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25 May

 

 

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II LIDIA y SACRIFICIO DEL TORO

La lidia, del caos al orden

 

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La lidia, del caos al orden

Y en el principio fue el caos, pero era el siglo XVIII. Sí, la corrida de toros tal como la entendemos, lo que ahora llamamos Lidia, empieza en el tiempo de las luces. A esa centuria llegan al ruedo, amalgamados, diversos juegos taurinos: con aires de cacería entre los de a caballo, a pesar de que se hayan redactado normas para su práctica; como auxiliadores los de a pie, toreros reprimidos, criados insatisfechos, peones limitados al auxilio y quite a los montados; y una suma de coreutas furtivos, ancestros del espontáneo, que no se conforman todavía a un asiento en el tendido.

 

Pedro Romero de Solís muestra cómo, en la sevillana Plaza de San Francisco, desembocan todos estos actores en pugna por vérselas con el toro: son protagonistas de acciones dispersas, sin norma, un magma taurino tormentoso, patético unas veces, risible otras, inteligente y heroico en algunos momentos: una ceremonia festiva y confusa que todavía no da pie a pensar en un nuevo orden taurino, la lidia.

 

Este descarrilamiento lúdico venia provocado por muchos factores y retrataba la profunda crisis del XVIII. La Razón como herramienta del pensamiento empezaba a sustituir a la Fe y la costumbre en las elites. Los Ilustrados configuran una corriente ambigua de regeneración y renovación que los aleja de un pueblo, al que sin embargo quieren redimir, bajo su tutela, explotación y dominio. Quizá no les faltaba cierta razón, la mayor parte de la población, mal nutrida, sucia, sin escuela -en todos los países europeos y en las colonias americanas- debía parecer a la lujosa aristocracia de aquel tiempo una imprescindible mano de obra para el campo y también una humana caterva a un paso de la animalidad. Sin duda, querían engañarse. El analfabetismo, que hoy es una frontera cultural decisiva entre los humanos, entonces no lo era. Se podía ser culto sin ser alfabeto: la religión otorgaba el mismo sentido de la vida a unos y otros, los métodos de producción agraria no pedían más conocimientos, las costumbres heredadas eran propiamente la cultura, el arte solo empezaba a escindirse entre popular y elitista y las epidemias de peste o cólera -hubo varias en España durante el XVlll- igualaban a todos en la muerte. Lo que realmente compartimentaba a la sociedad era la propiedad de la tierra, casi su totalidad en mafias de la Iglesia, la alta aristocracia y el monarca. Pero las dos primeras estaban divididas en clases. No era lo mismo el alto que el bajo clero, ni la alta que la baja nobleza, a la cual se adherían por la fuerza del dinero la grande y pequeña burguesía de poderosos comerciantes y pequeños industriales. Poco a poco ambas fueron rompiendo las trabas discriminatorias que frenaban su acceso a la cúpula de la Administración y de la Universidad -a los altos cargos del Estado, a la oficialidad del ejercito y a los colegios mayores solo tenían acceso los hijos de la nobleza-, de modo que el espíritu científico y una explicación racional del mundo, que venían de afuera, se fueron imponiendo en las clases superiores compuestas por muy poca gente: el ochenta por ciento de la población, hijosdalgos incluidos, era pueblo liso y llano.

 

Los primeros monarcas borbones, que ampararon la Ilustración a pesar de su encastado catolicismo, se extrañaron ante la generalizada afición española de jugar al toro. Eran reyes estadistas, que dieron el poder a ilustrados provenientes de la baja nobleza o de la alta burguesía, convirtieron a los nobles en cortesanos, y si dejaron jugar al pueblo como le placía, de hecho apartaron a la aristocracia de las funciones taurinas al imponer la monta a la brida, de manera generalizada, y expulsar el uso de la jineta, imprescindible para el toreo, pues la debieron considerar cosa baja y berberisca.

 

Antes del tránsito de la corrida caballeresca, protagonizada por la nobleza en las grandes urbes -el pueblo fue siempre el único actor, generalmente a pie, en las calles y plazas rurales- a la lidia a pie ejecutada por una nueva casta de lidiadores expertos, ya se habían dado otras deserciones e incursiones de unos y otros. Cuenta y prueba documentalmente la historiadora Araceli Alonso que durante el reinado de Felipe IV fueron más las corridas reales llevadas a cabo en la Corte por lidiadores de a pie -dicho sea de paso, con mayor satisfacción del público- que por caballeros en plaza. Aunque el motivo era muy concreto: los grandes propietarios se negaban a surtir de caballos para las fiestas reales procedentes de unas yeguadas secularmente esquilmadas por su aportación a las guerras europeas y otras requisas del ejército.

 

Pero la supuesta desafección de la aristocracia a protagonizar el juego de los toros no fue tan generalizada como suponen los historiadores del toreo. Las maestranzas de caballería tuvieron una función importante en el traspaso de poderes de la nobleza al pueblo. Las de Sevilla, Ronda, Granada y Zaragoza resultaron decisivas para la evolución del toreo, preservaron y ordenaron las fiestas de toros, y junto a los toreros marcaron las primeras pautas de la lidia en tiempos oficialmente duros para el toreo. La jineta, desdeñada por Felipe V (le costó caro en la batalla de Villaviciosa, durante la guerra de Sucesión) , se había recluido en el campo, pues su monta es precisa para el oficio ganadero; el caballo era todavía un signo de identidad social, como lo prueba que todo hidalgo -en un país con diez millones de habitantes como España los hidalgos superaban el millón- estaba obligado a mantener al menos un caballo y sus armas; el mocerío universitario se mostraba partidario activo del toreo a pie; y la sociedad toda asaltaba los ruedos presta a jugar con el toro para sobresaltar una vida cotidiana, por otra parte poco agradable. (Un dato, hasta finales del siglo XIX, en Madrid había encierros diarios, improvisados cuando los toros iban camino del matadero).

 

En aquel contexto de tensión social, renovación cultural, temor aristocrático, reformismo insatisfecho de la incipiente burguesía y exasperación popular -literalmente, hambre-la fiesta de toros se muestra en el ruedo como un fiel espejo lúdico: picadores, capoteros, muleteros, rehileteros, pronto muleteros y caballeros en plaza se alternan y compaginan sin mucho orden y con poco concierto. Acosados por el caos, los caballeros se retiran. Pero un hecho permanece inalterable, el de burlar al toro, si es posible, torearle, vencerle y matarle, una pulsión ancestral, el sacrificio fundacional que entraña la victoria del hombre sobre la bestia, el viejo pálpito de la lucha por la supervivencia entre las especies, ahora ritualizado, bello y festivo, con bravío perfume de vida y muerte. De esa trama fundacional nace el hilo de la lidia, y a la par, el toreo.

