BREVES NOTICIAS TAURINAS 9 DE SEPTIEMBRE 2015

9 Sep

 

 

 

 

MEXICO LINDO Y TAURINOMEXICO LINDO Y TAURINO

 

 

 

 


 

 

El pregón de Luis Niño de Rivera en ZAC (audio)
Por: Redacción | Foto: Felipe Pescador
Miércoles, 09 de Septiembre del 2015 | México, D.F.

En el siguiente contenido encontrará el audio completo del interesante pregón que dictó Luis Niño de Rivera el viernes pasado en el auditorio del Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, donde también se rindió un merecido homenaje al ganadero José Julián Llaguno.

 


 

 

La tarde de la transformación (video)
Por: Juan Antonio de Labra | Foto: Briones
Martes, 08 de Septiembre del 2015 | Zacatecas, Zac.

Así como en la genial novela “La Metamorfosis”, de Franz Kafka, Gregorio Samsa amanece un día y se ve convertido en un monstruoso insecto, esta tarde deberá quedar inscrita en la memoria colectiva de la afición zacatecana como la “tarde de la transformación” de Octavio García “El Payo” en un sensual artista.

Porque hoy toreó como nunca lo había visto, y si bien es cierto que ya venía bosquejando una interesante evolución expresiva, la redondez de sus dos faenas –por concepto y profundidad– fue como un maravilloso alumbramiento en el que hubo empaque y naturalidad, además de un gran relajamiento de planta.

Y de pronto, ese vestido malva y azabache cobró su sentido simbólico cuando el queretano se abandonó en dos faenas de agitanado pellizco, en las que acarició el toreo con una sublime delicadeza, tanto por la calidad de sus trazos como por la importancia de su torería.

Fundamentó lo que hizo en un valor sereno, el valor más puro que hay en el toreo, y sintió de verdad cada uno de los muletazos a raíz de una dosantina que remató con un lentísimo cambio de mano. Esa explosión de arte no tuvo precio, ya que a partir de entonces el aroma se convirtió en una actuación deslumbrante.

Y si había toreado con tal solera, también estructuró ambos trasteos de la misma forma, con ese famoso “poco y bueno” que decía Enrique Martín Arranz, aquel determinante impulsor, junto con Julio Esponda, para que existiera “Tauromagia Mexicana”, una escuela que ya tiene un sitio en la historia taurina de este país.

Los dos toros de San Miguel Mimiahuápam fueron nobles, dóciles, y les faltó ese punto de fuerza y casta necesarios para que los toreros rompan por dentro. Pero hoy eso no le hacía falta a Octavio, que ya estaba en estado de gracia, proyectando una madurez técnica y un oficio tan bien aprendido, que lo demás fue sacar todo el sentimiento que lleva dentro.

Si El Payo va a mantener esa línea de toreo –la más difícil, pero la más reconfortante– su techo como artista todavía está muy alto. Porque esto mismo que hizo hoy en Zacatecas debe ser su nuevo sello de identidad, a fin de que la misteriosa frase “siento, luego existo”, cobre su verdadera dimensión y se transforme en un torero exquisito.

La oreja que cortó Zotoluco al quinto tuvo mucho mérito, pues le buscó las vueltas a un toro complicado con una gran honradez profesional, y como mató de una estocada entregándose, al final salió reconfortado con ese trofeo, luego de haber toreado muy bien con la zurda al primer toro de su lote.

Juan Pablo Sánchez se vio obligado a tragarse las protestas en el cuarto, al que la gente pitó por su falta de trapío, mientras que en el séptimo sudó la ropa en una faena maciza, inteligente y centrada, de la que pudo haber obtenido un valioso apéndice si hubiese redondeado su labor con la espada.

En medio de estas dos propuestas de valentía y temple, la de Zotoluco y Sánchez, también brillo el arrojo de Emiliano Gamero con un toro que embestía cruzado y al que el rejoneador capitalino le plantó cara con recursos, esos mismos que hoy no consiguieron hacer lucir los experimentados Forcados Mazatlecos, que se llevaron tremendas palizas.

En medio del bullicio de un día tan especial en Zacatecas, la torería de El Payo fue una esperanzadora revelación de carácter, que lo sitúa en un lugar de privilegio.

