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11 May

 

 

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I QUlÉN ES EL TORO y DONDE SE LE ENCUENTRA

 

Un nivel de vida

sin parangón en el reino animal

 

El ganadero es un ecologista práctico que dirige y conserva un territorio paradigmático. Entre las diferentes fincas donde vive el ganado bravo tomemos como referencia “la dehesa” -o “el rancho” -, pues es la que mejor las representa, aunque la marisma, el valle, la alta montaña ofrecen a la postre similares valores, y muestran la adaptación singular del toro a cada marco ambiental. En la dehesa la acción humana -actividad ganadera- se integra con la coexistencia más equilibrada de la flora y la fauna. Sin la acción rectora y económica del hombre, que invierte, elabora, cuida y comercia, el bovino bravo, de difícil manejo y parca producción cárnica o láctea, no existiría; sin el toro, por su labor de guardián del territorio y de preservador de pastos y de la masa arbórea, también la dehesa habrá sucumbido, en el mejor de los casos a cambio de otras labores agrícolas más rentables pero de poca riqueza medioambiental; en el peor, dejando su masa forestal al riesgo depredador de otras especies, por ejemplo, la cabra o el cordero, o a la peligrosa conducta invasiva del hombre.

 

Sin la función acogedora, protectora, nutritiva, oxigenante de la masa forestal y de los pastos, la vida del toro perdería su talante agreste, salvaje, y se desequilibraría su nutrición, más a merced de la alimentación artificial.

 

La conjugación de estos tres vectores, hombre, naturaleza y animal, cohesiona la vida de la dehesa. Una vida activa, en permanentes cambios, no solo estacionales, que afectan a la tierra y a la visita cíclica de especies agrestes, sino determinados por los distintos ciclos de la bravura y las edades del ganado. Entra uno en el campo y parece que esta dormido, pero subyace un continuo movimiento. Todos, hombre, animal y tierra cumplen rigurosamente sus quehaceres. El ganadero, como el torero, trabaja en cuadrilla. Él es quien la encabeza. A sus órdenes está el mayoral -o caporal, como se le llama en México, o conocedor, en Andalucía-. Bajo este actúan los vaqueros. Y desde años recientes se impone otro personaje -trabajador externo-, el veterinario, cuya función adquiere cada día mayor importancia. Hay en la hacienda otras personas de servicio, pero no cumplen ninguna función respecto al toro.

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El mayoral es al ganadero lo que el aparejador al arquitecto de una obra. No interviene en su trabajo genético, que son los planos de la bravura, pero si en su aplicación. Mantiene el cuidado de todas las reses, vigila su separación en los diferentes cercados, las alimenta, las mueve, actúa en el herraje, destete, embarque, y comprueba las fases de su desarrollo físico. Vive cerca de ellas, con la vaca y el toro. Con una y otro su relación es tan próxima que llega a establecer una comunicación intima, podríamos decir que personalizada. Conoce al toro dominante, en el comedero y por su hegemonía en el cercado, sabe del toro abochornado, por su sumisión o por su sodomizarían en el “mariconeo”. Evalúa su condición por su carácter en el campo y por el de sus ancestros. Suele saber más de la vaca, la cual vive toda su vida en la ganadería, y las llama por su nombre, pues distingue a los animales por su fisonomía, diferenciándolos como las personas hacen entre sí. Es, en definitiva, el yo práctico del ganadero. Y si no interviene en la gestión intelectual de la ganadería, si puede ser un buen consejero ante una duda de selección: por ejemplo, sabe cuándo una manifestación de debilidad o de genio en la tienta es debida a una cuestión de manejo o hereditaria, porque sabe de su estado físico o recuerda lo que en su día hicieron sus parientes. Es habitual que conozca el lenguaje de la naturaleza y prediga cambios de clima que alteren el plan de trabajo. Y segmenta, casi como el ganadero, la camada de machos, según su trapío y reata, en los lotes escogidos para las diferentes plazas, según la importancia de estas.

 

El mayoral está auxiliado en casi todas sus labores por los vaqueros, quienes en las grandes ganaderías son expertos caballistas y saben manejar a distancia a los animales, sin que su intervención humana implique ese “manoseo” tan improcedente con el toro bravo, ambiguo individuo de la fauna, un salvaje vigilado que no debe entrar en contacto con el hombre hasta el momento de su lidia.

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Si parangonáramos una ganadería de bravo con una bodega de vinos, podríamos aseverar que el veterinario se está convirtiendo en el enólogo del bodeguero -del buen bodeguero, no del propietario de una bodega-. En efecto, no interviene en la trama genética absolutamente controlada por el ganadero, pero cada día serán más valiosos sus consejos si termina por comprobar biológicamente la heredabilidad de los genes en los distintos individuos, o familias, de la población bovina. Por el momento, su función empieza a ser clave en la mejora de la nutrición animal, como lo demuestra la corrección de las caídas y su relación con los piensos de alta potencia proteínica en tiempos de sequía, la ayuda nutritiva complementaria del toro en las fases criticas de su desarrollo, y de la vaca antes y después del parto, el fortalecimiento medicado de las pezuñas y pitones, el saneamiento permanente del estado físico de toda la población, el equilibrio pulmonar y muscular entre motricidad y peso del toro, y la prevención de epidemias víricas difundidas por animales intrusos en la finca. Obviamente, su trabajo quirúrgico es fundamental en la cura de heridas orgánicas o en la intervención de las que se infieren los toros en sus peleas.

 

Ningún animal entre toda la fauna, quizá junto al caballo de torear, recibe un cuidado tan prolijo como el ganado bravo. En los antípodas de las explotaciones intensivas, con el ganado estabulado, su existencia se desenvuelve en una situación de libertad reglada -lo repito, más de una hectárea por cabeza si dividimos la extensión de la finca por el número de reses- que le depara una calidad de vida sin parangón en todo el reino animal. El uso parcelado de los distintos cercados de la finca atiende selectivamente a dicha calidad de vida.

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El espacio más extenso pertenece a las vacas que, así como en los empadres dedicados a la cubrición, se alimentan con los pastos que da la tierra. De ahí que, por ejemplo en las zonas desérticas del norte de México, dispongan de grandes espacios. En el resto de las ganaderías el territorio vacuno también es grande, y más rico en pastos, aunque durante el estío el ganadero tenga que ayudar a las hembras con pienso. En la dehesa de Victorino Martin, éste ha creado un gran cercado, de cien hectáreas de pasto perenne, mediante riego por aspersión gracias a la proximidad de un rio, terreno al que confluyen otros cercados y por cuyas puertas acceden las vacas al amanecer, para abandonarlo, bien comidas, al atardecer. Algunas ganaderías situadas en tierras de secano -lo que suele ser común desde hace setenta años- practican la alternancia en la renovación y agostamiento de pastos, método habitual desde tiempos muy antiguos. Los cotos dedicados a los machos suelen ser más baldíos, pues a partir de los tres años deben moverse más y alimentarse con piensos más energéticos. Y en las marismas del rio Tajo o en las de Sureste de Francia, los pastos son tan nutritivos que el animal requiere menos espacio y prácticamente no necesita el apoyo de piensos energéticos cuando llegan a toros; tal vez, algunos individuos, y eso levemente, necesiten un pienso final de remate. Todo esto viene a demostrar que el toro de lidia, contrariamente al bovino dedicado al consumo humano, escalona su desarrollo físico conforme a su naturaleza, de modo que su romana alcanza su punto álgido -actualmente entre 450 y 520 kilos de promedio; lo que ofrezca de mas ya es artificial- cuando su organismo, a los cuatro años de edad, ha llegado a su cumbre biológica. Ésta iniciara su decadencia, levísimamente, a partir de entonces, dato sorprendente para el aficionado que otorga mayor prestigio al cinqueño que al cuatreño.

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Pero detengámonos en el concepto “libertad reglada”, contrario al de “libertad relajada”. Una mirada superficial sobre el campo ganadero induce a creer que toros y vacas se complacen en la mayor ociosidad. “El toro es un ser vago”, suele pensarse. Sin embargo, el semental espera y elige, persigue alternativamente a sus vacas en celo; la vaca pare y cría a sus vástagos, ano tras ano ocupadas en el parto y la crianza; los machos, apartados de las hembras desde su destete, se organizan, luchan y conviven en las tres fases de su vida: erales, utreros y toros. La vida en la ganadería es un sistema que no para nunca. Y si se detuviera un solo aña, el ganadero perdería el control de la bravura, rompería la cadencia evolutiva de su obra genética en marcha.

 

La vida del hombre y el toro establecen, todo lo más, una comunicación distante. Se puede decir que el hombre mira, indaga más al toro que este al hombre. Viven juntos pero no conviven. El animal no permite que se viole su territorio, a veces con la excepción del mayoral o el vaquero que les da de comer. Entonces acepta su proximidad, y en ocasiones se puede ver al hombre entre los animales, junto a los comederos. Pero lo cierto es que, inconscientemente, el toro se deja situar en el territorio, ser conducido de un espacio a otro. Para ello, el hombre lo manda a distancia, como sin mandarlo, aprovechando estratégicamente sus querencias -la búsqueda del terreno apacible (esta palabra está relacionada con el vocablo pasto) -, incidiendo en la tendencia bovina a evitar, no exactamente a huir de la presencia extraña, que tiene cuando se halla en grupo. Manda, pues, el hombre en el toro, pero sin manifestar su mando. Le impone terrenos, horas de nutrición; marca el tiempo de la cubrición y los partos, pues las vacas tienen celos frecuentes y alternos, no estacionales; y en los machos codifica su espacio según las edades. Es un orden impuesto por la bravura, desde el nacimiento a la muerte.

