BREVES NOTICIAS TAURINAS 5 DE AGOSTO 2015

5 Ago

 

DESCUBRIENDO

La mejor manera de apoyar a la fiesta brava es acudiendo a las plazas los esperamos este proximo 9 agosto!!!


 

 

EFEMÉRIDES TAURINAS

5 de Agosto

 

1906Nace en Querétaro el picador Luis Muñoz Chito.

 

1919-Se inaugura plaza de toros en Nuevo Laredo y torean Eligio Hernández El Serio y Cayetano González con toros de Ajuluapan.

 

1934David Liceaga  DAVID LICEAGA    y Edmundo Maldonado Tato debutan en Colombia toreando en Bogotá.

 

1936Nace en Angangueo el matador de toros  Abel_Flores_(El_Papelero)  Abel Flores.

 

1951Juan Silveti debuta en Portugal toreando en Figueira da Fox toros de Da Gama y alterna con Manolo dos Santos.

 

1951-El ganadero Raúl González   RAUL GONZALEZ   debuta como novillero en la Plaza México matando novillos de La Laguna  154549_LaLaguna   y alterna con Antonio Duran y Julio Pérez Vito.

 

1953Nace en La Piedad el fuera alguacil de la Plaza México Jorge Alberto Aceves.

 

1956-Gran faena de Luciano Contreras hijo en la Plaza México al novillo Ventanero de Tequisquiapan    203356_Tequisquiapan   en tarde en que alterna con Jorge Luis Bernal y Paco Fragua.

 

1956La ganadería Las Huertas  173608_LasHuertas   debuta en Monterrey en la Plaza Guadalupe y torean Alfonso Ramírez El Calesero   ALFONSO RAMIREZ  , Luis Procuna   Luis Procuna   y Jesús Córdobajesus cordoba

 

1969Manolo Martínez  Manolo+Mart%C3%ADnez   tiene su mejor tarde en España toreando en Málaga corta cuatro orejas y dos rabos a toros de María Pallares y alterna con Antonio Ordoñez y Santiago Martin El Viti.

 

1979La ganadería Malpaso   195626_Malpaso   lidia por primera vez en Zacatecas y torean los novilleros Guillermo González, Gerardo Montejano, Jesús Salermi y Manuel Rodríguez.

 

1979-Grave cornada al novillero Rutilo Morales en Ciudad Juárez por un toro de Peñuelas  PEÑUELAS  DIVISA AZUL CELESTE Y ORO   en tarde en que torean Curro Leal   Curro Leal , Cruz Flores y Fermín Espinosa Armillita.   Fermin+Espinosa+(Armillita)

 

1979Manolo Martínez   Manolo+Mart%C3%ADnez     torea en la Plaza México la corrida numero mil de su carrera taurina y se encierra con seis toros, San Mateo  211401_SanMateo  , Torrecilla   204524_Torrecilla   , San Martin   SAN MARTIN  DIVISA MORADO Y VERDE a  , Mimiahuapam   170745_SanMigueldeMimiahuapan    , Reyes Huerta   210007_ReyesHuerta   y Los Martínez.  LOS MARTINEZ

 

1979La ganadería Los Martínez    LOS MARTINEZ   lidia por primera vez un toro en la Plaza México.

 

1984Jorge Carmona  Jorge+Carmona   se presenta en la Plaza México matando novillos de Matancillas   204352_Matancillas   y alterna con David Bonilla y Eulalio López El ZotolucoEulalio+L%C3%B3pez+(El+Zotoluco)

 

1988Fecha de cartel de la ganadería Cerralvo201733_Dekarlaypacos

 

1988Fecha de cartel de la ganadería   173823_SanAntoniodePadua   San Antonio de Padua.

 

1988Fecha de cartel de la ganadería San Diego Baquedano.

 

1988Fecha de cartel de la ganadería Daniel Muñoz.  201711_DanielAntonio Munoz

 

1988Fecha de cartel de la ganadería Los Ébanos.  185315_LosEbanos

 

1990-Se inaugura plaza de toros en Lagos de Moreno y torean Manolo Arruza, Jorge Gutiérrez y Cesar Pastor y el rejoneador Rodrigo Santos con toros de  225812_SantoDomingo   Santo Domingo y Santiago.  205549_DeSantiago

 

1990Alejandro Silveti debuta en Venezuela toreando en Valera toros de La Carbonera y alterna con Celestino Correa y Manolo Rodríguez.

 

1995Muere en México el picador Sixto Vazquez.

 


 

FRANÇOIS ZUMBIEHL REFLEXIONES SOBRE EL FUTURO DE LA FIESTA,

¿Ha llegado la Fiesta
de los toros a su final ?

 

