BREVES NOTICIAS TAURINAS 19 DE JUNIO 2015

19 Jun

 

VIDA Y LIDIA DEL TORO BRAVO a

LOGO ANCTL aa

 

 

 

EFEMÉRIDES TAURINAS

19  DE JUNIO

 

1904Francisco González Faíco mata seis toros de San Nicolás Peralta   SAN NICOLAS PERALTA   en la plaza Chapultepec de México por cornada a su alternante Baldomero Sánchez Guerrilla.

 

1908Nace en Colima el picador Jesús Rodríguez Perete.

 

1908Fecha de antigüedad de la ganadería de Zotoluca.145253_Zotoluca

 

1919Nace en México el picador Ricardo Carmona S.

 

1921Gran triunfo en Carabanchel del banderillero mexicano Pascual Ferro   Pascual Ferro   que sale en hombros por su actuación en banderillas en la cuadrilla de Jose Ramírez Gaonita que alterna con Luis Pérez Cocherín y Luis Muñoz Marchenero.

 

1921Jose Ramírez   Jose Ramirez (Gaonita)   Gaonita debuta en España toreando en Carabanchel.

 

1926Nace en México el ganadero  LUIS JAVIER BARROSO CHAVEZ   Luis Javier Barroso.

 

1942Zenaido Espinosa   Zenaido Espinosa (Armillita)   es electo Secretario General de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros.

 

1949Jesus Córdoba  jesus cordoba   debuta en Francia toreando en Burdeos toros del Conde de la Corte con Pepe Luis Vazquez y Agustín Parra Parrita.

 

1949Heriberto Garcia   HERIBERTO GARCIA    torea por última vez en su vida en Monterrey toros de El Colmenar   232156_ElNuevoColmenar     y alterna con Silverio Pérez   silverio_toreando03   y Carlos Vera   Carlos+Vera+(Ca%C3%B1itas)   Cañitas.

 

1949-Por primera vez en la Plaza México se indulta a una res y corresponde al novillo Bote de Xajay  142241_Xajay   que torea Rafael Larrea quien alterna con el colombiano Nito Ortega y Fernando de los Reyes El Callao.Fernando de los Reyes (El Callao)

 

1951Muere en Torreón el puntillero duranguense Jesús Casas Casitas.

 

1952Pepe Luis Méndez debuta en España toreando en Barcelona novillos de Jose Mateo y alterna con Lorenzo Guirau Morenito de Córdoba y Paco Corpas.

 

1954Muere en El Paso, Texas el empresario taurino de Ciudad Juárez Roberto E. González.

 

1955Antonio del Olivar  Antonio_del_Olivar   debuta en España toreando en Madrid novillos de Prieto de la Cal y alterna con Luis Díaz y Manolo Zúñiga.

 

1957Muere en Ciudad Juárez el empresario taurino Lorenzo Quevedo.

 

1960Manuel Capetillo   manuel-capetillo-villasenor-matador-de-toros-300x350    debuta en Ecuador al torear en Quito toros de Coaxamaluca  020031_Coaxamaluca    con Juan Silveti  Juan_Silveti REYNOSO   y Juan Mejías Bienvenida.

 

1960Pedro Gómez se presenta en la Plaza México y mata novillos de Soltepec  181503_Soltepec   con Jose Antonio Enríquez y  Juan Antonio Moreno  Arturo Tamez.

 

1966Juan Antonio Moreno  Juan Antonio Moreno   toma la alternativa en Nogales de manos de Armando Soares con toros de Paco de la Fuente.

 

1970Nace en Tlalnepantla el matador Guillermo Ramírez  Guillermo+Ram%C3%ADrez  El Mexiquense.

 

1988Alberto Galindo Alberto_Galindo_(El_Geno)   El Geno toma la alternativa en Monterrey que le otorga Manolo Martínez  Manolo+Mart%C3%ADnez  con Miguel Espinosa  miguel espinosa   Armillita Chico como testigo con el toro Doctorado de Mimiahuapam.170745_SanMigueldeMimiahuapan

 

1988Se inaugura plaza de toros en Santa Ana Jilotzingo y torean los novilleros Raúl Bricio, Adrián Bernardo y Moisés Rodríguez con ganado de  214435_ernestocuevas    Ernesto Cuevas.