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Viven todos como animales privilegiados y mueren cuando lo determina la bravura. El toro en la plaza, para demostrarla y rentabilizar la explotación (gracias al sacrificio del macho vive la ganadería del toro de lidia), y la vaca cuando se vuelve machorra y ya no puede parir, a la que sustituye la vaca aprobada en la tienta, una reposición que renueva la vida en el campo bravo.

 

Así pues, vida privilegiada la del bovino bravo, pero vida reglada, al servicio disciplinado de la conservación -la de un animal único, misterioso- de esa agresiva cualidad que lo sacralizó en tiempos antiguos, y que a partir del siglo XVIII entraña un reto para el hombre: la indagación genética de su bravura. Podría afirmarse que la Fiesta, en el toreo y en la ganadería, es hija de la Ilustración. Si la tauromaquia es un método para resolver la embestida -y el toreo para hacerlo con arte-, la ganadería es un método para crearla. Ambos se interrelacionan, pero ahora solo compete hablar del segundo: la cría del toro y la búsqueda de su bravura.

 

En el transito del XVII al XVIII se producen muchos cambios en el hábitat del toro bravo. Paulatinamente, la propiedad de las explotaciones agropecuarias pasan de los grandes terratenientes, las órdenes religiosas y las casas de la alta nobleza, donde el ganado se aparea a su albedrío, a los terratenientes, empresarios agrarios de actividad más fabril. En estos latifundios productivas (de Castilla y Salamanca, de La Mancha, de Andalucía, de México; en Navarra y la Cuenca del Ebro, Portugal y el sur de Francia, el toro necesita menos espacio por la riqueza de pastos), al bravo se le separa pronto del manso dedicado a la agricultura o la carne. Y ya a principios del XIX, el toro bravo merece un hábitat aparte. Mejor pagada la bravura que la carne, y propagada la fama de su criador, se instituye la ganadería de bravo: en España y también en América, donde se separan los hatos de bravo en las grandes explotaciones.

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Este nuevo ganadero, un burgués rural, tiene un fondo clasista derivado de su origen -por lo general de la baja nobleza, 0 de la hidalguía-, pero empieza a estar poseído de una parte, por una conducta mercantilista que lo hace ser competitivo, y de otra, por el espíritu científico que caracteriza a las clases cultas de la época: éste llegara a la sociedad entera cuando la ciencia desemboque en la técnica. Pero no solo ya el universo se indaga científicamente -bien que de hecho lo fuera desde tiempos muy antiguos sin trascendencia social alguna-, sino que impone la comprensión científica del cuerpo humano y empieza a entendérsele, en círculos ilustrados, como una complejísima máquina -no en vano Vesalio ya había escrito en el siglo XVI su magna obra De humani corporisfabrica, y en el siglo siguiente, o sea cuando se está configurando la subespecie del bovino bravo, Malpighi desarrollaba, gracias al microscopio, la descripción del sistema circulatorio de la sangre hecha por Harvey e iniciada antes, aunque parcialmente, por Servet-. Por su parte, las emergentes ciencias naturales estudian la fecundación y la reproducción de la naturaleza. También Harvey había estudiado la fecundación en su obra De generatione animalium. Y más tarde, el naturalista Bufón especulaba con la cruza para mejorar las especies animales. Los siglos XVI, XVII Y XVIII son germinales para la ciencia, y cuando el ganadero Jose Vicente Vazquez lleva a cabo la primera especulación genética de la bravura, al cruzar el encaste Vistahermosa con el vazqueño para mejorar el juego del toro en el ruedo, cumple con el espíritu de su tiempo (XVIII y XIX), pero .lo hace antes de la fundación de la etología, ciencia del comportamiento animal, y de que Mendel confirmara las leyes de la genética. En efecto, el espíritu ilustrado había permeado a la clase burguesa, la que inicia la reforma cultural, productiva y científica de la sociedad moderna, y la que, en el universo lúdico hispano, coadyuva a la popular, interclasista invención de la corrida de toros. Al mismo tiempo que Vazquez se convertía en un intuitivo y empírico genetista, Jose de la Tixera, ilustrado y aficionado, supuesto coautor de la tauromaquia de Pepe-Hillo, la primera tauromaquia (método de torear) escrita de la gran Enciclopedia taurina, inventa un extraño artefacto, una especie de carretón, al que llama significativamente toro-maquina, para que con él apliquen y perfeccionen los toreros los hallazgos que han descubierto frente a la maquina viva del toro en el ruedo.

 

Este largo proceso cultural marca el triunfo del toro lúdico, el que sirve para torear, sobre el toro mítico, en el que se creía y al que se sacrificaba lúdicosacralmente, No obstante, algo de ese prestigio sobrenatural persiste en el juego de la lidia, y llega hasta nuestros días, pues el toro sigue siendo un donador de muerte y gloria. De muerte definitiva, mediante la cornada que mata, o de una “muerte pequeña”, la entrañada por la cornada que no mata; y de gloria a quien sabe acoplarse con él, burlar al destino fatal que entraña su embestida, asumirla, vencerla y convertirla en un acto artístico inefable, que provoca la catarsis en quienes lo contemplan, De modo que sí, toro-máquina, más para el aficionado, toro del destino en su significación más profunda y toro de la suerte en su función taurómaca, En consecuencia, el aficionado lo venera, mientras que el antitaurino ignora su ambigua identidad sacrofuncional. De ahí que la corriente antitaurina de la sociedad, desde el siglo XVII hasta el XX, reclamase la abolición de la tauromaquia en defensa del hombre y en contra del riesgo -para ella inútil- en que incurre al practicarla. Parece lógico, aun la biología no había iniciado la indagación mecanicista que trata de descubrir el órgano del alma en la máquina humana, todavía el hombre era alga más que naturaleza. Una concepción casi inversa a la actual investigación biológica y etológica, que al tratar de descubrir códigos inteligentes en los animales -sobre todo, en los mamíferos-los asciende a un estatus humano, al mismo tiempo que la biología humana de hecho intenta encontrar el alma en una misteriosa e encontrada “glándula”, y devuelve al hombre a su origen animal, no sobrenatural. Y es que la ciencia, en su coherencia evolucionista de la vida, no puede admitir el momento acientífico del “soplo divino”, ese instante sublime de la revelación del “Verbo”, justo cuando el lenguaje transformó al primate en sapiens: Dios es el verbo, dice la religión. El verbo es el cerebro, o sea, naturaleza, afirma la ciencia… aunque todavía no pueda demostrarlo del todo. Pues bien, en esta querella de improbable solución radica el origen del antitaurinismo animalista, cuyo abolicionismo se basa en la ascensión casi humana del nuevo estatus animal y la descensión casi animal del nuevo estatus humano. Algo tan duro como cierto. Y cierto es que dicha creencia ha hecho carne en la sociedad occidental, en todos sus niveles.

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Basta comprobarlo en las ficciones televisivas, donde el sacrificio animal esta rigurosamente censurado, a la par que se complacen en el espectáculo lúdico de descuartizamientos, disecciones y torturas del cuerpo humano: algo que ocurre hoy, un suceso ficcional muy reciente. Dos siglos antes, cuando el hombre no desconocía la eterna lucha por la supervivencia entre las especies y la muerte especifica se veía como algo natural -ahora obviamente persiste, pero se oculta-, la tauromaquia pudo desarrollarse -siempre bajo ciertas cautelas- con suficiente libertad.

 

El siglo XIX desarrolla el método selectivo del toro de lidia y las claves de su manejo y crianza. Todavía las pruebas al macho son muy primarias, se hacen para comprobar si embiste o no, y en consecuencia enviarlo a la plaza o al matadero. Se cree que la riqueza genética de un macho, avalada por el comportamiento de sus antepasados, es suficiente para que procree, y de las vacas se estima que todas son bravas. De hecho, varios sementales conviven y cubren las vacas, sin que se sepa a ciencia cierta quien es hijo de quien.

 

No existe el libro de tienta, porque no existe la tienta, al menos como hoy la entendemos, y el libro de plaza para los toros de lidia es demasiado sucinto, un solo adjetivo califica a cada toro. Pero como quiera que sea, algo hacían bien aquellos ganaderos, por cuanto los diversos encastes que componen la cabaña brava muestran, afinan cada vez más, el estilo de bravura que los diferencia.

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La ganadería y la lidia interactúan, y si la tienta se limita durante muchos años a comprobar el comportamiento de la res ante el caballo, lo cierto es que a lo largo de casi todo el siglo XIX, el primer tercio prepondera sobre los otros dos. La prueba de machos para sementales es más tardía, así como la selección de lotes de vacas. Se empieza a puntuar el juego de las vacas en los engaños poco a poco, y finalmente, se valoran sus embestidas a la muleta, a medida que los toreros acrecen su repertorio, hacen preguntas más sutiles al toro y a la vaca, por colocación, toques con los engaños y toques a la voz, embarque y travesía de los viajes, mientras son toreados. El tentadero, que retrata en su totalidad la bravura de una res, termina su culminación tras la revolución belmontina que da origen al siglo XX taurino.