 

Este momento primordial de la lidia retrotrae a una de las afirmaciones más enigmáticas de Friedrich Nietzsche en su obra “Los Orígenes de la Tragedia”: “el coro precedió a la tragedia”, en tanto que la narración dramática del hecho trágico somete el mito al desarrollo temporal de su argumento y supedita al coro a ser testigo y participante de la acción, lo que venía a demostrar que el mito existía de un modo difuso en el imaginario colectivo, que el coro lo conocía antes de que el escritor lo dramatizara. Esta audaz interpretación del genial filólogo era conceptualmente cierta, pero históricamente indemostrable. ¿Quién conocía al Edipo héroe antes de Esquilo o Sófocles? Se conocía la leyenda del rey incestuoso, pero ni su historia estaba dramatizada, ni el coro había encontrado su sitio en el teatro. ¿Cómo nació la tragedia? ¿No file una interpretación del mito a cargo de la Razón cuando ésta invadió Grecia? Inesperadamente, el origen de la corrida de toros también demuestra que el coro precede a la lidia.

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La corrida de toros -no otros juegos taurinos que se pierden en la noche de los tiempos- es moderna, y su génesis está perfectamente detectada. Su origen es el caos tauromáquico, en el que destaca por momentos algún actor, como nos muestra Goya en su pretauromaquia. Y contiene un mito ritualizado, la lucha del hombre con el toro, la contienda de la razón con el instinto, la muerte del destino fatal -el toro- a manos de la inteligencia -el hombre-. La muerte de uno implica la salvación del otro, y con este, la de todos sus congéneres, el coro que lo sigue y lo vigila, y a la postre lo premia o lo censura aunque siempre lo quiera premiar, porque la corrida es una tragedia que debe acabar bien. Eso sí, provisionalmente, como la vida vence al destino, y por eso detrás de un toro sale otro toro.

 

La lidia se encarga de ordenar este hecho como una historia. Y lo hace bajo los cánones de un siglo ilustrado. Por un lado, es un método de conocimiento; por otro, una acción dramática que inventa un nuevo lenguaje: el toreo.

 

Y ambos se interrelacionan constantemente durante la lidia. Adopta los tres actos -tercios- del teatro neoclásico imperante: dramáticos y de investigacion. El primero descubre al toro, mediante la suerte de varas que mide su bravura y las suertes de capa que prueban su embestida; el segundo comprueba el fuelle de su agresividad y el son templado de su bravura al hacerle humillar en los capotes y acudir en derechura a los banderilleros; y el tercero revela quien es el toro, como la fusión de su embestida bajo el mando de la muleta deja al descubierto su bravura que, ya revelada, da paso a la consumación definitiva, el momento de la verdad, cuando el torero se entrega a los pitones del toro para matarlo, para matar a la muerte que entraña, y salir indemne de esa cópula mortal, de la que emerge liberado, una libertad triunfal y compartida con el coro que con él se identificó durante la lidia.

 

No solo muestran al toro esos tres actos. Tan relevante como el toro, o más, es la revelación que el torero hace de sí mismo. La lidia no es un combate entre iguales, sino una acción que mide al hombre y lo prueba. No quiere, no va el coro taurino a la plaza para ver una lucha, si galla el toro o el hombre, eso es una estupidez. Ni siquiera va a ver como el hombre gana al toro, sino como lo gana extraordinariamente bien. Entre la gente bravía sólo importa la victoria excepcional. Así, su interés se cifra en verificar como ante el toro el hombre es capaz de asumir el peligro, retarlo, dominarlo, disfrutarlo y hacerlo disfrutar a los demás: descubrir si lo hace con gracia, valor, inteligencia, astucia, nobleza, sinceridad, con arte, o, por el contrario, con miedo, torpeza o mediocridad; y experimentar un doble juego, mental y sensitivo, mediante el que el torero le revela el toro y el toro revela al torero.

 

Más todo eso no sucedió en un día. La matriz del juego venía desde los mismos orígenes de la vida, pero su formalización es dieciochesca. Un juego de razón y azar, un drama abierto, con su argumento por escribir, y enmarcado en tres actos cerrados, como mandaban los cánones teatrales: unidad de acción, tiempo y lugar. ¿Dialogó el teatro con la lidia en esta etapa germinal? ¿Tuvieron algo que ver los dramaturgos de la época, tan aficionados, los Fernández Moratín, por ejemplo? ¿O fue el espíritu ilustrado de los maestrantes de caballería, confabulados con aquellos criados toreros, o cuadrilleros libres, a los que convirtieron en héroes? ¿O los tres tercios vinieron impuestos exclusivamente por la lógica interna de la lidia?

 

Hay algo muy francés en la sistematización de este juego de entraña netamente española. Y se corresponde con el espíritu del siglo en que los franceses redactaron la Enciclopedia y los andaluces inventaron la lidia. Porque si el drama del toreo tiene una luz mítica, de raíz barroca, el protocolo que sistematiza su puesta en escena conjuga su origen caballeresco -ética del combate- con su formulación neoclásica, afrancesada, casi palaciega: una virtualización noble, sometida a canon, paradójicamente emprendida y desarrollada por los hombres del pueblo. Desde luego, el maestrante, noble y jinete, pero ya entrebarreras, ampara al lidiador de a pie, primero chulo, después torero y, finalmente, maestro. No en vano, las dos primeras tauromaquias de a pie, fundamentales en la Enciclopedia taurina, la de Pepe-Hillo y la de Paquiro, están coescritas -pero sin firmar- por dos ilustrados, la primera por un maestrante, José de la Tixera, y la segunda por Santos López Pelegrin, un escritor. Entre ambas median cincuenta años, los que tarda la tauromaquia en delimitar definitivamente los tres tercios de la lidia y el toreo en crear varias suertes, los términos suficientes por convertirse en lenguaje.