por François Zumbiehl
Tenemos que asumir la ambigüedad de tal pregunta. Puede en efecto suponer que, por motivos internos y externos, la corrida está a punto de desaparecer, o, por el contrario, que su evolución le ha hecho llegar al nec plus utra ; en otras palabras, que va encaminada a la sima o a la cima.
Empecemos por la vertiente positiva. La corrida en su forma actual nace con el Siglo de las Luces, el de la modernidad. Con las debidas matizaciones significa basicamente la toma del poder por el pueblo en la Fiesta. Los de a pie, antes peones y lacayos de los caballeros en el espectáculo, se convierten en los protagonistas. Los hombres vestidos de luces – nunca mejor dicho – bajo el impulso de Costillares en el siglo XVIII, y de Paquiro en el XIX, imponen al traje tradicional plebeyo la plata y más adelante el oro reservado a los caballeros y luego heredado por los picadores en sus chaquetillas. Durante el mismo período la técnica taurina y el espectáculo se racionalizan con nuevos códigos y reglas especificados en los tratados de Pepe Hillo (1796) y de Francisco Montes Paquiro (1836), este último estableciendo los tres tercios y el protagonismo definitivo del espada como jefe de lidia. Se eliminan ciertos episodios a medida que el transcurrir del tiempo los cataloga como esperpénticos : suerte de perros, banderillas de fuego, caballos destripados por falta de protección…
Por otra parte desde el final del siglo XVIII el toreo se convierte en un arte cada vez más logrado. Ya, con el predominio del toreo andaluz, Pedro Romero manifiesta cierta preocupación por el temple y Pepe Hillo por la gracia. Dicen que Curro Cúchares fue el primero en hacer que la muleta, llevada en la mano derecha, se utilizara para dibujar pases y dejara de ser una simple herramienta para realizar la suerte de matar, y que por eso el arte del toreo lleva su nombre. Sin embargo la verdadera revolución estética llega a principios del siglo XX con la llamada Era de Oro protagonizada por Joselito y Belmonte. El toreo se fundamenta en el movimiento controlado de los brazos y ya no en la movilidad de las piernas, los terrenos del hombre y del toro se acercan, las curvas que prolongan los pases sustituyen las líneas rectas mientras se exige mayor lentitud. Se inventa una auténtica ligazón, que desemboca en series de varios pases, con Chicuelo y su histórica faena al toro Corchaito (1928). Manolete con su forma de adelantarse hacia el pitón contrario para provocar la embestida, y de aguantarla quedándose quieto logra cuajar un porcentaje mucho mayor de faenas. Paco Ojeda desarrolla un toreo laberíntico con sus inverosímiles ligazones de pases en un espacio tremendamente reducido. Al mismo tiempo los ganaderos revisan los criterios de selección de las reses bravas para que se adapten a las nuevas exigencias estéticas del toreo, en particular para que embistan humillando los engaños y repitan sus embestidas acudiendo a los cites con prontitud. Bajo estos criterios se impone la casta Vistahermosa y dentro de ella el encaste Parladé bajo la batuta de verdaderos magos de la ganadería brava como Ramón Mora-Figueroa, el Conde de la Corte y los Domecq.
¿Se ha pasado la Fiesta al tratar de alcanzar su perfección ? Tal vez. De hecho casi todas las críticas coinciden al observar que el espectáculo actual ha perdido buena parte de su emoción, la que despierta la combinación equilibrada de la emoción estética con la evidencia de la lidia y del peligro. Puede que tenga algún fundamento la frase consabida de que « hoy se torea mejor que nunca » si observamos detenidamente los documentos fílmicos que reproducen las actuaciones de maestros, no tan lejanos, que han hecho historia : Manolete, Pepe Luis Vázquez, Rafael Ortega, Ordóñez… Sus faenas y dentro de ellas las series son menos largas, ellos cambian a menudo el terreno, en los pases no es raro que las muletas queden enganchadas, lo que enfriraría mucho los ánimos hoy en día. Sin embargo si uno se fija en el público que las contemplaba puede notar que reaccionaba con mucha fuerza. ¿qué pasaba ? Pues que los toros en aquellos años, a pesar de ser más chicos, tenían más movilidad y empuje y menos docilidad. Los toreros, sin hablar de su arte y de su personalidad específica, demostraban dos cualidades que según el maestro Jaime Ostos se han enrarecido por no ser tan imprescindibles : el sentido de la lidia que debería ser el andamio sobre el que se edifica la obra de arte, y la torería que Pepe Luis Vázquez definía por eso que parece accesorio y que es esencial : el saber encontrar en todo momento el gesto oportuno y elegante para resolver una situación imprevista o de peligro, tener en el instante esa creatividad inagotable de los auténticos artistas y lidiadores.
Puede ser en algunos aspectos que se toree mejor que ayer, pero en la mayoría de los casos al mismo tipo de toro, el toro « bravito », casi nunca del todo malo (el « manso de solemnidad » es una verdadera rareza hoy en día), pero en el que se juntan pocas veces la bravura y la casta ; en resumidas cuentas un toro « que sirve » en la medida en que sus fuerzas se lo permitan, pero « transmite » a penas. Me parece que esto se debe en gran parte al estatuto de los ganaderos que, salvo una decena de ellos, ha bajado notablemente en la Fiesta y en la sociedad si comparamos con su situación en el siglo anterior. En sus criterios de selección deben más que nunca plegarse a las exigencias de las figuras y de la gran masa del público. Cuando no se ven obligados a practicar dumping para vender sus animales, la rentabilidad es para ellos una preocupación acuciante. De ahí las muy indecorosas fundas para proteger los pitones y para evitar las bajas debidas a las riñas de los toros en el campo. Tal vez sea principalmente una cuestión de imagen, pero es que ésta resulta muy negativa. Acrecienta y evidencia la manipulación de las reses bravas, y las aleja de su componente de animales libres, salvajes e intocados. El público que exige toros astifinos y se siente defraudado cuando esto no es así debería entender que a veces estos pitones tan perfectos son menos « naturales » que algunos pitones romos o ligeramente escobillados por haberse el toro rasgado en los árboles.
Por otra parte el espectáculo de la corrida se ha reducido bastante. De los tres tercios establecidos en tiempos de Paquiro el único que mide el éxito y las orejas es el último, con la faena de muleta más que con la estocada. Los dos anteriores vienen a ser para muchos una formalidad. Tampoco en el curso de la temporada hay mucho espacio para las sorpresas. Los carteles se cuecen con antelación en los despachos de los empresarios sin que se tome verdaderamente el pulso de la afición, sobre todo en España donde no existe ningún mecanismo de consulta para ello. El torero emergente, o reemergente, que triunfa incluso en Las Ventas tiene que esperar una sustitución para encontrarse con una nueva oportunidad. Y no hablemos de las novilladas cuyos costes de producción, por los reglamentos y las exigencias de los sindicatos, cierran el paso al joven que no está en condiciones de invertir dinero y hacen que la cantera de nuevas promesas sea muy escasa.
Bien sabemos que la mente del aficionado, plasmada de recuerdos y obnubilada por el pasado – pues es lo único que le queda de la belleza contemplada por un instante en el ruedo e inmediatamente desvanecida – suele ser ante todo nostálgica, conservadora y pesimista en cuanto al presente y al futuro. A pesar de este sindroma no deja de llamar la atención el presagio emitido por Antonio Díaz-Cañanbate en los años 60, según el cual una fiesta desvirtuada, encaminada más a un espectáculo estéticamente perfecto para satisfacer a las masas que a un rito de lidia con sus peligros, sus fracasos y sus incógnitas, « dificilmente podría llegar al siglo XXI. » En la misma perspectiva Hemingway aseguraba que la permanencia de la corrida requería dos condiciones : que se sigan criando toros bravos y que la gente siga demostrando interés por la muerte. De hecho, ¿qué porvenir espera la corrida si los aficionados ya no perciben o no asumen el significado profundo de ese ritual, que viene a ser la puesta en escena del enfrentamiento entre la condición temible de un animal indómito y la inteligencia de un hombre, demostrada en particular por la gracia de su arte (si bien es verdad que ese enfrentamiento desemboca en un entendimiento en el cual el torero, dialogando con el toro y revelando su bravura elabora con él una obra irrepetible). El trasfondo de todo eso es la tensión permanente entre la vida y la muerte que es el fundamento de toda existencia humana tal como lo han enseñado los mitos de las culturas mediterráneas, empezando por el mito de Teseo y el Minotauro y el conjunto de las tragedias griegas. La corrida es tal vez, al lado de la ópera italiana y de algunas procesiones de semana santa, la última ceremonia vigente en la cual se enlazan estrechamente la vida, la muerte y, de alguna manera, la resurrección. Pero nuestras sociedades contemporáneas y globalizadas han perdido de vista estas raíces y estas verdades. La muerte ya no forma parte de la escena pública, se esconde en recintos apropiados y en la intimidad familiar, o, lo que viene a ser casi lo mismo, se banaliza a través de una orgía de imágenes de atentados, accidentes y catástrofes, vehiculados por los medios a escala planetaria, cuyo mensaje subliminal y tranquilizador es que estos dramas suceden siempre a otros.
Otro inconveniente para entender esta fiesta : el hecho de que está basada en la intromisión en la ciudad de las realidades del campo, empezando por el toro y, más allá, por esta necesidad de criar animales y luego matarles para el beneficio humano. Los ciudadanos, sobre todo los jóvenes, saben poco de estas realidades cuando van a comprar en el supermercado su trocito de carne como si se tratara de cualquier producto manufacturado, olvidando que éste resulta de una matanza oculta. A esto se añade para ellos la educación transmitida por Walt Disney y sus seguidores, que les enseña que todos los animales hablan, no se matan y no se comen entre ellos, y que son perfectos sustitutos de los humanos, como muchas de nuestras mascotas. Esa asimilación de los hombres con los animales constituye la base « ideológica » del antitaurinismo contemporáneo, en el cual se unen influencias anglosajonas y filosofías orientales apresuramente digeridas después del 68. La amenaza de esta nueva inquisición contra los toros es cierta y potente, pero, gracias a Dios, nos protegen por el momento sus excesos de radicalismo y de fanatismo. El bando de la afición, por su parte, debe saber recurrir a los temas de defensa al alcance de nuestros tiempos : la lucha contra la globalización y la monocultura, o « cultura políticamente correcta », la protección de las libertades y del derecho cultural, incluso de las minorías, si sus prácticas y sus aficiones no suponen un atentado a los derechos universales de la humanidad. Es precisamente esa defensa que promueven las convenciones de la UNESCO.