 

Ese largo transito lo vive la ganadería brava bajo embates, muchas veces tormentosos, de índole política, agropecuaria y taurómaca. Todos ellos se combinan y a veces coinciden en el tiempo. Por ejemplo, la desamortización de los grandes territorios de la Iglesia en España y las ventas nobiliarias a los nuevos amos del dinero coinciden con la independencia de México y el consiguiente trasvase de las grandes propiedades agropecuarias de unas manos a otras. Todavía subsiste un breve tiempo la estancia del toro bravo en los grandes asentamientos, pero ya ocupando los terrenos menos fértiles. Más tarde, las sucesivas reformas agrarias lo irán desplazando a tierras más baldías, algunas francamente inhóspitas, un proceso en el que el bovino bravo revela una sorprendente capacidad de adaptación y el ganadero se muestra como un agente protector de imprescindible ayuda. En España, ambos encuentran el refugio inestimable de la dehesa, del monte bajo, mientras perviven, en menor cuantía, las poblaciones bovinas de las marismas, y también otras expulsadas a zonas de secano poco productivas. En México, el repliegue es muy drástico a partir de la reforma agraria del Presidente Cárdenas, de nulo resultado productivo, dicho sea de paso. En todo el altiplano, los ganaderos se convierten en verdaderos zahoríes en busca de agua, pero en el desierto, donde también descubren pozos, a nadie le importa las extensiones que ocupe el bravo. Más lenta, y más antigua, fue la desaparición del toro bravo en tierras del norte de España, seguramente debido al imperio del minifundio y a la feracidad de la tierra. Y en el sur de Francia, el ganado camargués mantuvo su acomodo en la marisma, y el poco ganado landés, en inmensas masas forestales. La implantación de verdaderas ganaderías de bravo en Suramérica es reciente y me parece que su asentamiento no presentó mayor problema, dados los grandes espacios disponibles y su casi general ubicación en zonas semiselváticas o de montaña.

 

El éxodo territorial del ganado bravo tiene un vector determinante, el productivo, la invasión agrícola derivada de la industria alimentaria, y un matiz ideológico motivado por el origen de la propiedad del toro: órdenes religiosas y nobiliarias, grandes terratenientes y, finalmente, pequeños propietarios de la tierra. De ahí que en Portugal, tras la Revolución de los Claveles, los ganaderos pasaran un (mal rato inicial y que, por el marco prudente que ya constituía el hábitat del toro, la cosa no llegara a mayores. En efecto, media un abismo entre las grandes extensiones en manos de la Iglesia y las pequeñas fincas actuales, cuyo promedio va de las seiscientas a las mil hectáreas.

 

Es decir, una pequeña explotación pecuaria, equivalente a la “pyme” de otros sectores productivos, con poca facturación en todos los casos y baja o nula rentabilidad en la mayoría de ellos. De esta evolución, y del flagrante desconocimiento de la transformación del gran terrateniente en un artesano creador de bravura, procede el tufo a “antiguo régimen” que desprestigia, salvo entre los aficionados, la figura social del actual criador de bravo. A estas alturas, se trata de un inconsistente pero vigente prejuicio ideológico.

 

¿En que se funda, entonces, la obstinación del ganadero por persistir en su oficio? Sin duda, en la fascinación de su quehacer creativo. No es lo mismo producir papas que elaborar “Vega-Sicilia”, tampoco lo es engordar toros de carne que hacer toros bravos. La bravura implica la inmersión del hombre en ese rondo misterioso, telúrico, del comportamiento animal que le lleva a una empírica y aleatoria indagación genética -la única posible-, a la construcción de un paraíso ecológico diseñado para que el toro acreciente su alma brava; a un ordenamiento acotado de la naturaleza que preserve su estatus de libertad protegida en grandes espacios; a la conservación de usos tradicionales como la preservación y renovación de arboleda y pastos o el uso del caballo como compañero de trabajo; a la incorporación de nuevos métodos de crianza, nutrición, entrenamiento, saneamiento y curación de las reses; y a la consumación económica de todo ello en un mercado aleatorio, determinado por la calidad del trabajo ganadero, pero mediatizado por el gusto -de matadores y públicos- y más influido que cualquier otro sector por la intervención de la suerte. Del azar genético al azar de la lidia, entre esos dos extremos bascula la vida del ganadero de bravo. No es extraño que la considere una manera, muy singular de vivir.

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¿Y todo esto para que, para torear y matar un toro?, se pregunta el hombre profano en tauromaquia. No, responde el aficionado, para lidiarlo y conocerlo, para gozarlo mediante el toreo y para matarlo cuando ha dicho todo lo que tenía que decir, justo en ese momento patético y catárquico de la verdad, exactamente cuando por primera vez su vida ya no tiene objeto. Así, a la degradante matanza industrial opone el toro bravo su muerte digna, y frente al zarpazo final y letal de la naturaleza anticipa su muerte heroica. Una manera de morir que tiene premio: si en el matadero nada podrá apaciguar su instinto de muerte -la sedación tan solo palía su dolor-, su lucha brava en la lidia lo arrincona definitivamente y alivia su dolor y su estrés. La plaza de toros es la antítesis del matadero.                                *

 

El libro, VIDA Y LIDIA DEL TORO BRAVO  a la venta en la

Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia

Leibnitz Num 47 piso 3

Col. Anzures

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COSTO $500.00

 

 


 

 

GOLONDRINAS: SIGLO Y MEDIO DE CRIANZA DEL TORO DE LIDIA

BOLETIN. MIÉRCOLES 11 DE MAYO.-

PEÑANIETO

Durante la 80 asamblea anual de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas, fue entregada al propietario de Golondrinas, Don Oscar Domínguez Escobar, la medalla presidencial al mérito ganadero. La cual recibió de manos del Presidente de México, Enrique Peña Nieto en la ciudad de Tijuana, Baja California.
De regreso a su rancho en Nuevo León, el ganadero galardonado señaló: “estoy muy agradecido con quienes a través de su voto influyeron para que recayera esta medalla en mi persona”.
Agregó: “fue muy emotivo el acto en el que me entregaron la medalla, ya que el presidente Enrique Peña Nieto fue muy atento conmigo. Aún sigo emocionado por lo inesperado que fue recibir este reconocimiento”.
Este criador de toros de lidia reconoció que la medalla lo ha hecho sentir renovado: “porque venimos de una sequía muy severa de varios años, con todo lo que implica de problemática. Tengo cuatro hijos y estoy buscando… digamos…´una jubilación´. Uno de mis hijos, Oscar Domínguez Holguín es quien se está adentrando más en la ganadería”. A la entrega de la medalla presidencial, asistió con su esposa, Corina Holguín de Domínguez.
Recordó que se presentó con una novillada en la Plaza México en 1977, pero que sólo ha lidiado un toro en ese coso, el cual, correspondió al rejoneador Rodrigo Santos. Sin embargo aún no se ha presentado con una corrida de toros completa en el coso capitalino.

MEDALLA
Entre sus triunfos recientes, destacó el indulto de uno de sus toros por parte de Joselito Adame en la plaza de Cadereyta, donde volverá a lidiar próximamente.
Esta ganadería tiene 146 años en manos de la misma familia, es decir, casi siglo y medio de dedicación a la crianza del toros de lidia, por ello, es fundamental conocer su historia, la cual, presentamos a continuación, en base al libro, Nuestro Toro, editado por la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lida, y actualizada por el propio Oscar Domínguez Escobar.
HISTORIA DE LA GANADEÍA
Esta dehesa tiene una fecha de fundación que data de 1870. Se ubica en el municipio de Lampazos de Naranjo en el estado de Nuevo León, en una extensión más de seis mil hectáreas en la que cuenta con aproximadamente 200 vientres.
De acuerdo a los datos del libro, Nuestro Toro, editado por la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lida, se establece como fundador a Don Pascual Lecea procedente del país vasco en España, hace 146 años.
A su muerte, heredó la hacienda a su hija Doña Blasa Lecea quien vio por ella el primer cuarto de siglo, de 1900 a 1925, empezando a lidiar por aquellos remotos años. De esa época existe un cartel de Bustamante, N. L., correspondiente a 1906 en que se lidiaron toros de Golondrinas.
Esta dehesa sobrevivió a la Revolución Mexicana. Más adelante, los hijos de Blasa Lacea se hicieron cargo de la ganadería. Don Jacobo y Don José María Domínguez Lecea, dieron un nuevo impulso a esta casa.
En el año de 1931 incluyeron ocho sementales de la ganadería de Malpaso. En 1937 adquirieron un lote de vacas de Jalpa con el semental “Rumboso”, No. 182 de la misma procedencia que había sido indultado por Alfonso Ramírez “El Calesero”.
En 1942 agregaron 50 vacas de las cuales 40 fueron de Pastejé y diez de San Diego de los Padres, así como dos sementales uno de Pastejé “Algareño” y otro de Piedras Negras “Tabaquero”. En 1948 sumaron un semental de Zacatepec.
Para 1957 agregaron dos sementales de Coaxamaluca que habían sido indultados la misma tarde, “Andaluz” por Humberto Moro y “Aventurero” por Jaime bravo. En 1960 se trajeron 30 vacas y 2 sementales de Jesús Cabrera “Golondrino” y “Chilero”.
A partir de 1972,a la muerte de Don Jacobo, esta casa ganadera se convierte en propiedad de Don Oscar Domínguez Escobar, quien en 1976 incorporó al toro “Caminero” de Valparaíso que le ligara extraordinariamente. Ese ejemplar fue indultado por Mariano Ramos en la Monumental de Monterrey y padreó ahí cinco años.
Se presentó en la Monumental Plaza de Toros México el 7 de agosto de 1977 con seis novillos para Mario Escobedo “El Regio”, Rafael Sandoval y José Antonio González “Chilolïn”.
Para 1978 trajo dos sementales de Tequisquiapan, “Sardinero” y “Aventurero”. En 1982 agregó tres sementales de San Mateo uno de ellos “Gorra Prieta” que había sido indultado por Jorge Gutiérrez en El Nuevo Progreso de Guadalajara; además de “Soñador” y “Tapatío”.
Cabe aclarar que por cada toro comprado le prestaron uno por un año, fueron el 3, el 5 y el 70, agregando en 1992 el toro No. 106 de San Mateo y en 1994, un semental llamado “Capricho” de Reyes Huerta que indultara Eloy Cavazos en El Relicario de la ciudad de Puebla.
Otro de los sementales importantes para la crianza es el número 29 de Fernando de la Mora que entró a padrear a partir de 2006. Así como los propios astados que ya han dado grandes satisfacciones a esta ganadería.