 

La complicidad entre el ilustrado y el torero es muy interesante, un síntoma muy revelador de lo que estaba pasando en España, una nación de regiones separadas por su encrespada orografía -la primera diligencia entre Madrid y Sevilla data de este siglo- y unidas por las viejas cañadas de la Mesta, donde circulaban habitualmente toreros y toros. Estas regiones peninsulares estaban tan próximas como separadas, algunas tenían sus propios fueros y todas estaban salpicadas por diseminados territorios regalistas -propiedad del Rey- y predios municipales, ambos a salvo de la jurisdicción feudal o de la Iglesia, los grandes propietarios del país. Era una estructura patrimonial similar, aunque con ciertos rasgos diferenciales, a la de todos los países hispanoamericanos, entonces no considerados colonias sino parte de España. A partir de la guerra de sucesión ganada por el pretendiente Borbón, la nueva monarquía no presenta mayores problemas por ser francesa, de hecho la dinastía precedente era de origen austriaco. En aquellos tiempos, Europa era una gran finca dominada y heredada por una ancestral casta de familias emparentadas, y las guerras, a veces impulsadas por los intereses de sus respectivas poblaciones, casi siempre respondían a conflictos hereditarios de dicha casta real, a menudo coaligados con cismas de religión, y en ocasiones resueltos mediante bodas que conciliaban sus intereses patrimoniales.

 

En España, esta trama nunca se llevó muy bien. El rey Carlos I había tenido que vencer, dos siglos antes, a los Comuneros, que reclamaban el derecho de gobernarse a sí mismos frente a una Corte dominada por europeos paisanos del monarca. Mas el futuro emperador europeo fue sagaz, ganó la guerra, no reprimió a las huestes independentistas, españolizó su Corte y mantuvo, mal que bien, los fueros regionales. El régimen que trajo la dinastía borbónica era distinto. Concebía el Estado que su ancestro Luis XIV había creado en Francia, la moderna idea del estado-nación, absolutamente controlada por el rey, con la nobleza reprimida y convertida en aristocracia cortesana y la inmensa mayoría de la población, el pueblo, mantenida en su secular estatus servil, sin carta de ciudadanía. Pero este régimen monolítico se vería turbado, minado paulatinamente por una revolución cultural, la ilustrada, que permeo a todas las clases altas, incluida la aristocracia, y desemboco un siglo después en una revolución política.

Dicho proceso difiere en España. Así como en Francia la Ilustración es algo propio, en España es algo ajeno. Y si los reformistas ilustrados de la baja nobleza y la alta burguesía españolas aceptan la Razón para explicarse el mundo y ordenarlo, no dejan de sentir la cultura propia, y las costumbres que de ella se derivan, como parte sustancial de su identidad personal e histórica. Si nos fijamos en el teatro español de la época, verificamos que acepta la preceptiva neoclásica impuesta por Francia, pero su temática es idéntica a la del teatro español del Siglo de Oro, y supera incluso la transición del teatro de corral -popular- al escenario a la italiana -comienzo del teatro de elite-. La construcción de los nuevos teatros corre paralela a la erección de plazas de toros cerradas. Y en ellos triunfan los llamados géneros populares, el sainete por ejemplo, y se encumbran los grandes actores como mitos del pueblo, al mismo nivel que los toreros. La fama de Isidoro Maiquez compite con la de Pedro Romero.

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¿De dónde procede esta reacción popular-cultural que opone su arrebatado universo lúdico a unos cánones foráneos sin embargo aceptados? ¿Por qué los grandes compositores traídos de Italia, tan cautivadores, apenas suenan fuera de la Corte? ¿Por qué Farinelli es el mito de unos pocos? ¿Por qué don Ramón de la Cruz es un autor de masas? Esta frontera, que marca la ruptura entre elite y pueblo, es el origen de muchas cosas, entre ellas la muerte del imperio y el difícil parto de la nación, y, cotidianamente, las conflictivas relaciones entre idiosincrasia propia y cultura ajena, algo de lo que, dicho sea entre paréntesis, nunca se librara la fiesta de toros. Hay muchos vectores que explican el gran cisma español del XVIII, el político es muy decisivo, pues los borbones incurren en el mismo error que los Austrias, contaminan su corte, primero de franceses y luego de italianos, a través de sus consortes italianas, que eran hembras de armas tomar, y por ellos mismos, como Carlos III, que era rey de Nápoles y de allí vino con su gente. La reacción de las clases dominantes es ambigua, por un lado se someten a la nueva monarquía, temerosas de perder sus privilegios, y por otro, no pueden prescindir de su sentido de la vida. La política económica de los reformistas, intachable en sus preceptos y algunos logros, ofrece dos flancos de derrota, estima lo español -creencias y costumbres- como una congénita enfermedad social y se detiene ante el sistema de propiedad de la tierra sin tocarlo, salvo en la desamortización tardía de los bienes de la Iglesia. Y la cultura sufre el contagio incontenible de lo francés, en su organización científica -las Academias, por ejemplo-, en las artes y las letras -la arquitectura, la pintura, el teatro, la irrupción del ensayo- y, por supuesto, en la moda -todos visten a la francesa, de las clases medias para arriba, no así el campesinado, como en el resto de Europa-, que alcanza hasta el majo -hombre urbano del pueblo-. Entre los muchos motines, algaradas y rebeliones que soliviantan la vida del país durante el siglo que precede a la guerra de Independencia, hay un hecho, en apariencia insignificante: la prohibición del chambergo y de la capa larga, una interdicción profunda que afecta al vestido como señal de identidad y que atañe a lo más íntimo del ser, un dato taurinamente relevante, pues de la capa había nacido el arte del toreo.

 

El hombre y su capa. O sea, el hombre desnudo de armamento. A solas el yo y la capa, su inteligencia. Poca cosa para enfrentar al toro del destino, lo suficiente para torear, pero insuficiente para matarlo. Por eso, de la guerra el torero toma la espada, que transforma en estoque; del torneo, la lanza, que la ganadería había convertido en vara de acosar y detener; de la caza, la flecha, el dardo que deviene en banderilla; y crea la muleta, un capote con prótesis, de ahí su nombre. Los hierros son armas ofensivas y los engaños, armas defensivas… y de creación. Recordemos que la palabra latina ars proviene de otra griega que designaba a las armas defensivas y también al arte como un engaño que enuncia la verdad. No es de extrañar que el aficionado diga, miles de años después, que torear es poner la verdad en el engaño.

