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1 Jun

 

 

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II LIDIA y SACRIFICIO DEL TORO

El heterodoxo sacrificio del toro

 

El heterodoxo sacrificio del toro

Sacerdote, sacrificio y sagrado tienen la misma raíz, proceden de la misma palabra latina: sacer. El sacerdote es un hombre consagrado, autorizado para sacrificar. El sacrificio era un acto peligroso, todo contacto con la víctima propiciatoria contaminaba al hombre no sacramentado gracias al mismo pensamiento mágico que otorga a la transgresión social o moral el origen de las plagas y sequias, de modo que un acto prohibido, por ejemplo el incesto cometido por el rey, provocaba la peste entre sus súbditos. Solo el hombre iniciado y consagrado podía establecer contacto con Dios en nombre de su comunidad, y ofrecerle el sacrificio de la víctima propiciatoria. Propiciatoria porque propiciaba el favor del Dios. El bien y el mal están inmersos en el sacrificio, un rito de trascendente carácter comercial, mediante el cual el hombre sacrifica, se sacrifica y ofrenda una prenda valiosa para pedir perdón por sus faltas al Hacedor y convertirlo en deudor. La ocurrencia me parece legítima. El que sacrifica daña y se daña a favor del destinatario de su sacrificio, de modo que, supongo, elegía el valor de las víctimas de acuerdo con el favor que deseaba obtener. Todo esto resulta muy claro para el hombre religioso, o que ha tenido una formación religiosa y lo asume con perfecta naturalidad. Sabe que si la víctima no tiene valor, el sacrificio es irrelevante. Abraham acató sacrificar su descendencia a Dios, a su hijo Isaac, pero Dios no le dejó, la humanidad debía seguir existiendo. Y los cristianos sacrifican a su mismo Dios, por orden de Este, de manera que la Misa es el supremo sacrificio, el que deja a la humanidad en deuda permanente con Dios, es decir con el bien. Y esta es la fuerza eterna del cristianismo, capaz de superar la contradicción permanente del pecado.

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Los antiguos, que tenían muchos dioses pero ni un pelo de tontos, hicieron viable el sacrificio al elegir víctimas valiosas pero dentro de un orden. Entre ellas, el toro -y después el buey- era la más preciada. El bovino siempre ha sido un animal paradigmático para el hombre, por su enorme poder procreador, su gran productividad y, sobre todo, por su capacidad de luchar hasta la muerte: por ser un héroe supremo. Cuenta Rene Girard (La Violencia y lo Sagrado) que los bosquímanos africanos cuando encontraban un lugar propicio sacrificaban a un toro y allí fundaban una nueva ciudad. Y ya dentro de nuestra cultura, cuando Cadmo fundó Tebas cumplió dos rituales, uno dirigido a la Diosa protectora del matrimonio -Atenea-, el sacrificio de un toro blanco (ensabanado), y otro a la Naturaleza -en fase agresiva-, la muerte en combate de un dragón.

 

Sin la menor tentación estructuralista, hemos de convenir que el sistema de todos los sacrificios se parece. Abajo, hay una comunidad coral, un sacerdote matador y una víctima peligrosa, y arriba, un Dios que preside. Descontado el hecho de que el hombre se lo invente todo, de estos elementos el más interesante es la víctima. Porque es dos cosas a la vez, lo que es y en lo que se transforma: un ser zoológico y sagrado. Pero a partir del momento en que los hombres se internan en el bosque para buscar, apartar y conducir a la ciudad a la víctima propiciatoria -supongamos que ésta es un toro-, el animal se transmuta definitivamente, deja de ser quien es, y ya será otro, el vínculo del hombre con Dios, es decir un ser sagrado. El proceso tiene su miga, porque tal mutación fumiga, invisibiliza la violencia que se ejercerá sobre la víctima, que ya no será ella, ni lo será su cuerpo, sino solo lo que significa, un ser imaginario, irreal, inventado por el sacrificio. En el oficiante y su coro no hay lugar para la crueldad, no ejerce violencia sobre la victima sino sobre su identidad simbólica superpuesta a su encarnadura real.

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La forma del sacrificio se adscribe rigurosamente al fondo del sacrificio. Cuando el animal -la víctima- llega a la ciudad se le oculta, se le enchiquera. Es peligroso, es sagrado, no debe vérselo hasta la hora del sacrificio. Entonces, el coro sigue, por una parte al sacrificador -paseíllo-, y por otra a la víctima sacrificial -encierro-. El altar solo está autorizado al hombre iniciarlo, el único libre del peligro, el que no puede ser contaminado por la parte profana de la víctima, el que la sacraliza y puede sacrificarla. Y cuando la inmolación se produce, el coro canta al ver ascender el sacrificio hacia Dios. Todos ofrendan, todos son los beneficiarios, todos son acreedores del amor de Dios, de su protección.

 

Insértese en esta estructura cualquier sacrificio, de cualquiera religión y se comprobara que su acople es exacto. El aficionado a las corridas de toros ya lo ha hecho al leer estas líneas. Pero también se ha preguntado, ¿es en verdad la lidia un sacrificio o es un ritual de caza? ¿Se parece al sacrificio del toro blanco de Cadmo o a su lucha contra el dragón? Y habrá concluido, es sacrificio y también caza, en todos sus pormenores salvo en el fundamental: su objeto. Y seguirá inquiriéndose: ¿no será, entonces, la corrida de toros un sacrificio sin destinatario, ateo, no dirigido a ningún Dios? Y se hará otras preguntas colaterales. Por ejemplo: ¿por qué en los racionales siglos XVIII y XIX la corrida configura teatralmente, a modo de tragedia, un rito cinegético y sacrificial de raíces tan ancestrales? Hay que ir por partes para responder a estos interrogantes.

 

El libro, VIDA Y LIDIA DEL TORO BRAVO  a la venta en la

Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia

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El Brillante tentó en España

Publicado por Comunicado el 31/5/2016

El matador de toros mexicano Alfredo Gómez El Brillante, realizó labores de tienta en la ganadería española de Flor de Jara.

El diestro viajó a España junto al juez de plaza Jorge Ramos para la presentación del libro del reconocido periodista venezolano Víctor José López El Vito

Allá fue invitado por el ganadero Carlos Aragón de Flor de Jara para lidiar 3 becerras que dieron buena nota.

También estuvieron en la tienta los matadores Ángel Majano, Ángel Meras y una grupo de aspirantes a novilleros.

Después de la tienta fue un agasajo con comida española y mexicana acompañados de un buen tequila mexicano.

 


 

Vacadas de oportunidad en Tlaquepaque

Publicado por Redacción el 30/5/2016

La empresa Casa Toreros lanza convocatoria para las Vacadas de Oportunidad 2016 , el serial es para todas las academias taurinas y/o novilleros sin picadores de Jalisco y de toda la República.

Se ofrecerá un serial conformado por 5 sábados en punto de las 17:00 hrs en los meses de junio y julio en la Plaza de Toros El Centenario de San Pedro Tlaquepaque. La entrada a estos festejos será gratuito con el fin de fomentar la pasión taurina entre la afición jalisciense.

El formato será de 5 novilleros por tarde, y se realizarán 4 festejos de selección y la última de triunfadores. Las vacas serán donadas por la ganadería de Pablo Moreno y serán lidiadas a muerte. Así mismo, se contará con la participación de los elementos de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros.

El serial contará con el apoyo de peñas taurinas (Peña Autlán de la Grana, Casta Brava, Peña Guadalajara y Peña infantil), las cuales serán participes de dicho evento, formando parte del jurado y premiarán con avíos de torear a los mejores novilleros.

Casa Toreros incluirá al triunfador en el certamen Descubriendo un Torero 2016.

Los participantes para dicho evento deberán presentar la siguiente documentación:

– Curriculum Vitae.

– Acta de Nacimiento (Copia)

– Carta de consentimiento de padres o tutor en caso de ser menor de edad.

– Carta de recomendación de algún ganadero o matador de toros.

– Archivo de fotos y/o video.

– Estar encuadrado con la Asociación de Matadores o en su defecto contar con un seguro de gastos médicos.

La fecha de inscripción será del lunes 30 de mayo al viernes 10 de junio del presente año, los archivos se deberán enviar en formato JPG o PDF a los correos:
arlette.ferro@casatoreros.com o saulo.flores@casatoreros.com

Para mayor información puede comunicarse al 3311198137, 3318626140 o al 37771120 con Arlette Ferro y Saulo Flores.

 


 

 

Presentan en Madrid “El toreo entre libros” (fotos)

Por: Redacción | Foto: Dolores de Lara
Miércoles, 01 de Junio del 2016 | México, D.F.

La presentación en Madrid, en la Aula “Antonio Bienvenida” de Las Ventas, del libro conmemorativo de más de tres décadas de existencia Bibliófilos Taurinos de México, “El toreo entre libros”, ha constituido un hecho memorable para esta asociación mexicana, para el público asistente que abarrotó la sala, y para los integrantes de la mesa presidida por Jorge Espinosa de los Monteros, bibliófilo al que le fue encomendada por sus compañeros mexicanos esta loable misión de hacer historia y “confirmar” en la Monumental de Las Ventas.

Espinosa de los Monteros, en su condición de bibliófilo, preside a su vez el Capítulo de México del Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida arraigado en la prestigiosa asociación bibliófila, y ha coordinado con la casa matriz en Madrid la organización de este evento cultural taurino, con la colaboración del Centro de AA. TT. de la Comunidad de Madrid.

Ante un público muy representativo de distintos sectores nacionales e internacionales integrado por conocidos personajes y excelsas personalidades del mundo del toro y de la cultura taurómaca, Juan Lamarca presentó y moderó este acto como dirigente del Círculo Bienvenida, comenzando por disculpar la ausencia de Miguel Mejías “Bienvenida” por causa de celebrar en la plaza central de la ciudad de Valladolid una clase de toreo para la infancia.

Igualmente lamentó la inasistencia del presidente del Círculo Bienvenida, don Fernando Claramunt, por motivo luctuoso del fallecimiento de su hija Ana.

Abierta la sesión, Juan Lamarca dio la agradecida acogida a los presentes, resaltando la naturaleza de Bibliófilos taurinos de México, su fecunda trayectoria en treinta y dos años, con intensa actividad que incluye la organización de numerosos ciclos de conferencias, orientados a la difusión y valoración de la fiesta, así como la publicación de 35 libros considerados ya como clásicos de la literatura taurina mexicana, así como diversos anuarios y agendas y una creciente colección de publicaciones de divulgación taurina bajo el título genérico de Lecturas taurinas, que a la fecha ha sumado ya 70 títulos.