Incluimos fotografías, así como el link para ver el video de la Ganadería Golondrinas realizado por el programa México Bravo:
https://www.youtube.com/embed/x7JdDSHH3Zo

 

 


 

Excélsior | El periódico de la vida nacional

 

Armando Salinas Torre

El México de El Pana

La riqueza cultural de nuestro país tiene una extraordinaria amplitud de expresiones. Rodolfo Rodríguez El Pana, torero auténtico por original, es una de esas expresiones de mexicanidad dignas de mención y reconocimiento.

11 de Mayo de 2016

El Pana es una expresión tan rural y urbana como un corrido de José Alfredo Jiménez, como una canción de Chava Flores y, a la vez, también una expresión tan pura que lo hace distinto; es una personalidad que nace como consecuencia de la lucha cotidiana con la vida, donde en ocasiones lidiaba los toros que nadie quería torear, que en brazos de una mujer, a quienes, por cierto, siempre expresó su infinita gratitud. Él es una expresión tan pura que lo hace distinto a lo que muchos buscan y no lo encuentran.

El primero de mayo pasado, en la Plaza de Toros de Ciudad Lerdo, Durango, cuando a sus 64 años de edad enfrentaba a su segundo toro, El Pana recibió un golpe que lo lanzó por el aire y, al caer, lo hizo con el mentón, generando una gran presión en las cervicales que lo dejó parapléjico, esto evidencia el falso debate con respecto a la prohibición de las corridas, bajo el argumento de la desventaja del animal frente al torero.

El Pana siempre ha tenido muy claro su destino por trascender, ha creado, con ironía y picardía, tanto su decir como su hacer, se enfrenta al grande y poderoso, pero abraza al débil, se ríe de la vida y de la muerte y asume las consecuencias.

Es un torero orgulloso de su pueblo tlaxcalteca y personificador de muchos corridos populares. Su aportación al toreo tiene la esencia de la expresión mexicana con aroma de un buen puro, el colorido de un sarape y la autenticidad del pulque.

El Pana es un torero que se ha hecho a sí mismo con esfuerzo, valor y dignidad; valores que escasean en general en la actualidad. Toda vez que vivimos en un mundo en el que priva la comercialización de la imagen, sin importar los valores reales que la soportan.

Las faenas que se narran sobre el torero tlaxcalteca no se circunscriben a las plazas de toros en las que conquistó el reconocimiento de nacionales y extranjeros, sino a la vida que ha enfrentado desde su niñez rodeada de enriquecedoras carencias, pero sobre todo de anécdotas que recrean la vida de un mexicano que se hace con el esfuerzo y deseo de ser figura del toreo.

Reconozco el derecho a disentir de muchos lectores, a quienes respeto su punto de vista, aunque no lo comparta, puesto que existimos millones de mexicanos que nos formamos desde nuestra infancia, algunos por cuenta propia y otros por tradición familiar, por el aprecio, respeto y admiración de lo que para nosotros es el arte y cultura de la tauromaquia.

Hoy lamentamos que un mexicano, como El Pana, que ha abierto brecha y servido de inspiración para muchos, esté padeciendo a lo que están expuestos quienes, como él, ofrecen su vida e integridad para una fiesta que se celebra en todas las plazas de toros de nuestro país. Una tradición que inició hace casi 500 años en nuestro país y que goza de cabal salud.

Desde hace varios años, Rodolfo Rodríguez construye la leyenda de alguien más grande que él y con mayor trascendencia: El Pana. Estoy seguro de que ahora resonarán con mayor fuerza los triunfos que tuvo en capeas, novilladas y corridas en el mundo de los toros pero, sobre todo, en el corazón de muchos que hemos soñado con sostener un capote y enfrentarnos no sólo al toro, sino a la bestia de mil cabezas que es más exigente, muchas veces, que el animal mismo.

México tiene muchos retos por delante, pero poco podrá hacer en la medida en que vaya mermando con el tiempo la riqueza cultural y artística de su pueblo, como son las corridas de toros, en donde cualquier mexicano que quiera con pasión, esfuerzo, valentía y dignidad, como nuestro querido y apreciado Pana, conquistar el corazón, el alma y las ilusiones e inspirar a sus compatriotas a seguir aportando al toreo universal.

Nuestras oraciones serán para aliviar el dolor y sufrimiento que aquejan a nuestro amigo y a su familia. Reafirmo mi reconocimiento a quienes, como él, hacen de nuestras tradiciones la esencia de nuestro país, del cual estamos orgullosos y deseamos que las próximas generaciones también puedan disfrutar de ellas.

 

 


 

 

“Es una apuesta por mi carrera”: Hilda (audio)

Por: Jorge Raúl Nacif | Foto: Archivo
Miércoles, 11 de Mayo del 2016 | México, D.F.

En la siguiente entrevista de audio, la matadora michoacana Hilda Tenorio comparte sus sensaciones ante la encerrona que protagonizará el domingo en el lienzo charro “División del Norte”, de Tepotzotlán, Estado de México, que marcará su reaparición en los ruedos.

Los nombres de los toros de Brito, generados a través de una dinámica de Hilda a través de las redes sociales y que tiene que ver con su carrera, son: “Don Pepe”, “Tenaz”, “Monarca”, “Padres Benditos”, “Fiesta Futura” y “Único”.

 

 


 

 

Historia: En recuerdo de Monosabio

Por: Francisco Coello Ugalde | Foto: Archivo
Miércoles, 11 de Mayo del 2016 | México, D.F.

Carlos Quiroz (ca. 1880-11 de mayo de 1940), mejor conocido en el medio periodístico de entre siglos –XIX y XX respectivamente-, como Monosabio, fue un personaje poseedor de esa acabada y envidiable experiencia como taurino, misma que puso al servicio de la prensa al fundar un semanario que llevó el curioso y a la vez incómodo título de “Ratas y Mamarrachos”, cuyo primer número salió publicado el 11 de octubre de 1903, donde expresaba que “Es costumbre en toda publicación que ve por vez primera la luz pública, que en el primer número expongan sus redactores el programa a que han de ajustar sus actos, la norma que ha de regir su conducta y que manifiesten cuáles son sus aspiraciones, cuáles sus ideales.

“Siguiendo esta costumbre, el grupo de aficionados al viril espectáculo español que se han reunido a fin de sostener este periódico, sin más móvil, sin más intereses que contribuir con su grano de arena al engrandecimiento y prosperidad de fiesta tan hermosa y tan arraigada en nuestras costumbres; hacen hoy ante sus lectores, aunque sea en pocas líneas, ya que el tamaño que por ahora tiene este periódico no permite extenderse lo que desearan la protesta de rigor y al mismo tiempo ponen de manifiesto lo que ellos pueden dar de sí, y lo que esperan del público aficionado”.

…Y terminaba escribiendo:

“Los redactores de éste periódico harán lo imposible por sostenerse lo más que pueden, pero necesitan de la valiosa ayuda de la afición y eso es lo único que humildemente solicitan”.

Dicha publicación pudo mantenerse en el gusto de los aficionados hasta 1911, año en que se tienen los últimos datos de su pervivencia.

Poco antes de que terminara el siglo XIX, Carlos Quiroz ya había conseguido una corresponsalía con “Sol y Sombra”, una de las publicaciones españolas que adquirieron muy pronto el reconocimiento de los aficionados de aquí y de allá, puesto que su diseño moderno –para entonces-, le daba atractivas posibilidades de entrar en el gusto de cuantos desearan estar al día en cosas de la tauromaquia. El buen papel, el proceso fotomecánico que también daba un toque de modernidad, pero sobre todo las plumas que firmaban crónicas, editoriales, reseñas y demás, la hizo brillar con luz propia. En ese sentido, Monosabio enviaba puntualmente sus apuntes sobre la que fue última temporada en Bucareli (1899), y luego todas aquellas que daban cuenta de lo ocurrido en la plaza de toros México, inaugurada en diciembre de aquel mismo año, hasta poco antes de 1910, en que ya no se publicaron. Este asunto no era novedad, pues años atrás el también periodista Julio Bonilla, había logrado insertarse, con su firma, o a través de la Agencia Taurina de México, fundada en 1885 en otros tantos diarios o semanarios españoles de corte eminentemente taurino, extendiendo así la labor que realizaba cada ocho días en “El Arte de la Lidia” (1886-1911).