 

Aquel mundo de clases dominantes, atacadas de un incipiente complejo de culpa, y de clases dominadas, a la intemperie, encumbra al torero como héroe. Un héroe universal, semidesnudo ante el peligro, dueño de si, libre, pues la primordial organización cuadrillera, cazadora y rafiadora, siempre fue libre, desde la guerra medieval contra el Moro, cuando lo combatía y después campeaba a su albedrio en tierras de nadie, hasta la cuadrilla rural temporera y la cuadrilla bandolera; hacedor el torero de un arte milagroso que desvía la embestida del toro, la burla con sapiencia y con ella juega; y situado al margen del yugo clasista, pobre de origen y rico de hecho, en cierto modo ya profesional liberal, como el músico liberado de la corte y el claustro, como el escritor semiliberado por la imprenta. Mas el torero, guerrero y artista, aporta un rasgo diferencial muy fuerte, es un héroe lúdico y estético que cautiva y comprende a todas las clases, las ilustradas, las nobiliarias y la inmensa clase productiva e indigente que fue suya, un personaje singular, famoso, marginal y desclasado, que se salta a la torera las jerarquías sociales y, como reconocen todos, se pone el mundo por montera. Sorprendente mezcla de artista y guerrero, ejerce una fascinación provocada por su taumatúrgica destreza y presenta un lado numantino, de hombre en lucha con la muerte, que lo sitúa como un ser aparte. Al principio, a sus hechos con el toro se los llamaba empeños: la voluntad contra lo imposible. Pero descubierta por el torero, poco a poco, la técnica para resolverlos, se les denomino suertes, misteriosa voz partida en dos, de azar y hacer, pues en el toreo la suerte no se tiene, se hace… hasta cierto punto, porque es necesario que la buena fortuna la complemente. De ahí que el cite también sea dual, necesite del conocimiento y exija la apuesta. Sin riesgo calculado no hay toreo.

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La sociedad dieciochesca celebra su tiempo desgarrado y convulso, fascinante y al límite, culto y bárbaro, lujoso y hambriento, con caóticos juegos de toros, patéticos en el empeño, luminosos en la destreza. Por toda España campean los matatoros, los vasconavarros bajan basta el sur de España, conquistan las fiestas taurinas del sur de Francia e incluso incursionan en la costa oeste italiana, de Brasil llegan recortadores a la Corte, de México enlazadores, de Las Landas saltadores, los castellanos y extremeños campean por el centro peninsular y en Andalucía empiezan a surgir los toreros. Aquí, el toreo inicia un dialogo interclasista, pues los picadores eran amparadores y vaqueros de los nobles acosadores del toro en el campo, los toreros de a pie al principio también lo eran a caballo, el ganadero termina hablando con el torero, y los maestrantes, dueños de importantes casas, juegan un papel importante en los principios ordenadores de la lidia: del torneo extraen el código de honor que impregna a la lidia: del espíritu científico, la tauromaquia como método de torear; del teatro neoclásico, la unidad de acción, tiempo y lugar; y del buen gusto que cultiva la época, el protocolo que ritualiza la corrida. Sin duda, se trata de una insólita y genial obra de autoría colectiva, creada a varias bandas: el torero, el ganadero y el ilustrado, pero el torero tiene la última palabra. La lidia es asumida apasionadamente por el pueblo, por todos los pueblos de España y América, cuando descubre que el torero hace lo que nadie es capaz de hacer, y entonces abandona el ruedo, se sienta en la grada y se convierte en coro. Pero todo sucede en un tiempo muy corto, de modo que los más diversos juegos taurinos coinciden a la vez, en ocasiones en un solo ruedo y al mismo tiempo. De este caos pretauromáquico dan testimonio algunos cuadros de Lucas y ciertos grabados anteriores. Pero de todo ese magma lúdico y del hilo argumental que lo conducirá a la lidia, la obra de Goya es el testimonio más explícito. Allí están el empeño, la suerte de capa, la de varas y la estocada. Allí están también el horror, el coro esperpéntico y la belleza del toreo, del que se declara aficionado y practicante.

 

Una realidad dual como su pintura, la de los delicados colores y composición enamorada de la gracia de las fiestas, la finura de los bailes y la paz de las romerías o la belleza de las damas aristocráticas y de las actrices; y la de los fusilamientos de La Moncloa o los caprichos y las pinturas negras. Era Goya un español españolísimo e, inevitablemente, un afrancesado, es decir un liberal, descriptor distante e implicado de un universo feroz y bello, y también partidario de un orden social que lo obligo al exilio francés, en Burdeos, donde por cierto siguió viendo toros o, al menos, pintándolos. Hay un retrato goyesco, el de Pedro Romero, un rostro que señala la escisión entre la lidia y el desorden de otros juegos taurinos. Presenta la faz de un hombre sereno, con la mirada sencilla y noble. Podría ser el retrato de un joven poeta o de un noble ilustrado, de elegancia austera, sin la almibarada indumentaria de la época. Es la imagen intima de un mito popular que fascino a las masas porque les descubrió el milagro de la razón torera, el hombre que impuso cánones y sosiego a la lidia, amparo el valor con la inteligencia y dotó al toreo de pensamiento y belleza. Rayó a la altura de Jose Delgado “Illo” y de Joaquín Rodríguez “Costillares”, pero fue el paradigma, el maestro que dirigiría, en su vejez, la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, el torero que dignifico el sacrificio del toro.

 

 


 

 

 

 


 

 

Sin miedo a las dificultades

GUSTAVO MARES
25 MAY 2016
TOROS
A siete meses de su fundación, Tauroarte ha dado 26 corridas de toros

Prepara la feria de San Luis Potosí

Sin miedo ante el difícil momento por el que atraviesa la fiesta brava, la empresa Tauroarte, que dirigen Alejandro Hinojosa y Ricardo ‘El Negro’ Montaño, se consolida a menos de un año de su fundación como una de las más importantes de la escena taurina.

A siete meses de haber iniciado actividades han ido cumpliendo sus metas. En estos meses de intenso trabajo han montado un total de 26 corridas de toros en diversos cosos de nuestro país, además de que organizaron la histórica feria de Puebla en la Plaza El Relicario, la última que se dio en ese coso que será demolido para dar paso al Coliseo Puebla, escenario multifuncional de mayor aforo.

Entre los cosos en los que han dado festejos, con la constante de presentar el ‘toro-toro’, se cuentan los de San Luis Potosí, Mexicali, Mérida, Puebla, Ahuacatlán, El Grullo, Tepeapulco, Teocaltiche, Apan y Texcoco.

La dupla Hinojosa-Montaño trabaja ya en lo que será la feria de San Luis Potosí a celebrarse en agosto, donde irán en coordinación con Joaquín Guerra.

