Breves Noticias Taurinas


 

 

I QUIEN ES EL TORO Y DONDE SE LE ENCUENTRA

El tentadero, eje y motor de la ganadería

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El tentadero,

eje y motor de la ganadería

 

A la ganadería brava se la llamó vacada porque la reunión de vacas de gran bravura garantiza la estabilidad, el promediado buen juego de toda ella. Es cierto que el semental, capaz de cubrir un gran número de hembras todos los años, incide más en el comportamiento bravío de la población –unas treinta crías, hijos o hijas, por año- que la hembra, madre de una sola cría cada diez meses, o algunos más. Pero los sementales, hasta los más seguros, tienen ciclos de rendimiento desigual en la transmisión de sus caracteres, y curvas vitales de descenso. La suma de vacas de alta calidad se hace patente cuando son muy pocas las desechadas tras la prueba de la tienta. Y cuando son suspendidas inmerecidamente por un ganadero de una alta exigencia, éste se apoya en la seguridad que Ie confiere su alto nivel media de bravura: ha comprobado que muchas veces es la vaca quien compensa las posibles mermas de un semental irregular en la transmisión genética de los caracteres bravos que alberga.

 

Una ganadería suele lanzarse al triunfo taurino por obra de un semental, afianzarse gracias a otros dos o tres sementales, pero solo logra una larga estabilidad cuando la excelencia de sus vacas de vientre ofrece un promedio apabullante de bravura.

 

A pesar de que el prestigio genético de un buen toro busque siempre la referencia de su progenitor -son más abundantes los hijos de este-, la nominación ganadera de los animales es matrilineal-el toro de la vaca “vencedora” siempre se llamara “vencedor” -, y las hembras que segmentan la bravura se dividen en familias -“rompedoras”, “guardesas”, “loquillas”, “ciudadanas”, etc.- son el cimiento de la divisa. Podríamos aseverar que los sementales pagan y las reatas permanecen. Eso sí, con la observación de que todo semental es obviamente el hijo prodigioso de una reata.

 

Pero la tienta de machos, la dedicada a buscar sementales, no la tienta a campo abierto que comprueba el tono general de la camada de erales, es mucho más dura y rigurosa que la de hembras. Naturalmente, por el influjo decisivo que un semental ejerce en una ganadería, y porque la mayor abundancia de vacas permite al ganadero la aprobación aparentemente injustificada de ciertas hembras al ver en ellas algún carácter perdido en su ganado o en peligro de extinción o que desee potenciar. De hecho, el único que ve la tienta con conocimiento de todos los antecedentes del animal juzgado es el ganadero, no el picador, ni el diestro, ni mucho menos el aficionado, que simplemente evalúan su juego dado en el ruedo.

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La tienta, tanto de machos como de hembras, es un examen de estado, un juicio final. Determina el ser o no ser de la vaca de vientre y del toro semental, su paso al harén o al matadero o a la venta a otro ganadero en el caso de algunas hembras. Y, en efecto, adopta la estructura de un tribunal de justicia donde, como dijo Montiel-el viejo picador-, el ganadero es el juez, el picador el fiscal y el torero de a pie el abogado defensor. La vida del bravo, desde su inicio, es épica. En la tienta, el animal no es reo sino aspirante a la vida brava.

El animal, en contra de lo que el vulgo supone, sabe muy bien a donde va, sabe que algo extraordinario Ie va a suceder. Dicha premonición tiene que ver con el fino instinto de muerte que embarga el temperamento del bovino. Un instinto inmediatamente sustituido por un estado de alerta que en el bravo surge con una potencia tal que cambia en un instante el funcionamiento de su sistema nervioso -el simpático, preparado para la agresión, y el parasimpático, dispuesto para la recuperación- y de su sistema endocrino. Quizá debido a su cerebro menos complejo, la irritabilidad se apodera del toro, no deja hueco a la menor vacilación; aumentan sus mecanismos cardiaco y pulmonar; sus vasos sanguíneos se dilatan en los músculos para acumular energía y fuerza para la lucha y se contraen en el resto de su organismo, lo que Ie depara una mayor coagulación preventiva; pierde cierta capacidad auditiva y aumenta su visión, una visión túnel muy conveniente para el toreo; su glándula lacrimal se inhibe y deja de salivar; se desinhiben todos sus reflejos medulares, tiembla de ira; en el macho se relaja la vejiga y se frena toda posibilidad de erección: ha liberado todas sus fuentes de energía metabólica -grasa y glucógeno- para extremar su acción muscular dispuesta a la lucha.