Ficha
Zacatecas, Zac.- Plaza Monumental. Corrida del aniversario 469 de la fundación de la ciudad. Segundo festejo de feria. Más de dos tercios de entrada en tarde soleada y calurosa. Siete toros de San Miguel de Mimiahuápam, bien presentados en su conjunto salvo el 4o., que fue protestado, de poco juego en general. Pesos: 530, 535, 491, 460, 484, 523 y 494 kilos. El rejoneador Emiliano Gamero: Palmas. Eulalio López “Zotoluco” (berenjena y oro): Palmas y oreja. Octavio García “El Payo”: Palmas tras aviso y oreja. Juan Pablo Sánchez (canela y oro con remates negros): División y ovación tras aviso. Incidencias: El picador Moises López sufrió un tumbo y fue atendido en la enfermería de un fuerte golpe en la rodilla izquierda, pendiente de estudio radiológico. Los Forcados de Mazatlán hicieron una pega al tercer intento y fueron ovacionados. El forcado de cara, Hiram Gallardo sufrió una cornada en la ingle derecha. Presenciaron el festejo el gobernador Miguel Alonso Reyes, del estado de Zacatecas, y el gobernador de Durango, Jorge Herrera Caldera.

 


 

 

 


 

 

La revolera

Un público de primera
Por Paco Mora

Cuando el público albaceteño dio la medida exacta de su sensibilidad fue cuando, puesto en pie, ovacionó largamente al doctor González Masegosa al reincorporarse al burladero de los servicios médicos.
Que la Plaza de Toros de Albacete sea de segunda no quita para que salga el toro-toro y pueble los tendidos un público de primera. Un público que ha ocupado buena parte del aforo y que ha valorado las dificultades de una desigual corrida de La Quinta. El primero, un toro con mucho sentido, peligrosidad y malas intenciones, después de herir gravemente al picador Marcial Rodríguez, fue pasaportado por Eugenio de Mora con gran profesionalidad y un añejo toreo sobre las piernas, mantuvo en vilo a unos espectadores que aplaudieron con fuerza al toledano haciéndole salir al tercio.

Los santacolomeños fueron un examen de reválida para De Mora, Escribano y el mexicano Adame. Examen con nota para los tres y en uno de los cuales, el sexto, Adame pudo sacar matrícula de honor si se hubiera dado cuenta un poco antes de la bravura de su oponente al que liquidó de una gran estocada recibiendo.

Pero cuando el público albaceteño dio la medida exacta de su sensibilidad fue cuando, puesto en pie, ovacionó largamente al doctor González Masegosa al reincorporarse al burladero de los servicios médicos, tras emplearse a fondo, durante la lidia de cinco de los seis toros, para reparar los destrozos en el cuerpo del picador al que la “fiera corrupia” lidiada en primer lugar estuvo a punto de asesinar. Una buena plaza para un mejor público.

 


 

 

OTROS FESTEJOS DEL MIÉRCOLES 9 DE SEPTIEMBRE

Silveti, con la oreja en San Martín de Valdeiglesias.
Padilla, Morenito y Silveti, a oreja por coleta en San Martín de Valdeiglesias
Hermoso se lleva la mixta en Navaluenga / Golpe de Jesús Enrique Colombo, cuatro orejas y un rabo en Villa del Prado / Jesús Duque y El Gallo, una cola cada uno en Campillo de Altobuey
El banderillero Perucha, cornada de 15 cm. en el muslo izquierdo en Villa del Prado

Además, resultados de los festejos celebrados en Méntrida, Andorra, Villarrubia de Santiago, Morata de Tajuña, Fuente el Saz de Jarama, Navamorcuende, Laguna de Duero…

 


 

 

Allanó el camino a la llegada de la revolución belmontista

Manuel García “El Espartero”, cuando se cumplen 130 años de su alternativa en Sevilla