Los organizadores se han trazado otra meta y es llegar a su primer año de ejercicio, lo que sucederá en octubre, con el montaje de alrededor de 34 corridas de toros y marcar así que cada año sea de entre 30 y 34 festejos taurinos mayores, lo que reviste una importante cantidad de fuentes de empleo.

Como casa de apoderamiento, Tauroarte representa a toreros de primera línea como lo son Federico Pizarro, Uriel Moreno ‘El Zapata’, Antonio García ‘El Chihuahua’, Ernesto Javier ‘El Calita’ y Arturo Saldívar, además del rejoneador Emiliano Gamero.

 

 


 

 

Entrevista desde España con el novillero Luis David Adame – Videoteca

 

 


 

Ingresan a Alberto Huerta debido a molestias

Por: Redacción | Foto: P.A.H.
Miércoles, 25 de Mayo del 2016 | México, D.F.

El matador Alberto Huerta, que continúa en el proceso de recuperación tras la dura cornada sufrida el 3 de abril en Reynosa, Tamaulipas, tuvo que ser ingreso en un hospital al sur de la Ciudad de México debido a que presentó una serie de molestias en su estado de salud.

Y es que Huerta había tenido dolores a la altura de la cintura, los cuales le impedían realizar actividades simples como agacharse o caminar sin molestias.

El torero poblano será sometido en estos días a resonancias magnéticas, tomografías y un estudio de reconstrucción de columna, así como rayos X, para poder conocer el estado actual en el que se encuentra a poco más de mes y medio del percance propinado por el toro “Buen amigo”, de Rafael Mendoza.

Además de la cornada en el costado derecho, que fue de dos trayectorias, el pitón lesionó las vértebras tercera, cuarta y quinta, de la zona lumbar. Después de los resultados de los estudios se determinará el siguiente paso a dar, con el objetivo de la recuperación completa del torero.

Alberto Huerta se muestra con la esperanza de pronto volver a retomar sus entrenamientos y poder conseguir el sueño de reaparecer, aunque no ha sido nada sencillo el proceso de recuperación.

 


 

El Dr. Vázquez Bayod viaja a Madrid

Publicado por Comunicado el 25/5/2016

La tarde de este martes el doctor Rafael Vázquez Bayod convocó a una conferencia de prensa para informar que el próximo 28 de mayo en la Plaza de toros “Las Ventas” de Madrid presentará el proyecto del Curso Taller Manejo Prehospitalario Avanzado del Torero Traumatizado (MAPA-TT).

El evento se llevará a cabo en la Sala Cossío de dicho coso madrileño dentro las actividades que organiza la Comunidad de Madrid.

El director del curso es el Dr. Rafael Vázquez Bayod, jefe de los servicios médicos de la Plaza México, además estuvo presente la Dra. Mónica Jiménez Sequeiros, coordinadora del curso y el parámedico Felipe Sánchez.

El Galeno indicó la importancia de dar un tratamiento inicial del percance de un torero, porque de lo contrario puede resultar contraproducente.

El Programa del curso consta de lo siguiente:

Sección I. Manejo Urgente en el Ruedo (MUR).

Dirigido a toreros, monosabios, personal afín, médicos en general y paramédicos.

Introducción y Demostración

Los “10 Mandamientos” Para evacuar un herido del ruedo.

Talleres de destreza en el ruedo. Cuatro estaciones básicas.

1. Manejo de vía aérea. Control de cuello.

2. Control de hemorragia.

3. Técnicas de traslado

4. Estrategía, coordinación y liderazgo.

Sección II. Estabilización Médica Avanzada, Transporte y Coordinación (EMA-TC).

Dirigida a Médicos en general y paramédicos.

A. Generalidades: Equipamiento de una unidad de trauma taurino (enfermería) y funciones del equipo médico en una plaza de toros.

Triage. Transporte y coordinación.

Atencion en casos de urgencia, emergencia y desastre.

Atención en los festejos populares.

B. Talleres de desteza en la enfermería. Simulación de cinco toreros lesionados. Casos más comunes.

Torero Incosciente.

Lesión vascular.

Lesión penetrante de abdomen.

Torero fracturado.

Lesión de cara y cuello.

Presentación de los manuales del curso. Registro del derecho de autor.

Aplicación del curso en España. Formación de instructores.

También se presentará testimonios de manejo prehospitalario. 10 Casos relevantes de la Plaza México. Al término de cada curso se entregará un manual ya sea para el monosabio, parámedico o médico.

 

 


 

 

Cuéllar esté metido en el campo

25 de mayo de 2016/Suertematador.com

En el municipio michoacano de Lagunillas, donde estuviera la emblemática ganadería de Santa Martha, en días recientes el matador de toros mexiqueño Luis Miguel Cuéllar estuvo realizando labores de tienta para así estar a tono para sus primeros y entrantes compromisos como diestro doctorado.

Será en breve entonces cuando su apoderado, el torero retirado Alejandro Peláez dé a conocer las fechas del joven espada Luis Miguel, quien mientras aprovecha el tiempo para intensificar su alistamiento pues está más que cierto que de ahora en adelante, como torero con alternativa, la exigencia del público, del ganado y de sus propios alternantes será mayor y de gran responsabilidad.

Cuéllar es un hombre de retos y por ello ya cuenta los días para volver a vestir el terno de luces y estrenar el doctorado que tomó este mismo mes, el domingo 1 de mayo, en el coso Monumental de la ciudad de Zacatecas, donde Fermín Rivera le cedió el toro “Pardito” de la dehesa de Montecristo ante la presencia del peruano Andrés Roca Rey.

 


 

Ocho con Ocho – El Magisterio

25 de mayo de 2016/Luis Ramón Carazo

Entendiendo que el concepto de la tauromaquia de Enrique Ponce para algunos necios, es poco apreciado, escribo después de verle por televisión en las faenas brillantes que ejecutó en una de las plazas en el mundo taurino que más lo han cuestionado, la de Las Ventas de Madrid y en la que lució el gran conocimiento de quién en un plazo por decir una cifra, de 15 años de la actuación como la reciente, se dirá que fue un hito.

La torería de Ponce es inmensa, figura fraguada en 26 años de vida activa de matador tal vez en toda la historia del toreo es quién a un mayor número de astados le extrae lo bueno que en el fondo de su instinto tienen y que muchas veces para los que estamos de testigos, es poco o nada visible.

Ponce es una enciclopedia taurina, en la que figuran algunas de las más bellas páginas de un artista clásico, contradictorio y fiel a sus circunstancias, reconocido y venerado por los amantes más exigentes de la tauromaquia, sin dejar de lado a sus detractores.

