y Díez terminó en 1975, algunos de los muy numerosos criadores que le compraron ganado han conseguido desarrollar un tipo de toro con características físicas y de comportamiento diferentes, según la personalidad y loa criterios de cada uno de ellos.

Taurodelta
Departamento de Comunicación de Taurodelta

 


 

 

ARTÍCULO de C.R.V.

‘Mierda’

09/06/2016 11:16
El toro tendrá un trato u otro dependiendo de quien lo lidie

Una hoguera de vanidades, un caleidoscopio de intereses, una cabalística anti toro que el toro padece en la más absoluta de las soledades

Son los otros directores de la lidia, el otro palco, la autoridad paralela, la coacción para la acción, el juzgado populista minoritario, el prejuicio, el final de una estrategia

Regresó el gordito con ruedas de los años de nuestro primer desarrollo I MT
C.R.V. > Madrid

Hay gentes empeñadas en convertir en suspense el suspenso del toro en San Isidro. Terminada la feria, no he leído, escuchado o admitido una reflexión desde el gremio ganadero. Ni siquiera opiniones particulares sobre el suspenso en una feria de vital importancia que ha pasado a ser casi un trámite. Y para trámites, la verdad, no estamos. No he escuchado una reflexión desde la organización del abono, ni desde la propiedad de la plaza y su Consejo sobre el toro y la feria. Es como si toro no importara. No nos ha importado el fracaso general. Ni nos han importado asuntos que traspasan el límite de lo decente, como lo de Saltillo. O como, verdad por delante, anunciar una de Jandilla que no existía.

No señalo con el dedo. Porque no sé a quien señalar y porque, cuando lo hacemos, nos olvidamos que tres de los dedos de la misma mano nos señalan a nosotros. Los escondemos, pero nos señalan. Pero sí dejo claro que el toro está solo. Tan sólo, que ni el gremio ganadero le hace compañía, le reflexiona, le ampara. Madrid y esta fiesta en general, es un irracional manejo del toro en medio de una irracional, absurda y a veces hasta conspiradora telaraña que se teje desde el invierno en el campo, hasta que el toro sale al ruedo de Las Ventas.

Una hoguera de vanidades, un caleidoscopio de intereses, una cabalística anti toro que el toro padece en la más absoluta de las soledades. Pues hasta el ganadero calla no sea que su queja se escuche más allá del cuello de su camisa. Este proceso de espacio tiempo lo manosean veedores con distinta mirada para, supuestamente, ver lo mismo (los de la empresa y los toreros) lo analizan distintos análisis cuasijudiciales (depende que equipo de presidentes y veterinarios) lo defienden o condenan en los reconocimientos dependiendo de simpatías cárdenas, berrendas o negras, su trapío depende de qué torero esté anunciado en el cartel, su peso depende de todo lo anterior. ¿Acaso esto no es cierto?

El toro tendrá un trato u otro dependiendo de quien lo lidie, un premio u otro dependiendo del presidente del día, se mantendrá el ruedo dependiendo de una mano verde que será verde dependiendo de cómo se llame el ganadero, el torero: Dependerá de cómo proteste esa minoría que cohabita en los entresijos de este Madrid laberíntico y que se sitúan frente a la presidencia. Son los otros directores de la lidia, el otro palco, la autoridad paralela, la coacción para la acción, el juzgado populista minoritario, el prejuicio, el final de una estrategia. Esos que en invierno toman puchero en tantas ganaderías, cafelitos con veterinarios, copitas con los del palco. ¿Es mentira esto?

Tan solo está el toro, tan en inmensa soledad, tiene tan poca fuerza un ganadero, que basta con que unos pocos de siempre vayan a un reconocimiento para señalar con el dedo a un toro y haberlo condenado ya antes de salir a la plaza. Es tanta la soledad del toro que, siendo la base del espectáculo para todos, para decenas de miles de personas, apenas dos o tres decenas de personas, deciden por ellos, por el público. Cuidado, decidir por ellos no es lo mismo que decidir para ellos ni por el bien de ellos. Unas veinte gentes, nada más, entre apoderados, empresa, veterinarios policías, la minoría que apaña, amaña y se da maña para vivir esa especie de enfermedad onanística taurina que consiste en ser una lapa del toro.