Carlos Quiroz, junto a Lauro E. Rosell, reconocido fotógrafo y diletante de la historia, fueron inseparables en aquella etapa con “Sol y Sombra”, y a no dudar, ambos deben haber decidido seguir su ruta entregándose en la elaboración de “Ratas y Mamarrachos”.

Por cuanto se conoce sobre el legado de Monosabio, personaje que está a la espera de un reposado análisis, no solo en su obra. También en su personalidad, e incluso en sus debilidades que lo encaminaron al descrédito popular, se sabe que adquirió un conocimiento invaluable en la forma de escribir de toros, lo que supone el hecho de que para esos años iniciales del siglo XX, era ya el resultado de muchas de las aspiraciones que se habían impuesto varios lustros atrás, personajes como

Eduardo Noriega, Pedro Pablo Rangel, Carlos M. López o Carlos Cuesta Baquero… pero sobre todo aquel cenáculo que fue el Centro Taurino Espada Pedro Romero.

Y pasaron los años, con lo que ya un Carlos Quiroz maduro se convirtió en colaborador tanto en “El Universal” como en “El Universal Taurino”. Imposible no dejar de recordar también su aportación bibliográfica más importante: la entrevista que realizó en vísperas de la despedida de Rodolfo Gaona, misma que se convirtió en el célebre libro “Mis veinte años de torero”, que alcanzó varias ediciones, entre 1924 y 1925. Por alguna razón Monosabio cayó en las tentaciones y a cambio de escribir maravillas demandaba el “unto mexicano”. Pero si este no llegaba, las notas podían ser demoledoras, como fue lo ocurrido en más de una ocasión. Así lo recuerda en “directo” José Julio Barbabosa, quien para el 30 de diciembre de 1926, apuntaba en sus Memorias: “Olvidé escribir el 14 del presente, cuando informé del juego de los toros de Atenco, el 12 de este mismo mes, que mi implacable enemigo Monosabio, al informar en el Universal de la corrida, dijo “que los toros de Atenco habían resultado así, porque como estuvieron juntos con los de Santín en los corrales de la plaza estos les pegaron su mansedumbre” ¿Se dará infamia mayor?”

Se sabe también que Quiroz fue uno de los co-fundadores del célebre tabloide “Ovaciones” que hoy día sigue circulando en nuestro país. Pero el incordio que padeció casi al final de sus días alcanzó niveles de auténtico descontento. En los últimos años de la tercera década del siglo XX, construyó una campaña de desprestigio contra Alberto Balderas. La entonces célebre agrupación denominada La Porra, sector de aficionados que se forjaron al calor de aquellas tardes en que el Torero de México, junto a Armillita, Jesús Solórzano, Carnicerito de México o Lorenzo Garza, entre otros se disputaban las palmas como auténticos guerreros se dio cuenta de aquello, e incluso sus integrantes hicieron circular su propia publicación poniendo al célebre periodista como “lazo de cochino”.

Algo no funcionó bien en la forma de pensar de Monosabio, por lo que al llegar una tarde a la plaza y nada más sentarse en su barrera, comenzó a ser hostigado por La Porra al punto de que todos ellos y a una voz comenzaran a gritarle ¡Monoburro, Monoburro!, mientras llegaba hasta su lugar una paca de alfalfa que en fina dedicatoria le enviaron…, precisamente los de La Porra. Carlos Quiroz tuvo que salir de la plaza prácticamente humillado. Todavía, dos años después de su muerte, Martín Luis Guzmán debatía aquel proceder en “El Estado de la Cuestión”, reportaje que aparecido en “El Tiempo”, mismo que se convertía en evidencia de las debilidades que este y otros periodistas tuvieron entre sus actividades cotidianas.

El legado de Carlos Quiroz es rico en materia de estudio. Hombre de carne, hueso y espíritu tuvo virtudes y defectos. Al margen de todas estas razones, conviene, como ya se dijo, un profundo análisis a su obra que es amplia, caudalosa, pero sobre todo rica en testimonios sobre el que fue aquel significativo cambio que registró la tauromaquia mexicana durante los primeros cuarenta años del siglo XX.

 


 

 

 

500 años de Tauromaquia en México (XI)

La tesis de Nicolás Rangel sobre el origen de Atenco


La imagen del toro de Atenco

Se ha dado siempre como un hecho probado que la simiente con el que se formó la ganadería de Atenco, en la segunda mitad del siglo XVI, procedía de los doce pares de hembras y machos que habían sido adquiridos en la provincia española de Navarra. Semejante origen luego se ha comprobado hasta cierto punto incierto. En realidad, parece mejor que la ganadería como tal se remonta a mediados del siglo XVII, teniendo como promotor al Conde de Santiago, que fue quien adquirió las puntas de reses de la ganadería española de Pérez Laborda.

Actualizado 10 mayo 2016
José Francisco Coello Ugalde, historiador

 

Tal parece que la historia puede corregirse cuando ciertos datos considerados como infalibles, se les descubre en medio de un mal manejo e interpretación.

Es de sobra conocido entre aficionados y lectores a los toros, el planteamiento expuesto por Nicolás Rangel acerca del pie de simiente con el que se formó la hacienda de Atenco desde la segunda mitad del siglo XVI. Argumentaba la incorporación de doce pares de hembras y machos que habían sido adquiridos en la provincia española de Navarra.

Personalmente era difícil creer tesis tan arriesgada si entonces no estaba constituida ninguna hacienda ganadera, de modo profesional, tanto en la península como en la Nueva España. Tal cual ocurrió hasta fines del siglo XVIII con la de Aleas en España, y un siglo después en México con las de Atenco, Cazadero o Tepeyahualco, donde se estableció un esquema de actividades ganaderas muy concretas que afirmaron el concepto.

Sin embargo, frente a todo esto, ha aparecido una nueva luz en el panorama que desplaza cierto opacamiento de la que proyectó Rangel desde 1924. No es un descubrimiento en cuanto tal, pero llama la atención por el hecho de que es una información publicada 37 y 40 años respectivamente antes que la famosa HISTORIA DEL TOREO EN MÉXICO mostrara las conclusiones sobre el origen incierto en cuanto al pie de simiente de la hacienda de Atenco. Bajo ese nuevo brillo veremos que el pasado tiene encerrado un misterio que ahora nos ofrece generoso para explicarlo cada vez con mayor facilidad y seguir así, la ruta más adecuada.

Otro apunte que también crea un interesante territorio de dudas, es el que nos proporciona datos sobre una actuación de Bernardo Gaviño en Puebla, allá por 1858. Dice la nota recogida de la obra de Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y España. 1519-1969:

PLAZA DEL PASEO NUEVO, PUEBLA

En 1858 fue nuevamente reedificada dicha plaza, estrenándola -así fue anunciado- Bernardo Gaviño, llevando de segundo espada a Pablo Mendoza, con toros de Atenco, “entonces ganadería recientemente fundada”. Fueron los festejos, para celebrar los Días de Todos Santos, la primera semana del mes de noviembre.[1]

Lo anterior nos presenta un amplio panorama de exploración, mismo que queda sujeto a los avances considerados en esta tesis doctoral.
Atenco en la actualidad. (Foto del autor)
El dato que contrasta con lo dicho por Rangel[2] apareció en El Arte de la Lidia, año III, Nº 32 del 12 de junio de 1887:

LAS GANADERÍAS
ATENCO

La muy acreditada ganadería de Atenco, existente en el estado de México, se debe al conde de Santiago, desde el siglo pasado, que por su cuenta se trajeron de España, procedentes de la provincia de Navarra, los primeros doce pares de machos y hembras, siendo la segunda remesa de cincuenta pares.

Estas reses tienen las condiciones de la ganadería de Pérez Laborda, distinguiéndose y principalmente por su color, que es colorado, josco y en general por su figura aleonada, sobre todo en los cuartos delanteros y musculación de las piernas. Aunque chicos de cuerpo, son bravos, de mucho poder, ligeros codiciosos y francos, distinguiéndose en particular de las demás ganaderías, en el primero y tercer tercio de la lidia, pues como se ha visto siempre el toro de Atenco, aunque se sienta bastante herido, se engarrota para no caer, viéndose muchas veces que por coger a su adversario se le ve llorar por no poder vengarse, y algunos toros exhalan el último suspiro casi en pie. Todas estas condiciones las tienen, como se ha dicho, la ganadería de Pérez Laborda, en España, por lo que se cree, son hermanos.

La época buena en México, de los toros de Atenco, fue en los años de 1830 a 1866, en que la ganadería estaba en todo su apogeo, existiendo de 4 a 6.000 reses bravas, pudiéndose sacar entonces para lidiarlos de 400 a 600 toros, el menor de 6 años. Razón por qué en aquella época fueron tan notables los toros de Atenco en varias plazas de la república, principalmente en los circos taurinos de San Pablo y Paseo Nuevo de esta capital.

En varias épocas, los toros de Atenco han jugado en competencia con algunas ganaderías de bastante nombre, como la del “Cazadero”, pero hasta ahora no se ha dado el caso de que se les haya superado en ley y bravura.

Es muy raro el toro de Atenco que no recibe seis varas con voluntad y muchas veces se ha visto caer a los toros en medio del ruedo, acalambrados por su condición y ley. En varios apuntes que hemos visto en la hacienda, aparece que en una corrida que se verificó en la plaza del Paseo, a beneficio de la misma hacienda, se lidió un toro llamado “El León” de magnífica estampa y de una bravura a toda prueba. Este toro dejó tres veces la plaza limpia de picadores y toreros, ocasionó 20 caídas, y mató 18 caballos, llegando después con muchísimas facultades al último tercio en que fue muerto por el renombrado espada, Bernardo Gaviño.