 

1994La ganadería Malpaso  195626_Malpaso    debuta en la Plaza México.

 


 

 

A propósito de Morante de la Puebla

Antología sobre el lance a la verónica, uno de los fundamentos del Arte eterno del toreo

Por mucho tiempo de hablará de Morante y esas escultoras grandiosas de su toreo a la verónica en Sevilla. No será la primera vez, ni por fortuna será única, que el torero de la Puebla asombra al universo mundo con esa lenta y templada manera de ejecutar una de las suertes más fundamentales del Arte del Toreo. Pero algo y muy importante debe tener esta suerte para que en el discurrir de los años, desde Pepe-Hillo a nuestros días, haya constituido el privilegio de los elegidos.

“Es un arte que está por encima de estilos
y de escuelas. La técnica hay que aprenderla;
el temple es cosa de Dios”.
Pepe Luis Vázquez

No creo que sea una antigualla, en este mundo nuestro de alocadas carreras no siempre con destino conocido. Pero quienes tratamos de aprender desde la juventud los fundamentos básicos del Arte del Toreo, tal como lo entendían nuestros mayores, veníamos a coincidir que unos de sus valores mas relevantes radicaba en la variedad, sobre todo cuando luego está engarzada de forma indisoluble con esa trilogía que componen el temple, la naturalidad y el dominio.

Cuando, por ejemplo, se ha tenido la dicha de ver lancear a la verónica a gente grande, Pepe Luis, Ordóñez, nuestro Curro, el llorado Julio Robles, o este Morante de nuestros días, pudimos comprobar como primorosamente todos coincidían en la naturalidad y el temple y, sin embargo, representan cinco concepciones totalmente distintas del toreo. El mismo lance, la misma naturalidad, el mismo temple, la misma autenticidad, añadiría que merecedoras todas del mismo olé profundo, pero cinco verónicas clamorosamente diferentes. Esta es la variada interpretación del toreo que trato de explicar y ante la que sólo cabe admirarse desde el hondón del alma.

La realidad de esta teoría, como sinónimo necesario de la grandeza del toreo, siempre se ha plasmado en el lance a la verónica y en el pase natural, dos suertes a tener como las más esenciales. Su mecanismo técnico difiere bastante poco, si es que lo hacen en algo. A la postre, la creación taurina no dejará de ser nunca ese movimiento que va desde embarcar al toro en las bambas del engaño, para llevarlo con cariño hasta finalizar la suerte, con las telas tan bajas como se pueda, en la lentitud que aspira a ser eternidad y con el aroma inconfundible de lo que siendo frágil y efímero aspira, sin embargo, a la inmortalidad.

Con esta concepción por delante, sabido es que la ejecución del lance a la verónica ha ido variando de manera sustancial con el paso del tiempo. Por algo, don José María Cossío opinaba que “de todas las suertes que se realizan con el capote, sin lugar a dudas la fundamental es la verónica y también la que más ha evolucionado, pues desde la colocación y ejecución que se hacia al principio a la forma como se hace en la actualidad existe una diferencia abismal”.

Y en efecto, en el siglo XVII José Delgado “Hillo” –en su “Tauromaquia o Arte de Torear”, escrita por José de la Tixera– – la describió así: “Esta es la que se hace de cara al toro, situándose el diestro en la rectitud de su terreno. Es la más lucida y segura que se ejecuta y sus reglas son a proporción de los toros. El franco, boyante, sencillo o claro, que todo es uno, se debe dejar venir por su terreno, y cuando llegue a jurisdicción, cargarle la suerte y sacarla, y hasta este acto parará el diestro los pies para lograr echarle cuantas suertes quiera, procurando siempre que quede la res derecha y no atravesada. Si estos toros tienen muchas piernas, deberá el diestro situarse a bastante distancia para citarlo a la suerte porque siempre pueden rematarla; pero si carecen de ellas, se ha de citar sobre corto, de forma que rematen y hagan suerte; y si no sucede muy de continuo que se quedan, por falta de piernas, antes de llegar al engaño, o en el centro, entonces pude peligrar el diestro”

Años después Francisco Montes le dictaba a Santos López Pelegrín –“Abenamar” en la crónica taurina”– para lo que luego se editó como “La Tauromaquia”, su versión de esta suerte: “Sitúese el diestro enfrente del toro de tal modo que sus pies estén mirando hacia las manos de éste y a una distancia proporcionada según sus piernas”, para a continuación describir cómo se ha de dar salida al toro y exponiendo los recursos defensivos del torero, según la condición de cada toro.