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Pero el organismo del bravo opera con dualidad. La medula adrenal dispara las hormonas que segregan catecolaminas -noradrenalina, etc. -y Ie instaIan en un estado de ira absoluto, instantáneo, provocado hasta por el agente externo más discreto y, mucho más, por la extraña presencia del hombre en su terreno, unas veces lejana, otras cercana, depende de si el animal esta solo o en grupo, en terreno conocido o ignoto, un espacio circular de su propiedad que el ruedo taurino reproduce y esencializa -siempre dije que el primer arquitecto de la plaza era un gran aficionado-, en el que el toro -o su congénere, la vaca- se transforma en ira, una irritabilidad absoluta –nunca se ha sabido si el toro es muy cobarde o muy valiente, si ataca instintivamente o huye hacia adelante- que transforma todo su ser en embestida. Y a su lucha coadyuva la dual función fisiológica a que antes me refería, la que Ie suministra tanto las hormonas de la irritabilidad como las de la felicidad.

En efecto, la serotonina opera también de manera determinante e instantánea, y sus secreciones opiáceas obran como eficaces anestesiantes que anulan su estrés y sitúan su dolor muy por debajo de su ira a partir de la primera sangría, la primera vara. En el toro, sangre propia y alivio van unidos. Ningún otro animal agresivo lleva su obstinación basta el final, según el doctor Illera salvo el lagarto de Borneo, que se deja matar sin por ello ceder nunca en el mordisco a su presa. ¿Sufre el toro durante la lidia? ¿Le redimen absolutamente sus sistemas nervioso y endocrino de su previo instinto de muerte y de la percepción del dolor? En todo caso, la lucha es afirmación de vida y aplazamiento del instinto de muerte. ¿Por qué el toro vuelve y vuelve al caballo de picar aunque se sepa vencido, una situación que no se da en casi ninguna especie animal? El científico desmitifica, en cierto modo, al bravo porque Ie ve actuar desde su interior y piensa, o sabe, que su organismo Ie anula el dolor y no la agresividad, pero el ganadero es más prudente y su simpatía hacia el toro estima “que se crece al castigo”. Tal vez tengan razón los dos. En todo caso, ambos ven lo mismo en el bravo durante la tienta o la lidia, el veterinario por dentro, al intuir el mecanismo de sus dispositivos fisiológicos, y el ganadero (y el aficionado) por fuera, a leer en el comportamiento geométrico de sus acciones. Pero el torero ve más, es el único que por su cercanía al animal capta todo el significado de sus expresiones, algo muy difícil pues se concentra esencialmente en sus ojos, único órgano expresivo en la naturaleza impenetrable del bovino. En la mirada del bravo advierte el torero percepción cognitiva del control, el de sí mismo y el del hombre que tiene enfrente: asume, mide, su propia determinación o su inseguridad, y el miedo o firmeza del torero. Es algo que el aficionado ve cuando el bravo se para y espera el cite, un cruce de miradas que el torero percibe con mayor intensidad, sobre todo durante la faena de muleta, cuando toro y torero están solos y la mirada túnel del bovino se concentra en el estímulo más cerrado, más ceñido de la muleta. Pero salvo en este intenso momento, en el que los aficionados dicen que el toro “huele el miedo y se crece” o “siente el poder y se entrega”, el carácter individual de cada animal, su bravura -“el alma del toro bravo” para el aficionado que en su admiración eleva al toro de su condición animal- se capta a través de datos externos, cinéticos, expuestos por el toro con total inconsciencia, sin mentir jamás -dice el aficionado, por ejemplo: “el toro siempre anuncia la cornada” -y que definen rigurosamente el perfil diferenciado de su bravura.

 

La tienta -en el campo- y la lidia -en la plaza- son iguales en casi todo y distintas en su objetivo. La lidia está al servicio de la estética -del toreo- y la tienta, al servicio de la genética -la reproducción de la bravura-.

 

El ganadero sabe que la génesis pende del azar, que la vaca o el toro más bravos albergan millones de genes, bravos unos, mansos otros, y mil caracteres diferenciados de comportamiento. Por consiguiente, de padres muy bravos salen siempre más hijos bravucones que bravos, aunque estos pocos lo serán de verdad. Por lo demás, también está seguro de que su método empírico, parecido al cálculo de probabilidades, Ie da casi siempre la razón: solo los bravos pueden engendrar y parir hijos bravos, y en ese optimismo genético -eso sí, analítico- basa el futuro de su ganadería.