Sería muy largo dar a conocer otros muchos hechos semejantes, que con razón le han dado tanta fama a la ganadería de Atenco.

SERVOLINI
____________________

[1] Heriberto Lanfranchi: La fiesta brava en México y en España 1519-1969, 2 tomos, prólogo de Eleuterio Martínez. México, Editorial Siqueo, 1971-1978. Ils., fots., T. I., p. 163.

[2] Esta afirmación periodística podría no ser la más confiable, pero sí una de las pocas con las cuales se puede conseguir un contraste. Más luces al respecto del andamiaje que se fue construyendo en torno a la ganadería de Atenco, por lo menos durante la segunda mitad del siglo XIX.

Nota y advertencia:

Estas y otras apreciaciones concebidas para la presente serie, provienen en esencia, de mi proyecto de tesis doctoral en Historia (pendiente de presentar en el examen de grado), y que lleva el título:

“ATENCO: LA GANADERÍA DE TOROS BRAVOS MÁS IMPORTANTE DEL SIGLO XIX. ESPLENDOR Y PERMANENCIA”, de la que comparto los siguientes avances:

Tesis doctoral. Extensión: 251 p. + 134 + 797 p. (Anexos). Corresponde a la serie: “Aportaciones Histórico Taurinas Mexicanas” N° 16.

INDICE
INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I
LA HACIENDA GANADERA DE ATENCO.
ORÍGENES DE LA HACIENDA DE ATENCO Y DE LA GANADERÍA EN MÉXICO.
Su ubicación geográfica y población.
Encomienda.
Los Gutiérrez Altamirano y su descendencia.
Desarrollo y actividades al interior de la ganadería de toros bravos de Atenco.
Ganados que se establecieron en la Nueva España.
La tesis de Nicolás Rangel
Agricultura y ganadería de 1821 a 1900.
Conclusiones.

CAPÍTULO II
ALGUNOS ASPECTOS DEL ESPECTÁCULO TAURINO EN EL MÉXICO DEL XIX.
a)El toreo antes y después de la independencia.
b)El toreo a partir de “su” Independencia.
c)Otras manifestaciones del espectáculo.
d)La presencia de Atenco: aliento fundamental en la fiesta taurina decimonónica.
e)Conclusiones.

CAPÍTULO III
ESPLENDOR Y PERMANENCIA DE ATENCO, BAJO LA INFLUENCIA DE BERNARDO GAVIÑO.
a)Esplendor y permanencia en Atenco: 1815-1900.
Volumen, método y eficacia: tres instrumentos que calibran la dimensión de esta hacienda en cuanto a ganado bravo se refiere.
b)Bernardo Gaviño: Influencia definitiva.
c)Los aspectos cualitativos y cuantitativos que garantizaron la presencia de esta hacienda en el espectáculo taurino durante el siglo XIX.
d)Conclusiones.

CAPÍTULO IV
a)Criterios para la selección del ganado. La crianza: nueva palabra en las tareas campiranas.
b)Diestros influyentes en la selección del ganado atenqueño.
c)El toro español y su influencia en Atenco.
d)Surgimiento de una ganadería “profesional” bajo el control de la familia Barbabosa a fines del siglo XIX.
e)Cambios y perspectivas para la ganadería de Atenco en el siglo XIX.
f)Conclusiones generales.

BIBLIOGRAFÍA

ANEXOS
Anexo Nº 1: Archivos y colecciones particulares. Biblioteca Nacional (Fondo Reservado). Fondo: Condes Santiago de Calimaya.

Anexo Nº 2:
1.-documentos proporcionados por el Sr. Jaime Infante Azamar.
2.-datos sobre la última etapa de control de la familia Cervantes en sus principales propiedades.
3.-datos sobre la “cerca” o el “cercado” que se levantó en Atenco a mediados del siglo XVI.
4.-algunas ideas e imágenes sobre los latifundios en México.

Anexo N° 3: Datos sobre la “cerca” o el “cercado” que se levantó en Atenco a mediados del siglo XVI.

Anexo Nº 4: Glosario de términos especializados.

Anexo Nº 5: Sección de imágenes, cuadros y gráficas.

Anexo Nº 6: Apuntes anecdóticos de Juan Corona, picador en la cuadrilla de Bernardo Gaviño cuando este se asomaba a la gloria.

Anexo Nº 7: Las primeras lecturas llegadas a México desde España. La irrupción de la prensa taurina. Otras tauromaquias reeditadas en México. Domingo Ibarra. El centro taurino “Espada Pedro Romero”, las obras de Rafael Medina.

Anexo Nº 8: Participación del ganado bravo de Atenco durante el siglo XIX Mexicano (de 1815 a 1915).

 

 


 

INFO CNOG 35 Consejo Directivo 2013-2016 a

INFO CNOG 35 Consejo Directivo 2013-2016 b

INFO CNOG 35 Consejo Directivo 2013-2016 c

INFO CNOG 36 Agroasemex a

INFO CNOG 36 Agroasemex b

 

 


 

 

En la videoteca de Proyecto40 están los programas anteriores:

Termina la fiesta taurina en Aguascalientes – Videoteca

 

 

 


 

 

Calita tienta en San José

Publicado por Redacción el 9/5/2016

El matador Ernesto Javier Calita realizó labores de campo en la ganadería de San José, propiedad de José Arturo Jiménez Mangas, el diestro disfrutó de la bravura de tres vacas y dos novillos.

El escrupuloso ganadero aprobó los novillos para sementales.

Calita estará actuando el próximo 15 de mayo en la localidad de Calkini,Campeche, en donde sostendrá un mano a mano con el matador ecuatoriano Guillermo Alban ante ejemplares de San Rafael.

 


 

 

La revolera

Agua, barro y aburrimiento

Por Paco Mora
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Hoy la cosa se ha arreglado un poco gracias a un buen sexto toro y la quietud, encaje y toreo de manos bajas de mi paisano Paco Ureña, que arropado en un valor cuasi espartano ha vuelto a rendir Madrid con armas y bagajes.
Me llama un amigo, para interesarse por mi salud; “como no leo tu billete sobre las corridas de San Isidro…”, me dice quizás con su pizca de retranca. Lo cierto es que los cinco primeros espectáculos, salvo la novillada en la que Álvaro Lorenzo dio talla de figura del toreo en ciernes y la corrida de rejones con el triunfo de Cartagena y Ventura, han resultado auténticos pestiños. La lluvia, el barro y la carencia de casta del ganado, unidas a la modestia de los toreros anunciados producían en mi ánimo una tristeza y un aburrimiento que no me invitaban a escribir sobre el particular.

Hoy la cosa se ha arreglado un poco gracias a un buen sexto toro y la quietud, encaje y toreo de manos bajas de mi paisano Paco Ureña, que arropado en un valor cuasi espartano ha vuelto a rendir Madrid con armas y bagajes. Ya en su primero, que se ha movido con intermitencias entre pachón y gorrino, el lorquino ha dejado patente que está dispuesto a ponerle la muleta a todo lo que salga por los chiqueros. De todos modos, mal arranque ha tenido el serial isidril, y es que más de treinta son demasiadas corridas para los pocos toreros que interesan a priori al público. Y además, la falta de emoción de toros que se gastan todo el gas con que irrumpen en el ruedo en el choque con los caballos, convierte los tendidos en un concurso de bostezos. Y de seguir así las cosas, la gente, que está respondiendo bien en la taquilla, puede acabar regalándole su entrada a la criada, al mozo que le lleva la compra a casa, al chico de las pizzas a domicilio o al quiosquero de la esquina.

Quizás la solución estaría en que las figuras y los que llevan camino de serlo torearan cuatro tardes cada uno, y además comenzara la feria con cuatro o cinco carteles de tronío, para tratar de encender el chispazo que empujara la feria hacia adelante. Yo recuerdo muchas ferias con Marcial, Domingo Ortega, Manolete, Pepe Luis, Luis Miguel y otros toreros de épocas pretéritas anunciados hasta en seis corridas en muchos carteles, y los de menor interés, que siempre los hubo y los seguirá habiendo, intercalados hábilmente entre ellos. Y no se le caían los anillos a nadie. Pero comenzar una feria aburriendo al personal, no sé si será una buena táctica empresarial.

 


 

FERIA DE SAN ISIDRO

Gran tarde de Paco Ureña, sin espada en Madrid

El murciano ofrece una gran dimensión frente a un lote muy desigual de El Torero, corta una oreja de ley y pierde la puerta grande con los aceros
Por Íñigo Crespo
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FOTOS DE JAVIER ARROYO DEL FESTEJO

 

Fotos: JAVIER ARROYO

Muy importante fue la faena de Paco Ureña al deslucido tercero. El animal embistió con la cara por arriba y el murciano, muy paciente, muy técnico y muy valiente, fue tirando para adelante dentro de una labor que ganó peso específico de mitad en adelante. Ganó siempre la acción al astado, se cruzó bien al pitón contrario, se encajó y atalonó frente a los pitones y se apretó mucho con cada embestida. Una tanda de naturales, ejecutados de uno en uno porque el toro no repetía, tuvo especial entidad. Muy metido de verdad con el toro Paco Ureña, que mató de pinchazo y estocada y saludó la ovación del público.

