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Por primera vez, un político ha argumentado, en la cuestión del maltrato animal, en la misma dirección en la que Mundotoro ha insistido desde hace años: la mascota como animal maltratado. Un gran negocio basado exclusivamente en el animal desnaturalizado y maltratado. Jaume Font, ex consejero de medio ambiente y representante del partido Proposta per les Illes (PI), se ha abstenido en la votación que modifica la ley de Protección de los animales cuyo fin es prohibir la Tauromaquia.En su alegación, Font ha declarado lo siguiente: ‘Si se quiere regular el maltrato animal se tiene que regular también las mascotas, entre otros asuntos’. Lo afirma un político, que, según ha podido saber este medio, no tiene afinidad alguna con la tauromaquia. Es la primera vez que un cargo público relaciona maltrato y mascota. Un político no adscrito a los grandes partidos ni a los nuevos grupos de izquierda que, insistimos, han hecho el trabajo de campo al nuevo poder económico transnacional: las multinacionales de los servicios de mascotas. Asunto afirmado por este medio desde la estrategia de prohibición de los toros en Cataluña y Barcelona.

Sobre este asunto, las cuestiones de negocio son alarmantemente obscenas. En Palma (donde la población censada extranjera supera ya el 21% con un promedio de edad de 38,5 años, nada de jubilados)  hay tiendas con prendas de Juicy Cuture, Adolfo Domínguez, Louis Vuitton o Agatha Ruiz de la Prada para mascotas. Un propietario de un perro se deja aproximadamente 1.500 euros en ropa y complementos, según declara a El Mundo Tolo Vicens, el propietario de la tienda ‘Rulos’ en Palma y  explica que existen correas de piel rematadas con cristal Swarovski por 80 euros o pintadas a mano por un pintor italiano de la Toscana- con su certificado de autenticidad incluido- por 90… Camas de piel y cuero (180 euros), ropita de marca (ente 40 y 100 euros) y bolsos que pueden costar hasta 2.000 euros son algunos de los lujos que estos pequeños animales de compañía requieren para estar ‘a la última’ .

A lo que sin duda se refiere Jaume Font y nos referimos nosotros,  es que la facturación in crescendo de todo tipo de medicinas, ocio, ropa, comida, … para las mascotas (calculada en más de 200.000 millones de dólares en todo el mundo, datos de 2014)  se basa, ante todo, en el control de su población y mercado. En la castración de los machos y el vaciado de las hembras. Control sobre la natalidad y control sobre los instintos animales, que desaparecen con esta medida veterinaria. Y hablamos de control porque la natalidad humana, descendente desde la década del ochenta, no puede ser controlada por multinacional alguna, pero sí pueden hacerlo con las mascotas.

El zoólogo y biólogo Konrad Lorenz, Premio Nobel en 1973, se rebeló en los inicios de este mercado cuando declaró públicamente lo siguiente: ‘La castración es el medio más draconiano y vejatorio de quitar las capacidades psicofísicas al animal, convirtiéndolo en un ser blando y anodino. Se trata de un método que amputa no sólo los genitales sino también, en nombre de la salud y la higiene, procede a la regulación de los instintos. No es posible defender las castraciones y, al mismo tiempo, adherir una posición naturalista’.

‘Que la gente castre a sus mascotas y además excuse el hecho en razones científicas, demuestra el grado de perversión y cinismo. No sólo es cultura depravada, sino científicamente depravada’. A esta perversión que la nueva izquierda utiliza como bandera del bienestar animal se refiere el Nobel y nos referimos nosotros. Y a partir de esta realidad de maltrato por negocio, insistimos que la batalla de nuestra libertad y de nuestro futuro pasa por esa campaña de concienciación social, de convencimiento social, de naturalización social, que explique que el maltrato es éste y no el del toro. Que la naturalidad de un equilibrio ecológico dista mucho del evidente negocio que se ha montado en torno a una nueva especie de ser vivo que ya no es un animal, sino un animal manipulado y maltratado llamado mascota.

Porque, insistimos también, no nos damos cuenta de que todas las prohibiciones no llegan envueltas en nuevas leyes sino, una vez más denunciamos, en las modificaciones de las leyes de protección y/o bienestar animal. La estrategia de Cataluña y Barcelona, la misma que ahora en Baleares. Por esta evidencia, la batalla que nos queda por pelear es la de la argumentación pausada, pautada, estratégicamente dirigida a la sociedad, a las nuevas generaciones desinformadas, de que quienes hablan de proteger contra el maltrato solo protegen a los maltratadores y a su gran negocio.

Que la mascota ya no es un animal, sino algo creado y diseñado por el hombre. Manipulado por el hombre, a partir de un animal. Que el animal es otra cosa. Que los maltratadores son ellos. Ellos. ¿Seremos capaces o nos costará aún entender de qué va esta vaina?