Eso no significa que la fiesta de los toros deba quedar estancada, sin posibilidad de reforma y de evolución. El texto de la UNESCO lo dice claramente : si no hay relevo generacional con las aportaciones específicas de cada época, un patrimonio cultural inmaterial se muere o se convierte en pieza de museo. Claro está, la evolución no debe en ningún caso renunciar a lo que constituye la esencia de un rito o de una práctica cultural. Algunos pensarán que, para atraer a los jóvenes y fomentar una afición más amplia convendría llegar más o menos a esos festejos incruentos imaginados por don Bull. Pero ¿quién puede pensar que una corrida sin picadores y sin estocada, con novillos o becerros – pues de lo contrario no se podrían dibujar las faenas que exige hoy en día el público – no sería una mascarada y una hipocresía, ya que forzosamente el animal sería sacrificado a su vuelta a los corrales ? Creo que el camino es el inverso. El espectáculo taurino, sin dejar de lado sus valores artísticos, debe recuperar su dimensión ritual, volviendo a evidenciar su aspecto de combate. Para ello es también necesario que los ganaderos, en sus criterios de selección, procuren que el toro recupere toda la escala de la bravura, de manera que, a su vez, el torero sienta la obligación de lidiar antes de torear, y que el público vuelva a entender y valorar este trámite. En cuanto a las fundas, acepto la idea que, teniendo en cuenta las dificultades económicas del campo bravo, es un mal necesario, pero pido a los fotógrafos que se abstengan de retratar a los toros en el campo « vestidos » de esa manera, y que se piense en una labelización especial, por ejemplo « cría ancestral o tradicional», de la cual se puedan prevalecer los pocos ganaderos que todavía se resisten a ataviar a sus animales con estos añadidos.
Para fomentar la competencia entre los toreros, y sobre todo para dar más oportunidades a nuevos valores, me parece muy pertinente la propuesta del maestro Jaime Ostos : que se organicen a menudo corridas de seis toreros, de los cuales obligatoriamente uno o dos serían de alternativa reciente, sorteando el orden de las actuaciones. En esta misma perspectiva conviene aliviar el coste de las novilladas quitando la obligación a los jóvenes aspirantes de llevar tres banderilleros y dos picadores.
En la confección de la temporada, cualquier reforma que permita abrir el juego en el curso de ella, según el pulso de las actuaciones de unos y otros, será bienvenida. En España me parecería especialmente conveniente que se invente un mecanismo que induzca a los empresarios, o a las entidades propietarias de los cosos, a consultar a la afición local sobre los carteles, como se hace en Francia con las Comisiones Taurinas Extramunicipales (CTEM). Es hora de que se haga oír esta voz que es la que mantiene la Fiesta.
En cuanto al desarrollo de la corrida, dos perspectivas de reformas deben ser exploradas a mi modo de ver. En primer lugar hay que recuperar los tres tercios y, muy particularmente, revisar en el reglamento el modo de realizar la suerte de varas. Se trata de procurar que el toro tenga realmente la oportunidad de demostrar su bravura, lo cual excluye la monopica, y de impedir que muera en el intento. ¡Cuántos animales hemos visto asesinados en el primer puyazos, recibir un segundo puyazo de risa, y ser protestados por el respetable en la faena porque ya habían perdido sus fuerzas y su sangre ! Tampoco me explico que los sectores más rigurosos del público protesten cualquier posición defectuosa del caballo y se queden tan tranquilos cuando el noventa por ciento de las varas son traseras, no aplicadas en la base del morrillo como debería ser, con las consiguientes lesiones vertebrales al toro.
El tercer tercio no puede concluir de otra manera que con la suerte suprema, la muerte del toro en el ruedo. Es la médula del ritual de la corrida. Todos los toreros, perdón los matadores son unánimes al respeto. Ninguna otra salida tendría sentido. Ahora bien, en los tiempos actuales, en el momento en que el toro estoqueado ya no lucha y está a punto de convertirse en víctima, me parece urgente que se corrija la manera de darle el golpe de gracia, demasiadas veces inaguantable y sobre la que se apoyan las imágenes de los antitaurinos para demostrar que « esto es crueldad y barbarie ». Ya lo decía el maestro Antonio Ordóñez : « el descabello ya no es una suerte del toreo, es un acto de matarife ». Razón de más para que no se consienta que se repita más de lo razonable si el torero de turno es incapaz de acabar con el animal. Lo mismo sucede con la puntilla. ¿Cómo es posible que se aguanten siete intentos, cosa que desgraciadamente hemos presenciado ultimamente en la mismísima plaza de Las Ventas ? Esto ya no pertenece a la tauromaquia sino a la sordidez de un pésimo matadero. O bien se tiene que volver a contar con un auténtico puntillero profesional, contratado por la empresa, como fue el caso hasta hace poco en Madrid y Sevilla, o bien al tercer intento fallido los veterinarios dirán si la pistola de matadero o si cualquier otro instrumento puede servir para poner fin a esta escena bochornosa. En 1928, cuando se obligó a proteger a los caballos con el peto, la reforma fue mucho más tajante y decisiva para el desarrollo de la corrida.
Insisto, la corrida, como cualquier arte o cultura, forzosamente está llamada a evolucionar, pero debe hacerlo manteniendo sus fundamentos, fundamentos que los aficionados deben entender, saber explicar y transmitir a las jóvenes generaciones para asegurar el relevo. Si un día lejano, en el futuro, -¡que espero no ver nunca ! – tuviera que desaparecer, porque también estaría la afición en trance de extinguirse, que sea sin perder un ápice de su dignidad, como muere el toro bravo.

 


 

La simiente de Veragua en México

Es una verdad incontestable que la simiente española predominante en México es el de Vistahermosa proveniente del Marqués del Saltillo, la que cruzada principalmente con el ganado criollo que demostró aptitudes para ser lidiado, en los casos de San Mateo y Piedras Negras, ha producido un par de encastes bien definidos en los que predominan las características de los toros saltilleros, pero con acentos propios que les dan una carta de naturalidad propia.

No obstante, el hecho de que esos encastes sean mayoritarios, no excluye que se haya intentado mejorar la cabaña brava mexicana con simiente de orígenes diversos y así, en algún otro comentario he señalado mi idea de que en San Mateo, un toro de Palha jugó un papel que a la luz de la historia resulta fundamental y que en Piedras Negras, toros de Miura, Concha y Sierra y Veragua también sirvieron para cimentar las bases sobre las cuales los ganados de Saltillo serían la expresión mayoritaria de esa vacada fundacional.

Ante la abrumadora mayoría de la presencia de la sangre de Saltillo, resulta de gran interés conocer qué influencia tienen o tuvieron otras expresiones genéticas del ganado de lidia en nuestro campo bravo y es quizás la vertiente que más atractivo representa es la veragüeña, por lo variopinto de sus toros.

La tienta pública de sementales

Una práctica que se vio con frecuencia en el último tramo del siglo XIX fue la inclusión en corridas de toros, de la lidia de toros que estaban destinados a ser sementales en diversas ganaderías. La historia nos revela varios casos en los que un determinado toro solamente era picado y banderilleado y después vuelto a los corrales a ser curado, porque sería destinado a semental en una determinada ganadería.

Hay datos de toros de Pérez de la Concha, de Miura, de Valentín Collantes, llevado a la Hacienda de Bocas en San Luis Potosí, de Eduardo Ybarra y de tres toros del Duque de Veragua probados en estas condiciones en la Plaza de Colón de la Ciudad de México, el primero, el 2 de marzo de 1890, el segundo llamado Lamparillo, el 13 de abril de ese mismo año, que murió en los corrales de la plaza por los excesos de los picadores y el tercero, digamos tentado el 20 de abril, llamado Amapolo, al que para evitar lo sucedido con el anterior, solo se le señalaron los puyazos.

Lo que no precisan los anales, es el destino que se dio a esos tres toros veragüeños, aunque visto el estado de la cabaña brava mexicana, pudo ser para cualquiera de las ganaderías existentes en ese momento.

San Nicolás Peralta

Esta ganadería adopta esta denominación en 1903, cuando la adquiere don Ignacio de la Torre y Mier, yerno del entonces Presidente de la República, Porfirio Díaz. La vacada se había fundado en 1794 por Raimundo Quintanar en la Hacienda del Contadero, con vacas criollas y dos toros andaluces de procedencia indeterminada.

A mediados del siglo XIX, su nuevo propietario, Manuel de la Peña la anunciaba como Cazadero y con la base de la anterior, agregó 5 sementales españoles. Dos de Anastasio Martín y uno de Miura, Arribas Hermanos y Concha y Sierra, mismos que puso con lotes de cuarenta vacas cada uno y en 1897, agregó un toro de Saltillo que fue tentado públicamente en la Plaza de Bucareli el día 4 de abril de ese año y que tomó 11 puyazos y mató 6 caballos.

Posteriormente ya en propiedad del señor De la Torre y Mier, se vuelve a agregar simiente de Anastasio Martín y del Duque de Veragua. Se afirma que entre 1903 y 1920, llegó a importar alrededor de 40 toros de esta última procedencia para sus vacas, muchos de los cuales, tras el estallido de la Revolución que inició el 20 de noviembre de 1910, fueron lidiados en las plazas de la Capital del País, como en los casos siguientes:

5 de febrero de 1911. El Toreo, 6 toros de Veragua para Antonio Fuentes, Rodolfo Gaona y José Morales Ostioncito. Se anunció que los toros habían sido sementales de San Nicolás Peralta.

17 de septiembre de 1911. 3 toros de Veragua y 3 de Anastasio Martín para Francisco Bonal Bonarillo, que dio la alternativa a Merced Gómez con uno de los del Duque y a Alfonso Zambrano, con uno de los de Anastasio Martín. Igual se anunció que habían padreado en San Nicolás.