Vampirizan al toro, todos. Y esa hoguera vanidosa y cainita, y aburrida, sin gusto, vulgar y grotesca que no denuncia el ganadero ni su gremio, deja tan solo al toro que ha permitido este año la reinstauración del 600. Regresó el gordito con ruedas de los años de nuestro primer desarrollo al lado de una ideología de hambruna, de mentes de posguerra, hala, venga kilos, peso, carne. Juntemos carne para el hambre. Pongamos chuletas para defendernos ante la prohibición posible. Demostremos qué grandes podemos llegar a ser en la tablilla. Aunque, luego, en las copas de la sala Alcalá o VIP (sic) ganaderos y demás, se sinceren ante la mirada neutral y de adormidera de un gin tonic que nos señala con el dedo. Frente a una copa y en lo oscuro, los ganaderos regresan a su valentía.

No les acuso con mi dedo. Tres me apuntarían. Pero si digo que hemos admitido que eso del trapío en función de su encaste es sólo para lo cárdeno. Lo otro, ha de ser grande por cojones. Han salido toros de “nuñez” tan fuera de tipo, toros de “domecq” tan fuera de tipo, tan exageradamente alejados de una anatomía fiel a su origen y muy próxima a los que tiran de carretas, que hasta el caballo de picar ha subido. Y nadie dice nada, nadie lamenta nada. El toro está como el coronel de García Márquez, solo, sin nadie que le escriba, pendiente de una quimera que a veces, se cumple. Y es que alguno embiste. Si será grande el toro que le ponemos un lastre de 600 kilos y hasta es capaz de ser bravo y embestir. Y entonces, desde esa aberración de carne, nos sentimos ganaderos y ganadores.

El coronel Aureliano Buendia, tieso y decadente, orgulloso y pobre de pedir, dejaba su futuro al albur de que su gallo ganara la pelea siguiente. Lejos de poner remedio a su vida claudicada, que ganara el gallo, que embistiera el toro de 600, era su futuro. Su mujer (pongamos que pueda ser la figura literaria del gin tonic actual) le insiste en que cambie, en un final de novela desastrosamente grandioso. Le urge para que le diga que van a hacer, de que van a vivir, como van a pagar hasta que pasen los cuarenta y cinco días que restan para la pelea del gallo. Y que pasará si el gallo no gana:

-Si el gallo gana, dijo la mujer. Pero si pierde. No se te ha ocurrido que el gallo puede perder.
-Es un gallo que no puede perder.
-Pero, suponte que pierda.
-Todavía faltan cuarenta y cinco días para empezar a pensar en ello, dijo el coronel
La mujer se desesperó: Y, mientras tanto, que comemos. Dime.
El coronel necesitó setenta y cinco años – los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto, para llegar a ese instante- . Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:
-Mierda

 


 

 

NOTICIAS Este sábado, en Villalba

Arranca una nueva edición de ‘Camino hacia Las Ventas’

09/06/2016 12:25
Ocho novilladas, de junio a septiembre. La Final, en Las Ventas

El calendario del certamen I TAURODELTA
MUNDOTORO > Madrid

Este sábado arranca en Villalba una nueva edición del Certamen ‘Camino hacia Las Ventas’, que se desarrollará durante este verano en distintos pueblos de La Comunidad de Madrid. Como cada año, los tres novilleros más destacados a juicio del jurado actuarán en la final de la plaza de Las Ventas el domingo 9 de octubre.
La primera novillada reúne a Alejandro García (Fundación El Juli), Ángel Téllez (Escuela Taurina de Madrid “José Cubero Yiyo”) y Sergio Díaz (Escuela Taurina de Colmenar Viejo), que darán cuenta de seis erales de Flor de Jara (encaste Santa Coloma). El comienzo del festejo está fijado a las 19.00 horas.