Ha quedado para la historia aquella faena a Lironcito, un toro de Valdefresno, con el que se fundió en una sinfonía de arte en aquel inolvidable el 27 de mayo de 1996 en la plaza de Las Ventas.

El de Valdefresno en Madrid al principio por el lado derecho no tragaba los cites e iba por el izquierdo a regañadientes pero hacia el final era un dúctil por ambos lados y si no le cortó los máximos trofeos Enrique (como tampoco lo pudo conseguir con el de Fernando de la Mora en Aguascalientes) fue por sus fallas con el alfanje que es su única debilidad, pues si no fuera por ello, la cantidad de trofeos de por si espectacular sería aún más rotunda.

Otra vez uno de Valdefresno, un galimatías y el de Puerto de San Lorenzo más potable, le han servido para dejar para la posteridad una actuación en la que la plaza en pleno le mostró reconocimiento.

El celo que tiene Enrique por seguir ocupando un lugar de privilegio, llama la atención, lo vemos destilando plasticidad, estética con la presencia de la motivación de aquel que va labrando su vida momento a momento y no quiere apearse de figura del toreo.

Enrique es uno de los toreros con mayor cerebro privilegiado para lidiar astados en la historia y de esos muy, pero muy pocos. Si a eso le aunamos que está motivado a seguir en las alturas, me parece que habría que verlo tardes futuras, en general cada una lección de lo que constituye entender las embestidas de un toro y canalizarlas a favor.

En Madrid resaltar también la brillante actuación de Talavante, la última con un difícil, por manso, toro de Fuente Ymbro, en la que demostró que el toreo así como quita da a raudales para quién está preparado y genera instantes de arrebato, como lo hizo Alejandro, en una faena de no muchos pases, variadísima.

Vienen corridas muy interesantes y además de Madrid, Dios Mediante estaré en los veinticinco años de alternativa de Finito en la Feria de Córdoba en la que con seis astados tratará de celebrar una trayectoria de trazo y pulso, artísticos.

Antes en un gran cartel estarán Morante de la Puebla, El Juli, Talavante en una feria corta de cuatro festejos pero muy atractiva, el último de rejones con la actuación de Pablo Hermoso, en una ciudad bellísima y de tanta historia, cuna del torero más representativo del Siglo XX, Manuel Rodríguez y de otros grandes califas del toreo.

Madrid sigue y la semana que comienza nos deparará la magia del toreo, a por ello como dicen en España o a darle, que es mole de olla como decimos en México.

 


 

 

 

Para las elecciones del 7 de junio, candidatura única

La Unión de Criadores apuesta por el continuismo: Carlos Núñez seguirá en la presidencia

Carlos Núñez, presidente de la UCTL

Con la repetición de Carlos Núñez, Julio Pérez-Tabernero y José Luís Iniesta en los cargos principales, la UCTL toma el camino del continuismo, dentro del proceso electoral que culminará el próximo 7 de junio con la Asamblea general Extraordinaria. La renovación se ciñe a los cargos de vocales –en el que entran 3 nombres nuevos– y a la creación de la figura del Interventor. Por delante tienen una tarea importante, comenzando por la consolidación de la Fundación del Toro de Lidia, que no puede olvidarse fue promovida en primer instancia con la Unión.
Actualizado 25 mayo 2016
Redacción

Con una sola candidatura, la Unión de Criadores de toros de Lidia afrontará el próximo 7 de julio su Asamblea General Extraordinaria de carácter electoral, de la que saldrán cambios mínimos en lo que hasta ahora era el equipo de gobierno de la asociación ganadera.

De hecho, para los próximos 4 años repetirán seis de los cargos actuales, comenzando por el Presidente, Carlos Núñez; el vicepresidente, Julio Pérez-Tabernero; el tesorero, José Luis Iniesta, y tres de los vocales: Fernando Sampedro, Ignacio Sánchez-Urbina y Antonio Bañuelos.

Se incorporan como nuevos tres vocales y dos vocales suplentes. Los primeros serán: Juan Pedro Domecq, Joaquín de Vasconcellos y Fermín Bohórquez hijo; el grupo de los suplentes lo integran; Lucía Núñez Álvarez y Jerónimo Astolfi Como cargo de nueva creación, el de Interventor, figura Fernando Bautista Sagües.

Por su parte, abandonan la Junta Directiva tres de los cargos actuales: Borja Domecq, Antonio F. Da Veiga y José Javier Núñez.

La Junta General Extraordinaria

La Junta General Extraordinaria, con el único punto en el orden día las elecciones, fue convocada por acuerdo de la Junta Directiva saliente el pasado 22 de abril y se celebrará el próximo 7 de junio en la Sala Antonio Bienvenida, de la plaza de Las Ventas, a partir de las 11,30 horas.

Al no haberse presentado más que una candidatura, avalada al menos por el 10% de los socios, y una vez proclama oficialmente, lo usual es que de forma directa sea proclamada, sin necesidad de votación expresa, y tome posesión de sus nuevos cargos.

Con todo, debe tenerse en cuenta que en los Estatutos de la UCTL no se contempla, en el caso de este tipo de Asambleas electorales, ninguna especificación para el caso que ahora se de existir una candidatura única.

Mucho trabajo para su agenda

El nuevo equipo rector de la UCTL hereda una importante agenda de trabajo, comenzando por la consolidación de la Fundación del Toro de Lidia, de la que fueron sus promotores iniciales y únicos, aunque luego se modificaron los Estatutos fundacionales para abrirlos a la participación –también en cuanto a cargos directivos– a otros sectores taurinos.

La nueva etapa de la UCTL, después de la crisis y las disensiones nacidas en épocas anteriores entre otras cosas por la fallida Mesa del Toro, deberá abordar, entre otros aspectos, los relativos a su financiación, como consecuencia de la actual etapa de crisis general en la economía. Pero, sobre todo, debiera culminar la etapa de alcanzar un papel de mayor preponderancia dentro del conjunto del Sector taurino.

 

 


 

Toros
«Prefiero ver a Ponce en una plaza de tercera antes que a cualquier otro en una de primera»

Desde 1997, el inglés Michael Wigram sigue al torero de Chiva por las plazas de España y Francia. Ha visto 1.200 corridas suyas. Con Órdoñez y Antoñete hizo lo mismo

Michael Wigram y Enrique Ponce, el año pasado en Palencia – Revista 6Toros6

En la feria de San Isidro de 1983, Michael Wigram se ausentó unos días a Londres por trabajo. Su abono se lo cedió a su chófer, Manolo, pero le puso una condición: al finalizar cada corrida, Manolo debía correr a casa y telefonear a Michael para contarle lo que había sucedido en la plaza de Las Ventas de Madrid. La anécdota la contó William Lyon en El País y Wigram se ríe cuando ABC se la recuerda porque ya no se acordaba.