Pero si por alagar innecesariamente las referencias históricas nos venimos a tiempos más modernos, Luis Nieto nos recordaba hace unos años la figura casi mágica de Francisco Vega de los Reyes, conocido como Curro Puya y, sobre todo, como “Gitanillo de Triana”. En aquel magnífico reportaje en “Diario de Sevilla” escribía: “Esa verónica tan personalísima, grácil y con duende, en la que como los grandes toreros, esos que cuando ponen el alma se olvidan del cuerpo, se ve a Gitanillo hundirse, abandonarse, metiendo el mentón como si quisiera traspasar su corazón, y bajando las manos lo indecible para conducir la embestida del toro. Pura enjundia. Un lance que era interminable. Este tipo de toreros salta muy de tarde en tarde. Y sus lances son chispazos de arte que traspasan las pupilas para entrar en el corazón. Como los chispazos que saltaban en las fraguas de los Puya, gitanos de Triana que rezuman arte”.

“Su lance –añadía Nieto– puede ser perfectamente un minuto de silencio o una verónica adormecida. O un poema a la elegancia. Y, cómo no, una fotografía en blanco y negro o en sepia, ligada a la añoranza. Lógicamente, no le vi torear. Pero hasta en el helado momento de la instantánea, uno queda impresionado por un concepto de toreo distinto”.

En el fondo, lo que viene narrar tan puntualmente Nieto no guarda distancia alguna con esa hermosa versión poética que escribió Rafael Peralta Revuelta en sus versos:

Los lances de tu capote
han dormido a la Giralda
y han hecho llorar al río
por seguiriyas gitanas.
[…] Ya se inició el paseíllo
y hay un silencio en la plaza…
Los chiqueros se han abierto,
el toro al albero salta,
y Curro -cristal y bronce-
con sus muñecas quebradas,
va dando ritmo y cadencia
a verónicas templadas,
igual que se templa el hierro
con el compás de la fragua.
[…] ¿Qué tienes tú, Curro Puya,
que hasta el corazón se para,
y haces detener al tiempo,
y pones de pie a la Plaza?
¿Qué tienes? Dime, ¿qué tienes?
Dime el secreto que guardas,
que has hecho llorar al río
por seguiriyas gitanas
y soñando con tus lances
se ha dormido la Giralda..

Entre los toreros posteriores al potmanoletismo, quizás ha sido Manolo Escudero quien mejor interpretaba en su época el lance a la verónica. Muchos años después le contaba a José Luis Ramón, para su libro “Todas las Suertes por los maestros”, que el lance a la verónica “en el fondo, es casi como un baile. Si lo pudiéramos al ralentí, no sería distintos a los movimientos de un ballet”.

“Lo primero –en su opinión–, el capote tiene que tener unas dimensiones adecuadas a la talla del toreo. Y luego, hay que cogerlo más o menos a dos cuartas de la esclavina, sujetado con los dedos y de forma que tenga su vuelo. Y luego, los brazos y las manos no pueden estar agarrotados, sino sueltos”.

Añadía Escudero que “para poder crear belleza resulta esencial el movimiento de las piernas, que en el caso del capote es más difícil porque lo tiene que hacer todo de muna manera armonizada con los movimientos de los brazos, de la cintura…, de todo el cuerpo. Los brazos son los que permiten dar amplitud y hasta solemnidad al vuelo del capote; las manos y sobre todo las muñecas, son las que atemperan el movimiento”.

“Hay que tener la capacidad –decía también– de jugar con estos tres elementos, en otro caso la verónica no tendrá toda la belleza que encierra. Es necesario frenar al toro en su acometida, enganchándole cuando está a algo más de un metro del torero, echándole el capote hacia la cara del animal. Sn esto resulta imposible templar la embestida. Y es que cuando ya llevas embebido al toro en los vuelos del capote, ya le puedes ir marcando toda la trayectoria, sometido y a ser posible ligado”.