Cerró plaza un buen toro de Toros de El Torero. Feo de hechuras, de tremenda arboladura, el animal sin embargo embistió con clase, movilidad, prontitud, codicia… Ureña realizó ante él una faena de mucha entrega y gran pureza. Tuvo golpes de entidad y, sobre todo, muletazos con la mano zurda soberbios. Faltó una tanda redonda, pero no era fácil conseguir la perfección dadas las condiciones del ruedo y de la tarde. Labor de mucho peso, coronada con un ramillete de trincherillas sensacional. Pinchazo, estocada y oreja de ley. Gran tarde del murciano en Las Ventas. De no ser por los pinchazos, hubiera abierto con toda justicia la puerta grande.

Abrió plaza un toro manejable, noble aunque algo falto de empuje. Templado anduvo Escribano, muy pulcro y medido por el público desde el principio. Arrancó con pases cambiados por la espalda en los medios y ejecutó después una faena templada y ligada aunque falta de intensidad ya que al toro también le faltaron finales. Pinchazo y estocada caída. Silencio.

Manejable y noble, el cuarto tuvo movilidad. Escribano se lo llevó a los medios bajo la lluvia. Antes, cuajó un buen tercio de banderillas, teniendo especial mérito el tercer par, ejecutado por dentro con mucho riesgo. Muleta en mano solventó la papeleta a base de oficio, si bien las circunstancias ensombrecieron el conjunto. Mostró facilidad y suficiencia ante el toro, siendo silenciado.

El segundo fue un toro deslucido, que se paró pronto y no dio ninguna opción. Faena tesonera y porfiona de Fandiño, en la que trató de exprimir al animal. Mató de media estocada y fue silenciado.

El quinto fue un toro malo, complicado, que desarrolló sentido, genio y mucha violencia. Resultó difícil y deslucido. No tuvo ninguna opción frente a él Fandiño. El animal fue arrastrado después de que el de Orduña marrara con los aceros y fue silenciado.

Madrid, 11 de mayo de 2016. Plaza de Las Ventas. Sexta de San Isidro. Toros de Toros de El Torero y un remiendo (5º) de Torrealta. Bien presentados y desiguales de juego. Destacó el buen sexto, un toro importante. Manejables aunque sin empuje 1º y 4º. El resto, deslucidos. El 5º, además, complicado y desarrollando peligro. Manuel Escribano, silencio en su lote; Iván Fandiño, silencio en ambos; y Paco Ureña, ovación con saludos y oreja. Entrada: Tres cuartos.

 

 


 

 

EL RINCÓN DE ROCKO

‘Cubriendo vacas’

11/05/2016 09:25
Así retrata Rocko la suspensión de la quinta de San Isidro

El Rincón de Rocko I MUNDOTORO
MUNDOTORO > Madrid

Mientras el agua caiga para abajo, exista la ley de la gravedad y el suelo sea de arena, viviremos a expensas del tiempo en el siglo XXI. Hay una cosa que se llama cubrir la plaza. Pero en el toreo, cubrir es un término moderno que habla de un macho encima de una vaca…
El artista Rocko retrata así la caricatura de la suspensión de ayer en la quinta de San Isidro.

 


 

 

Tendido 11, cultura taurina «consolidada», como forma de vida

Los bajos del coso venteño fundirán por tercer año consecutivo toros, Arte, gastronomía, exposiciones, coloquios, vanguardia y música en directo

 

11 de mayo de 2016. 18:22h
Ismael del Prado.

Mario Sandoval y Luis Martín con sus respectivas tapas de toro bravo, en la presentación del Tendido 11 de Las Ventas
C. Bejarano
Todo un clásico. Un «proyecto ambicioso ya consolidado», como coincidieron todos los presentes, que cada año se reinventa en torno al universo taurino. Tendido 11 se puso ayer de largo por tercer año consecutivo en los bajos de sombra del coso de Las Ventas para reivindicar la Cultura taurina como forma de vida. Mucho más allá de las dos horas y pico que se prolonga el festejo de cada día. Arte, gastronomía, tendencias, nuevas tecnologías y ese perenne guiño solidario del toreo reunido en el corazón taurino: Madrid.

«Queremos demostrar que estamos ante un espectáculo amplio de miras, que reúne toda una amalgama de tendencias; la Tauromaquia tiene que estar adecuada a los nuevos tiempos y estamos ante un catálogo variado que trata de satisfacer a todos los públicos», comentó el empresario del coso venteño, Manuel Martínez Erice. «El aficionado podrá disfrutar desde este prodigio tecnológico de videoarte diseñado por Javier de Juan hasta las mejores tapas con carne de lidia realizadas por un primer espada como Mario Sandoval y el chef Luis Martín, del restaurante Goizeko, pasando por exposiciones, coloquios y música en directo al término del festejo hasta la 1 de la madrugada», desglosó el máximo responsable de Taurodelta.

Como si fuera un paseíllo, por orden de alternativa, tomaron la palabra todos los protagonistas, comenzando por Javier de Juan. Su obra «Toreando la vida», más de 100 metros cuadrados en los muros internos del coso de la calle Alcalá, refleja a un grupo de personas de la calle, anónimas, ejecutando un buen puñado de suertes y movimientos del toreo de salón. «Cuando nos pusimos en contacto, me pareció una sugerencia interesantísima, porque permite sacar de esa secta en la que están imbuidos dos mundos tan cerrados como el Arte y los toros, es una manera excelente para derribar esos prejuicios, que ambas fluyan de la mano y se vean con otros ojos en todo el mundo», argumentó el alma mater de un proyecto que lleva el nombre de «Buscando el movimiento perfecto» y sobre el que descansan ya más de siete años de trabajo. Ayer, en Las Ventas, apoyado en la música del saxofonista alemán Andreas Prittwitz, se pudo comprobar «la simbiosis entre belleza y coraje como valores que esconde la lucha cotidiana, el día a día de cada ser humano».

Acto seguido, pasamos del diseño a los fogones de la mano de Mario Sandoval, acreedor de dos estrellas Michelín, que no dudó en definirse como «cocinero y orgulloso taurino» al tiempo que situó a la carne del toro bravo como «la gran desconocida de la cocina española». «Estamos ante un producto olvidado, por eso he insistido tanto en el término «Gastromaquía», porque estamos volcados en dar valor al toro una vez que llega al desolladero, su recorrido no termina ahí y tenemos que tratar de aprovecharlo… Si explotamos la carne de Wangyu o de Kobe, ¿por qué menospreciar un producto tan nuestro y tan identificativo de nuestro país como es el toro de lidia?», explicó el cocinero de «Coque».

Su tapa taurina para este San Isidro 2016, puesta de largo en directo mediante un showcooking, consistió en un ravioli meloso de tendones y rabo de toro con higos a la brasa y jugo de cochinita picante. Su colega Luis Martín, por su parte, se decantó por un capote de grana y oro con una albóndiga de rabo de toro como motor. Ambas estarán incluidas en el menú VIP de la sala Alcalá, que podrán degustar a diario los aficionados, tanto en las comidas como al término del festejo, momento en el que podrán decantarse por los coloquios o una amplia oferta de música en vivo.

Inyección solidaria del toreo

Asimismo, la Tauromaquia volvió a mostrar su lado más solidario colaborando un mayo más con la Fundación Pequeño Deseo. En esta ocasión, y gracias al maestro Curro Romero, que ha donado una calzona y un sombrero de ala ancha para la causa. Durante este mes de toros, los visitantes podrán adquirir papeletas al precio de cinco euros para tratar de hacerse con dos piezas de coleccionista con el sello del Faraón de Camas. Por ello, su presidenta, Cristina Cuadrado, agradeció «la inyección solidaria de todo el toreo y de Taurodelta», en busca de «un día a día más llevadero y con una sonrisa en la boca de nuestros pacientes».

Finalmente, en la segunda mitad de esta isidrada, a partir del próximo 24 de mayo, dos nuevas exposiciones tomarán el relevo de las actuales. Así, «La Tauromaquia es ecología» recreará una dehesa, idílico ecosistema en la que el toro bravo es rey, en los pasillos de los tendidos. Mientras, el artista Alfredo Gutiérrez Sánchez plasmará su obra «pintando con vinos».

El punto y aparte al acto llegó de la mano del presidente del Consejo de Asuntos Taurinos, Ángel Garrido, que recalcó «el apoyo y la defensa que la Comunidad de Madrid lleva a cabo por la Fiesta, un espectáculo que proporciona 12 millones de euros de beneficios directos y 200 de beneficios indirectos». «Englobar una oferta de ocio tan variada bajo el prisma del toro es una grandísima iniciativa que repercute también directamente en este espectáculo al que permite coger un soplo de aire fresco necesario», concluyó.

 

 


 

Coloquio taurino en la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba

La entrada es libre hasta completar el aforo.
Por David Zamora
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Martes 10 de mayo de 2016, 16:27h

Este jueves, 12 de mayo, a las 18:30 h, el salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba será escenario de un coloquio taurino. Bajo el título de “La Tauromaquia como expresión de libertad”, intervendrán D. Víctor J. Vázquez, Profesor de Derecho Constitucional; Juan Ortega, matador de toros; Pepe Martínez-Conradi, ganadero; y Álvaro Aguado, publicista.

La entrada es libre hasta completar el aforo.