 

La tienta pretende la evaluación de los caracteres de comportamiento que, todos juntos, configuran la bravura. Y ésta no es otra cosa que la evolución de la agresividad innata del toro -acometida: acoso con parón, derrote (sustitución de la embestida por el hachazo), busca de terrenos defensivos- basta desembocar en la embestida y su repetición ilimitada como respuesta a los, sucesivos cites -estímulos- del toreo. Juan Pedro Domecq Díez afirmó que la bravura es la capacidad que el toro tiene de luchar hasta la muerte, una definición ya axiomática. Evidentemente, la herramienta única para descubrir la bravura es el toreo. Esta es una afirmación probada por la historia: la tienta sucedió, copió a la lidia. En efecto, los ganaderos no empezaron a tentar vacas y machos para la selección reproductora -antes el único dato, muy primario, de que disponían era la agresividad- hasta que la lidia quedó definitivamente configurada en tres tercios -suerte de varas, de banderillas y de muerte-, un método de conocimiento profundizado durante el siglo XIX, cuyo resultado desembocó en la embestida ilimitada que dio origen al desarrollo del toreo de muleta en el último tercio.

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Cada tercio -al margen de su expresión artística- tiene una finalidad reveladora de la bravura. El primero, el de varas, prueba la capacidad del animal de crecerse al castigo. El segundo, de banderillas, constata su estado de motricidad y fijeza. Y el tercero, aprovecha el desarrollo de la embestida, su empleo largo y definitivo, cuyo final es la muerte. El toro dice toda su vida, quien es, en esos tres tercios, y cuando lo ha dicho todo no Ie queda otra cosa que morir (a no ser que lo redima una bravura paradigmática y se Ie indulte, de modo que la lidia se convierta en un tentadero supremo). Esta es la única expresión posible de la bravura, según la lidia.

 

La tienta es una lidia incompleta pero suficiente. Incompleta porque su finalidad reproductora impide la muerte de la res tentada, y también suprime las banderillas por su no sustancial información sobre la bravura. En la tienta de hembras se permite banderillear postreramente al torero, si lo solicita y se Ie concede, la vaca desechada. Y en la de machos, al toro no aprobado y que ha sido toreado con la muleta, el cual, inservible ya para su lidia, morirá a estoque.

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La tienta actual ha evolucionado mucho, tanto como el toreo, y ya no solo sirve, como antaño, para evaluar genéricamente la bravura, sino para adjetivarIa, diseccionarla hasta extremos antes inconcebibles. La ficha del tentadero de cada res, elaborada primero por Juan Pedro Domecq Solís, y completada después por su hermano Borja, suma 21 características del fenotipo y 24 caracteres de comportamiento, un cómputo que cumplido con nota daría como resultado la bravura ideal. No todos los ganaderos diseccionan tan prolijamente la bravura -por ejemplo, Fernando Domecq, hermano de los anteriores-, lo cual no es criticable, pues en la bravura hay caracteres dominantes, de los cuales se derivan otros, y por tanto resultan tan subordinados como obvios… aunque no siempre es así.

 

Hace algunos años, la UCTL, en colaboración con la Universidad de Cádiz, redactó una tabla de la bravura en diez puntos, con el desarrollo pormenorizado de cada uno, que promedia ajustadamente el comportamiento del bravo -macho o hembra- en la plaza o en la tienta. Tiene el defecto de no desarrollarlos en orden progresivo, según el animal los va presentando en el ruedo, pero sirve para una comprensión general de lo que es la bravura, algo que no tiene importancia desde un punto de vista conceptual, pero si narrativo, al menos para el observador -ganadero, torero o aficionado-, pues la aparición de algunos caracteres anuncia la futura irrupción, o no, de otros. En efecto, lo fascinante del bravo -macho o hembra- es su absoluta sinceridad en el suministro de datos sobre su conducta, datos que el observador almacena progresivamente para discernir, incluso anticipar, el comportamiento del animal y, de paso, evaluar la capacidad tauromáquica del torero, una intriga interior que subyace al toreo y depara al aficionado una doble satisfacción, artística e intelectual. Como quiera que sea, la mencionada tabla es una acertada síntesis de la bravura, tal y como se entiende hoy. Pasemos a comentarla:

(Continuará)

 

 


 

 

 

Productiva asistencia de ganaderos mexicanos a Asamblea en España

· Traerán propuestas innovadoras como la de comercializar la carne del toro de lidia gourmet

BOLETÍN.- Miércoles 13 de abril de 20 16.