12 de enero de 1913. El Toreo, 6 toros de Veragua para Rafael González Machaquito, Arcadio Ramírez Reverte Mexicano y Merced Gómez. Igual se anunció que se trataba de sementales desechados de San Nicolás Peralta. Asistió a la corrida el Presidente de la República Francisco I. Madero. Reverte Mexicano se negó a matar a los dos últimos y cuando fue encarcelado por ello, bajó del tendido Serafín Vigiola Torquito, quien se quitó la americana, pidió unas zapatillas y concluyó lucidamente con el festejo.

11 de enero de 1914. El Toreo, 3 toros de Veragua y 3 de Zotoluca para Rodolfo Gaona, Vicente Pastor y Manolo Martín Vázquez. Asistió al festejo el presidente usurpador Victoriano Huerta.

8 de agosto de 1915. El Toreo, 6 novillos de Veragua para Cayetano González y Miguel Gallardo El Diablito. Este festejo destaca porque en esta época estaba vigente la prohibición decretada por Venustiano Carranza, paradójicamente tío abuelo de quien medio siglo después se levantaría como el mandón de la fiesta en México, Manolo Martínez.

12 de marzo de 1922. El Toreo, 6 toros de Veragua, Juan Silveti e Ignacio Sánchez Mejías.
Entre 1911 y 1923, se mataron principalmente en la plaza de El Toreo, 58 toros del Duque de Veragua, de los cuales la mayoría padrearon en la Hacienda de Santa Catarina, en las cercanías de Toluca, Estado de México, lugar en el que pastaban los toros que en las plazas lucían la divisa con los colores azul y caña.

El destino de los ganados nicolaítas

Siendo la Revolución de 1910 de un fondo eminentemente agrario y habiendo fallecido Ignacio de la Torre y Mier en 1918 después de haber pasado casi 5 años en prisión por causas políticas, resultaba lógico que su viuda se deshiciera de la vacada, por lo que el ejecutor testamentario de De la Torre, Julio Herrera, comienza a encontrar interesados en adquirir esos ganados aptos para la lidia, logrando distribuirlos en cuatro grandes fracciones, ubicadas en las ganaderías de La Punta, Xajay, Peñuelas y Jalpa.

La Punta

A un par de meses del óbito del ganadero de San Nicolás Peralta llega a La Punta, propiedad de los hermanos Francisco y José C. Madrazo y García Granados un lote de vacas de ese origen, sin que se precise por don Francisco Madrazo Solórzano la cantidad de ellas, pero fueron destinadas a dos toros uno el número 23 de Parladé, Pinchasapos y otro de Saltillo el número 18, Finezas, ambos adquiridos por intermedio de Ignacio Sánchez Mejías.

Xajay

Una segunda fracción del ganado fue adquirida por el propio ejecutor testamentario Julio Herrera, que casado con la señora Concepción Perrusquía en segundas nupcias de esta, entre 1918 y 1920, llevan a la Hacienda de Xajay, en los límites de Querétaro e Hidalgo, igualmente un estimable lote de vacas de San Nicolás, las que son cruzadas con dos toros de Piedras Negras, quedando desde 1923 la ganadería a cargo de los hermanos Jorge y Edmundo Guerrero Perrusquía, hijos del primer matrimonio de doña Concepción.

En 1925 se agregan vacas y sementales de Parladé y Campos Varela, que llegaron a México en el mismo embarque que la simiente destinada a La Punta, aunque se mantuvo una selecta punta de vacas de lo de San Nicolás Peralta, lo que permitía lidiar ocasionalmente toros sueltos o encierros completos de toros con características plenamente vazqueñas, como la corrida de los jaboneros de Xajay del 26 de marzo de 1944, que mataron mano a mano Armillita y El Soldado en El Toreo de la Condesa.

Peñuelas

La fracción más estimable del ganado de San Nicolás Peralta llegó al Estado de Aguascalientes. El total de cabezas de ganado fue de 273, pues don Miguel Dosamantes Rul recibió 115 vacas de vientre, 19 eralas, 21 erales, 40 toros entre 5 y 8 años, 29 utreros, 47 crías sin herrar y 2 sementales el Cilindrero número 14 cárdeno bragado y el Gallareto número 34, berrendo en negro.

Jalpa

Una última fracción de vacas y el semental Centello, número 18, negro bragado de San Nicolás Peralta fue a manos de don Antonio Algara en 1925 para su ganadería que originalmente se denominó Jalpa, por estar ubicada en la hacienda del mismo nombre en el Estado de Guanajuato y que posteriormente cedería los colores negro y amarillo de su divisa a la de Pastejé, que formaron en sociedad el propio Tono Algara y don Eduardo N. Iturbide, con saltilleras de San Diego de los Padres y toros de Murube, aunque se dejó, como en el caso de Xajay, una punta selecta de las vacas de San Nicolás, lo que se reflejó en la presencia frecuente de toros berrendos en esa ganadería.

San José de Buenavista

En 1925 en Xajay se dio un golpe de timón hacia lo de Parladé y Campos Varela, reduciéndose drásticamente la base de origen veragüeño de la ganadería. Por esos días, un ganadero guanajuatense, don José Francisco Aranda, había adquirido también algunos ganados de San Nicolás Peralta – quizás influenciado por su vecino Tono Algara – y después entre 1930 y 1940, adquirió vacas en Peñuelas y cuatro sementales de Xajay, dos de pelo negro y dos jaboneros, todo este pie de simiente, descendiente de los ganados que en su día fueran propiedad de Ignacio de la Torre y Mier.

La ganadería duró bajo la dirección de don José Francisco Aranda hasta el año de 1952, fecha en la que asume su manejo su hijo don José Alberto Aranda Díaz Infante, quien la condujo hasta este año 2008 en el que falleció, después de 56 años de conducir los destinos del hierro matriz de San José de Buenavista y el de La Cuatralva, que es el segundo de la casa y que representa el nombre de la finca donde pacen los variopintos ganados de los Aranda.

Aparte de las particularidades cromáticas, los toros de San José de Buenavista tienen otras, como el hecho de que el hierro se marca en el costillar del lado izquierdo y el número en el lado derecho; a los machos, se les hace doble señal de sangre, el zarcillo en la oreja izquierda y la corbata, de abajo hacia arriba en la badana y a las hembras aparte de esas dos señales se les hace un corte o dos en la papada, según sean buenas o muy buenas en la tienta. Independientemente de ello, es una de las pocas ganaderías en México que marcan a fuego en el palomilla el guarismo del año del nacimiento, puesto que aquí no es obligatorio hacerlo.

Remate

Esta es, a muy grandes rasgos, la presencia de la simiente de Veragua en México. Como podemos ver, la sangre del Duque prácticamente no existe en pureza en estas tierras dado que no se trajeron más que toros padres para perpetuarla y de los antecedentes examinados, se puede advertir que el manejo de ella fue bastante caótico, perviviendo más que nada el fenotipo veragüeño, aunque en el fondo, mezclado con diversas otras líneas de sangre brava.

He de aclarar también que lo que aquí expreso es el panorama anterior a 1993, pues en ese año se reanudaron las importaciones de ganado de lidia de España y entre lo que se trajo de aquellas tierras llegó una cuota importante de ganado de origen Domecq, que tiene entre sus bases precisamente la ganadería que en su día fuera la del Duque de Veragua y que mantiene, aunque sea en un mínimo porcentaje, goterones de esa sangre.

Mis fuentes

Las fuentes que consulté para armar este relato que peca por su falta de brevedad son los libros: Nuestro Toro, de Eduardo Castillo García, editado por la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia; Historia del Toro Bravo Mexicano y La Fiesta Brava en México y España 1519 – 1969 de Heriberto Lanfranchi; El Toro de Lidia en México, de Agustín Linares; El Color de la Divisa, de Francisco Madrazo Solórzano; Hierros y Encastes del Toro de Lidia, de Filiberto Mira; Historia de la Plaza El Toreo 1929 – 1946, de Guillermo E. Padilla; Historia del Toreo en México, de Nicolás Rangel y Efemérides Taurinas Mexicanas, de Luis Ruiz Quiroz. Además, me fueron de utilidad dos extensos reportajes, uno publicado en Campo Bravo número 6, correspondiente a noviembre de 1997 y firmado por Rodolfo Vázquez sobre la ganadería de Xajay y el otro, publicado en 6 Toros 6 número 386, correspondiente al 20 de noviembre de 2001, firmado por Juan Antonio de Labra, sobre la ganadería de San José de Buenavista.

 


 

Desde el barrio: La persecución
Por: Paco Aguado | Opinión
Martes, 04 de Agosto del 2015 | Madrid, España

La veda está abierta. Estos nuevos políticos, que se dicen pero no son, de izquierdas y los pijos radicales que se disfrazan de “transversales” han dado carta blanca a todo aquel concejalillo o activista pagado que quiera atacar la fiesta de los toros en España. Y ha sido este mismo verano cuando ha comenzado la persecución, un acoso que, sin reacciones contundentes, nadie sabe aún adonde nos puede llevar a parar.
Recién llegados a los ayuntamientos y gobernando de carambola sin votos suficientes para avalar sus vengativas políticas, estos nuevos caciques de coleta y camisa de cuadros, mezclados con blogueras que mean de pie en mitad de la calle, han inaugurado sus legislaturas con la obsesiva intención de cargarse los toros allí donde asome la sombra de un pitón.

Por pura demagogia, igual que retiran bustos y cambian banderas, o que desentierran un “guerracivilismo” oxidado que el país ya hace mucho tiempo que superó, andan todos empeñados, como quienes se la enseñan a ver quién la tiene más grande, en dar el mayor golpe de efecto posible a costa de las corridas de toros o de los festejos de calle.

No saben aún de qué va esa vaina de la gestión municipal pero, antes de meterse en harina y de mostrar si son capaces o no de resolver los verdaderos problemas de la gente, han encontrado en esas cantadas, pero que no son tales, “subvenciones” a las corridas la coartada perfecta para hacer como que hacen hasta que llegue su otoñal hora de la verdad.

En su irreverente desembarco municipal no han tenido a mano nada mejor, de momento, que los presupuestos de las patronales fiestas veraniegas para hacer demagogia. Y le hacen un brindis al sol diciendo que el dinero de los toros, como si fuera la administración quien mantuviera el espectáculo y no hubiera en toda España miles de sumideros para el derroche y la corrupción, se va a reconducir a esas recurrentes políticas sociales con que salvapatrias de todo signo se ponen medallas a costa de las miserias de la gente.

Día tras día de éste tórrido verano español estamos teniendo noticias de ayuntamientos en los que los dos o tres “progres” de turno fuerzan un absurdo pero mediático pleno para que la corporación se pronuncie en contra de la tauromaquia, en todas su versiones, por mucho que ni entiendan ni sepan de sus cientos de matices formales y hasta locales.

Y mientras en unos sitios fracasan –allá donde el toreo tiene más arraigo– en otros triunfan. Y hasta llegan a declarar antitaurinas localidades donde no existe memoria de que se haya celebrado en la puta vida ni una capea ratonera. Pero la demagogia crea moda, apoyada en la rutina estival de unos medios de comunicación vacíos de contenido y que se agarran a la corriente de turno como el tonto a la linde. De tal forma que lo peor de la situación no serán tanto sus negativos, pero esperemos que reversibles, efectos inmediatos como la forzada corriente de opinión que se extenderá más allá de los hechos.

En morganática y bastarda alianza con un PSOE que traiciona a miles de votantes taurinos y se traiciona de paso a sí mismo y a su historia, todos estos hijos de papá camuflados de rojos, estos nuevos revisionistas de la historia que, como dice mi amigo De los Reyes, se han quedado en el capítulo 1 de “Cuéntame”, están metiendo a los aficionados a los toros en la manga de una dañina estigmatización.

Porque cada soflama antitaurina de estos sí que subvencionados yihadistas del animalismo viene envuelta en el rancio y apestoso papel de estraza del tópico antifranquista; del recurrente, caduco y barato discurso de la España negra con el que, sumado a la conquista económica y moral del imperialismo anglosajón, se identifica el rito milenario del toro bravo con la incultura y la incivilización.

Nos comparan y equiparan estos fundamentalistas con los maltratadores, con los tratantes de blancas, con asesinos sicóticos; histéricos y fanáticos, nos insultan y nos escupen a la cara ante las puertas de las plazas de toros, como las beatas y los curas preconciliares hace unos años a quienes entraban a ver “Jesucristo Superestar” o “La última tentación de Cristo”; y nos agreden con suficiencia de pedantes perdonavidas en los medios, ya sea en las tertulias de pesebre político o en las de cotilleo mariconil.

Y agachamos mansamente la cerviz, no como el toro bravo que no nació para el yugo, que dijo ese verdadero y valiente rojo que fue Miguel Hernández. Abochornados por los neofascistas de la moral, nadie de entre los de este rebaño que llevan al precipicio nos atrevemos a sacar pecho y a afirmar con orgullo, en voz y cabeza alta, nuestra afición y nuestra distinción cultural, tan ajena al ocio controlado y programado y a ese electrónico aislamiento social que ha provocado tanta estulticia.

No queremos darles la razón, ni darles motivos y excusas violentos para el linchamiento que, visto lo visto, no tardará en llegar. Y nos callamos, pasamos de largo y les miramos de reojo mientras que no nos insultan a nosotros sino a nuestros propios padres y a nuestros abuelos, que un día nos llevaron a los toros de la mano para educarnos, pacíficamente, maravillosamente, cultamente en el sublime simbolismo del toreo.

Mal vistos, agredidos, apestados, repudiados y quién sabe si dentro de poco perseguidos, los aficionados a los toros parecemos ya judíos segregados por los nazis, en una campaña antitaurina que crece y crece al galope entre una sociedad borreguil que se alarma más por la muerte de un león en África que por la de cientos de miles de niños del mismo entorno.

Quizá vaya siendo hora de que reaccionemos de una puñetera vez, antes de que los libros de toros ardan en las piras de las plazas mayores, de que esa meona que se dice “roja” cumpla sus amenazas de bomba y de que estos hitlerianos del gato capado y el perrito meón nos lleven a nuestra particular “noche de los cristales rotos”.

 


 

 Tauromaquia: Novillos, novilleros y novilladas (II)
Por: Horacio Reiba | Opinión
Lunes, 03 de Agosto del 2015 | Puebla, Pue.

Gabino y Abel

El domingo de agosto en que Marilyn Monroe se suicidó alternaban mano a mano en la México Gabino Aguilar y Abel Flores, triunfadores de la temporada chica de 1962. Gabino corta dos orejas por una gran faena. Abel vencerá en la disputa por la Oreja de Plata. Y ambos serán, al año siguiente, la mejor representación de la novillería mexicana en España. Gabino –que como El Ranchero había nacido en Piedras Negras, sin haber parentesco entre ambos– alcanzó triunfos resonantes en Sevilla y otros cosos del sur. Flores tomó su alternativa en la Maestranza (29.09.63, de manos de Diego Puerta), y Aguilar en Madrid, en corrida de Beneficencia y en presencia de El Cordobés (16-06-64). Dos valientes que de matadores torearon poco, tras dejar huella aquel verano del 62.

Villanueva y Ponce de León

Ya habían pasado por la gran cazuela, en plan de novilleros sensacionales pero sin alternantes que les hicieran sombra, Manolo Martínez (1965), Eloy Cavazos (66) y Curro Rivera (68), cuando en 1969 movieron fuerte la taquilla Miguel Villanueva –apizaquense de intuitiva finura –y, con una tauromaquia que aunaba garra y hondura, Raúl Ponce de León, sobrino del Ranchero Aguilar. Luego de varias tardes en abierta competencia, Ponce de León ganó el Estoque de Plata con un faenón, y ambos participaron en la siguiente temporada chica, antes de hacerse matadores por el norte en ese verano del 70. Les faltó, como a Gabino Aguilar y Abel Flores, la fortuna indispensable para descollar en la división de honor, copada por el trío Martínez-Cavazos-Rivera y sus protegidos, entre los cuales nunca se contaron.

En esos años 60 comparecieron en la México, y no hicieron mal papel, los norteamericanos Diego O´Bolger y Robert Ryan, que hoy es pintor y escritor taurino muy distinguido. Más logró impactar su paisano Richard Corey, triunfador con Adrián Romero del último verano de la década, el de 1970.

Fue precisamente por entonces que los hijos de toreros famosos empezaron a pulular. Por la México pasaron Caleserito –que despertó clamores con su arte finísimo pero pronto se vino abajo– y Chucho Solórzano, autor de una de las mejores faenas novilleriles vistas en la Monumental (a “Bellotero” de Santo Domingo, 18-10-64). Pero uno de ellos, Manolo Espinosa, el primogénito de Armillita, inauguraría la moda de viajar directamente a España para prepararse y debutar allá. Manolo Arruza siguió su ejemplo a principios de la década siguiente, y tras él Miguel Espinosa, como anuncio de lo que hoy es práctica común entre novilleros con apoyo económico, sean o no de dinastía. Uno de tantos efectos perversos del drástico achicamiento de las temporadas chicas.