Y venía a concluir: “Las palmas de las manos son las que te permiten imprimir suavidad y cadencia al lance. Siempre puestas mirando hacia la cara del toro y girando las muñecas acompasadamente con la embestida, para marcar así el camino que tiene que seguir”.

El embeleso que esta concepción produce en el tendido no se hace esperar. Y así ocurre en toda la geografía del toreo. Por citar un caso, célebres fueron y en la historia quedaron los siete lances de Luis Castro “El Soldado” a un toro de Torrecilla en marzo de 1944. Siete lances que le encumbraron. En las páginas de “El Universal” de México DF el crítico “El Tío Carlos”, uno de los mas respetados del periodismo taurino azteca, lo narró con gran belleza literaria.

“Sobre la arena húmeda –olor a tierra mojada, cabrilleo de sol tímido- se abrió el asombro de un capote de torear duro y moreno como el bronce, hondo y suave como una caricia. Rosas de hierro forjado resbalaron al suelo de entre sus pliegues florecidos; rosas de hierro como las de una balconería de palacio virreinal. A fuego vivo labró el artista ante nosotros su milagro; siete lances como rosas de forja dieciochesca. Y la multitud se entregó ante el prodigio; porque había presenciado la resurrección de los viejos, desdeñados prestigios de la verónica.

¡Qué honda revolución hubo en los tendidos ante los lances de Luis Castro! Tembló la plaza hasta sus cimientos: temblaron los huesos de acero de su oxidado esqueleto. Y hubo un clamor inacabable que llenó los ámbitos y se perdió allá arriba, entre las nubes cargadas de lluvia y los claros azules de una tarde equívoca. ¡qué honda revolución!”

Y más adelante explica en su crónica: “fue así porque se trataba de una revolución auténtica: porque había aparecido lo único capaz de sacudir hasta la entraña a las multitudes y que es lo tradicional. Porque había aparecido esa cosa eternamente nueva que es lo viejo; esa cosa frescamente moderna que es lo antiguo. Porque no había allí improvisaciones deleznables, ni juguetitos frágiles, ni fugaces modernismos retorcidos, sino obra robusta como la tradición, vigorosa como la savia secular de las encinas, fuerte y madura como las ideas que desde hace siglos alimentan la vida de un pueblo. Porque lo que Luis Castro había hecho con sus lances era apartar la hiedra brillante y falsa que encubría el árbol. Y entonces habíamos saboreado la ruda hermosura de la áspera corteza ennegrecida de sol y de lluvias, curtida de primaveras y de tempestades.

En cuanto aparece lo clásico en la arena, ¡qué soplo como de brisa marina, salobre, fuerte y fresca, nos llena los pulmones! ¡Cómo huyen y desaparecen todas las mixtificaciones del arte de torear! Es como si en un ambiente saturado de lociones baratas, penetrara de pronto el rancio aroma de un vino añejo o el perfume entrañable del arcón inviolado en que la abuela guarda recuerdos y prestigios”.

Pero si seguimos avanzando, de forma necesaria nos encontramos con la figura colosal de Antonio Ordóñez, que siempre confesaba haber sido “más importante con el capote que con la muleta”. De hecho, se retiró de los ruedos sin haber podido conseguir su sueño: “lidiar un toro exclusivamente con la capa, después de tercio de banderillas, cogerla de nuevo y torear con ella hasta el momento de la muerte. Quisiera comprobar dónde llegaríamos con la capa el toro y yo”.

Pero ¿cómo era ese capote? Si nos atenemos a la opinión de Gregorio Corrochano, “la elegancia de Antonio Ordóñez con el capote es como la continuación de la elegancia del capote de Antonio Fuentes, después del ritmo que imprimió al toreo Juan Belmonte. Hizo un quite en un toro que no era el suyo, y dio tres lances y media verónica, que fue lo mejor de la tarde, lo mejor de muchas tardes; qué aplomo, qué sencillez, la sencillez de la elegancia sin ringorrango, sin afectación que linda con la cursilería”.