 

 


 

Aunque los festejos taurinos dan beneficio

Las cuentas de Bilbao no cuadran por segundo año


Según Ricardo Barkala, concejal del Ayuntamiento de Bilbao y uno de los administradores de la plaza de Vista Alegre, ahora han abierto una etapa de reflexión para estudiar las opciones del futuro, después de que por segundo año consecutivo el Ejercicio de 2015 se cerrara con pérdidas. Además del habitual recurso, ya demasiado trillado, de ofrecer el recinto para otras actividades no taurinas, se han planteado otras opciones, incluso un cambio en el régimen de la propiedad. En realidad, los espectáculos taurinos propiamente dicho han arrojado unas cuentas positivas; cuando los números cambian es al sumarles los gastos de mantenimiento y gestión del recinto. Por pura lógica, eso sería lo primero a estudiar.
Actualizado 9 mayo 2016
Redacción. Servicio de Documentación

Por segundo año consecutivo, las cuentas de Bilbao no cuadran. Frente a las pérdidas de 14.939 euros de la temporada de 2014, la del pasado año ascendieron a 153.346 euros, multiplicando por diez los números rojos. Dicho de esta forma puede dar la impresión que la Plaza de Vista Alegre ha tomado una cuesta abajo que será difícil de modificar. Pero no es eso. El caso de la plaza bilbaína es bastante peculiar, comenzando por su propiedad público-privada, como para dejarlo todo en unos datos contables.

Es cierto que ha descendido la asistencia a las Corridas Generales; en el 2015 una media de 500 espectadores por día. Pero este mismo dato, si se compara con otras plazas, proporcionalmente resulta menor de lo que ocurre en otras de similar categoría. Y eso que Bilbao es una de las plazas más caras.

Según las ultimas cuentas –cuya integridad no se conocen, salvo en lo que ha comentado un miembro de la Junta, Ricardo Barkala[1]–, los ingresos de explotación –esto es: la taquilla más la parte correspondiente de los derechos de TV– ascendieron a un total de 3.224.668 euros, frente a los 3.672.435 euros de 2014; el retroceso fue, pues, de 447.767 euros.

Pero hay que tener en cuenta que en la última Semana Grande se organizó un festejo menos de los habituales, pasándose después de muchos años de 9 a 8 espectáculos mayores. Por ello, del retroceso de ingresos del orden de 400.000 euros corresponden en gran medida a ese espectáculo que no se programó. De hecho, durante 2014 el ingreso medio por festejo celebrado fue 403.084 euros; en 2015 ha sido de 408.048 euros, ligeramente superior.

Pero si los ingresos se movieron así, los gastos totales de explotación también se redujeron respecto al Ejercicio anterior. Si nos ceñimos soló a los ingresos por festejo taurinos celebrado, los gastos fueron de 2.837.204 euros, con un resultado positivo de 387.464 euros.

¿Cómo se pasa de número negros a números rojos? Sencillamente, con los gastos de gestión y de mantenimiento del recinto. A esta partida Bilbao tuvo que dedicar un total de 542.810 euros; esto es: el 16,77% de lo ingresado. En realidad, para haber empatados los números, esta partida de gastos debía haberse quedado por debajo del 15%.

Con todo no es un dato marginal que con cargo a las Corridas Generales se hayan podido afrontar más del 70% de los gastos de gestión y mantenimiento de una instalación de estas dimensiones y características. Bastaría comparar con lo que debe invertirse en cualquier otra instalación municipal para darse cuenta que no son cifras desorbitadas. Y, sobre todo, no resultan unos gastos desorbitados si se tiene en cuenta el alto nivel de la conservacion que mantienen, hasta convertir en admiración el mundo taurino las instalaciones de esta plaza y de su Museo.

Para poder acercarnos con mayor precisión a la naturaleza y realidad de estos resultados negativos habría que contar con la integridad de las cuentas. Por ejemplo, saber cuánto se dedicó propiamente al mantenimiento del edificio, cuánto supusieron los gastos administrativos y gerenciales, qué cantidades consumieron los gastos de los miembros de la Junta Administrativa –que se pasan el año de feria en feria, de ganadería en ganadería– y a cuanto alcanzó la remuneración de su asesor externo, que es quien lleva el peso de la organización.

Del análisis de todas estas partidas bien podría salir la luz necesaria para evaluar con mayor precisión cuál es la verdadera realidad económica de la plaza de la capital vizcaína. Y consecuentemente adoptar las medidas correctoras correspondientes.

La peculiaridad bilbaína

Para entender en su dimensión toda esta situación, resulta indispensable tener en cuenta que la situación de la plaza de Bilbao no es similar a ninguna otra, ni siquiera a la de Pamplona. En primer término, la plaza resulta ser propiedad al 50 por ciento de una institución pública, el Ayuntamiento, y de una entidad privada, la Casa de Misericordia[2]. La primera puede soportar los números rojos contra el déficit público o contra otras partidas de su presupuesto; la segunda, en cambio, en parte se sostiene –en medida infinitamente inferior a las épocas pasadas– con los beneficios, no tiene margen alguno para asumir perdidas.

Como una solución un tanto salomónica para resolver esta ecuación, algunos partidos de la oposición proponen que el Ayuntamiento se haga con la totalidad de la propiedad. Por lo pronto, tal propuesta no constituye ninguna novedad: hace ya años que, ante otras etapas en déficit, fueron los gestores de la propia Casa de Misericordia quienes contemplaron la posibilidad de vender su 50% a la corporación municipal. Como buen y acertado criterio desecharon tal posibilidad. Lo que hoy es muy de agradecer.

Y es que hoy, con el estado actual de la llamada “nueva política”, que afecta principalmente al ámbito local, remover de nuevo la vieja propuesta rayaría en un grave error con innumerables inconvenientes. Hasta ahora, en Bilbao toda ha discurrido con razonable normalidad por dos factores principales: la buena voluntad del partido mayoritario en el Ayuntamiento –que siempre ha sido el PNV– y el freno que suponía ese 50% independiente del control público.

Pero nadie puede garantizar que en el futuro la corporación municipal siga siendo tan respetuosa con la Tauromaquia como hasta ahora: bastaría un cambio de mayorías municipales para que Vista Alegre se viera envuelta en los mismos vaivenes que la donostiarra plaza de Illumbe. Ante esta posibilidad, que la experiencia ya dice que no es una mera suposición, entregar al sólo control de los politicos la plaza de toros no presenta más que riesgos.

La solución podría estar en otro camino

En esta coyuntura, la solución de los números rojos debería venir por otros caminos, que la Junta Administrativa necesita explorar, comenzando por su propia composición, que en más de un caso viene afectada por las propias singularidades de la política. Por ejemplo, que los cuatro vocales que deben ser independientes de la propiedad, realmente lo sean, que hoy –podría decirse, que desde hace tiempo– no lo son, sino que entran en el repartdo de los políticos.

Por otro lado, siguiendo las pautas de la auditoría, seguro que se encontrarían vías para darle la vuelta a la cuenta de resultados actual, reajustando los gastos de gestión y de mantenimiento. Al final, bien podría decirse que las cuentas anuales se transmutan en números rojos con el gasto del día a día: los costos básicos –toros, toreros, etc.– están tan tasados como los ingresos previsibles.

La fórmula mágica, que ya está inventada, de dedicar el recinto a otras actividades, tiene en este caso un punto de volatilidad. De un lado, porque si algo puede presumir hoy Bilbao es de recintos para actividades culturales y sociales, que los tiene de toda naturaleza y condición; por otro, porque presenta el hándicap de ser un recinto al aire libre en una población en la que la lluvia es un fenómeno frecuente. A su favor tiene que se trata de un recinto muy bien acondicionado para los espectadores. Por tanto, fiarlo todo a esas “otras actividades” es posible, pero no va a aportar seguridad plena a los números; al final, se acabará mirando al cielo.

Lo que no tiene ni sentido ni lógica es suprimir los festejos taurinos, como proponen algunos. A quienes sostienen esa posibilidad, habría que preguntarles de dónde van a provenir los más de 3 millones de euros que hoy ingresa Vista Alegre por este concepto. Ni aunque los Beatles resucitaran se alcanzaría esa cifra.

En último extremo, antes de entregar la plaza al control de los políticos, mucho mejor convocar un concurso de arrendamiento, en el que de seguro habría más de un aspirante, como ocurre en tantas y tantas plazas. Y en el Derecho Administrativo se dan mil fórmulas para que la externalización de la gestión no afecte a la filosofía taurina que siempre caracterizó a Bilbao, que esa debe considerarse intocable.

_______________

[1] ANE ARALUZEA, “La falta de espectadores multiplica por diez las pérdidas de Vista Alegre”. Diario “Deia”, 7 de mayo de 2016.

[2] En realidad, la primitva plaza de toros, de la que es heredera la actual Vista Alegre, era propiedad del pueblo de Bilbao, que la costeó mediante suscripción popular. Luego, la cedieron gratuitamente a la Casa de Misericordia y al Hospital Civil, para que tuvieran una fuente añadida para su financiación. Estamos hablando en las primeras décadas del siglo XX. Durante la más reciente época de la Transición, el Ayuntamiento hubo de hacerse cargo del Hospital Civil –hasta entonces de naturaleza privada– y en esa operación se encontró que dentro del Hospital venia el 50% de la propiedad de la plaza de toros; esto es, no se trató de una compra propiamente dicha, sino una operación puramente circunstancial. Conviene advertir que cuando esta operación se consolidó, la explotación de la plaza ya corría por cuenta de la propiedad, una vez que ante las pérdidas acumuladas en la anterior criisis Manolo Chopera renunció al contrato de arrendamiento, para convertirse en un asesor/gestor externo, como hoy continúan haciendo sus hijos.

 






 

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