SEVILLA. España.- Concluyó la Asamblea Anual de la Unión de Criadores de Toros de Lidia en España, la cual, encabezada por D. Carlos Núñez se realizó en Sevilla y a la que asistió un grupo del Consejo Directivo de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia de México, cuyo presidente es D. Manuel Sescosse.

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Esta reunión permitió dar seguimiento a los trabajos y acuerdos que se gestaron durante la Asamblea en México, misma que se llevó a cabo el pasado mes de enero en San Miguel de Allende. Guanajuato.
Durante el máximo evento de los criadores de bravo español, D. Manuel Sescosse, en representación de México, fue invitado a dar unas palabras. Se refirió a los puntos comunes entre estos gremios, así como de la necesidad de seguir tomando acciones en ambos lados del Atlántico para promover la crianza del toro y las diferentes expresiones de la tauromaquia mundial.

Por su parte, la Unión de Criadores de Toro de Lidia de España, anfitriona de esta Asamblea, presentó su reporte anual, aprobó cuentas anuales y presupuestos. Además de resaltar el papel de la Federación del Toros de Lidia, para defender la fiesta y de la Federación de las Asociaciones Ganaderas.

Además los criadores mexicanos de toros pudieron visitar dehesas como la de D. Fermín Bohórquez; la de D. Fernando San Pedro; la de D. Carlos Núñez en la finca Tapana que se ubica en Cádiz y la ganadería Torrestrella fundada por D. Alvaro Domecq.

Cabe destacar que durante una de esas tientas estuvo encabezada por el diestro mexicanos Octavio García “El Payo” quien se este modo recibió apoyo de los criadores españoles y mexicanos previo a su próximo compromiso en la Feria de San Isidro en la plaza Las Ventas de Madrid. En otra de estas participó el peruano Andrés Roca Rey. Asistieron a la corrida dominical de la feria de abril en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Por otra parte, este lunes 11 en el corazón sevillano, se presentó una conferencia gastronómica, donde los ganaderos mexicanos conocieron el proyecto de carne de toro gourmet, que dirige el chef Mario Sandoval, presidente de la Federación de Cocineros y reposteros de España, poseedor de dos estrellas Michelin.

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Este, pretende dignificar la carne de toro de lidia, toda vez que Sandoval ha trabajo por varios años tanto con la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL) cuanto con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) haciendo pruebas para generar nuevos usos culinarios y gastronómicas para esta carne, la cual es ecológica, sustentable así como en estrecha relación con el hábitat de las dehesas.

Dicha propuesta resultó de gran interés para los ganaderos mexicanos ya que genera un mercado para la carne del ganado de lidia, toros y desechos por nota de becerras en las ganaderías.

Es por ello que se prevé que la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia, establezca en México un capitulo similar de esta iniciativa para beneficio de sus socios.

 

 


 

 

 

Los de Torreón de Cañas para Pachuca (fotos)

Por: Redacción | Foto: P.G.
Martes, 12 de Abril del 2016 | México, D.F.

A través de un boletín de medios, la empresa “Pasión Ganadera”, que dirige Julio Uribe Barroso, da a conocer las fotografías de los cuatro toros de Torreón de Cañas que serán lidiados en la “Vicente Segura” de Pachuca para la corrida del domingo 24 de abril.

Los ejemplares serán para Joselito Adame y el peruano Andrés Roca Rey, mientras que por delante actuará el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza.

Los números y pintas son los siguientes:

No. 126. negro entrepelado bragado.

126

 

No. 161, berrendo lucero calcetero y rabicano.

161

 

No. 165, negro bragado.

165

 

No. 188, Negro mulato.

188

 

 


 

 

 

Definen ganaderías para la corrida mixta de Lerdo, Durango

12 de abril de 2016/Oscar Aguilera

La empresa de la Plaza de Toros Alberto Balderas de Lerdo, Durango que comanda el matador en retiro Arturo Gilio, ha definido las ganaderías para la corrida de toros a celebrarse este próximo sábado 16 de abril.

Los astados de rejones provienen del hato de Refugio Peña y serán lidiados por rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza que debutará en este coso tras 26 años de alternativa, mientras que los bureles de la lidia ordinaria proceden de la dehesa de la familia Garfias y tocarán en suerte a los matadores Antonio Lomelín y Jorge Mata, este último abrirá plaza vestido de corto como ejemplo de superación tras las secuelas de la grave cornada sufrida en el año 2007 en Villahermosa, Tabasco.

El festejo dará inicio en punto de las 17:00 horas y la venta de boletos continúa en taquillas del coso y del Coliseo Centenario.