Mariano y Rafaelillo

En la línea de un dominio intuitivo y seco sobre los astados, Mariano Ramos fue la gran revelación de 1971 en la Monumental. Podía con todos los novillos, les corría la mano con seguridad y temple sorprendentes en un joven de 19 años, y a menudo les cortaba las orejas. El contraste lo establecía Rafael Gil “Rafaelillo”, hijo de novillero y dotado de un carisma natural para el toreo pinturero, con el que disputaba las palmas a Mariano y a prospectos tan interesantes como José Antonio Gaona –nieto del Califa– y Curro Leal. En la novillada por el Estoque de Plata –que se adjudicaría Mariano–, bordó Rafaelillo un verdadero faenón, malogrado con la espada. Ambos se doctoraron ese invierno, aunque el porvenir les reservaba trayectorias harto diferentes.

Hablando de novilleros de dinastía, en los 70 se presentaron en Insurgentes, gustando sin llegar a más, Fermín Espinosa Meléndez, Humberto Moro hijo (ambos en 1974) y David Silveti (1976); mayor vuelo tomarían, al año siguiente, Guillermo y Manuel Capetillo, en una temporada en la que descolló y se ganó la alternativa Jorge Gutiérrez, y en la que José Antonio Ramírez Ibarra “El Capitán” –otro hijo de Calesero– inmortalizó al indultado “Pelotero” de San Martín (09-09-77), histórica faena a la que, sin embargo, aquel enorme artista no consiguió agregar ninguna más, tal como ocurriera con Rafael Osorno tras su recordado faenón a “Mañico” de Matancillas en El Toreo de la Condesa (30.08.42).

El Pana, Majano y Pastor

Pero los mayores llenos y polémicas de la década del 70 los despertó un novillero ya veterano, curtido en las chonadas y novenarios del centro y sur de la república, que procedía de Tlaxcala y había pisado por primera vez la Monumental en calidad de espontáneo. Desde el primer momento, Rodolfo Rodríguez “El Pana” sacudió, apasionó y dividió a la afición: mientras los conocedores se inclinaban por las maneras clásicas de César Pastor o las templadas faenas izquierdistas del madrileño Ángel Majano, las masas se entregaron al expanadero de Apizaco, con su toreo osadamente original y frecuentemente retador.

Esa temporada de 1978, marcada por llenos, triunfos y emociones constantes, condujo a Rodolfo y a Ángel directamente a la alternativa, que ambos tomaron en la temporada grande inmediata, en tanto César marchaba a España. Ya lastraban a El Pana las secuelas del cornadón de un novillo de Almeya en su última comparecencia, que toreó vestido de chinaco, pero también sus constantes mofas y desafíos a las figuras que dominaban el tinglado. Y lo que en algún momento le sirvió para incrementar su popularidad, al pasar a las filas de los matadores se volvió en su contra cuando, previsiblemente, los mandones –y su prensa adicta– optaron por hacerle el vacío y cerrarle el paso.

Valente, Mejía y Belmont

Sin duda, el último gran ídolo novilleril de la México fue Valente Arellano, que llegó a la fiesta cuando ya las temporadas del doctor Gaona habían caído en un desorden indescifrable, y desaparecería como el meteoro que fue por culpa de un desdichado accidente vial que lo sorprendió con apenas 20 años (04.08.84).

Nacido en Torreón, Valente impuso su carisma, basado en la frescura de su estilo, la variedad de su toreo y un valor lindante en el estoicismo. Se presentó en la México el 28.09.82, y la expectación que había por conocerlo, producto de sus triunfos en provincia, quedó rebasada desde el primer momento. Ya ese día desorejó a un novillo fuerte y encastado de Rodrigo Tapia, y a poco le cortaba el rabo a “Pelotero” de Felipe González. Esa tarde (07-11-82) salió en hombros con Manolo Mejía y Ernesto Belmont, grandes animadores de una temporada tardía en la que Gaona dejaba pasar varios domingos sin toros, y al reanudar la serie, sin abandonar tales intermitencias, nos encontrábamos ya a las puertas del invierno. Mejía apuntaba un corte de torero bueno, sobrio y dominador, Belmont era un auténtico torbellino en el ruedo, pero Valente, erigido ya en ídolo con mayúsculas, coronaría su superioridad al repetirse la terna de moda y cobrar cuatro orejas de sus novillos de La Venta del Refugio (28-11-82).

A tanto llegó el fervor y la entrega del público que éste no le perdonó una mala tarde, última suya en el embudo de Insurgentes. En lo sucesivo, sin volver ya a la capital, sería perseguido por las cornadas, de modo que su alternativa se demoró casi dos años (Monterrey, 04-06-84, de manos de Eloy Cavazos), con la muerte pisándole los talones. Su desaparición supuso un golpe paralelo al de la atonía de la fiesta en la capital. Malos años fueron los 80, aun sin que sus irregulares temporadas chicas llegasen a la patética situación actual.

 


 

Editado por la Universidad de Sevilla

Nuevo estudio sobre la empresa taurina

Un ejemplo más de cómo la Tauromaquia es materia de estudio e investigación continuada en muchas universidades españolas. En esta ocasión, ha sido la Universidad de Sevilla quien, en unión de la Fundación de la Real Maestranza, ha lanzado el estudio “El mercado taurino en los inicios de la tauromaquia moderna”, una obra del catedrático de Historia Económica Antonio Luis López Martínez., que se integra en la colección “Tauromaquia” del servicio de publicaciones de la Hispalense.
Actualizado 18 agosto 2013

Redacción
La Universidad de Sevilla ha editado, junto con la Fundación Real Maestranza de Caballería, un nuevo libro de toros: “El mercado taurino en los inicios de la tauromaquia moderna”, una obra del catedrático de Historia Económica Antonio Luís López Martínez, que estudia el conjunto de matices empresariales de las actividades taurinas en la etapa contemporánea.

La nueva obra reúne una amplia información que “se aleja de los numerosos precedentes, muchos de ellos realizados de forma simplista, inocua y basados en estereotipos”, según sus editores.

El profesor López Martínez no es precisamente la primera vez que se ha acercado con este enfoque empresarial a la materia, ya que en 2002 ya había publicado un estudio que se agotó rápidamente. El toque diferenciador con respecto a aquella primera aportación ha sido, sin duda, la perspectiva económica de su tratamiento. Así, han quedado atrás aspectos más generales ya demasiado manidos.

En la obra ha catalogado la empresa taurina y recorre los muchos factores mercantiles que se han producido en paralelo a los toros. Una dinámica inseparable en las corridas modernas, las conocidas de toreo a pie

El autor recuerda que el mundo taurino “se convirtió en una auténtica empresa en la que los organizadores, muchas veces instituciones, obtenían beneficios de las corridas y de ello construyeron el negocio, hasta convertir el ejercicio del toreo en una profesión u oficio diferenciados”.

Además, el profesor López Martínez ha enfocado Sevilla como ámbito geográfico del estudio debido a que fue una de las primeras en las que se desarrolló este modelo de corridas convirtiéndose en un centro privilegiado de contrataciones.

En este contexto, explica el autor como el mundo taurino se convirtió en una auténtica empresa en la que los organizadores, muchas veces instituciones, obtenían beneficios de las corridas y de ello construyeron el negocio.

En un interesante apéndice documental aporta el autor datos fundamentales y hasta ahora poco conocidos, que permiten continuar con el estudio de la Fiesta

 


 

Los criterios objetivos y científicos

El toro está fisiológicamente adaptado a la lidia


El Dr. Gil-Cabrera, investigador en Ciencias Veterinarias en la Universidad Complutense y especialista en la fisiología y comportamiento del toro durante su lidia, explica detalladamente en este artículo la adaptación fisiológica del toro durante la lidia. Y sobre la base de criterios objetivos y científicos, concluye que “se puede afirmar que efectivamente el toro elabora una respuesta de adaptación al estrés que le permite desarrollar las modificaciones fisiológicas necesarias para afrontar el estrés de la lidia, y esta adaptación tiene un reflejo en el comportamiento específico de este animal en esta situación concreta. Se trata de un artículo importante para deshacer malentendidos y, en especial, para dejar en evidencia la endeblez de algunas argumentaciones animalistas.
Actualizado 31 julio 2013

Fernando Gil-Cabrera
A raíz de las comparecencias que tuvieron lugar recientemente durante la Comisión de Cultura en el Congreso de los Diputados, me gustaría hacer una serie de aclaraciones que, como especialista en la fisiología y comportamiento del toro durante su lidia, considero que es necesario conocer para poder valorar con un criterio objetivo y científico este tema.