No era una exageración, si nos atenemos al testimonio de una pluma independiente como siempre fue la de Joaquín Vidal, cuando escribió en las páginas del diario “El País”: “Decían los viejos aficionados que puestos juntos Curro Puya, Cagancho y Antonio Ordóñez en el toreo de capa, no se sabría a quién elegir. La esencia del toreo de Curro Puya y de Cagancho –estilistas máximos de la verónica– seguramente iba implícita en el estilo de Ordóñez, que presentaba el capote, mecía el lance y lo ligaba con la gracia alada que sólo está al alcance de quienes han podido penetrar en la magia del toreo. El propio maestro manifestó que la verónica era su fuerte. Nos lo comentó en cierta ocasión, con un matiz: “Es cuando toreo más a gusto pues siento que la ejecución de ese lance compendia todo el arte de torear”.

Y el propio Corrochano apuntaba en otra ocasión que “la estética de Antonio Ordóñez toreando de capa no tiene término de comparación. Escultores, si queréis hacer una estatua a la suerte de la verónica, ahí tenéis el modelo. A mí me gusta más que toreando de muleta. Antonio Ordóñez con el capote es la estatua a la verónica”.

Si esta antología nace al socaire del lío que ha formado Morante de la Puebla en Sevilla, de modo necesario hay que acudir a Curro –Romero naturalmente, ¿a cuál si no?–. En esa confesión, probablemente la más sincera de todas las conocidas, a Antonio Burgos para su libro “La esencia” le contaba el de Camas que “a los toros se le domina con el capote y hay veces en que los toros se le paran a uno con el capote, sin necesidad de tener que ir al caballo ni nada. Y a un toro bueno se le puede hacer la faena con el capote y entrar a matar con el capote. Tiene que ser la maravilla de las maravillas”

Y en esa confesión, añadía que para llevar el toro cosido al capote “hay que hacerlo con mucho temple para que el toro no se te vaya de lo bueno. Yo la verónica la pego con todo el cuerpo, desde los pelos hasta la uña del dedo gordo. Esta sintiéndolo uno todo. Eso es sentir. Y el día que salen las cosas… por eso tiene la fuerza de la pureza. La pureza de las cosas, como yo digo siempre. Te dejas llevar por el sentimiento y la pureza tiene que salir”.

Enlazando directamente con este sentir y con el propio modo de pensar de los grandes artistas del toreo con el capote, al recuerdo viene la figura de Rafael de Paula, quien confesaba que “para torear bien a la verónica, desde mi punto de vista, deben conjuntarse varios elementos imprescindibles: por un lado, el temple; después cargar la suerte, que es algo intuitivo; dar el medio pecho al toro, no totalmente de frente; tener cintura y conjugar el movimiento de las muñecas y el juego de los bracos. La unión de todos esos conceptos, o virtudes, hace que el lance sea bello. Desde el cite, y una vez que el toro llega a la jurisdicción del torero, el lance de debe tener la misma profundidad en el remate. Al toro hay que engancharlo delante, traerlo toreado y rematarle muy atrás, echándose para delante en la ejecución. Cargar la suerte no equivale a torear espatarrado, o con el compás muy abierto, sino que las piernas se colocan por pura intuición”.

“En mi concepto de la verónica –explicó también– yo le doy enorme importancia a cómo se coge el capote. Como todo el mundo sabe, los capotes tiene tienen diferentes medidas y cada torero se adapta mejor a un tipo u otro, sea más grande o más pequeño. Pero sea cual sea a dimensión del capote, es importante saber cómo deben colocarse las manos sobre la tela y cómo deben adaptarse los brazos a cada momento de la lidia. No estará estos igualmente dispuestos para los lance de salida, con toda la fuerza que trae el toro, que, por ejemplo, para torear a la verónica después de que éste ya esté picado. En cualquier caso, el capote es una tela que hay que acariciar, al mismo tiempo que se acaricia la embestida del toro. Eso es para mí el toreo: algo que hay que intentar, aunque no siempre se logra”.

De todas estas fuentes verdaderas, comenzando por las más auténticas de Belmonte, Chicuelo o Pepe Luis, bebe Morante de la Puebla a la hora de realizar de un modo singular y casi mágico su lance a la verónica. También aprendida tiene esta lección, que en el fondo verle ejecutar un lance es como toda una lección de Tauromaquia.

Lo primero que hace este torero es traer embarcado al toro en las bambas del capote desde que inicia su arrancada; no espera que llegue a su jurisdicción, desde antes ya está toreando en sentido pleno, esto es: sometiendo. Luego de manera lenta y gradual le va bajando las manos, para que el toro se entregue en ese medio círculo alrededor de su cintura. Para al final, cederle espacio y ritmo en la salida, sin dar un telonazo, de forma que toro y torero quedan de nuevo colocados para el siguiente lance. Cuando estos elementos se dan, qué natural y qué rotundo nace el lance, qué natural y qué rotundo surge el olé.