 

 


 

 

 

FERIA DE ABRIL

Escribano indulta a Cobradiezmos, de Victorino Martín, en Sevilla

Ureña le cortó las orejas al gran Galapagueño que hizo tercero, fuertemente ovacionado en el arrastre
Por Víctor García-Rayo
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Fotos: ARJONA

Manuel Escribano ha indultado al cuarto toro de Victorino Martín lidiado este miércoles en Sevilla. La Maestranza se vino abajo. Lío gordísimo a cargo del toro y del torero. “Cobradiezmos”, número 37, de pelo cárdeno, de 562 kilos de peso y nacido en diciembre de 2011, fue un toro extraordinario durante su lidia. En todos los tercios, por supuesto: en el caballo, arrancándose de largo tras embestir magníficamente de salida con el capote, en las banderillas y en la muleta. Embistió humillando de forma sobresaliente, como los mejores toros de Victorino, muy entregado en todo momento. En todo lo que le hizo Escribano por ambos pitons -cambiándole incluso los terrenos- el toro respondió de forma sensacional, obedeciendo siempre a los toques, exhibiendo, además de casta, bravura, repetición y acometividad casi desbordante, un caudal de nobleza muy grande. Fiesta plena en Sevilla. Ganó Victorino, ganó Escribano, ganó el público, pero, sobre todo, ganó la Fiesta. El indulto se pidió de forma absolutamente mayoritaria. Victorino Martín hijo dio la vuelta al ruedo entera junto al torero, incorporándose a ella también el mayoral de la vacada extremeña.

Paco Ureña le cortó las dos orejas al excelente tercer toro de Victorino Martín. “Galapagueño”, que así se llamaba el animal, embistió descolgado, siguiendo la muleta de verdad, con profundidad y nobleza, dejando además estar al torero. Peleó bien también en el caballo y dio juego en banderillas. Magnífico ejemplar, fuertemente ovacionado en el arrastre. Ureña le dio un manojo de muletazos de tremenda despaciosidad, especialmente sobre la mano derecha. Algún derechazo fue monumental por su temple y ejecución a cámara lenta. Esa forma de torear tan despaciosa, a una velocidad difícil de concebir, fue la principal virtud de la faena. Sin embargo, dio la sensación de que aún debió exprimir más el torero las numerosas virtudes del victorino. Se tiró a matar con hombría, algo clave también en la concesión del doble trofeo.

El sexto no terminó de pasar ni de entregarse. Animal de muy poco recorrido y reponedor. Voluntarioso anduvo Ureña, que sufrió un susto cuando fue empalado mientras toreaba sobre la diestra. Afortunadamente no pasó nada grave. Mató de un viaje al segundo intento y un golpe de descabello, siendo silenciado.

Escribano abrió plaza con un victorino de más de 600 kilos que fue de complejo comportamiento y no terminó de romper ni para bueno ni para malo. No sacó mucha fuerza el animal y eso dificultó la faena. El astado, que escarbó en exceso y resultó exigente, no dio facilidades y pesó en la muleta del de Gerena. Lanzó también varios pitonazos, arrancando en uno de ellos parte de la banda de la taleguilla. “Baratero” no terminó de entregarse y Escribano realizó un trasteo de largo metraje, digno pero sin brillo. Mató al tercer intento, dejando una estocada tendida. Silencio tras aviso.

No se acopló Morenito de Aranda con el segundo, un toro ovacionado en el arrastre al que comprendió mejor el torero en los compases finales de su faena. El trasteo fue largo, con el animal pidiendo su sitio y su distancia, pero el burgalés no supo dar con la fórmula hasta las postrimerías de la faena. Mató de una estocada tras pinchazo y fue silenciado. Antes, en el tercio de varas, destacó Francisco José Quinta, que exhibió habilidad en la monta y gallardía haciendo la suerte y picando arriba.

El quinto fue otra cosa. Revolviéndose, embistiendo con las manos por delante, con las dificultades del toro duro de la casa de Victorino. Morenito de Aranda dio la cara siempre. Se fue a la puerta de chiqueros, cuajó un vibrante recibo a la verónica, se sobrepuso a una voltereta… pero la faena no levantó el vuelo. No pudo el torero burgalés sumarse a la grandeza de la tarde.

Sevilla, miércoles 13 de abril de 2016. Undécima de la Feria de Abril. Toros de Victorino Martín, bien pero desigualmente presentados y de variado juego. Importante el 3º y extraordinario el 4º, “Cobradiezmos”, número 37, de pelo cárdeno, de 562 kilos de peso y nacido en diciembre de 2011, que fue indultado tras la unánime petición del público. Interesante el 2º, duro el 5º y más deslucidos 1º y, sobre todo, el 6º. Manuel Escribano, silencio tras aviso y dos orejas simbólicas tras indulto; Morenito de Aranda, silencio tras aviso y silencio; y Paco Ureña, dos orejas y silencio. Entrada: Algo más de tres cuartos. Escribano y Ureña salieron a hombros por la puerta principal.