Cedió la palabra a don Federico Arnás, director de “Tendido cero” de TVE, que resaltó, con su cualificado estilo periodístico, los altos valores que contiene esta obra a través de los artículo de sus coautores y de los personajes de la literatura taurina entre ellos, uno de los más valorados, como lo fue Pepe Alameda.

No podía faltar en esta obra, “El toreo entre libros”, la firma de un miembro de Unión de Bibliófilos Taurinos de España, José María Sotomayor, donde ensalza la mítica figura de la “voz del toro y deporte”, el legendario don Matías Prats.

De grata y honda impresión resultó la novedosa intervención Jorge F. Hernández, presentado muy acertadamente por Juan Lamarca como un intelectual mexicano amante del toro y beligerante en su defensa, añadiendo que se trata de un prolífico columnista y escritor, en el ensayo, cuento, novela, y colaborador del diario El País.

Hernández desnudó al movimiento antitaurino por ayuno de razones y sin embargo avanzando, e ironizó sobre el mundo de toro porque estando cargado de ellas no sabe dar respuesta a aquellos, sufriendo además su acoso e intento de derribo. Su clara posición en defensa de los toros la mantiene, entre otras razones, por estimarla como una grandiosa expresión cultural perseguida por ser marcadamente española.

La valiosa aportación de este escritor mexicano a este magnífico libro que se presenta, consiste en un delicioso prólogo bajo el título de “Leer es torear”, donde realiza una estupenda analogía entre el toreo y la escritura.

El moderador, Juan Lamarca, destacó la alta significación que supone la asistencia a este acto del Ministro Consular de México en España, Alejandro Córdova Tello, en nombre de la Embajadora, Roberta Lajous, mostrando a su vez su satisfacción personal por este evento que vuelve a poner de manifiesto el lazo de unión, entre españoles y mexicanos, a través de la cultura taurina derivada de una fiesta común que imprime carácter identitario basada en el toro.

Juan Lamarca no dejó pasar por alto la presencia de un personaje ilustre, el periodista y escritor venezolano, Víctor José López “El Vito”, al que presentó debidamente e invitó a ocupar un sitio en la mesa y rogando su intervención.

Una vez más durante esta feria de San isidro que llega a su recta final, El Vito ha emergido brillante y pujante para defender los valores de la fiesta, y expresar su inquietud política y social ante la preocupante situación de su Venezuela querida, robada y aplastada por el chavismo imperante que también amenaza a la fiesta y su propia existencia.

Emotiva fue la disertación del bibliófilo mexicano, Jorge Espinosa de los Monteros, expresando su orgulloso contento por el acto que estaba protagonizando derivado de la encomienda de parte de su agrupación, y sin dejar de recordar a sus fundadores y egregios socios, y muy especialmente a los hermanos Luis y Humberto Ruiz Quiroz.

Tras sus sentidas palabras de gratitud explicó la razón de ser y finalidad de la obra presentada, y desmenuzó en lo esencial su jugoso contenido escrito por distintos coautores realizan reseñas de 35 libros con temática taurina, que ellos mismos han seleccionado mediante diferentes criterios.

Con este libro, dijo, Bibliófilos Taurinos de México pretende, desde su trinchera, reafirmar que la tauromaquia es una fuente inagotable de cultura, e inculcar la literatura taurina a cualquier persona que se interese en conocer las obras que son reseñadas en este trabajo.

Espinosa de los Monteros culminó contagiando su emoción a los asistentes y proclamando. “¡Viva la Fiesta! ¡Viva México! ¡Viva a España!”. ante una cerrada ovación, y Juan Lamarca remató exclamando “¡Viva Venezuela!”

 


 

 

Historia: La alternativa de Pedro Nolasco

Por: Francisco Coello Ugalde | Foto: Archivo
Miércoles, 01 de Junio del 2016 | México, D.F.

PEDRO NOLASCO

Pedro Nolasco Acosta nace allá por 1851 en San Luis Potosí y muere en la misma ciudad un 3 de noviembre de 1914. Desde muy joven se decidió por la tauromaquia, y convencido de ello fue integrante en cuadrillas que dirigían Bernardo Gaviño, Toribio Peralta “La Galuza” o Jesús Villegas “El Catrín”.

Para 1874 formó su propia “cuadrilla de gladiadores”, término que se daba por aquel entonces a estas compañías de toreros. Pronto se convierte en uno más de aquellos toreros que o controlaron el panorama en su propio feudo, o sea en la matria, condición que ostentó cosa de 10 años.

“El Güerito” Acosta practicaba como muchos otros, una serie de suertes que eran del gusto de aquellas aficiones, pero no contaba con el hecho de que a partir de 1887 (año de la reanudación de las corridas de toros en la Ciudad de México), y con la llegada de un bien articulado frente común de toreros españoles, su destino daría un vuelco radical, ya que el gusto de los taurinos cambió en su forma de percibir y aceptar una tauromaquia que no correspondía con los nuevos tiempos, así que Nolasco Acosta perdió notoriedad, de ahí que recuperara algún aliento en la figura de empresario.

Aún así, no quiso perder la oportunidad de recibir la alternativa y esto ocurrió en condiciones que por entonces no favorecieron mucho aquel episodio. Saberse investido por Ponciano Díaz representaba un auténtico atentado en la persona de Pedro Nolasco, pues ello significaba que el de Atenco, como ya había ocurrido en otros sitios, iba a San Luis para conquistar un nuevo territorio, como hizo con otros tantos feudos.

Cuentan testigos del suceso aquí narrado que al torear en la plaza del Montecillo por los años de 1883 y 1884, el público que ya tenía ídolo propio, Nolasco, no quiso rendir a Ponciano los honores que otros públicos de tributaban y el diestro se marchó de San Luis Potosí resentido y con el consiguiente disgusto. Pero ya hecho matador, se presentó de nuevo en la plaza del “Paseo”, por cierto en forma triunfal. Esto debió hacer efecto para que Ponciano borrara cualquier impresión que años atrás había producido aquel desencuentro, no solo con los aficionados potosinos, sino con el propio Güerito Acosta.

Fue tal la armonía que Ponciano se constituyó en empresa con Nolasco, anunciando para mayo y junio de 1890 una serie de corridas. Fue el 1 de junio cuando ambos espadas culminaron sus “desencuentros”, por lo que Pedro Nolasco Acosta se convertía a los 39 años de su edad en matador de toros, lidiando toros de Espíritu Santo. Lamentablemente esto ocurrió en unos momentos en que ya se percibía el ocaso de la carrera del torero potosino. Y así fue. Los últimos años de su vida los dedicó, como ya se dijo, a la labor como empresario taurino y hubo que pensar en la retirada, la cual se registró el 1 de noviembre de 1906. Lo demás, son recuerdos imborrables de sus jornadas como “señor feudal del toreo”.

Como buen “Capitán de Gladiadores”, Pedro Nolasco Acosta creó en los rumbos de San Luis Potosí un auténtico coto de poder, mismo que se extendió entre los años de 1870 y 1880, aproximadamente.

“El Güerito” Acosta como familiar y cariñosamente se le conoció se presenta ante nosotros con el sello de figura egregia que, por encima de muchos otros adefesios se dignaban y atrevían torear deben haber sido aceptadas como parte de una tauromaquia mexicana relajada y distante de la española, más avanzada eso sí, pero también teniendo entre sus filas a figuras con este con aquellas figuras que, a los ojos del siglo XXI son antiestéticas, pero que en su momento decorado.

Sin embargo, Nolasco Acosta guardó con mejores resultados las apariencias, dado que como se ve, asumió su jerarquía con el orgullo de figura, no importando que fuese provinciana y que siempre se quedase provinciana, como delicioso verso de López Velarde o Manuel José Othón.

Nuestro personaje guardó profunda amistad con Carlos Cuesta Baquero, reconocido periodista taurino entre 1883 y 1950. Y Pedro puso en manos del también conocido como Roque Solares “Tacubac” dos obras fundamentales como “El Toreo. Gran diccionario tauromáquico”, de José Sánchez de Neira, o los “Anales del Toreo”, de José Velázquez y Sánchez, obras fundamentales para su tiempo con las que se divulgó la técnica y estética del nuevo estado de cosas habido para la tauromaquia en el México de finales del siglo XIX. Aquel efecto trajo consigo una mejor comprensión de las cosas.

Pedro Nolasco viste un traje al que solo le faltaba sonar con todas esas campanillas que parece llevar, a modo de morillas, en tintileo permanente. Todo lo anterior era de esperarse en el romántico continente del torero decimonónico hecho y forjado en el espectáculo de tamañas banderillas, como el par que aparece a sus pies, simulando fuentes de frutas.

Su capa, a lo Robin Hood, la enorme faja y el corbatín “a lo poeta”, rematan un rostro adusto, con esa montera irregular, conjunto perfecto que se preparó para lograr esta imperecedera tarjeta de visita que hoy rememora una figura emblemática, que traspasó todavía con su abundante bigote el siglo XX para despedirse en su natal San Luis Potosí, allá por 1906.

 


 

Diagnóstico del matador Alberto Huerta

Publicado por Comunicado el 31/5/2016

Luego de la cornada sufrida en Ciudad Lerdo, el matador Alberto Huerta fue sometido a estudios en fase simple y contrastada, se descarta la intervención quirúrgica.

Los estudios arrojaron los siguientes resultados:
En los elementos posteriores de los cuerpos vertebrales se encuentran dos soluciones de continuidad en las apófisis espinosas de L5 que es lineal NO DESPLAZADA , mientras que en L4 se observa desplazamiento del fragmento en sentido posterior superior . En los discos de L3-L4.,L4-L5 y L5-S1 existen abombamientos postero-lateral derechas , que contactan y comprimen al saco dural además de contactar con las raíces en los segmentos subarticulares y foraminales

Los músculos paravertebrales con edema, colecciones intramusculares de distintos tamaños predominio del lado derecho .

CONCLUSIÓN
-fractura de las apofisis espinosas de l5 y l4.(lumbares)

*abombamientos postero-lateral derechos en L3-L4.,L4-L5 y L5-S1. No es necesaria la intervención quirúrgica . Se le recetaron medicamentos controlados para la disminución del edema.