Dos o tres años a tras, Luis Carlos Perís en las páginas de “Diario de Sevilla” dejó unos recuerdos con los que sus compañeros de correrías escolares nos tenemos que sentir muy identificados. Los titulaba con una pregunta: ¿Alguien toreó alguna vez como Morante?. Ésta era su respuesta, no exenta de un punto de nostalgia:

“Hace una eternidad, los chavales del barrio nos íbamos en peregrinación a la Barqueta para ver a Antonio Gallardo torear de salón. Este torero de la calle Carmen tomaba el capote como nadie, como si cogiese tenedor y pala del pescado, con una delicadeza que le servía para que el lance se eternizase. Como torearía con el capote que hizo el paseo un puñado de veces en Sevilla por cómo interpretaba la verónica.

Después vimos a Ordóñez, a Romero y a Paula bordar la verónica como cuentan que la bordaba Curro Puya un montón de años antes y tras haber descubierto Belmonte esos caminos que antes que él se antojaban imposibles. A estos últimos no pude verlos, tampoco a Pepe Luis, pero es que dudo de que haya habido torero alguno desde que el toreo existe que interpretase la verónica como la interpreta un tal José Antonio Morante, nacido en La Puebla del Río, a un naranjazo de Sevilla”.

 


 

 

Un claro bravo en la arbolada …. buen viernes

Enlace permanente de imagen incrustada

 


 

 

Mano a Mano en Morelia!!

 


 

 

ha retwitteado

ha retwitteado

Ya descargaste la TauroApp? Etiquétanos en la foto de tu pantalla!!

Enlace permanente de imagen incrustada


 

 

Se Nace Torero!!!

Enlace permanente de imagen incrustada

 


 

 

La pincelada

Los tratos negros de la política
Por José Luis Benlloch

Con un discurso más propio de una feria de ganado que de un foro ideológico, de forma tan simple y despótica, se están cargando, a cuenta de los pactos, por barrios o por zonas según les convenga, tantas vivencias, tanta riqueza, tanta cultura… Y para más bemoles, lo hacen en nombre de la cultura
La semana taurina, a falta de toros y ferias que calmen los revuelos externos, se ha vuelto a tensionar. Hay motivos. No tiene buena pinta el futuro inmediato. Espero más del después que del ahora, de lo que sea capaz de reaccionar la sociedad tras el avasallamiento al que nos han sometido, que del estado shock de estos días que nos mantiene colapsados. Habrá alguien que me diga que esa es exactamente la cofradía del clavo ardiendo y es posible que sea así, pero ante el cuadro actual no hay muchas más salidas para desestimar el suicidio taurino que confiar en la reacción civil que nos acabe rescatando de este sindiós (con perdón), soñar en que el realismo que llegará tras la tormenta anti, esa especie de ola que nos ha inundado con la frivolidad e irreflexión de una moda, ponga las cosas en su sitio.

O al menos es lo que espero. Después del trato, la idea negociación me parece excesivamente noble, después del trato de los pactos digo y las incongruencias ideológicas que han demostrado muchos dirigentes, por una alcaldía lo que sea, la cuestión toros se ha puesto muy difícil y muy agria. Nos han malbaratado como chalanes de feria con prisa por empezar otro negociete. Le pongo dos concejalías, aproximamos los tres puntos que más se parecen de nuestros programas y le añado los toros… ¡Ea! echa la mano. Así, con ese discurso o similar más propio de una feria de ganado que de un foro ideológico, de forma tan simple y despótica, se están cargando por barrios o por zonas según les convenga tantas vivencias, tanta riqueza, tanta cultura… Y para más bemoles, lo hacen en nombre de la cultura, jódanse, parecen decir, jodámonos, asumimos…