La primera consideración hace referencia al manido titular “El toro no sufre” del que se viene haciendo uso demagógico repetidamente en este tipo de contextos. Como el Dr. Illera ha aclarado en multitud de ocasiones y los estudios científicos de su departamento avalan, la lectura correcta es “que el toro de lidia, gracias a su selección y evolución, es capaz de adaptarse fisiológicamente tanto al estrés como al ejercicio físico que supone su lidia” y, en ningún caso se ha hecho un juicio de valor acerca del sufrimiento del toro de lidia en esta situación. Por lo tanto, sería aconsejable dejar de utilizar y de hacer referencia a este titular periodístico como a una conclusión científica derivada de los trabajos de este grupo de investigación.

Alguno de los comparecientes criticaron el hecho de que los trabajos referentes a la fisiología del toro de lidia realizados en el Departamento de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, no han sido publicados en ninguna revista de ámbito internacional, intentando invalidar por ello las conclusiones derivadas de los resultados obtenidos. Me gustaría aclarar, que existe una dificultad específica para publicar trabajos referentes al toro de lidia en este tipo de revistas; no obstante, dichos trabajos cuentan con el respaldo de varias Tesis Doctorales realizadas en el Departamento y aprobadas por sus respectivas Comisiones de Doctorado que velan por el rigor científico de los trabajos aprobados. Asimismo, estos trabajos han sido presentados en diferentes congresos científicos, tanto nacionales como internacionales.

Curiosamente, las personas que exigieron que los trabajos científicos deben estar publicados en revistas de ámbito internacional, basaron su argumentación en estudios sobre el toro de lidia que no están publicados en ninguna revista que cumpla este requisito. En este sentido, en el trabajo referente a las lesiones producidas durante la lidia, no se aporta la información suficiente ni el soporte estadístico necesario que nos permita valorar en toda su extensión esas lesiones. Por ejemplo, no se explicó si las lesiones de más 30 cm o la rotura de la pleura o de una apófisis vertebral son casos puntuales o, por el contrario, se presentan con una frecuencia estadísticamente significativa.

Tras décadas de trabajo en la respuesta endocrina al estrés de diferentes animales, y en particular del toro de lidia, los estudios realizados en el Departamento de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, corroboran que el toro de lidia es capaz de elaborar una respuesta de adaptación fisiológica al estrés y al ejercicio a los que se ve sometido durante su lidia. Esto significa que el aumento en las concentraciones de las hormonas implicadas en la respuesta a estrés (como el cortisol, la ACTH, las catecolaminas o las endorfinas), y que se ha utilizado como argumento para probar el sufrimiento del toro durante la lidia, en realidad forma parte de una respuesta básica en todos los animales frente al estrés, incluyendo al ser humano, y gracias a esta respuesta y a la acción de estas hormonas somos capaces de adaptarnos a los cambios continuos del ambiente y a las situaciones de lucha-huida en las que se requiere un aporte extra de energía, que se obtiene mediante los cambios metabólicos iniciados por estas hormonas y que está ampliamente descrita en la bibliografía científica.

De la misma manera, no hay que olvidar que el papel fisiológico que en estas situaciones estresantes tienen las endorfinas, entre otros, no es otro que el de bloquear los receptores del dolor para permitir la reacción de lucha o huida. Por lo tanto, un aumento significativamente estadístico en la concentración de endorfinas en el toro durante la lidia no tiene otra función más que la que está descrita en la multitud de estudios de fisiología del estrés y del dolor, que es la de paliar el dolor.

No debemos concluir de estos resultados, por tanto, nada referente al sufrimiento del animal, tan sólo podemos afirmar que el animal posee los mecanismos fisiológicos necesarios para adaptarse al estrés y al dolor, conclusión que se ve reforzada por las acciones comportamentales específicas que el toro manifiesta durante la lidia y que han evolucionado a la par que su adaptación fisiológica. Podemos hacer referencia, sin pretender hacer una identificación absoluta, a contextos fisiológicos cercanos a la situación estresante del toro durante su lidia como pueden ser los accidentados que no sienten dolor durante los momentos posteriores al accidente para poder huir, o las personas que durante una pelea no sienten el dolor para continuar luchando; de estas situaciones existen publicados numerosos estudios científicos, así como testimonios de los afectados. Un ejemplo de esto lo encontramos en la terrible cornada que el torero Juan José Padilla recibió en la cara en la plaza de Zaragoza. En una entrevista realizada al torero en RNE, declaró que en el momento de la cornada: “No, no sentía dolor, sentía como un cansancio, como un agotamiento, era como una sedación”.

Y, recalcando la importancia del comportamiento del toro durante su lidia, resulta interesante hacer hincapié en la evolución que los ganaderos, gracias a su selección, han conseguido a lo largo de los siglos. De un animal herbívoro, “programado y diseñado” para huir, se ha obtenido un animal preparado para afrontar el estrés luchando y atacando. Esta evolución se puede constatar comparando el comportamiento de los toros del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando los animales no acometían y se defendían de manera continua y brusca, refugiándose constantemente en las tablas (recordemos la necesidad de hacer plazas de toros redondas para evitar que los animales se aquerenciaran en las esquinas de las plazas existentes cuadradas) con el comportamiento actual.

Hoy en día, los toros, con más o menos acometividad, siempre atacan y acuden a los estímulos de forma repetida (caballo de picar, banderillas, capote o muleta); es difícil verlos huir de manera clara (¿cuándo fue la última vez que un toro se banderilleó con banderillas negras porque no acudió al caballo de picar? Yo el último recuerdo que tengo de este hecho es con el toro Caraestrecha de Cortijoliva el 2 de mayo de 1996 en Madrid). Y esta acometividad no se observa únicamente en un espacio confinado como es la plaza donde se lidia, sino que en los tentaderos a campo abierto, en su hábitat, donde nada limita el movimiento ni la huida del toro y donde se le pica igualmente, el toro acude al caballo sucesivas veces, desde largas distancias y a contra querencia.

Esta evolución en la fisiología y el comportamiento del toro durante su lidia, en los últimos años se ha visto optimizada por los ganaderos, que han incluido la preparación física como parte de la vida diaria del animal. Esto ha supuesto que el toro de lidia esté más preparado y adaptado fisiológicamente al ejercicio que supone la lidia. En este sentido, los datos obtenidos en nuestro laboratorio así lo corroboran, pues el toro de lidia es capaz de adaptarse al esfuerzo físico y esto se observa en el aumento estadísticamente significativo de la concentración de testosterona en sangre y de la relación testosterona/cortisol tras la lidia. Estos resultados coinciden con la multitud de estudios realizados en el campo de la preparación física de atletas, donde dicho coeficiente se utiliza como indicador de la adaptación al esfuerzo y al entrenamiento; también hay estudios similares muy interesantes en caballos de carreras. Esta adaptación al ejercicio físico, se pone de manifiesto también en una serie de evidencias comportamentales en el toro, que en el caso de su evolución en relación a su adaptación al ejercicio físico, son claras: los toros sufren muchas menos caídas en la actualidad (de hecho esto fue un problema durante los años 80 y 90, actualmente infrecuente) o por ejemplo, el dato curioso de la reducción del tiempo que tardan los toros en los encierros de Pamplona en realizar el recorrido desde los corrales hasta la plaza en los últimos años, todo ello coincidente con el momento en el que comenzaron a entrenarse en el campo.

Con todo lo anteriormente expuesto, se puede afirmar que efectivamente el toro elabora una respuesta de adaptación al estrés que le permite desarrollar las modificaciones fisiológicas necesarias para afrontar el estrés de la lidia, y esta adaptación tiene un reflejo en el comportamiento específico de este animal en esta situación concreta. Las evidencias científicas nos confirman que existe esta adaptación, pero no nos permiten realizar ninguna afirmación respecto al sufrimiento del animal; de la misma manera que no estamos capacitados para afirmar si un gato es más o menos feliz si está castrado.