Podrá comenzar con la rehabilitación a base de terapias para el fortalecimiento de los músculos dañados del lado derecho así como recuperar la debida movilidad .

Médico tratante :Agustín Caldera Duarte (neurocirujano)

 

 


 

 

Ocho con Ocho – La gloria y el infierno

31 de mayo de 2016/Luis Ramón Carazo

El toreo como metáfora desde hace siglos refleja situaciones humanas que hace un péndulo en el que se columpia, la vida, la muerte, el éxito y el fracaso o peor aún la indiferencia hacia lo que acontece en el ruedo, que como el planeta es circular, aunque los expertos ahora apuntan a que su forma es más de papá que de esfera navideña.

Hace más de dos años en el ruedo de Las Ventas de Madrid, se produjo un hecho poco común, el de que la corrida se tuviera que suspender por las heridas sufridas por los tres actuantes, uno de ellos David Mora dejó de actuar alrededor de 18 meses y durante los mismos había dudas de que pudiera recuperar sus facultades ya no para torear sino también para seguir adelante con su existencia.

Por ello el 24 de mayo era una fecha especial en el serial madrileño, reaparecía en el mismo lugar en el que fue herido el torero local, acompañado del cariño del público, que reconoce los esfuerzos y el calvario de la recuperación de tantos meses, de quién tuvo la voluntad y la fuerza para recuperarse del grave percance que por poco le cuesta perder una pierna.

Desde el principio disfrutó David del cariño de los aficionados que llenaron a tope la plaza, situación que no es fácil y sino pregúntele al Juli que en cuanto pisa el albero de Madrid pasa por el infierno de las protestas y diatribas por lo que se supone hace fuera y dentro de las plazas.

En su primer astado, un extraordinario toro de Alcurrucén de los hermanos Lozano, con el capote firmó unos lances bellísimos, para que la juventud representada por Roca Rey en su turno de quites hiciera, unos lances por saltilleras que provocaron la respuesta por gaoneras de David que prendió el entusiasmo del conclave.

La faena de muleta, remontó lo que pudo haber sido otra tragedia para David cuando quiso pasarlo por su espalda y el toro lo enfrontiló, golpeándolo y dejándolo aturdido por un minuto, para regresar sin pensarlo a fundirse en vibrante faena con un gran astado de nombre Malagueño, coronando la faena con la espada y cimbrando a quienes fuimos testigos de su renacimiento como torero y como ser humano, las dos orejas fueron premio a su faena y al toro la vuelta al ruedo a sus restos.

David apunta para ser una de las cartas fuertes de la temporada.

En Córdoba ciudad de califas del toreo, la corrida del 27 de mayo de 2016, fue la presentación de Ginés Marín un joven extremeño que en su segunda corrida como matador de toros dio muestra de un sello propio al torear con gran profundidad a los toros de Núñez del Cuvillo , una oreja fue su premio, pero deja la impresión de que hay con el tiempo un torero de altos vuelos.

Talavante muy bien y El Juli pasando desapercibido, aparentando estar viviendo horas difíciles de conexión popular, aunque en Toledo y Aranjuez por las mismas fechas es cierto triunfó como no lo pudo hacer en Córdoba y en Madrid.

Para cerrar dice la canción de Napoleón (recién puesto de moda por una nueva versión de algunos de sus muchos éxitos pasados) lo que un día fue no será y entre la lluvia pertinaz y la poca asistencia del público el 28 de mayo de 2016, se suspendió una corrida de distintos hierros que iba a lidiar en solitario Finito de Córdoba, quién está urgido a 25 años de alternativa de un triunfo que le vuelva a colocar para pasar lista a la hora de conformar los carteles.

Así las cosas y al relance, unos viven la gloria y otros el infierno del toreo que para algunos es la vida misma reflejada en el ruedo.

 


 

¿Qué Fiesta es esta?

saltillo

Había expectación por presenciar el juego de los toros de Saltillo, que es nombre muy respetado, admirado y añorado por las huestes del torismo contemporáneo, aunque la mayoría de estos militantes no tengan ni pajolera idea de cómo ni cuando llegaron las reses de este hierro a representar uno de los encastes emblemáticos de nuestra cabaña de bravo. Y como había expectación, pues ya se pueden imaginar el resultado: decepción. O como diría un castizo, que para eso estamos en Madrid: petardo.

Estoy convencido de que estos toristas de nueva hornada, si no leen el programa de mano, su conocimiento del encaste Saltillo apenas tiene recorrido. Y, aún leyéndolo, no se aclararán bien de las ramas de los Moreno que se llevaron el grueso de la imponente ganadería que compró, a mediados del siglo XIX, aquél aristócrata treintañero de Carmona, Antonio Rueda y Quintanilla, una piara ingente (mil y pico cabezas) de la rama lesaqueña de Vistahermosa.

Pues bien, sepan ustedes que unas décadas después los críticos y los públicos de toros de la época romántica motejaban y fustigaban a las grandes figuras del toreo decimonónicas –a Guerrita, sobre todo—por enfrentarse a lo que entonces, en pleno auge del toro cárdeno, llamaban monas de Saltillo, de la misma forma que en los segundos decenios del siglo XX a Joselito el Gallo se le censuraba su propensión a lidiar con las brevas de Santa Coloma. Por tanto, lo que ahora se reclama como quintaesencia de la bravura entintada en fiereza, no es sino el paradigma del toro comercial de hace siglo y medio. El mismo ganado herrado con el anagrama del célebre marqués, en cuyo gigantesco hato también echaron el lazo los ganaderos mexicanos de Piedras Negras y San Mateo, para llevarse, a instancias de Bombita una selecta muestra a su país y hacer un pie de simiente que dio tipología y carácter a un ejemplar de lidia singular: el toro mexicano.

Viene esto a cuento de los números que se montan y las algaradas que se organizan en los escasos mentideros taurinos que rescoldean por ahí, poniendo el grito en el cielo ante la marginación de estos toros de cabeza breve, moño en el testuz, ojos vivarachos, veleta cornamenta y carnes apretadas. Pues bien, ahí los tienen, saliendo al ruedo de Las Ventas para deleite del plañiderismo consuetuinario, exigiendo con esbeltez de gestos y voz autoritaria: déjalo ahí, que vaya de largo al caballo… sin caer en la cuenta de que en el puyazo anterior el toro ya había cantado la gallina. Por tanto, lo normal es que el toro en cuestión pase de nuevos encuentros y campe por sus respetos, deambulando por el ruedo a lugares donde baje el tono de la hostilidad.

Esa fue la tónica de la corrida de ayer en Madrid, tercera del epílogo torista, ya tradicional en esta Feria. Salían los saltillos de José Joaquín Moreno Silva y se ponían a la defensiva desde el primer capotazo; digo capotazo porque no pudimos ver ni un solo lance ejecutado con cierta compostura, tal era el recelo con que tomaban los capotes aquellos toros de bonita lámina y agrisada piel, aunque de muy desigual presencia. Algunos, incluso podrían catalogarse como abecerrados, aunque lucieran las puntitas de sus pitones y, sobre todo, unas ideas de lo más perversas que imaginarse pueda. Toros de otra época, de los de lidiar con trallazos de capa y recortes de muleta. De otra época, digo. En la actual, la gente –los aficionados—quieren ver un toro bravo y un torero artista. No le den vueltas. Todo lo demás es pura demagogia o desconocimiento de los gustos del público de toros actual. Bien está el toro encastado y bravo, fiero, incluso, pero si no embiste y toma los engaños por el jaretón de abajo, si no tienen un pase, si hacen pasar miedo a los del ruedo y a los del tendido, el espectáculo es, sencillamente deprimente.

Ahora es cuando viene el pragmático y espeta:

Sí, pero no se aburrió nadie.

Y el sensato y cabal que le responde a la gallega:

–¿Pero alguien disfrutó con lo que ocurría en el ruedo?

Porque lo que se vio fueron carreras destempladas de los toreros de a pie, alguna costalada intempestiva a los de a caballo –¡qué mal se picó la corrida, Dios!– y un caos de lidia generalizado, especialmente en los dos primeros tercios. La corrida fue mansa y de un peligro sonoro, a más no poder. Porque no poder fue lo que evidenciaron algunos toreros ante toros tan malajes, tan mansos como aviesos, repartidores de cornadas que, por fortuna, no encontraron carne, por esta vez. Especialmente, los lidiados en tercer y cuarto lugar, dos prendas, dos fieras corrupias que trajeron en jaque a la torería que se desplegó sobre el ruedo de la Monumental. Pero vayamos por partes:

Ese tercer toro era un becerrote, se mire por donde se mire, que no se protestó porque ayer no tocaba eso. Tampoco se protestaron los dos puyazos –es un decir—que tomó de refilón, corneando el peto con furia y tirando cornadas a la gregoriana del picador, a la perilla de la silla de montar y al sursum corda. Manso perdido. Pero manso de cuidado, porque por el pitón derecho cazaba moscas y por el izquierdo se hacía el lila. Toro duro, durísimo, de pelar, que se fue vivo a los corrales con una estocada envainada y otra hasta los gavilanes y aún tuvo fuerzas para darle una carrera al mismísimo Florito. Sale este toro en la época dorada del señor marqués de Saltillo y despanzurra a media cuadra de caballos. Pero fue manso y traicionero. Un regalito. Si yo fuera el ganadero echaría cuenta del semental del que procede y sacaría conclusiones.

Peor fue el cuarto, un toro que no obedeció jamás al toque de los utensilios de torear y puso en fuga a todo bicho viviente, no se dejó picar en ningún terreno y fue justamente condenado a banderillas negras. El quinto, se comportó bravucón, dejándose pegar en dos varas y embistiendo con emocionantes arreones, pero muy difícil de meter en la muleta; y finalmente, el primero fue otro manso que se desplazó con viaje disperso, saliendo de las suertes con la cara por arriba, mirando a los tendidos, y el sexto, un saltillo que protestó ruidosamente en la suerte de varas y pasó por delante del torero con la cara alta, ayuno de codicia y entrega. Un asquito de toro. Sin embargo, hubo un toro, el segundo, que fue auténticamente bravo, encastado, de gran fijeza y notable recorrido. Un toro para triunfar en Madrid, las cosas como son.

De todo ello se deduce que los toreros pasaron un quinario, sobre todo, José Carlos Venegas, que contempló con harto dolor de su corazón cómo le sonaban los tres avisos reglamentarios en el primer toro de su lote, uno de los más enterizos que se recuerdan en esta Plaza. Venegas, solo le pudo ofrecer la muleta sobre la izquierda, interpretando con esta mano algunos muletazos deslavazados y una sucesión interminable de pases del desdén. Llegó el animal crudito a la muleta y acabó sin someter, motivo por el cual, se resistió a la muerte, ante los ojos atónitos de propios –los que le rodeaban en el ruedo—y extraños –los que estábamos en el tendido–, yéndose tan campante con el cuerpo atravesado por una estocada hasta la empuñadura y más de media. Se fue con la boca cerrada, como los del Álamo sucumbieron con las botas puestas. ¡Menudo pájaro!

Quiso Venegas aliviar su fracaso en el último toro de la corrida, un saltillo largo y de agradable cabeza, pero manso, manso, manso…, desarrollando sentido por el pitón izquierdo. Bastante hizo el torero con estar delante, ofrecerle la muleta, incluso correr la mano derecha en raros chispazos sacados de entre las series. Otra prenda.

Sánchez Vara fue, de los tres, el que mejor afrontó el infortunio de una corrida que apenas se dejó pegar un pase decente. Ya hemos dicho que el primer toro fue manso, de los que se quitan el palo de picar con el mayor descaro, persiguió con saña a quienes le hostigaban y, después, anduvo por allí haciéndose el tonto en derredor del torero; pero es que el cuarto no dio la más mínima opción. ¿Ilidiable? Sí, ilidiable.

El más afortunado, dentro del generalizado infortunio, fue Alberto Aguilar. Su primer toro fue bravo, muy bravo, de esa bravura desacostumbrada en estos tiempos. Aunque remoloneó en los cites de muleta, después se venía como un tren, produciendo un caudal de emoción ideal para que el torero le formara un lío al menor descuido, porque contaba con un tesoro adicional: tenía el público a favor, y eso, en Madrid, más que un privilegio, es un milagro. A mi juicio, Alberto quiso amarrar –cortar– la oreja demasiado pronto y el toro le mojó la suya, antes de que se fuera apagando paulatinamente. Son de estos toros que yo llamo de mesilla de noche, porque el torero suele encender esa luz en la duermevela que produce la comezón de conciencia durante la noche posterior a la corrida.

Lo mismo pudo sucederle en el quinto; pero aquí si que el toro pedía un esfuerzo cuasi sobrehumano; pero si se descara con él y le somete durante tres o cuatro tandas de las de tirar la moneda al aire –era toro de eso—, tal como pintaba la tarde, le forma la mundial.

Todas estas cosas se dicen desde la frialdad, comodidad y gratuidad que da el confort del teclado de un ordenador. Comprendo que había que estar ahí, frente a esa otra máquina animal que atacaba sin piedad, después de escarbar, recelosa. Estas tardes, Alberto, piden acudir a la heroica. El toreo es así, amigo; pero el cuerpo es débil.

Fue la tarde de la caída de los mitos: el del reclamo de un ganado que, salvo las excepciones apuntadas, sencillamente, no embiste. Y si los toros no embisten, no hay toreo. Y si no hay toreo, no hay arte, ni fiesta ni nada. ¡Hay lidia!, dirán los arqueólogos de este tiempo. Ya; pero para que el público goce con este tipo de espectáculos hay que invocar a nuestros abuelos… El público actual no quiere estar en vilo, viendo cómo un muchacho se juega la vida ante un marrajo avisado y traicionero con la única esperanza de no perderla en el albur y de obtener por recompensa unas pocas palmas de compasión. ¿Qué torero puede aspirar a las palmas compasivas? ¿Para eso ha estado horas y horas soñando con el triunfo e idealizando las suertes con el toreo de salón? ¿Qué Fiesta es esta?

Acabemos en belleza: el par de banderillas de David Adalid al tercer toro –el que se iría vivo de la Plaza—fue sencillamente asombroso. Le ganó la cara al impulsivo animal, que era una centella porque se fue crudo de la suerte de varas, cuadró en la cara, alzó los brazos por entre el balcón de los pitones y clavó los palos tiesos como velas en lo alto del morrillo. Antológico. Ese par -.el de la feria, sin duda– y unos capotazos de César del Puerto al quinto toro, en plan capea, pero muy meritorios, fueron los fucilazos de un día de toros de miedos e incertidumbres, en la que asomó, como raro acaso, el pañuelo rojo en el palco presidencial.

Los toreros abandonaron el ruedo cabizbajos, meditabundos, desinflados de ánimo, descorazonados y con serios reparos de cara a su inmediato futuro. También debieron pensar, ¿qué Fiesta es esta?
Madrid, Plaza de Las Ventas. Feria de San Isidro. Vigésimoquinta de abono. Ganadería: Saltillo: Corrida en tipo clásico del viejo encaste, con toros de cabeza recortada, degollados de papada, discretamente veletos y de pelaje cárdeno. Mansa y peligrosa en todos los tercios, no se dejaron torear de capa y pusieron en muy serias dificultades a los toreros, destacando por su extrema peligrosidad el tercero y el cuarto. Descastados primero y sexto. Bravo el segundo y bravucón, hasta que se paró, el quinto. Espadas: Sánchez Vara (de esmeralda y oro), espadazo muy tendido (Silencio) y estocada hábil (Silencio), Alberto Aguilar (de nazareno y oro), tres pinchazos y estocada (Dos avisos y silencio) y pinchazo, casi entera y descabello (Aplausos) y José Carlos Venegas (de blanco y oro), media estocada, pinchazo y estocada (Tres avisos y silencio) y dos pinchazos y estocada (Silencio). Entrada: Dos tercios. Cuadrillas: David Adalid colocó un magistral par de banderillas, donde también se lució Juan Carlos Tirado. En la brega destacó César del Puerto. Incidencias: Tarde calurosa, con rachas de viento.


 

 

Así queda nuestra donde te hemos contado al detalle una jornada histórica

 

 

CRÓNICA de la Corrida Extraordinaria de Beneficencia. Antología de Manzanares en Madrid y cuarta Puerta Grande de López Simón

‘Con eso que es poco y lo es todo’

01/06/2016 23:37 | Marcos Sanchidrián

Detalles. Madrid. 01.06.2016 | FOTOGRAFÍAS: MUNDOTORO

http://www.mundotoro.com/noticia/galerias/detalles-madrid-01-06-2016

 


 

La revolera

Manzanares hace historia

Por Paco Mora
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El quinto tuvo la suerte de caer en las manos de un torero tocado por la varita del arte, y ha sido arrastrado sin orejas y ha estado a punto de quedarse sin rabo. El público siguió pidiéndolo cuando los dos pañuelos blancos ya colgaban en el balconcillo presidencial. Catarsis en los tendidos que se han encontrado con el torero que su padre soñaba.
José María Manzanares ha hecho historia en Las Ventas este día uno de junio de 2016. El quinto de la tarde ha tenido la suerte de caer en las manos de un torero tocado por la varita mágica del arte, y ha sido arrastrado sin orejas y ha estado a punto de quedarse sin rabo. El público siguió pidiéndolo cuando los dos pañuelos blancos ya colgaban en el balconcillo presidencial. Catarsis en los tendidos que se han encontrado con el torero que su padre soñaba. Y allí arriba, dos Manzanares, el padre y el abuelo, sonreían felices…

La Puerta Grande ha sido apoteósica, y en ella le ha acompañado López Simón. Manes de Lagartijo y Frascuelo, de Joselito y Belmonte, de Manolete y Pepe Luis Vázquez. Tanto monta monta tanto el valor como el arte. “Todo es música” decía Beethoven, pero no se puede negar que una cosa es la Quinta Sinfonía del genial sordo y otra El Submarino Amarillo de los Beatles. Que el arte del toreo bajó del cielo pocas veces se ha hecho tan patente como hoy en Las Ventas.

Ya con el capote, las muñecas de algodón del alicantino han diseñado verónicas suaves, profundas -déjenme que me ponga cursi-, auténticas verónicas de alhelí que soñaba el poeta. Pero donde ya se puso a “padrear” y comenzó el concierto fue en un quite por chicuelinas con el que la plaza rompió en olés como una sola voz: Porque no eran individuales, eran… ¡La voz de Las Ventas! La faena de muleta, con las zapatillas plantadas en la arena, templada, armoniosa, inteligente y sentida, fue la obra de un artista soberano. La estocada recibiendo, antológica. Y el escenario donde se había plasmado tanta belleza ardió por los cuatro costados.

La de Manzanares al toro de Victoriano del Río ha sido la faena de la feria, y este ciclo isidril pasará a la historia por dos acontecimientos: El toro “Malagueño” de Alcurrucén y la obra maestra de José María Manzanares en la corrida de Beneficencia, presidida por Don Juan Carlos I, acompañado por la Infanta Elena. Infanta que esta tarde, por su manera entusiastica de aplaudir a José Mari, me recordó más que nunca a “La Chata”, su antepasada en la familia real y en la afición de los Borbón a los toros.

Nota bene.- El público de Madrid ha vuelto a mostrarse injusto con un Castella que en sus cuatro actuaciones ha demostrado su categoría de figura, pese a su poca suerte con los toros que le ha tocado lidiar.

 

MADRID.- HABLAN LOS PROTAGONISTAS

(Foto: Javier Arroyo)

Manzanares: “Es uno de los días más felices de mi vida”

“Ha sido una faena inolvidable, un toro inolvidable… ¿El rabo?, da igual”, declara exultante el alicantino
Por Redacción APLAUSOS
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Visiblemente emocionado, Manzanares atendía entre barreras a nuestros compañeros de Movistar Plus tras haber conseguido un histórico triunfo en la Corrida de Beneficencia celebrada este miércoles en Las Ventas de Madrid. “Las lágrimas ya no son sólo por el día de hoy, sino por los muchos recuerdos míos. Ha sido un gran toro que me ha permitido hacer todo lo que le he hecho, ha sido un toro que desde el capote mostró su calidad, sobre todo por el lado izquierdo y en la muleta me lo ha enseñado. No sé qué decir ahora mismo, me he sentido como… no sé, algo muy especial hoy aquí en Madrid. ¿El rabo?, da igual”, afirmaba absolutamente extasiado.

“A mí me gusta Madrid, me siento a gusto. Que no haya dudas. Ha sido una faena inolvidable, un toro inolvidable, la afición… no sé, es que ahora es difícil expresarme. He estado muy a gusto toda la tarde, incluso con el primero que no dio opción, pero me he encontrado muy bien, la verdad”, comentó también el alicantino.

Una vez abandonó la Monumental en volandas de la afición, manifestó: “Es uno de los días más felices de mi vida. De los más: por el sitio, por su importancia, por todo en general… Fue un día tremendamente duro el de ayer y también el de hoy, pero a la vez, tremendamente bonito. Estoy intentando sacar el toreo que llevo dentro, el que toda la vida mi padre me ha enseñado”.

 

MADRID.- HABLAN LOS PROTAGONISTAS

(Foto: Javier Arroyo)

López Simón: “Necesitaba sentir otra vez a Madrid así”

El madrileño, feliz tras cortar dos orejas y conseguir su cuarta puerta grande en la plaza de Las Ventas
Por Redacción APLAUSOS
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Alberto López Simón mostraba su felicidad en los micrófonos de nuestros compañeros de Movistar Plus tras cortar las dos orejas del tercer toro de la tarde. “Necesitaba sentir otra vez a Madrid así. Esta plaza y su afición me han dado todo lo que tengo y necesitaba darles yo todo lo que tenía para sentirme bien. ¿La voltereta? El físico es el físico, lo importante son los sentimientos”.

Antes de abandonar el coso a hombros, añadió: “Me siento feliz de reencontrarme con Madrid. Se lo dedico a mi abuelo, que está muy malito. Lo importante no es la salida a hombros, sino poder decir en el futuro que soy torero de Madrid”.

 

 

TOROS / FERIA DE SAN ISIDRO

La obra maestra de Manzanares, en el nombre del padre

Patricia Navarro, 01/06/2016 2

Apoteósica faena del torero alicantino que sale a hombros con López Simón en la Corrida de Beneficencia

 

 


 

 

Ortega Cano actuará vestido de luces en Benidorm

31 de mayo de 2016. 22:57h
Paco Delgado.

Ortega Cano

El matador de toros José Ortega Cano, ahora responsable de la plaza de toros de Benidorm, ha organizado un festejo a celebrar en esta plaza el próximo día 16 de julio. Será una corrida de toros cuya terna estará encabezada por él mismo, que volverá a vestirse de luces una vez más, aunque ahora lo será sólo para esta ocasión. El cartel lo completan Morante de la Puebla y José María Manzanares y los toros a lidiar en esta función lo serán de la ganadería de Núñez del Cuvillo.
Hay que recordar que Ortega Cano, nacido el 23 de diciembre de 1953, tomó la alternativa el 12 de octubre de 1974, en Zaragoza, con toros de Osborne, Manzanares
de padrino y como testigo Paco Bautista y que actuó vestido de luces por última vez en 2009 en Navalmoral de la Mata (Cáceres). Desde este año dirige el coso benidormí, en el que ya dio una corrida de toros el pasado día 25 de marzo.

 

 


 

 

Qué San Isidro tan raro

Un espectador pedía la otra noche audífonos durante la corrida para no perder detalle. Era espectador, especie a la que se debe atender con mimo: puede que vuelva o no; se entiende que los aficionados acudimos a la liturgia de mayo en Madrid casi sin rechistar. Hacía esa petición después de ver la corrida de Adolfo Martín, en uno de los corrillos de clientes que circundan Costa Leandro, a mitad de la calle Londres, donde se habla de toros bajito y sin pelearse -de momento-, con una de las vistas secretas de Las Ventas más sugerentes, en particular de noche. Pues allí, con el máximo respeto y curiosidad, reflexionaba sobre lo bueno que sería ese servicio de audioguía para explicar lo que estaba viendo sin entender.

Ver sin entender. Con audífono o sin él, en esta feria no es una rareza. Porque no entiendes muchas cosas que en cualquier otra plaza del mundo sucederían y aquí no, en este San Isidro tan raro, tan frío, tan desangelado algunas tardes, con el viento tan jartible (así decía el gran Luis García Caviedes no del viento en La Maestranza, sino de los toreros pesados, increíblemente abundantes aún). Y con los dardos envenenados que han reventado faenas sin que la voz de la audioguía pudiera explicar qué ha pasado para que lo que empieza tan bien en minuto y medio se convierta en una gélida sala hospitalaria.

Tendremos la culpa entre todos: los que exigen los 600 kilos y dos pitones percheros de aguja fina y los que nos encabritamos porque no vemos una verónica de las buenas así que pasen 23 tardes. El torero sabe que en este templo los hados han de juntarse. Ponte derecho, así no se torea, estás fuera, pena de toro, se te ha vuelto a ir. Todo se oye con una nitidez aplastante -pero así viene siendo desde décadas atrás- y en el momento crucial de citar o de perfilarse para matar. A todo esto, un golpe de ventarrón mueve la muleta y descompone otra vez al toro. Tarde tras tarde, de ahí el milagro del triunfo, que no es un tópico. ¿Se imaginan este pertinaz griterío en el teatro, en una conferencia, en cualquier tertulia abierta al público o, qué sé yo, en sede parlamentaria? En los estadios no sucede a menos que se pongan de acuerdo unos cuantos miles para vociferar contra el torpe lateral. Las Ventas no tiene igual, expliquémoslo a conciencia.

Pero repetiremos, y volveremos todos los San Isidros que nos organicen. Preferiremos intentar describirlo por lo bajini en el tendido, que no comprenderlo, antes que la programada audioguía perfecta para el museo. Siempre estaremos atentos para cuando alumbre el milagro. Bien lo sabe el ya feliz David Mora con su torazo espléndido de Alcurrucén, ganadería que debería ser invitada de por vida al uso y norma de los majors de golf con sus triunfadores. O Roca Rey, cuando aquel ya lejanísimo viernes 13 de mayo abrió la Puerta Grande en su confirmación al apoderarse con desparpajo del runrún que había dejado la volcánica faena de Talavante con el descompuesto jabonero de Cuvillo, para mí la obra más arrebatadora de este San Isidro tan fresco, tan raro.

 


 
Suertes y comportamientos

(Foto: Diario de Navarra)

Cruzarse con el toro, ¿ventaja o mando?

Hoy se premia el toreo superficial mientras el toreo auténtico pasa de largo. La Tauromaquia 2.0 está en auge y pocos conocen y exigen el toreo ortodoxo. ¿Se puede estar cruzado y ligar? Ejemplos gráficos con Ureña y Perera.

Por David Zamora
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Martes 31 de mayo de 2016, 11:56h

Muchos se preguntan si cruzarse con el toro es ventaja para el torero o todo lo contrario, ventajas para el toro. Más aun ahora, que en la Feria de San Isidro aficionados habituales de la plaza de Madrid exigen con empeño que el torero esté cruzado en todos los inicios. Analicemos el asunto.

Hacer el toreo de mando no es labor sencilla, aunque en la actualidad sea valorado mucho menos de lo que debería. No se equivoquen. Sí, hoy se cortan muchas orejas y se abren muchas puertas grandes, pero pocas veces con el toreo de verdad. Ahora se premia el toreo superficial mientras el toreo auténtico pasa de largo. Nadie lo valora. La Tauromaquia 2.0 está en auge y pocos son los que conocen y exigen el toreo ortodoxo basado en los cánones puestos en práctica por los grandes maestros. Porque hay que dominar antes de expresarse. Lo primero es poderle al bravo.

Para analizar si cruzarse es ventaja para el torero o una forma de mandar al toro, es crucial conocer cómo es el campo de visión de este animal. Trataré de describirlo de la manera más sencilla posible. Al ser un animal herbívoro, tiene sus ojos situados a los lados, de forma que justo enfrente del testuz hay un punto muerto en su campo de visión. Observando la conformación del toro, apreciamos fácilmente como su cabeza se va estrechando hasta llegar a la parte nasal, lo que hace que hacia abajo se amplíe su campo visual. En cambio, hacia arriba está limitada debido a su conformación ósea. Conclusión: el toro ve mejor hacia los lados y para abajo.

De lo citado en el párrafo anterior y que hacía referencia a que “enfrente del testuz hay un punto muerto en su campo de visión”, es donde se apoyan los que defienden que el cruzarse es una ventaja y que quedarse al hilo del pitón es lo arriesgado, porque al estar el torero situado en un lateral de la cabeza del toro, está a merced de su vista y a elección de que decida ir a por la muleta o a por el torero.

Es momento de aclarar que aunque llamamos a la acción “cruzarse al pitón contrario”, sería más acertado llamarlo “cruzarse al ojo contrario”. Debe cruzarse el torero y citar al ojo contrario del pitón por el que va a torear. Sin embargo, aquel torero que se queda al hilo, es decir, fuera de cacho, y cita con el pico de la muleta al ojo contrario, deja un espacio importante entre su cuerpo y el toro. Podríamos decir que “se arrima poco”. Torea a distancia.

Entonces, ¿cruzarse es? Una dificultad añadida, sin duda. Es cierto que el torero que se cruza está en un sitio donde el toro no le ve, pero para cruzarse hace falta tener valor. El propio instinto de conservación impide al torero situarse entre los pitones. Ese instinto para conservarnos nos hace realmente difícil pisar ahí. Parecen sólo unos centímetros, pero dar esos pasos hacia adelante cuesta mucho. ¿Y por qué, si estás en un sitio más seguro, no es ventaja? Es fácil de entender: si te cruzas, te proteges, pero al meterte en el recorrido del toro, cuando éste llega al embroque, el torero tendrá que mandar en la embestida y desviarlo. Si no lo hace, el toro lo atropellará. Es en ese momento cuando el torero le impone el recorrido con la muleta y le manda, haciendo que el toro cambie su trayectoria y gire en torno al cuerpo del matador. Brota el poder, y si le baja la mano y lo lleva largo, la profundidad.

A modo de detalle, si el cruzarse es una ventaja, no es casualidad que todos los toreros, o casi todos los que se acartelan con ganaderías con menos complicaciones (Juan Pedro Domecq, Núñez del Cuvillo, Garcigrande, y otras muchas) son aquellos a los que menos vemos cruzarse. Buscan comodidad en todos los sentidos, y una de ellas es el toreo aventajado, incluyendo el quedarse siempre al hilo del pitón.
Cruzarse y ligar. Ejemplos.
El torero ha de estar cruzado en el primer muletazo y ligar los siguientes. En el segundo no se quedará fuera de la suerte. Es decir, rematando bien el pase, girando sobre la pierna de dentro y cargando la suerte en la de fuera, ya está bien colocado el torero. Cada toro tiene su lidia, pero no por ello hay que faltar a la verdad. No hay que faltar a estar bien colocado.

A continuación veremos dos ejemplos muy gráficos con capturas de pantalla de faenas de Ureña y Perera. Por esto, que van a entender con bastante claridad, es por lo que Madrid protesta constantemente. Y con razón, aunque otros nos intenten vender la intransigencia de aficionados que sólo están exigiendo el respeto que el torero no le tiene al que pasa por taquilla.
Ejemplo de cómo QUEDARSE CORRECTAMENTE COLOCADO PARA LIGAR, SIN VENTAJAS. Paco Ureña en Madrid


Ejemplo de cómo quedarse FUERA DE LA SUERTE para ligar, CON VENTAJAS. Miguel Ángel Perera en Madrid


Cómo cruzarse
Al respecto de cómo cruzarse, el gran Alfonso Navalón decía “la forma correcta de citar es colocarte enfrente de la mitad del testuz y de la penca del rabo, de forma que haya una línea recta entre la cadera del toreo (o el medio pecho) y el espinazo del toro”.
Conclusión
Queda bien claro que el cruzarse no es ventaja. Para torear hay que dominar al toro, poderle lo máximo posible. Desviar la embestida es, sin duda, una forma de poder y mandar.

 


 

 

El 7 de junio se cumplen 125 años de su nacimiento

Ignacio Sánchez Mejías, una historia intensa que va de Joselito a la Generación del 27

Polifacético como ninguno, torero reconocido dentro y fuera de los ruedos, el próximo 7 de junio se cumplirán 125 años de su nacimiento en el barrio de San Lorenzo, de Sevilla. Se trata de Ignacio Sánchez Mejías, una personalidad el todo singular, hecha a sí mismo y que conoció en vida el éxito. En el fondo, la tarde de Manzanares, dentro de su trayectoria vital, ocupa el lugar propio de un dramático accidente en el camino, porque no necesitaba de ella para entrar en los Anales de la Tauromaquia. Mecenas y amigo de la intelectualidad de su época, conferenciante ilustre, autor de teatro… pero, sobre todo, vocacionalmente torero, nacido y crecido a la vera de Joselito.
Actualizado 31 mayo 2016
Carmen de la Mata Arcos

El inmediato 6 de junio se cumplirán 125 años desde que vino al mundo en la ciudad de Sevilla un chiquillo que, con el transcurrir del tiempo, sería uno de los toreros fundamentales de su época, así como también pieza clave de la intelectualidad de los años 20 y 30 del pasado siglo. Se trata de Ignacio Sánchez Mejías que, más allá de su brillante paso por los ruedos, introdujo de lleno a la Tauromaquia, si por entonces aún no se hallaba allí ubicada, dentro del ámbito de la cultura. Su trágica muerte en Manzanares y la posterior publicación por parte de Federico García Lorca de su obra “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, terminaron por convertir al diestro hispalense en un auténtico mito.

El 6 de junio de 1891 nacía en el domicilio familiar de la sevillana calle de la Palma (hoy Jesús del Gran Poder) Ignacio Sánchez Mejías. Tras cursar estudios en el Colegio de los Padres Escolapios, ingresó después en el Instituto de Segunda Enseñanza. Su padre, médico-cirujano, pensaba orientar la vida profesional de Ignacio hacia esa disciplina pero el joven ya comenzaba a sentirse atraído por el mundo de los toros. En esos años conoció a José Gómez Ortega, quien desde ese preciso instante hasta el fatal 16 de mayo de 1920 e incluso con posterioridad marcó su existencia.

La etapa de aprendizaje

Los imberbes aspirantes iniciaron sus aventuras taurinas en “El Lavadero”, la huerta que los padres de Ignacio tenían en las proximidades del río. Sánchez Mejías quería seguir avanzando en su aprendizaje, por lo que en 1909 marchó a México junto a Enrique Ortega “El Cuco” (primo de los Gallos), embarcándose ambos en el transatlántico “Manuel Calvo”. Tras una travesía plagada de avatares, al octavo día de viaje arriban al puerto de Nueva York. Una vez allí contactan con Aurelio, hermano del incipiente diestro, que gestiona su traslado a Veracruz. La presencia del sevillano en la plaza de Morelia se hace casi habitual, gracias a la amistad con el empresario del coso, Ramón López.

En tierras mexicanas también conoció al espada cordobés Fermín Muñoz “Corchaíto”, regresando con él a España y actuando a sus órdenes como subalterno durante la temporada de 1911. Encontrándose, de nuevo, en suelo azteca participa en una corrida mixta en el recinto taurino de la capital del país el 12 de marzo de 1913. En dicho festejo, Sánchez Mejías estoqueó dos novillos, alternando con el matador Manuel González Buzón “Rerre” que pasaportó cuatro reses. Al torear otra vez en las plazas españolas, se integró como peón en las cuadrillas de “Cocherito de Bilbao” y “Machaquito”, si bien el 7 de septiembre se presentó como novillero en Madrid. Aquel día compartió cartel con Matías Lara “Larita” y Luis Suárez “Magritas” ante ejemplares de Fernando Villalón, destacando por su enorme valor y a la hora de colocar las banderillas.

En la campaña de 1914 hizo el paseíllo en plazas tan relevantes como Valencia, Barcelona o Córdoba, donde el 31 de mayo logró un importante éxito en la lidia de astados de Miura. El 21 de junio siguiente debutó en la Maestranza de Sevilla, enfrentándose a animales de Carvajal en compañía de un diestro que entonces disfrutaba de un gran ambiente en la ciudad de la Giralda, como era José García “Alcalareño”. Ignacio volvió a dejar constancia de su facilidad y de su valentía con los palitroques aunque tal arrojo le costó una grave cornada en el muslo derecho. Vistió, nuevamente, el traje de luces el 25 de julio en Córdoba.

A partir de la temporada de 1915 hay un paréntesis en la carrera como primer espada de Sánchez Mejías, puesto que actuará como subalterno en las filas de Juan Belmonte, Rafael el Gallo y “Joselito”. Su labor tanto con el capote como con los rehiletes era muy apreciada, por lo que siempre gozó de fama y prestigio.

El 27 de diciembre de 1915 contrajo matrimonio con Dolores Gómez Ortega, hermana menor del “Divino Calvo” y de “Gallito”. De esta unión nacerían sus dos hijos: José Ignacio y María Teresa. Cuando ya pocos aficionados lo esperaban, el 18 de agosto de 1918 se anuncia otra vez como novillero. El coso elegido fue la Monumental sevillana, que se había inaugurado tan sólo dos meses antes. Las sensaciones que dejó fueron excelentes, toreando nueve festejos más hasta la conclusión de la campaña y perdiendo alguno que otro a causa de un percance sufrido en Écija el 22 de septiembre.

Nuevo matador de toros

La anhelada alternativa llegó, por fin, el 16 de marzo de 1919 en la Monumental de Barcelona, cediéndole su cuñado José la muerte de “Buñolero”, perteneciente a la ganadería de los Herederos de Vicente Martínez, completando la terna Juan Belmonte. El interés por presenciar el espectáculo era muy grande, ya que a pesar de la huelga general convocada por las organizaciones anarcosindicalistas que había dejado la ciudad sin circulación de tranvías, la plaza se llenó.

Sánchez Mejías evidenció, sobre todo, un gran conocimiento de las reses y una depurada técnica para sacarles todo lo positivo. La fulminante estocada que le recetó a “Buñolero” le posibilitó pasear su primera oreja como matador. Al sexto de la función le colocaron los garapullos entre “Gallito” y el nuevo doctor en tauromaquia, ejecutando éste posteriormente una faena lucida donde sobresalieron los naturales y los adornos variados en la parte final de la misma. Después de liquidar al cornúpeta de los hijos de Vicente Martínez de pinchazo, estocada corta y descabello, fue aclamado por el público, que acabó por llevárselo en volandas.

En la Monumental hispalense durante la Feria de Abril también tuvo una actuación de alta nota frente a ejemplares de Pablo Romero. Al terminar aquel año, había hecho un total de 50 paseíllos, no pudiendo torear en otras cuarenta ocasiones por distintos accidentes. El afamado crítico Don Ventura efectúa en el Anuario Taurino correspondiente a 1919 un estudio exhaustivo acerca de las aportaciones de Sánchez Mejías, afirmando que lo principal era, sin duda, la creación del peligro. Las tardes en las que la emoción estaba ausente, él la buscaba por medio del riesgo extremo.

Por varias razones, la temporada de 1920 iba a quedar grabada en la trayectoria de Ignacio. De un lado debutó en la Maestranza el Domingo de Resurrección, 4 de abril, cortando su primer apéndice en dicho coso. Al día siguiente, afrontaba el compromiso de la confirmación de su doctorado en Madrid, en la que estaba señalada como Corrida de Beneficencia. Figuraba como padrino, al igual que el día de su alternativa, “Gallito”. También en esta oportunidad Juan Belmonte formaba parte del cartel, rematándolo “Varelito” frente a astados de la misma vacada que puso la materia prima en aquella jornada. La res de la ceremonia llevaba por nombre “Presumido”, y era berrendo en negro y capirote. Con el percal y las banderillas entusiasmó a la concurrencia, manteniendo el nivel en la faena de muleta, que inició, como tantas otras veces, con pases sentado en el estribo. El fallo con los aceros dejó su premio en una vuelta al ruedo.

La tarde de Talavera

Antes de la cita de Talavera, reseñar un importante triunfo en Barcelona con toros de Palha, subrayándose en las distintas crónicas el valor temerario del diestro nacido en Sevilla. Tras comparecer el día de San Isidro en el coso capitalino, acude el 16 de mayo a la ciudad toledana para lidiar, en mano a mano, animales de la Viuda de Ortega junto a “Joselito”. En un principio, el diestro de Gelves no aparecía en el cartel original que había configurado Venancio Ortega. Éste contrató a Sánchez Mejías, incorporando después a Rafael “El Gallo” y a “Larita”, pero más tarde un cambio en la organización de la corrida llevó a que fueran los dos cuñados los que pisaran la arena del coso de Talavera. Ignacio, encargado finalmente de pasaportar a “Bailaor”, vivió de primera mano todos los acontecimientos acaecidos aquella fatídica primavera, desde la escalofriante cogida hasta el traslado a la ciudad de la Giralda de los restos mortales de “Gallito”. Sobreponiéndose a la situación, reanudó su campaña en la feria de Córdoba.
La célebre foto de Campúa, en Talavera
El 28 de mayo en la corrida que tuvo lugar en Madrid a beneficio de la Asociación de Toreros, el matador hispalense estuvo valiente y entregado como era normal en él pero con menos efectismos que otros días, afectado aún por el fallecimiento de José. En la plaza de Santander frente a un cornúpeta de Pablo Romero, protagonizó un espléndido segundo tercio, prendiendo cuatro soberbios pares de rehiletes en el morrillo del burel de la divisa sevillana. Resaltar, por último, la magnífica actuación de Sánchez Mejías en Salamanca en el ciclo septembrino de ese año, imponiéndose a las reses y al resto de los espadas a base de valor.

El periodista del diario ABC Gregorio Corrochano declara acerca de una de las corridas del mencionado serial castellano, que Ignacio “tiene muchos defectos, pero los disimula con el valor”, y concluye “le falta gracia, pero le sobra valentía”. Más de cien paseíllos tenía firmados esa temporada que, sin embargo, no pudo cumplir al resultar herido en Bilbao y Murcia.

Finiquitada la campaña española marchó a México, presentándose en la plaza “El Toreo” el 12 de diciembre. El informador de Sol y Sombra destaca de su labor la ejecución casi perfecta de las distintas suertes de banderillas y la proximidad a los pitones en la faena de muleta. El público, enardecido, se lo llevó a hombros hasta el hotel. Sus éxitos fueron continuos durante aquel invierno en los diferentes cosos mexicanos donde se contrató, compitiendo en bastantes de ellos con Rodolfo Gaona. La postrera función en el país azteca tuvo por escenario el recinto taurino de Puebla el 5 de mayo de 1921.

Hasta mediados de julio no se hace presente en los ruedos peninsulares a causa de unas fiebres gástricas que le aquejaban desde su estancia en América. A partir de entonces cuaja una importante campaña, sobresaliendo sus triunfos en Barcelona y Madrid, éste ante un ejemplar de Natera. El excelente cartel que había dejado en México, le facilitó sumar un total de diecinueve corridas entre noviembre y marzo del siguiente año. La mayoría de las tardes salió vencedor del envite que suponía rivalizar con la pléyade de toreros que en aquellas fechas recorrían las distintas plazas aztecas, tanto nacionales –Gaona, Luis Freg, Vicente Segura…) como de la madre patria (Dominguín padre, Juan Belmonte…–. La cruz de la Fiesta también la sufrió Sánchez Mejías en el transcurso de estos meses en suelo americano, siendo corneado de cierta gravedad en un par de oportunidades.

La primera, y breve, retirada

Hasta siete jornadas consecutivas se acarteló en la Feria de Julio de Valencia, con un resultado magnífico en todas ellas. Cabe citar con especial énfasis el quehacer desarrollado frente a los astados de Santa Coloma el día 25, señalándose en los medios consultados el dominio que ejercía sobre las acciones realizadas a los animales, incluso manejando la espada, que en épocas pasadas había sido su punto débil. Tanto es así que el cronista de La Corrida se congratula de haber visto “por fin matar un toro de verdad con estilo y valor”. Tras lidiar y estoquear con acierto siete cornúpetas el 22 de octubre en Ávila, decide retirarse temporalmente. Cuarenta y tres festejos toreó aquel distante 1922.

Poco tiempo puede soportar Ignacio el alejamiento de los públicos, puesto que el 29 de junio de 1924 vuelve a enfundarse el traje de luces en el coso de Alicante. Este fue el punto de partida de una temporada repleta de éxitos, encontrándose el torero con ilusiones renovadas y conservando el afán de superación que tuvo desde sus comienzos. Faenas destacadas fueron las firmadas en Valencia, Barcelona o Zaragoza, demostrando que no había perdido ni un ápice de su valor. Cuarenta y dos espectáculos toreó en 1924, quedándose fuera de la próxima edición de la Feria de Abril por el enfrentamiento existente entre la Asociación de Matadores, cuya presidencia era ocupada por Ignacio y la Unión de Empresarios, que agrupaba a los gestores de las principales plazas del país. Sin embrago, el diestro hispalense fue uno de los nombres propios de ese ciclo en el coso del Baratillo, pues el día 21 saltó al redondel desde una barrera y, con la americana color café abrochada y el sombrero de ala ancha bien encajado, colocó tres sublimes pares de garapullos al ejemplar de Santa Coloma. Martín Agüero, matador de turno, le brindó la muerte del toro a quien se había llevado las mayores ovaciones de la función, dando posteriormente ambos diestros la vuelta al ruedo.

El eminente intelectual José María de Cossío publicó en Sol y Sombra su valoración personal sobre el espada, distinguiendo entre el gran abanico de cualidades que poseía Sánchez Mejías su consabido arrojo, además de una personalidad muy acusada y un tremendo amor propio. Para finalizar su comentario sentencia: “para mí no admite discusión que en la línea de toreros dominadores y largos ha de reservarle la historia lugar bien destacado y elevadísimo”.

A pesar de la aludida enemistad creada con los empresarios, el torero sevillano se anunció en sesenta y dos festejos durante la temporada española de 1925, siendo herido por un burel de Miura en Burgos el 29 de junio. Después de este contratiempo, regresó a la actividad el 10 de julio en Madrid en la corrida de la Cruz Roja, paseando un trofeo. El 9 de agosto en Santander cosechó un éxito clamoroso frente a cornúpetas de Saltillo, sobresaliendo su toreo por naturales, ligados y templados.

El dato curioso de este año es que el mismo diestro realiza las crónicas de sus distintas intervenciones en los ruedos, que seguidamente eran editadas por el diario La Unión de Sevilla. Uno de sus relatos más importantes se refiere al mencionado percance de Burgos, restándole trascendencia al mismo y asumiéndolo como algo natural. A todo ello hay que añadir la novela La Amargura del Triunfo, escrita por Ignacio y de la que leyó algunos párrafos el 22 de septiembre en el Ateneo de Valladolid tras haber dictado esa tarde una lección magistral en el recinto taurino castellano.

Influenciado quizás por la hostilidad de algunos públicos, en 1926 rebaja el número de contratos hasta los treinta y siete paseíllos. El año siguiente tan sólo se anuncia en tres ocasiones: el 25 de junio en Badajoz, el 29 del mismo mes en Córdoba y a primeros de julio en Pontevedra, función ésta a la que asistieron Rafael Alberti y José María de Cossío, a quien brindó el que sería, de momento, último toro de su vida. Aquella jornada estuvo acompañado por el rejoneador Antonio Cañero y los matadores Antonio Márquez y “Cagancho”, jugándose astados de Murube. A raíz de la decisión de abandonar su profesión, el corresponsal del periódico ABC, Eduardo Palacio, le dedicó a Sánchez Mejías un artículo en el que ensalza la figura del espada, subrayando su duro método de aprendizaje y su constante ambición.

Su encuentro con las letras y la intelectualidad

Desde entonces Ignacio guió sus pasos hacia una nueva motivación que había sustituido, en parte, sus deseos de torear: la literatura. Aunque ya llevaba cierto tiempo sintiendo inquietud por las letras, fue a partir de este descanso cuando se implicó totalmente en ello, gracias también a sus numerosos amigos escritores. A finales de 1927 tienen lugar en Sevilla dos actos que se vinculan directa o indirectamente con el mundo de los toros, como son el homenaje que se le dedicó a “Joselito” en el Teatro Cervantes y la conmemoración del III Centenario de la muerte del poeta cordobés Luis de Góngora y Argote, que fue considerada, posteriormente, como el origen de la llamada “Generación del 27”. El citado recordatorio al menor de los Gómez Ortega reunió en la ciudad de la Giralda a algunos de los intelectuales más importantes del país, como Gerardo Diego, Manuel Machado, los hermanos Quintero o Rafael Alberti, que creó para la ocasión la composición “Joselito en su Gloria”.

Varios de estos eruditos también participaron en la ceremonia a Góngora que organizó el Ateneo hispalense, además de otros muchos como Jorge Guillén, Dámaso Alonso o Federico García Lorca. A Sánchez Mejías le llegó el turno en la jornada posterior junto a escritores como Luis Cernuda o José Bello. La finca que el diestro había adquirido cerca de la capital andaluza, “Pino Montano”, fue el lugar elegido para celebrar diversas fiestas con el objeto de agasajar a sus doctos amigos.

En 1928 estrenó Ignacio sus dos trabajos teatrales, “Sinrazón” y “Zaya”. El primero se presenta en el Teatro Calderón de Madrid el 24 de marzo y el segundo lo hace el 8 de agosto en el Pereda de Santander. Los protagonistas de ésta guardan una estrecha relación con el planeta taurino, puesto que “Zaya” es un torero retirado que regresa a Sevilla tras pasar un tiempo en el país de origen de su esposa, Inglaterra, y “Espeleta” era su antiguo mozo de espadas que ahora tiene las funciones de mayordomo. Se da la circunstancia que Antonio Zayas fue un banderillero nacido en la ciudad andaluza que integró la cuadrilla de Enrique Vargas “Minuto”. Además, compuso dos obras más que no llegaron a ver la luz, se trata de “Ni más ni menos” y “Soledad”.

Animado por García Lorca, que hacía unos meses había llegado a Nueva York, Sánchez Mejías cruzó también el Atlántico en busca de novedosas inquietudes en el verano de 1929. El propio poeta granadino fue quien acordó una conferencia que, sobre temática taurina, pronunció el matador en la prestigiosa Universidad de Columbia. Ésta versó sobre todos los elementos y actores que intervienen en el espectáculo, cada uno con una función bien definida, flotando siempre en el ambiente el combate entre la muerte, que el toro lleva prendida en sus pitones, y la vida, cuando el torero, valiéndose de su inteligencia, es capaz de sortearla y salir victorioso del trance. Reflejo de este interés cada vez mayor por la cultura en general y su vinculación con el mundo taurino en particular, es la compra que efectuó al comienzo de la década de los treinta al ganadero Fernando Villalón de su gran biblioteca.

En 1930 ocurre un hecho singular en la vida del diestro que merece destacarse, que refleja a la perfección su versátil personalidad. A propuesta de dos directivos del club, Ignacio es nombrado Presidente del Real Betis Balompié, entidad que había surgido como tal dieciséis años antes tras la fusión del Sevilla Balompié y el Betis F.C. Durante el período que el espada sevillano se mantuvo al frente de la mencionada institución deportiva, el equipo disputó la final de Copa frente al Athletic de Bilbao, partido en el que finalmente fue derrotado por tres goles a uno. En la temporada siguiente, 1931-32, cuando el diestro ya había abandonado el citado cargo, el conjunto bético alcanzó la División de Honor del fútbol español. Por esas mismas fechas, Sánchez Mejías también lideraba la Cruz Roja hispalense.

El regreso y Manzanares

Pasados unos años, sintió la necesidad de experimentar, nuevamente, el vértigo que supone llevar embarcado a un animal bravo en el engaño. Por ello, tomó la decisión de reaparecer, optando entre las plazas que podía hacerlo por la de Cádiz. El acontecimiento tuvo lugar el 16 de julio de 1934, embarcándose para la ocasión ejemplares de Domecq. Acompañaron al veterano diestro, Cayetano Ordóñez “El Niño de la Palma” y Pepe Gallardo. Paseó en cada uno de sus turnos las dos orejas y el rabo, proyectando, según la prensa, idéntica imagen de dominio y seguridad que antes de su marcha. El día 22 hizo el paseíllo en el coso de “El Chofre” de San Sebastián, en un festejo organizado por la Asociación de la Prensa. Compartió cartel con Rafael el Gallo y Domingo Ortega, pasaportando en primer término un astado de Concha y Sierra que no le permitió desarrollar la amplitud de su tauromaquia. En cambio, el quinto toro, de la vacada de Terrones, sí que le dejó enseñar al público la mayoría de las virtudes con las que siempre contó su concepto, plasmando sobre la arena donostiarra una lidia casi perfecta. Su completa actuación con capote, banderillas, muleta y espada tuvo el premio de las dos orejas, el rabo y la pata del burel de la divisa salmantina.

Después de esta corrida, las posibles dudas que aún pudieran existir y la actitud con la que el torero sevillano afrontaba esta temporada de regreso, fueron disipadas totalmente. Así lo captó, por ejemplo, el periodista de ABC, Eduardo Palacio, para quien el torero “venía decidido a perturbar la tranquilidad empalagosa que reinaba en los ruedos”. El mismo crítico del diario madrileño, llega incluso a equiparar a Ignacio con su cuñado José en cuanto a conocimientos y recursos en la plaza, tras triunfar clamorosamente en Santander el 5 de agosto. Al día siguiente se anuncia en La Coruña para estoquear reses de Albaserrada, completando la terna Juan Belmonte, que había reanudado también ese año su actividad profesional, y Domingo Ortega.

No sería esta corrida una más en la carrera del matador hispalense, puesto que varias circunstancias negativas relacionadas con la misma empezaron a conducir sus pasos hacia la cita fatal de Manzanares. La primera de esas eventualidades sucedió en el animal que rompía plaza, al saltar por los aires el estoque con el que Belmonte intentaba descabellar al astado, y clavarse justo en el pecho de un espectador que presenciaba la función. La muerte del aficionado se produjo prácticamente en el acto. Continuando esta negra lista que se había iniciado en el coso coruñés, un hermano de Domingo Ortega, Matías, falleció ese mismo día. A la conclusión de la corrida, el matador toledano salió con rapidez hacia Madrid. En el trayecto, el automóvil en el que viajaba sufrió un accidente, resultando con heridas de diversa consideración, que le impidieron proseguir con su campaña.

Este hecho fue definitivo a la hora de su contratación para torear en la ciudad manchega, ya que Ortega presente en el cartel original, no pudo comparecer en Manzanares a causa de dichas lesiones. El empresario de la plaza, un tal Llorente, pensó entonces en ofrecerle el puesto vacante a Sánchez Mejías, que acabó aceptando. Antes de llegar a la mencionada localidad, hizo el paseíllo el día 10 en Huesca, figurando junto a él Fermín Espinosa “Armillita” y Manolo Bienvenida, diestro éste que sustituía a Domingo. Finalizado el espectáculo, se dispuso a recorrer en coche la distancia entre ambos puntos, si bien el vehículo se averió al llegar a Zaragoza, tomando entonces un tren que lo trasladó hasta la capital de España. Desde allí, la misma mañana del 11 de agosto, continuaría en automóvil (preparado por el apoderado de Ortega, Dominguín padre) al encuentro con su destino.

Aunque estaba previsto que la cuadrilla al completo del torero de Borox acompañara a Ignacio en Manzanares, tan sólo lo hicieron los picadores. Como subalternos de a pie, actuaron “El Niño de la Audiencia”, Manuel Ponce y Cástulo Martín. El espada sevillano se alojó en la habitación que ya tenía reservada Ortega en el Parador, la nº 13, asistiendo al sorteo al hallarse los peones buscando hospedaje. Como una nefasta premonición, Sánchez Mejías estuvo visitando las instalaciones sanitarias con las que contaba el recinto taurino, indicando que, en caso de percance, lo llevaran a Madrid. Los ejemplares que debía estoquear en el festejo vespertino lucían los números 16 y 32 en los costillares, y pertenecían como todos los enchiquerados a la ganadería de Ayala. Ésta había surgido dos años atrás cuando los hermanos Demetrio y Ricardo Ayala adquirieron la vacada de Luis Melgarejo. Las reses estaban ubicadas en Alarcos (Ciudad Real) y procedían del cruce de sementales del Conde de la Corte con vacas de Veragua.

Centrando la atención en la corrida de Manzanares, el portugués Simao da Veiga rejoneó los dos primeros toros, saltando al ruedo a continuación “Granadino”, cornúpeta que encabezaba el lote del diestro hispalense, que vestía un terno azul marino y oro. Ignacio comenzó su faena, como tantas otras veces, sentado en el estribo pero al tercer muletazo el toro lo empitonó por el muslo derecho, sacándolo hacia las afueras colgado del asta. Su compañero esa tarde, Alfredo Corrochano, fue quien le hizo el quite, llevándose de inmediato las asistencias al herido hacia la enfermería.

El matador, como ya había manifestado, pidió que lo curasen y que llamaran al doctor Segovia para que lo interviniera en la capital de España. La cornada, extensa, no tenía demasiada gravedad, salvo, aclaraba el parte, que aparecieran complicaciones. Hasta la mañana del día 12 no pudo el citado facultativo reconocer al torero, lo hizo en la clínica de los doctores Crespo y González, situada en la madrileña calle Goya. Parte de la sangre que se le transfiere a Sánchez Mejías fue aportada por Pepe Bienvenida. En el comunicado emitido por los médicos la misma jornada en la que llegó al referido centro hospitalario, se daba por sentado que el temido empeoramiento en el estado del torero surgiría en breve. Pronóstico que se confirmó esa madrugada cuando asomó la gangrena. Junto al diestro se encontraban distintos familiares y amigos, a los que se sumaron su mujer y su hija que habían llegado desde Sevilla.

Y García Lorca escribió su “Llanto”

Quince minutos antes de alcanzar las diez de la mañana del 13 de agosto, Ignacio expiraba. El cortejo fúnebre inició su marcha en las inmediaciones de la antigua plaza de la Carretera de Aragón, transitando por diferentes calles de la capital hasta llegar a la estación de Atocha. El ferrocarril con los restos mortales del autor de “Sinrazón”, hizo varias paradas antes de arribar a su destino final, que no era otro que la ciudad que lo había visto nacer. El tren se detuvo durante unos minutos en Manzanares, para proseguir su recorrido hasta Baeza, donde subieron al mismo Eduardo Miura y José García “Algabeño”. En Córdoba, aguardaba Rafael Guerra “Guerrita” para darle su último adiós al difunto, dejando una corona de flores en el vagón donde yacía el cadáver, que había sido embalsamado por el doctor Ángel Crespo. El gran rejoneador Antonio Cañero también acompañó el cuerpo sin vida de Sánchez Mejías hasta la estación de Plaza de Armas de Sevilla, adonde llegó a las 9:30 horas del día 14. Desde ahí se organizó la nutrida comitiva encabezada por una sección de la tropa de la Cruz Roja, en la que también figuraban el general García de la Herranz, Juan y Manolo Belmonte, José Bello…

Comenzaron a andar por la avenida Pablo Iglesias, atravesando la Puerta Real para llegar a la calle Torneo. Cruzaron por la Alameda, donde los Hércules lucían lazos negros, así como también por la Resolana. A mediodía, entraron en el cementerio de San Fernando, depositando el ataúd, que era de caoba negra con adornos de plata, en la tumba donde catorce años atrás se había enterrado a “Joselito”.

Su gran amigo Federico García Lorca no fue con dirección a Santander, donde “La Barraca” empezaba su gira, hasta conocer el resultado de la operación a la que iba a ser sometido el espada. Conocido el fatal desenlace, se dirigió a la capital cántabra, donde la mencionada compañía representaba “El Retablo de las Maravillas” y “La Égloga de Plácido y Victoriana”. Poco tiempo después comenzó a escribir su famoso “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, que merced a la desgarradora forma de transmitir el dolor que sentía y la profundidad que encierra, cosecha un gran éxito. José Caballero, escenógrafo de “La Barraca”, fue quien ilustró la citada obra.

El crítico Antonio Soto en El Liberal de Sevilla resume en certeras palabras la personalidad del torero, manifiesta que “la vida de Ignacio ha sido eso: una vida de lucha, una constante pugna por conseguir aquello que se proponía”. Fue, queda dicho, un diestro hecho a fuego lento, con un dilatado aprendizaje, que lo fraguó tanto dentro como fuera de la plaza, sobreponiéndose con entereza y hombría a cada obstáculo que le salía en el camino. Su valor, incontestable, y su férrea voluntad lo colocaron en primera línea, rivalizando con todas las grandes figuras de esos años, desde su cuñado “Joselito” hasta Domingo Ortega, pasando por Juan Belmonte o “El Niño de la Palma”. Posiblemente, su honestidad y vergüenza torera terminaron por llevarlo a la tumba, aunque ganó para siempre el respeto y el aplauso de la afición.

BIBLIOGRAFÍA.

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Gibson, Ian: “Vida, Pasión y Muerte de Federico García Lorca. (1898-1936)”. Plaza y Janés. Barcelona, 1998.

PÁGINAS WEB.
www.bibliotecadigital.jcyl.es
www.bne.es/es/Catalogos/HemerotecaDigital
www.hemeroteca.abc.es

 






 

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