Es lo que hay. Si no hubiese sido por los pactos que tanto han desvirtuando algunos programas, diría que es lo que hemos elegido, así que aquí paz y allá gloria, diría que se trata del juego democrático y habría que asumirlo, pero no ha sido así. Eso no es lo que ha decidido la mayoría de los españoles y me rebela. Es exactamente lo que han amasado los políticos al dictado de sus respectivas conveniencias, lo que han interpretado ellos que he­mos decidido nosotros. Esos pactos/tratos negros como los toros negros de Alberti que estos días han cambiado de divisa, es lo que nos ha amargado la existencia a los aficionados, al menos de mo­mento. El número de aficionados y antis no se corresponde con los colores de las nuevas corporaciones, el aprecio del toreo o el respeto que también me vale, es algo trasversal, más sutil y desde luego diferente a esas siglas. Sea como sea, ahora toca remar, que tampoco tiene que ser necesariamente malo.

Posdata.- Un resquicio a la esperanza. Nuestra esperanza es su cobardía. Me duele no por lo que han hecho sino por lo que dicen e insinúan que quieren hacerle al toreo. Ahí está el ejemplo de Huesca, donde han pactado la desaparición paulatina de los festejos taurinos. ¿Qué significa eso?… una declaración de intenciones, un ya veremos lo que nos conviene, dejemos pasar el tiempo a ver… La situación nos debilita pero sobre todo denota poca franqueza. Es evidente que amagar contra los toros está de moda.

 


 

 

 

 


 

 

La Aldea de Tauro

Una mirada al otrora planeta de los toros desde Aguascalientes, tierra de toros

Relecturas de verano II: El aroma del toreo

El autor

El doctor Alfonso Pérez Romo que ha ejercido exitosamente la medicina, ha sido un destacado académico y en ese campo llegó a ocupar la Rectoría de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, además de que en las diversas actividades profesionales, humanísticas y literarias que ha abordado en el decurso de su existencia, se ha destacado como una persona triunfadora y reconocida por la calidad y la mesura de sus juicios.

 

Alfonso Pérez Romo es también aficionado a la Fiesta de los Toros, por la que siente:

Una atracción irresistible; un aprecio del toreo que va mucho más allá de su abigarrado colorido, su pintoresquismo, su derroche de valentía y su efusión de sangre; un asombro siempre nuevo por esa hermosa y noble bestia que es el toro de lidia; y una admiración respetuosa por el torero, extraño personaje del arte hispánico que cumple su actuación dramática al filo de la muerte.

Es afición le llevó a constituirse como empresario de la Plaza de Toros Monumental Aguascalientes en la década de los 80, junto con Julio Díaz Torre y el matador en el retiro Eduardo Solórzano, dando un giro radical a la manera en la que se organizaba nuestra Feria de San Marcos y en la combinación de sus aficiones, fue quien animó al Poeta del Toreo, Alfonso Ramírez Calesero, para que reuniera las memorias que son la base del libro que hoy da pie para que yo meta los míos.

La obra en cuestión

Solo el que vive los hechos sabe lo que son. Eso es lo que nos demuestra la recopilación de memorias y vivencias de un torero que se fue por la puerta grande. Aquí nos encontramos con lo que pasa por la mente del que se viste de luces por última vez, con lo que recuerda y con lo que ve en lontananza.

Al fin y al cabo, la obra que hoy intento comentarles contiene la expresión del valor humano en lo taurino, el reconocimiento de que el torero no lo debe ser solo en el ruedo y delante del toro, sino que el torero es un hombre y como tal interactúa con la afición, con la comunidad en la que convive y con su círculo más cercano, con su familia. Los toreros son humanos, aunque para oficiar, se vistan de dioses.

¿Cuándo se debe ir un torero? Decía un contemporáneo de Calesero, también su compañero de muchas batallas, que buena parte de la grandeza de don Rodolfo Gaona residía en que se fue de los ruedos cuando aun le podía a los toros. Seguramente y de lo revelado por Alfonso, el de Triana, ese tema es uno de los principales en esos momentos en los cuales los toreros hablan entre ellos de las cosas de su ministerio y es también quizá por ello, que El Calesa dio la vuelta a la página de su historia vestido de luces cuando lo hizo y como lo hizo, es decir, demostrando que el adiós se debía a una decisión personal y no a aquello que decía Guerrita, a que lo echaban. El contemporáneo al que me refiero es don Arturo Muñoz Nájera La Chicha, inolvidable torero de plata y personaje de la torería de Aguascalientes.