 

 


 

 

 

La revolera

¡¡Dios mío, qué toro!!

Por Paco Mora
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¡Qué gloria de toro! Con un toro así en cada feria de plaza de primera, no podrán con la Fiesta ni las multinacionales que pagan a los desarrapados antitaurinos ni los políticos venales que tiran piedras al tejado de su patria.
Españolito que viniste al mundo en esta tarde gloriosa para el toreo, te guarde Dios. Y cuando ya seas muy viejo y comiencen a fallarte las neuronas, si te preguntan cuántos años tienes y no te acuerdas te bastará con decir que fue el día que Sevilla indultó al toro “Cobradiezmos” de Victorino Martín, para que todos sepan que naciste el 13 de abril de 2016. Un toro bravo, encastado, con fiereza, mucha clase e inagotable en sus embestidas, haciendo un regatón con el hocico por el rubio albero maestrante queriéndose comer la muleta por abajo. ¡Qué gloria de toro! Con un toro así en cada feria de plaza de primera, no podrán con la Fiesta ni las multinacionales que pagan a los desarrapados antitaurinos ni los políticos venales que tiran piedras al tejado de su patria. Un toro para la historia que por sí solo justifica una ganadería e incluso la existencia de la Fiesta Brava. El viejo Victorino, enhorabuena amigo, puede dormir tranquilo porque con toros como “Cobradiezmos” su vida entregada a la cría del toro bravo habrá valido la pena ser vivida.

Al lorquino Paco Ureña le ha tocado también un magnífico toro al que ha desorejado por partida doble. Lorca merecía ya un torero de postín y Ureña ha demostrado en La Maestranza que puede serlo porque ha toreado con el regusto, la calidad y el sentido de la colocación que ya había apuntado en otras plazas como Madrid y Valencia. Morenito de Aranda ha luchado como un jabato pero toros como el cuarto es muy difícil que salgan dos en una tarde. Así y todo Morenito ha dado la cara y lo ha intentado con su lote, e incluso ha alcanzado momentos de meritorio lucimiento.

A Escribano le ha tocado hoy la lotería, ya que con “Cobradiezmos” enganchado a la panza de su muleta ha pasado a la historia del toreo, pues la tarde de hoy en La Maestranza ha hecho historia, y más de uno se estará comiendo la uñas de rabia por haber regalado su entrada a un amigo porque no toreaban las figuras y ha preferido quedarse en casa. Grave error porque con “victorinos” en la arena el interés hay que darlo por supuesto, y en cualquier momento puede pasar cualquier cosa. Desde lo mejor a lo peor. Esa es la grandeza de un hierro.

 


 

 

DECLARACIONES SEVILLA

(Foto: Arjona)

Victorino Martín: “Es el toro que queremos criar todos”

“Me acuerdo en estos momentos de mi padre: nunca le agradeceremos lo suficiente lo que ha hecho por el toro y por la Fiesta”
Por Redacción APLAUSOS
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“Ojalá que esto sirva para reivindicar la Fiesta, para reivindicar la figura del ganadero y para que la gente que ama este espectáculo y sufre tantos palos se lleve una alegría”.

Tras el indulto, el propio ganadero, sentado en una barrera junto a su hija, destacaba a los micrófonos de Canal Plus Toros las virtudes del animal: “Ha destacado sobre todo por la clase, es muy difícil embestir así y lo que ha durado. Nos ha gustado a todo el mundo y la plaza mira cómo está”, aseguraba repleto de felicidad Victorino, que después acompañó al torero en la vuelta al ruedo.

“Ha sido un toro muy importante, le podría poner pegas como que ha escarbado un poquito, pero qué profundidad y qué duración. Ese es el toro que queremos criar todos, además es que era bello, precioso. Sobre todo, lo que me ha emocionado ha sido esa plaza en pie, toda junta, pidiendo el indulto”, afirmaba Victorino al término del festejo.

“Cuanto más le exigías, el toro iba a más -continuaba-. Estoy muy contento, me acuerdo en estos momentos de mi padre que no ha podido venir hoy, pero además creo que todos los que queremos al toro bravo, a la figura de Victorino Martín Andrés siempre tendremos que tenerla presente, porque es un hombre que ha hecho por el toro y por la Fiesta algo que nunca le agradeceremos lo suficiente. Nosotros jamás, jamás tiraremos la toalla por todo lo que ha luchado”.

Sobre la reata de “Cobradiezmos”, decía: “Viene de las Cobradoras, una familia muy encastada, que ha dado toros muy importantes. Me acuerdo de un “Cobrador” que se lidió en una Corrida de la Beneficencia que lo toreó Encabo y fue tremendo por encastado. Pero de “Cobradiezmos” lo que más destaco es su profundidad, la forma de embestir y de humillar, no levantaba la cabeza y no seguía más que la muleta pero, ¡ojo!, haciéndole las cosas bien. No era un toro tonto”.

“Va a padrear seguro -proseguía el ganadero-, lo equilibraremos con las vacas que mejor le vayan. Es un toro del que estábamos enamorados todos, cuando sale un toro con esas hechuras no suele fallar”; y concluía Victorino diciendo: “Ojalá que esto sirva para reivindicar la Fiesta, para reivindicar la figura del ganadero y para que la gente que ama este espectáculo y sufre tantos palos se lleve una alegría”.

 


 

 

Emocionados y muy agradecidos a los aficionados de por este indulto al toro Cobradiezmos N 37 G 2012

 


 

 

Inicio Toros
FERIA DE ABRIL

Un Victorino de indulto, un triunfo…y un antídoto contra la vulgaridad

Escribano hace historia con «Cobradiezmos» de Victorino y pasea dos orejas simbólicas; otras dos corta Paco Ureña en una faena soberbia en la Feria de Abril de Sevilla.

Hace 10 minutos
Patricia Navarro, @PatriciNavarro

Escribano, torea con la diestra a «Cobradiezmos», el toro de Victorino Martín que fue indultado en Sevilla

Sevilla. 12ª de feria. Se lidiaron toros de Victorino Martín, muy bien presentados. El 1º, embiste al paso, con media arrancada y midiendo; el 2º, humilla mucho y repite, tiene sus complicaciones pero es agradecido; el 3º, noble y de buen juego; el 4º, extraordinario, bravo y encastado hasta perdonarle la vida e indultarlo; el 5º, movilidad pero sin entrega, más por dentro; y el 6º, de corta arrancada y sin querer pasar. Dos tercios de entrada.
Manuel Escribano, de catafalco y azabache, aviso, pinchazo, estocada tendida (silencio); y (dos orejas simbólicas tras indulto).
Morenito de Aranda, de canela y oro, pinchazo, aviso, estocada corta (silencio); y estocada (silencio).
Paco Ureña, de rosa y oro, estocada caída (dos orejas); y dos pinchazos, descabello (palmas).

«A “Cobradiezmos” le perdonamos la vida», ya lo dijo él, el amigo de Vicente, nuestro vecino de localidad que tardó menos que Dominguín en contar la aventura con Ava Gardner. Cuando Manuel Escribano sacó al ganadero para dar la vuelta al ruedo el público merodeaba de júbilo. De vuelta estábamos todos. Unos hablando con otros y otros con unos. Ni amigos ni desconocidos. De pronto se abren puertas hasta entonces infranqueables. Pocas cosas dan más sentido a este mundo de locos, abocados a la clandestinidad que perdonar la vida al toro. Y cómo reconforta pensarlo al rato. Difícil será olvidar a este «Cobradiezmos» que tenía bonito hasta el nombre. Precioso el Victorino de hechuras, la forma de los pitones, lo hondo que era de agujas, la seriedad de su cara y la franqueza en la mirada. El toro lo regaló de salida. Le dijo a Escribano: «Ahí lo llevas», descolgando el cuello con una claridad en el capote que alimentaba las ansias de repetir, aunque fuera de lejos, la volcánica intensidad que nos había dejado Paco Ureña en la faena anterior. Palabras mayores fue lo del torero murciano. Manuel supo que lo tenía en la mano, que era ahora o nunca, que en esa mirada frente a frente residía el sentido último del toreo y de la vida, ese perdón que le convierte a «Cobradiezmos» en la envidia de la manada, semental y rey del campo. La pura casta del toro le permitió acudir al engaño entregado en el viaje de principio a fin, hasta el final y un poquito más, fijeza, transmisión y una profundidad que no dejaba resquicio a las dudas. Dos veces fue al peto, escarbó segundos antes, y acudió después. Lo que hizo el animal en la muleta del sevillano fue rotundo. Escribano le plantó cara, actitud y verdad en el toreo diestro, ligado, compuesto y sin perder el hilo conductor. Por un pitón y por el otro. No se le podía ir. Ocasiones así pasan muy pocas veces en la vida. Incluso ninguna. Son regalitos. Sueños. Ensoñaciones, quién sabe. Pero fue. Y así una tanda más otra. Limpias todas. Largas y profundas, como largo y hondo era el toro se hizo Escribano un hueco en el corazón de Sevilla mientras el Victorino había conquistado hasta las entrañas. La petición de indulto fue unánime. Y la vuelta al ruedo de torero y ganadero, reconciliadora con el mundo, la Fiesta, y todos los cuentos «antis» que nos quieran inventar.
Y la cosa es que esa cuarta faena la comenzábamos con una sensación de explosión interior brutal. A la que nos había llevado Ureña en una faena incendiaria. Lo hizo desde los albores. En los pases de tanteo ya hubo un derechazo que fue la madre de los derechazos. Abrumador. Y después de parir eso, parecía que había poco de qué hablar. Qué bien le ha sentado el invierno a Ureña. Montó una tanda, detrás de otra, bárbaro el momento, ideal para perderse, de pura cadencia, inquietante desmayo y provocador concepto. Relajado hasta el infierno hizo con nuestras emociones lo que quiso. Al natural también. Acompañó el toro, con cierta nobleza en la embestida resuelta por el murciano a las mil maravillas. La espada nos dio la alegría del colofón que merecía. Ese doble premio. Las sensaciones quedaban atrás, revoloteaban. El sexto, de corto recorrido y sin querer pasar, no le dio el billete de salida por la Puerta del Príncipe. Pero intentaré, por lo que todavía me quede de buena aficionada, no perderme a Ureña este año. Antídoto para la vulgaridad.
Escribano anduvo centrado con un primero que tuvo sus dificultades y Morenito se fue a portagayola con el quinto para exprimir la oportunidad. Tuvo movilidad el victorino pero no tanta entrega. El segundo sí descolgó y alargaba el viaje con las teclas precisas. Mucho que torear tuvo la corrida. Emocionante tarde. Hacía falta, sí.

 


 

 

 

“COBRADIEZMOS”, EL TORO QUE NOS HIZO LLORAR

Por Álvaro Acevedo / Foto: Carlos Núñez

Paco Ureña, el hombre de la mirada triste, había asombrado a la Maestranza con un toreo que dolía de tan en redondo que era. Había, a veces, embarcado la embestida suavemente, dejándosela venir, y corriendo la mano con hondura, con un aire abelmontado, casi dramático, y con esa emoción que brota cuando se funden la bravura auténtica y el toreo de verdad. Fue una faena tan soberbia en sus cotas más altas que el público quedó subyugado y pidió las orejas para el torero, que las paseó en clamor.

Fue entonces cuando las notas rasgaron el viento anunciando la salida del treinta y siete “Cobradiezmos”, de 562 kilos, cárdeno claro, de lomo recto, bajo de agujas, con mucho cuello y tocado arriba de pitones. Tenía una mirada franca y a ella se enfrentó, de rodillas frente a chiqueros, un torero honesto llamado Manuel Escribano. Libró el peligro con una larga cambiada, y ya en pie se apretó por lances de pelea mientras el toro anunciaba su buena casta. Tardeó un poquito en el caballo en la segunda vara pero se arrancó alegre y empujó fijo al peto. Luego, galopó en banderillas y se dispuso a morir cuando los clarines anunciaron el último tercio de su lidia.

Pero su embestida, desde el primer muletazo hasta el último, fue colosal. Intensa y profunda; larga y franca; rítmica y noble; fuerte y sin embargo templada; humillada y a la vez orgullosa. “Cobradiezmos” se deslizó por el albero como la lengua húmeda en una espalda blanca; y su entrega supo a ese beso eterno de los labios que se fueron. Manuel le plantó cara con valentía y sinceridad, toreó con ligazón, jamás cedió terreno, corrió la mano en muletazos muy largos, sometió la embestida por momentos y estalló de júbilo cuando el presidente concedió, legítimamente, el perdón del grandioso toro de Victorino Martín.

La tarde en la que Morenito de Aranda se presentó sin suerte en la Maestranza, Sevilla alivió su luto con pañuelos blancos. Y reclamó un indulto que fue como una mirada al frente, como un grito de rebeldía, como un mensaje de esperanza. Y el bravo regresó a la paz del campo mientras corrían lágrimas por las mejillas de algunos hombres. Le pusieron “Cobradiezmos”, el toro que nos hizo llorar.

 

 





 

 

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