Los toros le contagiaron su «veneno» casi 20 años antes de aquella feria de san Isidro. Fue una tarde de septiembre de 1964, en Palma de Mallorca. «Estaba de vacaciones. Vi tres corridas bastante malas y, no sé por qué, volví a la plaza un cuarto día. Toros de Sánchez Fabrés para Paco Camino, El Cordobés y un mexicano llamado Gabino Aguilar. Paco cortó dos rabos, y eso me infectó…», cuenta Michael, que entonces tenía 29 años.

A los toros se aficionó en Palma de Mallorca, en septiembre de 1964. Estaba de vacaciones y vio una corrida en la que Paco Camino le cortó dos rabos a ejemplares de Sánchez Fabrés

A la cita con este periódico, Wigram se presenta con sombrero, americana, camisa blanca y el The New York Times bajo el brazo. Maneja un perfecto español con el característico acento inglés. Algo así a como se expresa Michael Robinson. Vive a caballo entre Madrid y Londres, aunque sería más preciso decir que su vida transcurre entre estas dos ciudades y las plazas en las que torea Enrique Ponce.

Wigram, de una erudición plausible, es el Hemingway de nuestro tiempo. Igual que hiciera el premio Nobel unos años antes, en 1965 Antonio Órdoñez volvió a los ruedos y Michael se puso a seguirlo por todas las plazas. Así estuvo siete temporadas, hasta que en 1971 el torero de Ronda se retiró después de una mala tarde en San Sebastián.

A una distancia prudente

«Órdoñez era tremendo, un emperador con mucho mando. Tenía una presencia imponente en el ruedo, mucho valor, su capote era maravilloso y un empaque enorme con la muleta», explica Wigram, quien siempre prefirió mantenerse a una distancia prudente de su ídolo, porque le dijeron que Órdoñez era «una persona con un carácter difícil».

Wigram hizo lo mismo con Antonio Chenel, «Antoñete», quien en 1981 reapareció en los redondeles, al que siguió durante cinco temporadas.

A finales de los años ochenta, un crío de Chiva (Valencia) sobresalía entre los novilleros. Su nombre: Alfonso Enrique Ponce Martínez. Wigram recuerda que, la primera vez que lo vio, pensó: «¡Qué pena, porque es demasiado pequeño de estatura!». En la feria de Otoño de 1990, Enrique Ponce confirmó la alternativa en Madrid y el aficionado inglés, presente en los tendidos, varió su primer juicio: «Este sabe torear».

Wigram participó en la fundación de la revista 6Toros6, lo que le permitió asistir a las grandes ferias y seguir a la pareja Joselito-Ponce: «En 1996 vi 123 corridas y en 39 actuaron ellos». Al inicio de la siguiente temporada, en la feria de Olivenza (Badajoz), Ponce se enfrentó a toros de Victorino Martín, «más pequeños que los de ahora, pero complicados y con mucho que torear». La lección que debió de dar el torero de Chiva fue tal que la hija de Wigram, que ese día acompañaba al aficionado inglés, le dijo: «Papá, este es único, tenemos que seguirlo».

«Es maravilloso conducir toda la noche, ver salir el sol y pensar que hay otra corrida. El escritor Stevenson decía: «Viajar con esperanza es mejor que llegar»

Y así lleva Wigram 20 temporadas. Ha visto a Ponce en directo unas 1.200 tardes. Tiene las corridas apuntadas: 1.153 hasta el final de 2014, 35 el año pasado y todas las de este 2016, menos la matinal de Nimes (Francia) porque «por la mañana el calor es horroroso».

De Ponce «no tengo ninguna duda de que es el torero más completo que he visto con la muleta». ¿Su mejor cualidad? «Su motor es su enorme afición, está totalmente enamorado de su profesión y tiene un valor extraordinario. También su inteligencia: entiende mejor que nadie al toro de su época». No obstante, y por si hubiera dudas, este aficionado inglés prefiere «ver a Enrique en una plaza de tercera que a cualquier otro en una de primera».

Solo una hora antes

Seguir a toreros ha sido su curiosa manera de conocer este «magnífico país». Además, «nosotros (Wigram viaja con su hija o con amigos) gozamos de una ventaja en los viajes largos con respecto a los toreros: solo tenemos que estar una hora antes de la corrida, así que podemos salir tranquilos y dormir en un hotel de carretera».

Para Wigram, que demasiadas veces se ha hecho 1.000 kilómetros (de ida y otros 1.000 de vuelta) para ver a su torero favorito, durante el viaje se disfruta tanto como en la plaza. «Hay una cosa maravillosa, que es conducir toda la noche, ver salir el sol y pensar que hay otra corrida. El escritor Robert Louis Stevenson decía: ‘Viajar con esperanza es mejor que llegar’. Con los toros, siempre está la próxima corrida y, después, la próxima temporada. Nunca se llega al fin».

—Si tuviera que definir los toros en pocas palabras, ¿qué diría?

—Como el poeta Manuel Machado: «La hermosa fiesta bravía, de terror y alegría, de este viejo pueblo fiero… Oro, seda, sangre y sol».

—¿Cómo mira un inglés la Fiesta?

—Los ingleses hemos inventado casi todos los deportes, aunque nuestra mejor invención es el críquet. En él, el estilo, la belleza de las cosas, es muy importante. Con esto no quiero decir que me gustan los toros porque se asemejan al críquet, pero tienen una cosa en común: la belleza de los movimientos.

—Hay quienes tratan de ligar los toros a una determinada ideología política. ¿Es esto algo nuevo o ha ocurrido siempre?

—Me parece absurdo. Ha habido muchos comunistas y socialistas que eran muy aficionados. Recuerdo que en su momento de máximo poder, en 1988, Alfonso Guerra fue muy criticado por coger un avión de las Fuerzas Armadas para ver a Curro Romero en La Maestranza. Y cuando se lo reprocharon a Felipe González; este, con su destreza de siempre, dijo que no podía imaginar una razón más importante que ver a Curro en Sevilla (risas).