 


 

 

CEHEGÍN En hombros con Antonio Puerta, cuatro orejas

Conchi Ríos, feliz cuatro años después

09/06/2016 21:16

El Cordobés y el local Antonio Puerta acompañan a Conchi Ríos

Toros de Guadalmena en la vuelta de los toros a Cehegín


Momento de la alternativa I GUILLERMO LORENTE
GUILLERMO LORENTE > Cehegín (Murcia)

Casi cuatro años después, volvió Conchi Ríos, pero ya con el toro. Pudieron más sus ganas y su voluntad de torero que su inactividad y la ya matador(a) salió en hombros en su alternativa en Cehegín. Paseó tres orejas de un festejo en el que el triunfador fue Antonio Puerta, a buen nivel en su lote, que logró cuatro. No tuvo opción El Cordobés con el lote menos lucido de la manejable corrida de Guadalmena.
Conchi Ríos cortó una oreja al toro de su alternativa, de nombre ‘Gandul’. La torero murciana planteó una faena de mucha entrega e intención a un toro bueno pero rajado que le permitió estar a gusto en una faena no muy larga pero bien resuelta a espadas. Al sexto lo pudo desorejar. Su labor, asentada y firme, tuvo el mérito de administrar bien la raza del toro. La toricantana consiguió dar muletazos de largo trazo y buen dibujo y tras otra estocada habilidosa certificó su triunfo.
Antonio Puerta cortó dos orejas al tercero luego de una labor de muy buen planteamiento. Cuando esta empezó a tomar cuerpo al toro le faltó fondo. El final de faena fue todo del torero local, que se impuso en el toreo en cercanías. Puerta desorejó también al segundo de su lote, el que hacía quinto de la larga tarde. Hizo todo a favor del de Guadalmena, con sutileza y sin atacarle en exceso. El animal, noble pero de medido empuje, mejoró en las manos del torero murciano. Además, cerró entre los pitones y ahí se impuso Puerta, que posteriormente mató de estocada y paseó el doble trofeo.
El segundo fue un toro muy blando y El Cordobés no pudo darse demasiada coba. El público reconoció su voluntad y le aplaudió. El Cordobés tampoco tuvo opción en su segundo turno. El cuarto se derrumbó en el primer muletazo y a partir de ahí el torero hizo un esfuerzo por sacarle algunos muletazos en una labor sin posible triunfo.

Hierro de Guadalmena – España Plaza de toros de Cehegín. Día de la Región de Murcia. Un tercio de plaza. Toros de Guadalmena, terciados, de justa raza y manejables de juego. logo-mundotoro-fichas-crónicas
El Cordobés, palmas y silencio.
Antonio Puerta, dos orejas y dos orejas.
Conchi Ríos, que tomaba la alternativa, oreja y dos orejas.

 

 


Actualidad

(Foto: Alfredo Casas)

Presentado el cartel anunciador de las Corridas Generales de Bilbao

Tomás Ondarra, autor de la obra en la que se anunciarán las combinaciones presentadas la semana pasada.
Por Redacción
Jueves 09 de junio de 2016, 18:58h

La creación del bilbaíno Tomás Ondarra ha sido seleccionada como cartel de las Corridas Generales de Bilbao 2016, y en el día de hoy ha sido presentada en la Plaza de Toros de Vista Alegre. Así, en la obra de Ondarra se anunciarán las combinaciones del abono presentado la semana pasada.

En el acto, además del autor del cartel, han estado presentes Javier Aresti, presidente de la Comisión Taurina de la Junta Administrativa, Juan Manuel Delgado y Antón Taramona, miembros de la Junta, y Manuel Chopera, gestor de la plaza.

 





 

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