El autor
Fernando Gil Cabrera: Licenciado en Biología y Doctor por la Universidad Complutense de Madrid en el programa de Ciencias Veterinarias, ha desarrollado su carrera investigadora en el Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de dicha Universidad, departamento que durante décadas viene estudiando la respuesta fisiológica al estrés en diferentes animales, incluyendo entre ellos, de manera especial por su peculiar idiosincrasia, al toro de lidia. Realizó su Tesis Doctoral (“Variables neuroendocrinas y su relación con el comportamiento durante la lidia en el toro bravo”) en la línea de investigación de la respuesta al estrés en el toro de lidia y su comportamiento, dirigida por el Catedrático D. Juan Carlos Illera y la Dra. Gema Silván, reconocidos expertos en estos temas.

 


 

La Guardia Civil aplica la ‘ley mordaza’ contra un festejo taurino
El Instituto Armado considera una infracción “grave” matar al toro “de un tiro de escopeta” en una plaza llena de gente
El nuevo mapa político pone en cuestión los festejos taurinos
J. JIMÉNEZ GÁLVEZ Madrid 5 AGO 2015 – 21:10 CEST


El tirador apunta al toro, en los festejos de San Juan de 2015. / PACMA

Los festejos taurinos se han topado con la ley mordaza. El máximo responsable de la Intervención Central de Armas y Explosivos, dependiente de la Dirección General de la Guardia Civil, considera que “puede constituir una infracción grave” el método que se utilizó para acabar con la vida de un toro en las fiestas de San Juan de Coria (Cáceres), de apenas 12.000 habitantes. “Tras hora y media de encierro, el toro Guapetón, en estado de agonía y agotamiento, fue abatido por un festero que le disparó con una escopeta”, recoge el documento elaborado por el instituto armado, al que ha tenido acceso EL PAÍS. Ocurrió en plena vía pública. Rodeados de vecinos. “El uso de un arma en un espectáculo público infringe la Ley de Seguridad Ciudadana”, detalla el Partido Animalista (Pacma), que presentó la denuncia.
La Guardia Civil considera que este método de sacrificio puede infringir el artículo 36.12 de la ley mordaza, que regula la utilización de armas reglamentarias. Este punto sanciona el “incumplimiento de la normativa, la carencia de la autorización requeridas o exceder de los límites autorizados” —”así como la omisión, insuficiencia, o falta de eficacia de las medidas de seguridad o precauciones que resulten obligatorias”—. En este sentido, añade la Intervención Central, el espectáculo de Coria puede contravenir dos artículos del Reglamento de Armas: el 146.2, que considera “ilícito, en general, el usar armas en establecimientos públicos y lugares de reunión, concentración, recreo o esparcimiento”; y el 149.1, que fija que “solo podrán llevarse armas reglamentadas en las vías y lugares públicos urbanos si están desmontadas o van dentro de sus cajas o fundas”. La anterior Ley de Seguridad Ciudadana, que contemplaba una redacción parecida —pero no semejante—, nunca se utilizó para esto.
“Es terrible el hecho de matar así al toro. Pero, además, es un peligro que se usen armas en la calle. Por ejemplo, pueden rebotar los proyectiles y dar a alguien”, señala Laura Duarte, portavoz de Pacma. Un colectivo que califica como “despropósito” una fiesta que “permite desde 2009 que un vecino porte en público un arma, en presencia de la Policía Local y avalado por el Ayuntamiento”. Ese año fue el primero en que se prohibió que se acribillase al animal con dardos lanzados con cerbatanas.

El Consistorio se defiende. “Nosotros hemos cumplido perfectamente con todas las normativas. Tenemos, además, un reglamento que regula los festejos”, apunta el alcalde de Coria, José Manuel García Ballesteros (PP), que añade que aún no han recibido ninguna notificación de la Guardia Civil sobre la denuncia: “Cuando nos den traslado, haremos todas las alegaciones oportunas”.

“Durante el desarrollo del festejo, hay presente un delegado gubernativo (que es un guardia civil), que no ha anotado ninguna incidencia. Por eso nos extraña muchísimo esta valoración. Existe un desconocimiento importante de cómo funciona el asunto”, continúa el regidor cacereño, en referencia a unas fiestas, declaradas de Interés Turístico Nacional, que acabaron el pasado junio con un muerto, después de que Guapetón empitonara a un hombre de 43 años, vecino de Moraleja (Cáceres). La cornada, con una trayectoria de 30 centímetros, le atravesó el abdomen.

La Intervención Central de Armas y Explosivos, tras “el estudio de los hechos” y considerar que puede existir una infracción grave, ha trasladado la denuncia de Pacma a la Delegación del Gobierno de Extremadura. Le corresponde a esta, según el documento del Instituto Armado, resolver los expedientes sancionadores graves, que contemplan multas de hasta 30.000 euros.

 


 

 

Historia

31 años después… de Valente Arellano
Hablamos con su hermana Salma, 31 años después de la tragedia. Entre anécdotas, hay una que deja claro la gran diferencia que hay entre querer ser torero y “demostrar querer y poder ser torero”.
Por Francisco Jara

miércoles 05 de agosto del 2015, 13:22h

31 años después… de Valente Arellano
Treinta y un años se dice fácil pero treinta y un años es una vida, ese es el tiempo que ha pasado desde aquel 4 de agosto de 1984 cuando la tragedia no sólo llego a la familia Arellano Salum, sino a la fiesta brava en México. Valente había llegado al mismo cielo a torear y a contagiar de alegría a la corte celestial, después de sufrir un accidente de tráfico donde perdió la vida con tan sólo 20 años de edad.

Cada año que pasa se nota más su ausencia como torero, esa hambre y sed de triunfo que hoy no se ve en los jóvenes, y que es lo que duele a quienes amamos y respetamos este sagrado rito.

Por desgracia, poco tiempo estuvo Valente en los ruedos, pero tiempo suficiente para hacer algo que hoy día es casi imposible: unificar criterios. Y me refiero al criterio tanto de matadores, ganaderos, periodistas y el del aficionado. Este último quizá el más difícil de unificar.

Me comuniqué telefónicamente con Salma Arellano, su hermana, para preguntarle cómo se había forjado en tan poco tiempo Valente, y tuvo a bien decirme: “mi papá fue duro con Valente cuando le comentó que quería ser torero”, confesó, y prosiguió diciéndome: “al hacérselo saber a mi papá, éste respondió <demuéstrame que quieres y que puede>”. Valente tenía fijo su objetivo: primero demostrar el querer ser y, lo más difícil, demostrar poder ser.

Y así comenzó la historia de quizá el último torero mexicano con arrastre. Sabía que no iba a ser fácil pero por su mente sólo pasaba una cosa, que era llegar a ser figura del toreo. Me cuenta su hermana que en una ocasión viajó desde su natal Torreón hasta Nueva Italia, en Michoacán (poco más de 1100 kms), y que sólo se le apoyaba con algo de dinero para el camión de ida, por lo que el regreso ya quedaba a su suerte por lo hecho en el ruedo. Los viajes eran largos, cansados, pero eso nunca fue un obstáculo para él, su hambre de querer ser bien valían la pena los esfuerzos que hacía. También me cuenta que Valente le pidió al chofer del autobús que le despertara cuando pasarán por el lugar de su destino; pero a éste se le pasó avisarle y no le quedó a Valente más que bajar y caminar hasta su destino para hacer realidad lo que quizá iba soñando hasta antes de despertar.

Anécdotas hay muchas, pero esta en especial me llamó la atención y me deja claro la gran diferencia que hay entre querer ser torero y “demostrar querer y poder ser torero”. Si para muchos en el mundo del toro es muy difícil llegar hoy día, antes créanme era más difícil aún. Las comodidades ya no forjan ni carácter ni personas, forjan comodinos. El dormir al cobijo de su capote prestado como lo hizo él en esa anécdota que me contó Salma, hoy sería casi un milagro ver tal imagen a las afueras de una plaza.

El toreo, el arrastre y la alegría de Valente día a día hacen más grande el hueco y la ausencia de figuras con tal poder de convocatoria, 19 años de vida, 2 de novillero y tan sólo 2 meses como matador de toros bastaron para que 31 años después sigamos hablando de él.

Ojalá en todas las plazas del país tuvieran a bien recordar con un minuto de silencio o un minuto de aplausos a éste huracán del toreo. No seamos de memoria corta.

 


 

 

Y esto es lo que piensa su santidad sobre la fiesta brava que diferencia

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Espectacular mañana en la en la que los niños disfrutaron el toreo de salón

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Sábado, 15 de Agosto en Espinar Segovia. Toros de Antonio Sanroman.

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Anuncian festejo para el 10 de agosto en Cenotillo

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