 

Este jueves, a las siete, la corrida del Corpus

Con toros de Domingo Hernández y Garcigrande, hoy en Toledo a partir de las siete de la tarde, harán el paseíllo Enrique Ponce, El Juli y Álvaro Lorenzo, que hace doce días tomó la alternativa en Nimes (Francia) y que será el primer toledano en torear la corrida del jueves del Corpus. Por su parte, Ponce y El Juli vienen de torear en la feria de san Isidro de Madrid. Por supuesto, Michael Wigram estará en los tendidos toledanos. Al terminar la corrida, partirá hacia Granada, donde mañana torea Enrique. Y en junio: Ávila, Istres (Francia), Alicante, Algeciras, Zamora, Burgos…

 

 


 

 

Exposición de Tendido 11 y en por

 

“El toro, guardián de la dehesa”

 

A punto de comenzar

 

uctl

 

 


 

Actualidad

Avances en los carteles de la Feria del Toro de Pamplona

Los Albaserradas de José Escolar podrían estoquearlos Ureña y Talavante (y un tercero), lo que sin duda sería un gran cartel. La edición en papel de Diario de Navarra adelanta algunas combinaciones.
Por Redacción
Miércoles 25 de mayo de 2016, 10:54h

La edición en papel de Diario de Navarra hace un adelanto sobre los carteles de la Feria del Toro 2016, que lógicamente estarían sujetos a cambios ya que aun no hay nada cerrado. Los Albaserradas de José Escolar podrían estoquearlos Ureña y Talavante, lo que sin duda sería un gran cartel. Por su parte, Roca Rey entra en Pamplona y López Simón tendría dos tardes. En cuanto a las figuras, nada se sabe de Morante, que seguramente este año tampoco estaría en el serial.

Según este diario, la forma que va tomando el abono es la siguiente:

– Victoriano del Río: Padilla, El Juli y López Simón.

– Miura: Rafaelillo, Javier Castaño y Manuel Escribano.

– Cuvillo: Roca Rey y dos más.

– Pedraza de Yeltes: Posibles Curro Díaz y Juan del Álamo.

– José Escolar: Posibles Paco Ureña y Alejandro Talavante.

– Cebada Gago: Posibles Francisco Marco y Pepe Moral.

– Jandilla: López Simón y dos más.

– Fuente Ymbro: Fandiño, Perera y David Mora.

– El Parralejo (novillada): Javier Marín y dos más.

– El Capea (rejones): Hermoso de Mendoza, R. Armendáriz y otro.

 

 


 

 

TOROS / FERIA DE SAN ISIDRO

La tarde que pasamos por el purgatorio

Muletazo de López Simón ayer en la plaza de toros de Las Ventas
Previsible corrida de decepción en el último compromiso de El Juli, con Miguel Ángel Perera y López Simón en San Isidro

 

 

 

Cuando Las Ventas muta en dehesa: el patrimonio ecológico del toro bravo

Ismael del Prado. 25/05/2016
«El toro es Ecología». Sujeto, verbo y predicado en cuatro palabras que vertebran uno de los pilares fundamentales sobre los que se asienta la defensa de la Tauromaquia. Por ello, desde hoy hasta el final de la Feria de San Isidro y bajo este título, el Tendido 11 de Las Ventas acoge…

 


 

La revolera

Alquimia, señores ganaderos…

Por Paco Mora
Más artículos de este autor

El estado de cabreo de un sector de espectadores -al que no le falta cierto grado de razón- originó determinadas injusticias, como la incomprensión con la faena de El Juli al cuarto con cuyo planteamiento, trazo y contenido había suficiente para entender su posición de figura señera del toreo.
La noticia hoy ha sido el público de Las Ventas. Un público irritado, vociferante y silbador. Ya en el paseíllo ha mostrado su descontento, incluso con pancarta incluida, con el mañanero baile de corrales, cosa a la que es difícil sustraerse cuando están anunciadas las figuras. Luego, en el desarrollo de la corrida, el estado de cabreo de un sector de espectadores –al que no le falta cierto grado de razón- originó determinadas injusticias, como la incomprensión con la faena de El Juli al cuarto, con cuyo planteamiento, trazo y contenido había suficiente para entender su posición de figura señera del toreo. Ha sido un trasteo de mucho fondo y de notable argumento con el que, los que no nos acercamos a la Fiesta no para llevarnos berrinches sino para disfrutar, nos hemos dado por satisfechos.

Uno ha ingresado ya en el club de los escépticos ante las argucias, pillerías y egoísmos que carcomen el toreo por dentro, pero nada tiene que ver una cosa con la otra. Y hay que reconocer que El Juli es un gran torero que atraviesa por un momento especial, y negarlo fuera gollería. ¿Que los ganaderos harían bien en echar mano de la alquimia, y dejar de confundir los kilos con el trapío y la buena presentación? ¡Pues claro que sí! La falta de casta no se tapa con nada, y mucho menos con carne para el matadero. Eso sólo se remedia con alquimia, señores ganaderos. Es posible que teman que si crían toros muy bravos y encastados se los tengan que comer con patatas, porque los toreros que pueden exigir les harían la cruz…

Es probable, sí, pero si todos los criadores de reses bravas se unieran en una “entente cordiale” con el propósito de recuperar la casta, base de la emoción y de la excelencia del espectáculo taurino, los toreros no tendrían más remedio que pasar por el tubo de la verdad, y la Fiesta se libraría de la más dañina de las mistificaciones que la tienen contra la pared. ¡Ay “Malagueño” como se te ha echado de menos esta tarde! Y me temo que se te seguirá añorando muchas tardes más.

Perera y López Simón han estado hechos unos “tíos”, pero con el material que ha salido hoy a la arena venteña el triunfo era una quimera. El Juli ha tenido que echar mano de toda la casta que les faltaba a sus toros para justificar su liderazgo. Pero el estado ambiental de los tendidos no ha propiciado ni una merecidísima vuelta al ruedo.

 

FERIA DEL CORPUS

(Foto: Glez. Arjona)

Paquirri y Cayetano, triunfal duelo en Granada

Dos orejas para el mayor de los hermanos y cuatro para el pequeño, que cuaja las mejores faenas de la tarde
FOTOS DE GLEZ. ARJONA DEL FESTEJO

 


 

 

5/05/2016
22:44 CEST

86.11% de

¡Socorro! En Madrid ya no hay ni broncas

ANTONIO LORCA
Sonoro fracaso de El Juli, Perera y López Simón con toros mal presentados, mansos y descastados de Vellosino, que sustituyeron a los titulares

 






 

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