Nacido en el popular barrio sevillano de la Alfalfa el 18 de enero de 1865, Manuel García Cuesta se anunciaba “Espartero”, oficio al que se dedicaba su familia. Tan sólo 29 años tenía cuando en la plaza de Madrid se cruzó “Perdigón”. Pero en tan corta carrera acreditó una rica concepción del toreo y tuvo tiempo para llevarse detrás a la afición sevillana. Como se recuerda en las distintas obras literarias que se hicieron sobre su vida –desde Blanco Ibáñez y su “Sangre y arena” hasta Fernando Martínez en “La tarde más larga”– siempre le rodeó una aureola casi mítica, con “su más cornás de el hambre”, o aquella otra de «que alegría tenía aquel toro, en menos de cinco minutos me tiró más de cincuenta cornás”. Al cumplirse 130 de su doctorado, Carmen de la Mata documenta aquel día.
Actualizado 9 septiembre 2015

Carmen de la Mata Arcos

El domingo 13 de septiembre de 1885 la ciudad hispalense vivió un verdadero acontecimiento, pues el valeroso diestro que había generado tantas ilusiones y comentarios entre la afición se doctoraba en el coso del Baratillo. En aquellas fechas, Manuel García y Cuesta era muy popular en la capital del Guadalquivir, principalmente, produciendo un gran impacto su novedoso concepto del toreo. Todas las esperanzas de hallarse ante un fenómeno de la Tauromaquia se confirmaron después del día de la alternativa. “El Espartero” fue, sin lugar a dudas, un adelantado a su tiempo, antecesor de quien siete años más tarde vería la luz en la misma urbe, Juan Belmonte García.

El año 1885 estaba resultando clave para el torero nacido en la sevillana plaza de la Alfalfa, puesto que había obtenido resonantes triunfos en cosos como Antequera ó Sanlúcar de Barrameda, presentándose en la Maestranza el 12 de julio. En dicho festejo cumplió ampliamente con las expectativas levantadas, tanto es así que en los dos meses que transcurrieron hasta que se convirtió en matador de toros estoqueó 31 novillos. Las plazas se llenaban al reclamo de su nombre, era el novillero que el conjunto de los espectadores deseaban ver.

Una alternativa de grana y oro

Con ese clima de euforia se llegó al 13 de septiembre, fecha señalada para la alternativa en la plaza del barrio del Arenal. Otro espada hispalense, Antonio Carmona “El Gordito”, fue el encargado de cederle los trastos, encontrándose preparada en los corrales una corrida de la Marquesa Viuda del Saltillo, Francisca Osborne Böhl. El coso maestrante se cubrió al completo para la ocasión, ostentando la presidencia Luis Baldaraque. Los ejemplares de la divisa celeste y blanca adolecieron, en general, de escaso poder en varas, mostrando mejores condiciones los que saltaron al ruedo en los tres últimos lugares.

El astado que rompió plaza y con el que se llevó a efecto la referida ceremonia, llevaba por nombre “Carbonero”, estaba herrado con el nº 49 y era cárdeno entrepelado y bragado de capa. No hay unanimidad entre los diferentes medios periodísticos acerca de los puyazos recibidos por el toro de Saltillo, pues, por un lado, tanto Cár-ca-mo en La Nueva Lidia como el corresponsal de El Enano cifran en cinco las oportunidades en las que “Carbonero” acudió a los piqueros mientras que Paco Pica-Poco en El Toreo eleva hasta siete las veces que el burel se acercó a los equinos. En este tercio el cornúpeta no demostró demasiada bravura, doliéndose al castigo. Con el capote se lució, especialmente, “El Espartero”, que vestía un traje grana y oro, hasta cuatro quites ejecutó a la citada res, consiguiendo incluso que la banda de música empezara a tocar.

Tras la entrega de muleta y espada por parte de “El Gordito” al toricantano, éste lo pasó con la franela por ambas manos, destacando, fundamentalmente, algunos de los naturales y “uno de pecho bueno”, según afirma el aludido informador de La Nueva Lidia. Un aspecto que no pasó desapercibido a los ojos de los críticos, es el terreno que pisaba el diestro sevillano, siempre colocado muy cerca de los pitones. Sus pies permanecían con mayor quietud que en épocas pasadas, ganando en protagonismo el juego de brazos a la hora de esquivar la embestida del animal. Con el acero no estuvo muy acertado, rematando a “Carbonero” de una estocada a volapié caída.

El triunfo con “Señorito” era el apelativo del segundo de los ejemplares que en aquella señalada tarde acabaría pasaportando “El Espartero”. Era negro meano y exhibía una pobre presencia. Nada más salir por chiqueros, Antonio Carmona, que se hallaba sentado en el estribo, obsequió al respetable de la Maestranza con un recorte a medio capote que fue muy aplaudido. Su comportamiento frente a los caballos fue similar al que tuvo el primero de la corrida, voluntario pero blando al hierro. No es posible conocer con exactitud el número de ocasiones que el astado de la señora Marquesa se presentó ante los varilargueros, puesto que cada cronista que se ocupa de narrar lo acaecido en el coso sevillano declara una cantidad de varas distinta. Paco Pica-Poco habla de cinco, el enviado de El Enano de seis y Cár-ca-mo la incrementa hasta las siete. Al igual que ocurrió anteriormente, el nuevo matador tuvo una brillante actuación en quites, de “superior” la califica el periodista de La Nueva Lidia, siendo realzada además, como ya sucedió en el toro de la alternativa, con el acompañamiento musical.

La faena de muleta de Manuel García a “Señorito” fue verdaderamente notable, con pases de todas las marcas, situado en todo momento “en la misma cabeza” del toro, apreciación del corresponsal de El Toreo. Cár-ca-mo fija su atención en un matiz distinto al de su compañero, remarcando de manera especial en la labor del torero hispalense dos naturales “de pitón a rabo”. Coronó su espléndida obra de una extraordinaria estocada al volapié, siendo premiado con una “ovación imponente”, según la define el crítico de El Enano. El público, que abarrotaba la Maestranza, agitaba pañuelos blancos en señal de gratificación al “Espartero”, al que también agasajaron lanzándole sombreros y cigarros.

El último de los animales de Saltillo que pisó el ruedo de la plaza sevillana ese día fue “Lavaíto”, negro entrepelado. Saleri, banderillero de la cuadrilla de Carmona, saludó al burel con el salto de la garrocha, ejecutado con enorme limpieza. Los puyazos administrados a este sexto cornúpeta oscilan entre ocho y nueve, en la cuantificación que se realiza en la prensa, evidenciando mayor poder que otros de los lidiados en la jornada. Hasta siete quites realizaron ambos espadas a “Lavaíto”, seis le endosó el toricantano y uno “El Gordito”. El trasteo de Manuel García fue muy variado, al menos así lo atestigua Cár-ca-mo en La Nueva Lidia. En el momento de herir demostró más carencias, recetando varios pinchazos.

Se alaba de forma unánime su toreo

En las valoraciones finales que efectúan los diferentes cronistas sobre el festejo, todos elogian las magníficas cualidades capoteras que enseñó “El Espartero”, dominando gran cantidad de suertes. Con la muleta destacan, básicamente, su grandiosa obra a “Señorito”, incidiendo, particularmente, en los cambios sustanciales que se vislumbraban en su concepto del toreo. En cambio, se le censura su forma de entrar a matar, saliendo habitualmente atropellado a causa de sus insuficiencias técnicas. El informador de La Nueva Lidia concluye su comentario de la tarde en la Maestranza augurándole un excelente futuro al matador sevillano si subsana los defectos que poseía en aquel momento.

Los juicios emitidos por parte de los distintos corresponsales sobre el padrino de la alternativa de Manuel García, no son nada favorables, sobre todo por lo que respecta a su manejo de la muleta y de la espada. En sus dos primeros toros se mostró temeroso y desconfiado, mejorando apreciablemente su actitud frente a la res que hizo quinta. Sin embargo, con el percal y los palitroques sí alcanzó cotas importantes, de “superior” tilda su labor con las banderillas Paco Pica-Poco. Unos días después de este doctorado (17 de septiembre) “El Espartero” estaba anunciado para torear una novillada en Zalamea la Real, provocando el hecho una gran confusión entre los aficionados y la prensa. Ante ello, el 11 de octubre siguiente se repitió la ceremonia con los mismos protagonistas en idéntico escenario, para acabar de esa forma con las posibles dudas surgidas acerca de la validez de la anterior.

La fama del “Espartero” creció enormemente por todo el orbe taurino, y su nombre se hizo imprescindible en las ferias más importantes de España. Los aficionados acudían en masa a las plazas, querían comprobar in situ las evoluciones en el ruedo del diestro que se esforzaba cada día por imponer al temperamental astado que salía por chiqueros en aquellos años su revolucionaria concepción de la Tauromaquia. Osadía que acabó por costarle la vida aunque allanó el camino de lo que llegaría posteriormente con “El Pasmo de Triana”.

© Carmen de la Mata Arcos/2015

BIBLIOGRAFÍA.
Cossío, José María de: “Los Toros. Inventario Biográfico”. Tomo 14. Editorial Espasa Calpe. Madrid, 2007.
Fernández Valdemoro, Carlos (José Alameda): “El Hilo del Toreo. Los Heterodoxos del Toreo”. Espasa Calpe. Madrid, 2002.

PÁGINAS WEB.
http://www.bibliotecadigital.jcyl.es
www.bne.es/es/Catalogos/HemerotecaDigital

 


 

 

toros 12 y 13


Vídeos
El vídeo de Morante con los antitaurinos en Ronda
Como se aprecia en el vídeo, las “manifestaciones” son pequeñas concentraciones de personas a los que los grandes medios les ponen oídos. Se deduce que pese a quién pese, la Fiesta sí interesa, falta organizarse y trabajar desde dentro.
Por David Zamora

miércoles 09 de septiembre del 2015, 12:48h

En el vídeo donde vemos a Morante en la manifestación antitaurina de Ronda se ve cómo estas “manifestaciones” son pequeñas concentraciones de personas que incluso parecen estar divirtiéndose mientras gritan contra la fiesta, como muestra el vídeo en el que algunos salen riéndose algunos de los asistentes. Grupos pequeños de personas a los que los grandes medios generalistas dan una difusión que no merecen. ¿Debe ocupar espacio en Antena3 o en TVE algo tan poco serio como lo que se aprecia en el vídeo? Por el hecho de haber estas ridículas concentraciones y de tirarse algún individuo aislado al ruedo, dicen que los toros no interesan, y todo por el oído que la prensa general les pone. Pues no interesará a los 40 que acuden, porque a los miles de personas que han ido a la Goyesca y a la de rejones, por ejemplo, sí que les interesan los toros. O a los 10 millones que ponen la televisión cuando retransmiten una corrida en la televisión pública.

Pese a quién pese, la Fiesta sí interesa, falta organizarse y trabajar desde dentro.

 


 

TOROS
La armonía torera de Ponce
ANDRÉS AMORÓS / VALLADOLID
Día 09/09/2015 – 22.47h
Con toros flojos, corta una oreja; El Fandi, dos y sale a hombros

ABC
Enrique Ponce se dobla con torería en la Goyesca de Valladolid
Conmemora Valladolid los 125 años de su Plaza, inaugurada el 29 de septiembre de 1890. La Goyesca que abre la Feria no depara sorpresas. En lo negativo, los jóvenes que gritan «¡Asesinos!» a los pacíficos espectadores, la mediana entrada y la flojedad de las reses. En lo positivo, la entrega del Fandi, que corta dos orejas y sale a hombros; la firmeza de Perera y la magistral armonía de Ponce.

Los toros de Charro de LLen se anuncian como atanasios pero creo que son domecqs: manejables pero muy escasos de fuerza y casta. Toda la tarde he recordado el título de una vieja película mejicana: «Mientras el cuerpo aguante…» Lo que solemos ver ahora, en las Plazas es: «Mientras el toro aguante». Cuando se derrumba o se raja, todo se viene abajo.

Como muchas veces, al Fandi le tocan en suerte los dos mejores y no se deja nada en el tintero. En el segundo, largas de rodillas, zapopina, gimnástico tercio de banderillas, más muletazos de rodillas y un espadazo: oreja. En el quinto, verónicas de rodillas, espectacular con los palos, faena voluntariosa y desigual, más cantidad que calidad, pinchazo hondo y descabello: nueva oreja y salida en hombros.

Tampoco es nuevo que a Perera le toquen los dos peores. Se queda muy quieto en el tercero, flojo y rajado, hasta que el toro se desentiende y huye a tablas. Lo emborrona con la espada, que cae baja. Devuelto por flojo el sexto, el sobrero de Tapatana (Carlos Núñez, creo) es reservón y deslucido. Miguel Ángel vuelve a estar firmísimo: consintiéndole, logra muletazos de mérito. Responde a un grito inoportuno con un importante arrimón, que llega mucho al público. Mata a la segunda y no se concede la oreja.

El primer toro se deja la poca fuerza que tenía en una vuelta de campana. Ni Ponce, vestido con un precioso vestido goyesco color marfil, es capaz de sacar nada de una res que se para a mitad del muletazo. El cuarto es justo de fuerzas y casta pero se mueve más. Dibuja buenas verónicas y delantales. El comienzo de faena es primoroso. LLeva al toro largo y templado, liga muletazos, le saca todo lo que pueda tener. ¡Y mata bien, como ahora suele! Cuando tarda en caer, se adorna con torería. Para ser faena grande, le ha faltado toro. Como tantas veces, ha mostrado su maestría, su buen gusto. Con 25 años de alternativa, está toreando mejor, con más belleza que nunca.

Esta tarde, no se le puede comparar con el Goya bronco y recio de tantos grabados pero sí con el refinadísimo de los cartones para tapices, que parecen tener la gracia leve de la acuarela: un ejemplo de armonía torera. Eso sí, mientras estos toros, flojos y de poca casta, aguanten…

VALLADOLID. Feria de Nuestra Señora de San Lorenzo.
A.M.VALLADOLID
Miércoles 9 de septiembre. Corrida goyesca. Media entrada. Toros de Charro de LLen, de poca fuerza y casta; 6º, sobrero de Tapatana, deslucido.

ENRIQUE PONCE, de marfil y azabache, pinchazo y estocada (palmas). En el cuarto, buena estocada (oreja).

EL FANDI, de grana, estocada (oreja). En el quinto, pinchazo hondo y descabello (aviso, oreja). Sale en hombros.

MIGUEL ÁNGEL PERERA, de azul, estocada caída (palmas). En el sexto, pinchazo y buena estocada (petición y saludos).

 


 

¡Si Goya levantara la cabeza!

ponce goyesco

Tengo que reconocerlo y manifestarlo: soy un impenitente receloso de las corridas goyescas. Me parecen una fanfarria sin demasiado contenido. No me ponen. Así que la de ayer en Valladolid ya, de entrada, no me despertaba especiales apetencias, sugerencias o atractivos; antes al contrario, me parecía un contrasentido.

Las corridas goyescas –como tantas otras ocurrencias que surgieron o brotaron en la ribera del río de la Tauromaquia—fueron un invento de Eduardo Pagés, aquél aspado empresario catalán que vendió la Plaza de Valladolid a Jumillano (don Isidro) y llegó a la fiesta de los toros con tufos de poeta y autor teatral. Se sacó de la manga los espectáculos cómico-taurinos, las exclusivas a las grandes figuras y, en fin, las corridas goyescas. Las estrenó en Murcia, por estas fechas más o menos, el año 29, un año después de que muriera el pintor de Fuendetodos. Pagés justificó el invento como homenaje el genio del pincel y vistió –es un decir—a Lalanda, Villalta, Niño de la Palma y Félix Rodriguez, tirando de la guardarropía de Pepe Hillo, Costillares y compañía, vistiendo de colorido el coso de la Condomina. ¡Habría que verlos! Cuentan las crónicas que el festejo fue un fracaso, pero Madrid lo proyectó y potenció más tarde como un remedo cañí, de chisperos y manolas; todo muy madrileño, por cierto.

Tanto uno como otro (el primigenio murciano y su copia de los Madriles) aquellos espectáculos goyescos tenían cierto sentido, pero en Valladolid, en pleno siglo XXI, hacer salir de goyescos –más o menos—a los toreros con el pretexto de conmemorar ciento veinticinco años de la apertura del coso del paseo de Zorrilla, no deja de ser una broma. En tal caso, los toreros deberían haber salido con el indumento parecido al que lucieron aquella célebre tarde Lagartijo, Espartero y Guerrita, y coleta natural, por ejemplo; pero, ¿qué tiene que ver Goya con el año 1890?

En fin, que en un alarde imaginativo –pero ayuno de cultura taurina—la empresa de esta Plaza propició la salida al ruedo de Enrique Ponce, con un traje super-recargado, como los de la más encopetada nobleza o gente palaciega del despotismo ilustrado, de El Fandi con unas horrendas medias negras, de espigón rosa, y de Miguel Ángel Perera con un raso azul rey, livianamente festoneado con negra cordonería. ¿Y el resto del personal de cuadrillas y de operarios de Plaza? Permítanme que obvie entrar en detalles.

Tampoco los toros de Charro de Llen –con su nuevo encaste proveniente de Daniel Ruiz—se parecerían en nada a los del marqués de Saltillo de hace siglo y cuarto. Corrida flojona, descastada y desfondada, la de mi amigo José Ignacio, el popular Charri salmantino. El ganadero achacará la flojedad y desfondamiento de los dos primeros toros a los volatines que se dieron al clavar los pitones en la arena, pero se engañaría a sí mismo. A sus toros –de bella hechura, por cierto– les faltó casi de todo.

El lote más asequible, se lo llevó El Fandi, circunstancia que aprovechó Fandila para darles fiesta a sus dos toros desde que salieron por la boca de chiqueros, ora con largas de rodillas, ora con lances de la misma guisa y pases de todas las marcas, como decían los antiguos revisteros. Ítem más, dos tercios de banderillas de los que enfandilan a las muchedumbres de todas las latitudes del orbe taurino. Y aunque su espada no fue tan rotunda como en otras ocasiones, cayeron dos orejas, dos, que le dieron el pasaporte para salir de la Plaza aupado por su puerta grande. De eso se trataba.

Ponce, tan afanoso como descorazonado por el nulo juego de su primer toro, se resarció un pelín con el cuarto, en tres tandas a derechas de templado ajuste. Ahí paró la cosa, porque el toro no permitía la más mínima licencia por el pitón izquierdo. No obstante, la eficaz estocada que puso en manos del torero el premio de la oreja. Y es que Enrique no da tregua. Aprovecha cualquier resquicio pare abrir un rayo de luz en su faenar ante los toros. Incansable Ponce. Inmisericorde, Ponce. Omnipresente Ponce. Hay Ponce para rato.

Perera se fue de vacío, como diría el topicista habitual. ¿De vacío? Pero cómo no iba a irse así, si se vació con el sobrero de la corrida, un toro que tenía el berreíto clásico de los buenos nuñez, pero salió respondón. Protestó la salida de las suertes en los pases por arriba y se metió por debajo cuando el torero le apartaba la muleta de la cara. Toro para pegarse un arrimón… ¡pero qué arrimón! Espoleado por el grito de un tontucio, dejó que los pitones acariciaran el raso del calzón, incluso le hurgaran ostensiblemente en las carnes. En todo evento que se precie, siempre encontraremos un tonto de guardia. El de la Plaza de Valladolid se hallaba, más o menos, por los altos del tendido siete. ¡Arrímate!, le gritó a Perera, y al resto de la gente del graderío le entró la risa. La libertad de expresión, por supuesto, también está vigente para los tontos, faltaría más. En su anterior toro, Miguel desistió pronto de perseguir al mulo en su viaje hacia las tablas.

La goyesca de Pucela, no nos engañemos, fue un peñazo. Y las vestimentas de los toreros y demás personal de oficio, un horror. ¡Si Goya levantara la cabeza!

 

Valladolid, feria taurina de la Virgen de San Lorenzo. Primera de abono. Ganadería: Charro de Llen. Corrida de correcta presentación, pero muy escasa de fuerza y de fondo. Inválido el primero, se apagó pronto el segundo, el tercero se rajó descaradamente, el cuarto tuvo cierta movilidad por el pitón derecho y nulo recorrido por el izquierdo, el quinto, con más motor y mejor viaje, y el sexto, que manseó, se puso pronto a la defensiva y fue devuelto  durante el tercio de banderillas, siendo sustituido por otro de Carlos Núñez, de juego bronco y en progresión descendente. Espadas: Enrique Ponce, pinchazo y estocada casi entera (silencio) y estocada (oreja), David Fandila, El Fandi, estocada eficaz (oreja) y pinchazo hondo y descabello (oreja) y Miguel Ángel Perera, bajonazo (silencio) y pinchazo y soberbia estocada (gran petición y ovación). Entrada: Media. Cuadrillas: Nada destacable. Incidencias: tarde ligeramente ventosa y nublada. Los toreros lucieron indumentaria goyesca, al parecer, por celebrarse el próximo día 20 el 125 aniversario de la inauguración de la Plaza.





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