Otras revelaciones interesantes se contienen en la obra del doctor Alfonso Pérez Romo. Por ejemplo, nos cuenta el destino final de aquel toro de Vicente MartínezTerciopelo se llamó – que en la década de los treinta importara don Miguel Dosamantes Rul para Peñuelas, ejemplar único que en la historia de la ganadería brava mexicana es ya mítico.

Hombre de a caballo; significado tentador, Alfonso Ramírez Alonso hizo, ya hace casi medio siglo un análisis, que por lo que hoy vemos, resultó premonitorio. Lo hace cuando habla del toro de esos días, de su comparación con el que lidiaba en las plazas cuando inició su camino por los ruedos y de lo que veía para el futuro. En 1966 escribió:

En México, por el exceso de celo por conservar un tipo de toro y una sola línea genética, la casta se ha ido perdiendo y creo que esta experiencia ya se agotó. Nos guste o no, ha llegado el momento de refrescar, porque cuando la sosería se repite constantemente, la gente acaba por aburrirse y deja de ir a las plazas…

Y sigue diciendo:

…otra cosa que yo veo es que en mis tiempos de matador en activo, todos éramos diferentes; pienso en Armillita, “El Soldado”, Antonio Bienvenida, Garza, Silverio, Solórzano, Arruza, Manolete, Pepe Luis, Procuna, yo mismo. Todos inconfundiblemente personales y distintos. Y lo más importante: cada uno de nosotros hacíamos nuestro toreo totalmente diferente y original; ninguno llevábamos una faena hecha de antemano o estereotipada y el público que nos iba a ver siempre estaba a la expectativa de la sorpresa, de la espontaneidad, del momento inspirado…

Y lapidariamente concluye:

…la gente ya no va a los toros con la esperanza de ver el milagro de lo inesperado, sino a resignarse a ver la repetición interminable de lo mismo, así sea de buena calidad. ¡Como el arte y la artesanía otra vez!

Es a partir de esas reflexiones que Calesero penetra en los terrenos de la creatividad, del sello, de lo que lleva el titulo de la obra que pretendemos comentar, del aroma del torero y del aroma del toreo, aroma que dijera Arthur Miller, no se puede ver, pero se puede percibir y se puede recordar.

También nos habla de aquello que decía Lorca, había que buscar en las últimas habitaciones de la sangre, el duende, que brota cuando menos se espera y que no es de producción en serie; las condiciones deben estar dadas para que el torero se transfigure y en un momento y lugar determinado haga a los toros cosas que no son humanamente imaginables y aunque a Jesús Eduardo Martín Jáuregui no le parezca, he de afirmar como Pepe Alameda, esta es otra evidencia del seguro azar que representa el toreo.

La personalidad del hombre determina por anticipado la medida de su posible fortuna, expresó alguna vez Arthur Schopenhauer y por su parte, Óscar Wilde pareció agregar; cualquiera puede hacer historia, pero solo un gran hombre puede escribirla.

En El aroma del toreo estamos delante de una fracción de esa historia, bien delimitada en su esfera temporal; pero también, bien relacionada con sus antecedentes próximos y remotos.

Estamos delante de lo que considero es el legado de un torero a la afición y muy principalmente a sus pares. Vemos en sus pensamientos un examen preciso de su pasado y del presente que vivía cuando lo hizo y muy especialmente, del futuro que veía venir, y que hoy es para nosotros el presente.

Estamos delante de una breve parte de las memorias de un hombre que siendo padre y abuelo de toreros nunca dejo de tener presentes a su esposa, que a su vez, hija y hermana de ganaderos, conoce la fiesta desde sus entrañas y sabe que ese ver cara a cara a la muerte los días de corrida o de tentadero puede lastimar o fortalecer la armonía familiar, dependiendo de la manera de aproximarse a ella. En este caso, el lazo de unión entre Calesero, su esposa doña Alicia y sus hijos y nietos, después del amor, sin duda ha sido el vivir con autenticidad su taurinidad.

Esta es mi apreciación acerca de este interesante testimonio de vida y aprovecho el viaje para invitarles a leerlo, disfrutarlo y encontrar una a una, las múltiples aristas que representa la vida de un hombre dedicada por entero a la fiesta de los toros, siguiendo la máxima taurina:

Para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda del sacrificio.

 


 




 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: