BREVES NOTICIAS TAURINAS 18 DE JUNIO 2015

18 Jun


 

VIDA Y LIDIA DEL TORO BRAVO aVIDA Y LIDIA DEL TORO BRAVO aLOGO ANCTL aa

 

EFEMÉRIDES TAURINAS

18  DE JUNIO

1916Juan Silveti  Juan+Silveti+Ma%C3%B1on   toma la alternativa en Barcelona de manos de Luis Freg con el toro Naranjero de Joaquín Pérez de la Concha.

 

1929Nace en Cinco Minas, Jalisco el matador de toros Luis Solano   Luis Solano.

 

1939Alfonso Ramírez   ALFONSO RAMIREZ   El Calesero ejecuta por primera vez su quite de faroles invertidos   Caleserina  en El Toreo de México cuando alterna con Luis Barajas y Jesús Belmonte con novillos de Jerónimo Merchán.

 

1950-Seria cornada a Silverio Pérez  Silverio+P%C3%A9rez   en Maracay por un toro de Guayabita cuando alterna con Gregorio Garcia y Ali Gómez.

 

1950Gregorio Garcia   Gregorio+Garc%C3%ADa    debuta en Venezuela al torear en Maracay.

 

1951Manuel Capetillo   manuel-capetillo-villasenor-matador-de-toros-300x350   debuta en España toreando en Barcelona toros de Villagodio y alterna con Manolo González y Julio Aparicio.

 

1961Antonio Campos   Antonio Campos (El Imposible)    El Imposible toma la alternativa en Tijuana con Jesús Córdoba   jesus cordoba   como padrino y Raúl Garcia   Ra%C3%BAl+Garc%C3%ADa   como testigo con toros de      023111_Garfias   Javier Garfias.

 

1965Nace en San Luis Apizaquito el matador de toros  Manuel_Lima  Manuel Lima.

 

1968Muere en México en accidente de automóvil el matador de toros Pepe Luis Méndez.

 

1972Rogelio Leduc  Rogelio Leduc  toma la alternativa en Tijuana apadrinado por Manolo Martínez   Manolo+Mart%C3%ADnez   con Mario Sevilla  Mario_Sevilla   como testigo con toros de  SANTACILIA Santacilia.

 

1977-El venezolano Celestino Correa debuta en México toreando en San Juan del Rio toros de   203356_Tequisquiapan   Tequisquiapan con Manolo Martínez Manolo+Mart%C3%ADnez    y Mariano Ramos. mariano ramos

 

1978San Cristóbal la Trampa  174855_SanCristobaldelaTrampa   lidia su primer corrida que torean Eloy Cavazos   eoy cavazos  y Ernesto San Román   Ernesto San Roman (El Queretano) 3   El Queretano y rejonea  JORGE HERNANDEZ ANDRES   Jorge Hernández Andrés.

 

1989Luis de Triana   Luis de Triana   debuta en la Plaza México como novillero y alterna con Alfredo Lomelí   ALFREDo lomeli    y Marco Antonio Camacho Marco Antonio Camacho   con ganado de  174855_SanCristobaldelaTrampa   San Cristóbal la Trampa.

 

1989Marco Antonio Camacho  Marco Antonio Camacho   debuta como novillero en la Plaza México.

 

2000Ismael Gómez Mayito   Ismael Gomez (Mayito)   gana la Rosa de Mexicali en dicha ciudad al alternar con Mariano Ramos  mariano ramos , Manolo Mejía Manolo MejiaA   , Enrique Garza Enrique Garza  , Oscar San Román    Oscar+Sanrom%C3%A1n y Ricardo Montaño   RICARDo montaño  con toros de  152923_ElJunco   El Junco.

 

2000Atanasio Velázquez   Atanasio Velazquez  gana en Ciudad Satélite el trofeo Peña El Toro al disputarlo con Jose Briones, Sergio Velázquez, Jose Ibarra, Javier Ocampo, Muriel Ortega, Jorge Mata y Ramón Olvera.

 


 

 

 

EN ESTE AÑO LA ANCTL CUMPLE 85 AÑOS

LOGO ANCTL aaEn este 2015 se cumplen 85 años de historia, desde que aquellos doce grandes hombres de campo se unieron para defender los intereses de los ganaderos de bravo mexicanos y buscar soluciones a sus problemas.

En la ciudad de México nace, el 16 de octubre de 1930, la Unión de Criadores de Toros de Lidia, A. C., fundada por once ganaderías asociadas:

Atenco  234213_Atenco

         San Diego de los Padres  175609_SanDiegodelosPadres

                  La Punta  160122_LaPunta

                           Matancillas  204352_Matancillas

                                    Piedras Negras  205104_Piedrasnegras

                                             La Laguna  154549_LaLaguna

                                                      Zotoluca  145253_Zotoluca

                                                               Peñuelas  PEÑUELAS  DIVISA AZUL CELESTE Y ORO

                                                                        Xajay  142241_Xajay

                                                                                 Quiriceo  210845_Quiriceo

                                                                                          Malpaso  195626_Malpaso

A finales de 1930 se unieron Rancho Seco 212247_RanchoSeco  y Coaxamaluca  020031_Coaxamaluca  hicieron lo propio en 1931 Jalpa y Santín 182455_Santin  para quedar en un poco tiempo solo con quince ganaderos unidos.

La Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia realiza un papel importante en el desarrollo taurino de México, tiene un alto compromiso con la afición mexicana, con sus agremiados y con la fiesta nacional, por esta razón tiene metas claras que al ir cumpliendo permite que tengamos un espectáculo de alto nivel en lo profesional como en lo artístico.

 


 

PREGÓN TAURINO 2003 DE CARLOS FUENTES.
Autor: Redacción.

“Viendo lidiar a Manolete en México, aquel lejano domingo de hace ya más de medio siglo, me di cuenta de la más profunda relación del alma hispánica y el alma mexicana. Mexicanos y españoles tenemos el privilegio, pero también la carga, de entender que la muerte es vida. O sea: todo es vida, incluyendo a la muerte, que es parte esencial de la vida. “Este texto fue leído en el Teatro Lope de Vega, en Sevilla, el 20 de abril de 2003.

Yo fui un niño sin Fiesta. Creciendo en Santiago de Chile, Buenos Aires y la capital norteamericana, Washington, todas ellas ciudades sin corridas de toros, hube de esperar a mi regreso a México, siguiendo las peregrinaciones diplomáticas de mis padres, para ver mi primer espectáculo taurino.

Mi suerte no pudo ser mayor. Una tarde del año de 1945, me estrené como taurómaco principiante, villa- melón certificado y al instante entusiasta aficionado, viendo torear en la Plaza El Toreo a Manuel Rodríguez “Manolete”.

No conocía aún los nombres propios de cada instante de una faena magistral.

Más si alguno de mis sentidos artísticos aún dormitaba, esa tarde asoleada en la ciudad de México despertó en mí un tropel de emociones estéticas que iban del asombro a la admiración, a la duda misma que semejante entusiasmo me procuraba, al irresistible clamor de la multitud que con un solo, enorme alarido, tan vasto como el océano mismo que separa y une a España y México, coronó la faena de Manolete, el arte del torero y el coraje de su contrincante el toro llamado “El Gitano”.

Los adjetivos, igual que el aplauso, acudieron pisándose los talones a mi mente y a mis labios.

Manuel Rodríguez Manolete, se ha dicho tanto, era una figura que El Greco había dejado escapar de un cuadro de santo o guerrero. La larga y esbelta figura mística tenía la cabeza en un cielo reservado, acaso, para los grandes maestros de la tauromaquia, pero esa misma figura espiritual poseía un atractivo físico, sensual, de masculinidad, si no agresiva, ciertamente agradecida de sus atributos, subrayados por la ceñida elegancia del traje de luces. Mística y erótica a la vez, la figura de Manolete tenía, sin embargo, o asimismo, los pies bien plantados en la tierra. Si su figura parecía imaginada en el cielo tormentoso de El Greco, sus pies decían que no había otro cielo que éste, la tierra, la tierra de arena y polvo del genio popular de España, la tierra pródiga de la única gran cultura europea cristiana, árabe y judía, el redondel privilegiado de los tres monoteísmos que como el rey San Fernando en su tumba sevillana, reza para siempre en árabe y latín, castellano y hebreo. Manolete de pie en el mismo campo del Quijote, el redondel de la Mancha, el territorio manchego y manchado en el cual no es posible distinguir la sangre derramada de la sangre renovada.

Vida y muerte, eso vi aquella tarde de mi primera corrida viendo lidiar a Manolete en México.

Vi la vida y la muerte del matador y del toro.

Vi el emparejamiento de dos heroicidades: la del diestro y la de su contrincante animal.

Vi el símbolo de la interminable contienda entre la naturaleza que quisiera abrazarnos hasta sofocarnos con su gigantesco amor materno y la voluntad humana de establecer el espacio —la arena— separados de la ciudad —la polis, la civitas— al abrigo de la pura fatalidad natural.

Vi la escenificación de la angustiosa condición humana ante la naturaleza: ser absorbidos por ella o dominarla. Y dominarla de qué manera, explotándola destructivamente o respetándola, sabiendo, como sabía esa tarde en México Manolete, que él iba a morir y el toro iba a sobrevivir… no como un presagio de la tragedia de Linares apenas dos años más tarde, sino en la gran corrida universal que simboliza la fiesta taurina. El torero, al cabo, es el que perece y el toro, al cabo, es el que sobrevive…

Viendo lidiar a Manolete en México, aquel lejano domingo de hace ya más de medio siglo, me di cuenta de la más profunda relación del alma hispánica y el alma mexicana.

Mexicanos y españoles tenemos el privilegio, pero también la carga, de entender que la muerte es vida. O sea: todo es vida, incluyendo a la muerte, que es parte esencial de la vida.

No es nuestro el pudibundo eufemismo norteamericano “he passed away, pasó para no decir murió. Con razón exclamó un día Cagancho: “¿Hablar inglés? ¡Ni lo mande Dió!”. Con mejor razón irónica, reza la inscripción de una tumba en el Cementerio Brompton de Londres:

“Aquí yace Lady Wilson. Pasó de la ilusión de la realidad”.

Aunque tampoco es nuestra cierta serena racionalidad francesa que dictamina: “Partir es morir un poco”, a fin de no determinar que:

“Morir es partir un poco”.
No: mexicano es el poema náhuatl que nos dice:
¿Es verdad, es verdad que se vive
en la tierra?
No para siempre aquí: somos
un momento en la tierra…
¿Es que en vano venimos, pasamos
por la tierra?
Cese por un momento
la amargura,
¡Aun por un momento disipemos
la pena!
Al menos cantos, al menos flores:
Esfuércese en querer mi corazón.

No: español es el soneto inmortal de Quevedo que nos dice:
Serán ceniza, mas tendrán sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado
al cual hace eco el verbo novohispano
de Sor Juana Inés de la Cruz:
¿Quién pensara que cómplice
en tu muerte
fuera, por no callar,
tu propia vida?
y si suena a desafío el corrido revolucionario mexicano de La Valentina,
Si me han de matar mañana,
que me maten de una vez,
esa vez, en la suprema elegía taurina de García Lorca, es un largo sueño sin fin:
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas…
Y su sangre ya viene cantando:
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!

El blanco muro de España se fundió en México con el gran muro azteca de las calaveras, el Tzompantli, y se mestizaron dos universos sacrificiales —ambos rituales, pero uno sacrificio humano para aplacar a los dioses y renovar con sangre el renacimiento del día; el otro sacrificio simbólico para representar y salvar del olvido o la indiferencia la tensión entre hombre y natura—. Ya el 13 de agosto de 1529, ocho años después de consumada la Conquista, y en el día de San Hipólito, se establece oficialmente la fiesta de toros en la ciudad de México, confirmando la aparición natural de la corrida descrita por Hernán Cortés en la Quinta Carta de Relación al Rey Don Carlos: cuando “otro día, que fue de San Juan, (llegó un mensajero) de vuestra sacra majestad, estando yo corriendo ciertos toros y en regocijo de canas y otras fiestas…”.

Esos “toros ciertos” a los que se refiere Cortés los trajo a México don Alfonso García Bravo. Dos hechos notables se le deben a este alarife que llegó a México en expedición mandada por Francisco de Garay, a la sazón, gobernador de la entonces española isla de Jamaica.

Sobre las ruinas de la capital azteca, Tenochtitlan, García Bravo trazó la ciudad hispano-mexicana. la ciudad de México y realizó, igualmente, el trazo urbano de la espléndida ciudad de Oaxaca.

Pero además de ser el primer urbanista de la Nueva España, fue García Bravo quien trajo los primeros toros bravos a México, toros de Navarra pasando por Cuba y apacentados en la ganadería de Ateneo, cercana a la capital mexicana y la más vieja del continente americano.

La unción del primer virrey de México, don Antonio de Mendoza, en 1535, fue ocasión para lidiar más de cien toros y el virrey Luis de Velasco gustaba de lancear y dar capotazos en corridas de hasta ochenta toros. Nota bene: en esos siglos del Virreinato de la Nueva España, no se mataba a los toros.

Se suceden en la ciudad virreinal mexicana los cosos taurinos: plaza del Marqués en el siglo XVI, seguida de las plazas de El Volador, San Diego, San Pablo y las Vizcaínas, culminando con la de Chapultepec en 1713 e iniciando, en 1769, la primera temporada taurina formal y periódica, no exenta de accidentes.

Tomás Venegas “El Gachupín Toreador” y Pedro Montero, encabezaban la cuadrilla de a pie; Felipe Hernández “El Cuate” la de a caballo. Montero y su garrochero “El Capuchino” resultaron heridos, el Capuchino murió y su viuda recibió 24 pesos siendo el precio del toro que lo mató de diez pesos. Hablo del siglo XVIII preinflacionario.

Después de la Independencia en el siglo XIX hay un estira y afloja de amigos y enemigos de la tauromaquia, conflicto disipado por la aparición de dos grandes diestros. El español Bernardo Gaviño, maestro iniciático de la tauromaquia moderna en mi país, y Ponciano Díaz, el primer gran matador mexicano, protegido de Gaviño. Celebrado a plaza llena en todo México con el grito de ¡Ora Ponciano!, grito de alegría, ánimo, expectación y victoria, que lo llevó a recibir la alternativa madrileña de manos de Frascuelo en julio de 1888 y un año más tarde, la alternativa de la muerte que también le dijo al oído, “Ora Ponciano…”. Dejó detrás un redondel alfombrado de rosas y sombreros y un dato histórico; azuzado por el gentío en la plaza de Orizaba, en vez de recibir avanzó a matar, se perfiló en corto y hundió la espada hasta el puño en el hoyo de las agujas: es el primer volapié conocido en la historia de México, ejecutado por un diestro, cosa rara, con gran bigote pre-zapatista.

“Ora Ponciano” y luego, ya en rápida y fabulosa sucesión, y a pesar de los paréntesis revolucionarios entre 1910 y 1920, primero el reino de Rodolfo Gaona, el Califa de León, el Petronio del Toreo, presentado el 1 de octubre de 1905 en la plaza El Toreo de México y filmado ya, a sus morenos veintidós años, desplegando el lance que lleva su nombre, la gaonera, que es cuando el toro embiste al engaño y el torero mantiene un lado del capote sujeto con una mano y el otro extremo lo detiene con la otra mano, cuyo brazo extiende al embestir el toro para darle salida por ese lado, cargando la suerte.

La gaonera, identificada para siempre con el Califa de León, es lo que en España, me ilustra mi gran amigo, gran escritor y antiguo juez de plaza de la Monumental México, don Ignacio Solares, se llama el lance delantero que se ejecuta con el capote cogido por detrás. España conoce a Gaona el 31 de mayo de 1908 en la plaza de Tetuán de las Victorias, recibiendo la alternativa de Manuel Lara “Jerezano” y compartiendo cartel, en numerosas ocasiones, con Belmonte, El Gallo y Sánchez Mejías. Y su faena clásica se la sacó en la Maestranza a “Desesperado” en 1912.

No sé si habrá sido en una corrida de El Toreo en 1921 y con Gaona en la cumbre, cuando se sentaron lado a lado el presidente de México, el general Alvaro Obregón, y el ilustre escritor gallego que nos visitaba, don Ramón del Valle Inclán. Uno y otro eran mancos. De don Ramón, se cuentan (y él se encargó de abundar, con la ayuda de Ramón Gómez de la Serna) tantas fábulas sobre la pérdida del brazo, que juntas todas forman una novela entre macabra y picaresca: que si don Ramón se cortó el brazo porque no había carne para el puchero; que si lo perdió tratando de forzar la recámara de una mujer esquiva; que si él mismo se mutiló para distraer a un león que le perseguía; que si se lo arrancó el bandido mexicano Quirico en un campo desolado. Lo más probable es que lo perdió en una riña en el Café de la Montaña, entre la calle de Alcalá y la carrera de San Jerónimo, al contestar don Manuel Bueno a una provocación de Valle Inclán con bastón con barra de hierro, incrustando en la muñeca del escritor el gemelo del puño, gangrenado y amputado en consecuencia.

El general Obregón perdió el brazo en la batalla de Celaya del año 1915, donde derrotó a Pancho Villa y sus famosos “Dorados”. Quedó el campo regado de cadáveres y de miembros, entre ellos una extremidad superior de Obregón, hoy conservada en un monumento al sur de la ciudad de México.

“¿Cómo recuperó usted el brazo perdido en la batalla, mi general? —se le preguntó a Obregón.

“Muy fácil” contestó el ingenioso y cínico revolucionario. “Eché una moneda de oro al aire y mi brazo perdido salió volando a cogerla”.

De hecho, existe una fotografía en que los dos mancos, Obregón y Valle Inclán, aplauden juntos la faena de Gaona, cada uno con la mano que le quedaba al otro…

Se suceden después de Gaona los grandes diestros mexicanos en España. Destaco a tres de ellos:

Fermín Espinosa, “Armillita”, famoso por su faena en la Maestranza una tarde de 1945, cuando en vez de matar cuanto antes a un toro manso, le brindó la muerte a Belmonte y procedió a la que es considerada una de las más perfectas y osadas faenas de dominio, ganándose las dos orejas, el rabo y la salida en hombros.

Natural de Saltillo en el norte de México, Armillita mató su primer becerro a los dieciséis años de edad, se retiró a los cuarenta y cuatro y llegó a filmar las faenas atribuidas a Tyrone Power en la segunda versión fílmica de Sangre y arena de Blasco Ibáñez. Tyrone sabía seducir, como Juan Gallardo, a Doña Sol, Rita Hayworth en aquella ocasión y espléndida belleza de crepúsculo con cuerpo de Venus Pandemus, origen de todas las sensualidades, la Venus bailaora, como la evocó García Lorca, paralizada por la luna.

Si esto, envidiablemente, le tocaba a Tyrone, Armillita tenía, en cambio, que mirar en los ojos del toro su propia muerte, y lo hacía con el desnudo estoicismo coahuilense de los desiertos mexicanos, pues esto era el redondel para Fermín Espinosa: un llano de arena y sangre encajonado entre sierras perdidas.

Silverio Pérez, El Faraón de Tex- coco, era un hombre de sonrisa alegre y mirada triste. Torero torerazo, lo llamó Agustín Lara en un célebre paso- doble. Muchas veces comí con él. Era hombre de pocas palabras. Su vida cotidiana parecía un mero reposo entre corridas. Y en cada una de ellas, Silverio hacía un milagro. Se presentaba con una indolencia que era la máscara más frágil de su temple taurino. Era como si Silverio necesitara cobijar bajo esa aparente indolencia su decisión, crecida con cada momento de la faena, de salir a poder con el toro. Luego venía el reposo del altiplano de México, allí donde este dulce Anteo azteca hundía las raíces en la tierra natal. No nació el Hércules que lo arrancara de ese suelo nutricio.

Y Carlos Arruza. Ligazón. Temple. Entrega. Unidad de estilo. Nada le faltaba a este mexicano, chilango de la mera capital, pero sobrino del enorme poeta español del exilio León Felipe. Acaso el poeta y el torero, el tío y el sobrino, podían reunirse en la pregunta de León Felipe, “¿Quién soy yo?” y contestar:

¿Has entendido ya que Yo eres Tú también?

Y ambos, León Felipe y Carlos Arruza, pudieron también decir juntos, como le dice el poeta a la vida, como le dice el matador a la muerte:

Dejadme, Ya vendrá un viento fuerte que me lleve a Mi sitio.

Como Arruza, con quien tantas veces alternó, Manolete —para cerrar el círculo de mi redondel personal— murió demasiado pronto. Ambos supieron la verdad que dijo El Gallo: “Cada torero debe ir a la plaza a decir su misterio”. Yo quisiera centrar el de Manuel Rodríguez Manolete, su figura estatuaria, su postura invariable, su manera incomparable de citar al natural y ligar los pases, los redondos, las manoletinas, la virtuosidad del estoque…

Pero sobre todo, la heterodoxia o mejor dicho, la herejía de sus faenas.
—Tienes que quebrar la arrancada del toro, Manuel.
—Yo no me tomo ventajas con el toro, madre.
—No son ventajas, recoño, es llevar al toro adonde no quiere y tú puedes lidiarlo mejor.
—Yo no me muevo. Que el toro cargue.
—¿Qué quieres del toreo, hijo?
—Que a todos se les pare el corazón cuando me vean torear.

Y a todos se nos paraba, en las plazas de México. Manolete no era el heterodoxo, era el hereje y hereje significa escoger, el que escoge. ¿Qué escogió Manolete negándose a cargar la suerte? Mirar al toro para mostrarle su muerte. Darle al toro la oportunidad de matar al torero para que ambos —lidiador y lidiado— supiesen que cada uno tenía el rostro de la muerte, que la pelea era entre iguales…

Porque el toreo no es lucha de clases, sino lidia de castas. Acogidos mi esposa y yo a la incomparable hospitalidad de Soledad Becerril y Rafael Atienza en la maravillosa Ronda donde el poeta Rainer María Rilke dijo que allí, en Ronda, había llegado al final de su propia mirada, pues, después de Ronda, “¿qué permanece sino la permanencia misma?”, acaso Rilke pudo convocar, en la Real Maestranza de Ronda, el espíritu fundador de Pedro Romero, matador de casi seis mil toros bravos, que nunca derramó su sangre en la arena y que murió a los ochenta años sin una sola cicatriz en el cuerpo, habiendo establecido las reglas clásicas de su arte.

¿Hay retrato más noble de un matador que el de Pedro Romero por Goya que se exhibe en el Museo Kimbell de Fort Worth? ¿Hay rostro de torero que más claramente nos diga: “Qué duro es ser rival de uno mismo”? ¿Hay perfil que, como el de Pedro Romero de Ronda, con más certeza le dé la razón a El Gallo: “Cada torero debe ir a la plaza a decir su misterio”?

Lidia de castas: cae la noche sobre los inmensos campos de girasoles, imanes del cielo en la tierra andaluza. Se apagan las luces y cuando los girasoles se convierten en giralunas, de noche salen los muchachillos a ciegas, a torear los becerros cuerpo a cuerpo, embarrados al cuerpo del toro, sintiendo el pálpito velludo del animal, el vapor de sus belfos cercanos, el sudor negro de su piel, aprendiendo a torear con miedo, porque sin él no hay buen torero, y con gusto, por lo mismo…

El toro y el torero serán siempre la primera noche de hombre.
El torero y el toro serán siempre el primer sol de la muerte.
El domingo de resurrección culmina la Semana Santa sevillana. Un pueblo entero ha salido —pueblo de innata aristocracia, de auténtica nobleza popular— a formar el coro de las procesiones, remontándonos a la más remota antigüedad de las fiestas de guardar, los días propiciatorios, las representaciones simbólicas de la vida.

“Fiesta multicolor”, la llamó Ortega y Gasset, fiesta de las generaciones de Sevilla, fiesta de los gremios, cargando descalzos, con ligereza mística, a la Virgen coronada por una tiara solar de rayos como navajas.

Como los coros de las más antiguas ceremonias del Mediterráneo, estos de Sevilla lo forman ciudadanos que durante todo el año se preparan para desempeñar un papel a la vez íntimo y colectivo.

Intimo, porque exige una compenetración personal con las palabras y las acciones de la escena.

Colectivo, porque saben que se sitúan en la esfera de la más alta representación de la vida de la ciudad.

Si la tauromaquia es fiesta y es rito, no debe olvidar que sus raíces más antiguas se hunden en la tierra trágica de una humanidad que se sabe a la vez heroica y frágil, que abandona su solar nativo para vivir las grandes epopeyas de la historia y regresa a reconocer que, heroico, el ser humano también es falible. La tragedia clásica purga la falta personal mediante la ca- társis de la representación pública. La catarsis nos libera de las faltas individuales mediante la reintegración a la comunidad dañada por nuestra culpa pero restaurada por el padecer mismo que es condición de la moral y la razón recobradas.

El conflicto trágico —nos advierte la gran pensadora andaluza María Zambrano— nace de una destrucción rescatada por algo que la sobrepasa. Fiesta, rito, representación: la tauromaquia pertenece a ese nivel del ceremonial antiguo en el que las faltas de la humanidad —individuo y sociedad— son salvadas por la representación ritual, el acto que es respuesta humana a la fuerza aplastante de la naturaleza, del entorno, del azar. Esta es la hora de la verdad. Para sobrevivir, herimos a la naturaleza. Pero la naturaleza, a su vez, nos acecha y si es tierra pródiga, también es poder envolvente que nos puede sofocar con un abrazo excesivamente maternal y a veces hasta mortal. La dominamos a veces, pero otras, ella nos avasalla brutalmente.

El rito taurino es la más exacta representación del equilibrio posible entre un eterno dilema:

¿Separarnos de la naturaleza para ser hombres y mujeres civiles —civilizados— pero ayunos de la savia terrenal?

¿O sucumbir a un abrazo de la naturaleza que, convirtiéndonos en naturaleza, nos prive de nuestra singularidad humana?

El rito taurino es una de las grandes respuestas a este dilema: abandonar a la naturaleza o someternos a ella. Separarnos de ella o ser devorados por ella.

¿Qué es un rito, al fin y al cabo, sino respuesta humana a las fuerzas aplastantes del cosmos, aplazamiento, conjuro, evocación, llamado?

¿Qué es —específicamente— el rito taurino, sino una manera de devolverle a la naturaleza, porque para ser humanos nos hemos separado de ella, algo que le es propio a la naturaleza misma: la ofrenda de una ceremonia que reconoce el orgullo y la fuerza del entorno físico que, a la vez, nos alienta y amenaza?

Pues, ¿no dota la fiesta brava de orgullo a la naturaleza, reconociendo su valor y su fuerza, exponiendo al hombre al sacrificio a cambio del sacrificio correspondiente de la naturaleza, pero dotando a ambos —toro y torero— de orgullo —no de la hubris que nos ciega ante los límites del ser, sino el orgullo de saberse, cada uno, hombre y naturaleza, toro y torero, en su justo lugar como parte del entorno persona-mundo?

Ofrenda y rito: se trata de términos inseparables.

La fiesta brava es un acto hermanado de saber y de fe. La sociedad separa el conocimiento y la creencia. El rito taurino los reúne: en la fiesta, se sabe porque se cree y se cree porque se sabe.

¿Qué se sabe, qué se cree?

Sencillamente, que se puede perder ganando y ganar perdiendo. La tauromaquia no se engaña ni nos engaña. Es cierto: cada individuo y cada sociedad poseemos un excedente de energía y a menudo no sabemos qué hacer con él. Podemos desperdiciarlo en el daño: la guerra y el crimen. Pero podemos aprovecharlo en el beneficio: el arte, el buen gobierno, la solidaridad social, el valor personal.

La fiesta brava es, a un tiempo, la superación y la representación de esa energía vital excedente. La demuestra en uno de sus extremos: es un arte ritual, no exento de violencia pero que al representarla ritualmente, no sólo la salva de una actualización anti-social, sino que la confirma como renovación de un pacto: la renovación de la vida a pesar de la muerte.

Llego a Sevilla y ando buscando las voces que se creen perdidas. Las busco en las floridas calles con su mezcla insólita de cera y de flores. Las busco en las voces de los balcones, que por muy alto que estén, surgen de los pasillos secretos de Sevilla porque son hijas de la tierra. Las busco en el silencio mismo de las cofradías guiadas por el bastón de plata. Y de entre todas —silencio de los pies desnudos, índice erguido de la Giralda, y en palabras de Alfonso Reyes, tibieza de las Sierpes, azulejos de las espadañas, palomas heridas en el seno de cada Virgen—, de entre todas vuelven a surgir las voces que creíamos perdidas, las inmortales voces de la Semana Santa sevillana, la voz de El Centeno como alma temblorosa y la voz del cantaor Cipriano, de quien Sevilla dirá siempre:

— ¡Qué pena tenía aquel hombre, cantando!
“En la calle e la Amargura.
Cristo a su madre encontró:
¡no se pudieron habla
de sentimiento y dolór!”.
Hoy, aquí, hay reencuentro y alegría.

Señoras y señores:
Agradezco muy cumplidamente a Don Manuel Roca de Tovores, Conde de Luna, a don Antonio Sánchez Moliní de la Lastra, a mi viejo y queridísimo amigo Rafael Atienza Medina, Marqués de Salvatierra, y a Hugh Thomas, Lord Thomas of Swynnerton, muy admirado y también muy querido amigo tan cercano a mi corazón y al de mi esposa Silvia, por su generosa presentación. Me unen a Hugh Thomas tres tierras, tres devociones, tres historias: las de México, Inglaterra y España.

Aquí nos damos todos las manos, en esta Sevilla donde, como en parte alguna, conviven las Tres Hermanas —Nacimiento, Amor y Muerte— y en el teatro que lleva el nombre del Fénix de los Ingenios. Lope de Vega, y que cada Semana Mayor repite, Lope, su ruego:

Tomad en albricias este blanco toro
Que a las primeras hierbas cumple un año.

Albricias, pues, a todos, en espera del año que viene y el pregón que se hará eco del mío y de cuantos le precedieron.

Fuente… http://www.nexos.com.mx

 


 

 

Opinión

El sonido del silencio
El vivir y el sentir de muchos toreros, hombres revestidos de una humildad y una profesionalidad de injusticias que ellos saben sobrellevar como pocos; mañana es otro día, vuelven sus ilusiones, vuelven a soñar, a entrenar…
Por Jose Cisneros

jueves 18 de junio del 2015, 17:52h

Son las cuatro de la mañana, mi mente no deja de dar vueltas, quizá el exquisito café de un final de cena junto a unas personas muy especiales o tal vez la agradable velada acompañando a dos toreros los cuales por las injusticias de la vida no están en el sitio que les corresponde, hagan que mi pensamiento no pueda descansar.

Intento calmarme, relajarme; pero sea que haya podido encontrar esta noche con los dos matadores muchos paralelismos sobre mi propia existencia y esta afición asimilada como una forma de vida, no me quede otro remedio que salir para poner mi mente en orden.

Me levanto y acompañado de mi fiel perrita bóxer me dispongo a dar un paseo en la calma de una madrugada cargada de estrellas haciendo frente y dando el pecho como un torero ante el toro, a un viento frío de primeros de diciembre, pienso incluso que sería una madrugada ideal para con unos cuantos años de menos -aunque a pesar de sobrepasar el medio siglo no sería óbice para ello- estar dispuesto hacer “una luna” en toda regla y descargar esa adrenalina que me ha producido inquietud, negándome conciliar el sueño.

Inquietud, desasosiego, quizá hasta rabia por las injusticias que muchas veces descarga la propia vida sobre las personas y que tras mi largo paseo de madrugada termina por hacerse presente en mi pensamiento ese verso de D. Pedro Calderón de la Barca que a diario tropiezo con él. Quizá esos momentos pudieran haber sido el presagio y recordatorio de lo que esta madrugada debiera pensar en situaciones como esta. “Aquí la más principal hazaña es obedecer…, caudal de pobres soldados; que en buena o mala fortuna, la milicia -y el sentir de muchos toreros- no es más que una religión de hombres honrados”.

Religión de hombres honrados, toreros, a los que las injusticias a muchos de ellos, unas veces provenientes de la vida misma, otras acaecidas por la propia predisposición del dominio del hombre sobre el hombre que al final camina en torno a unos intereses personales buscando, quizá equivocadamente lo mejor para sí mismo, olvidándose de lo que verdaderamente importa, de hacia donde verdaderamente camina, sin caer en la cuenta que ese culto que va profanando, pueda del mismo modo abatir los sentimientos y las ilusiones de todos ellos.

Muchos pensamientos se me abocan a la vez en esta mente que es casi incapaz de asimilar, y digo casi, porque aún queda un halo de esperanza que me hace pensar y sentir que la temporada que viene pueda ser diferente, aunque Madrid sigue sin querer “tirar del carro”, y eso; no presagia nada bueno.

De cuántos aficionados y otros no tan aficionados hubiera deseado su presencia esta noche junto a nosotros, para que hubieran comprendido el vivir y el sentir de muchos toreros, hombres revestidos de una humildad y una profesionalidad que debido a las injusticias, a otros hubiera llevado a revestirnos de una rabia incontrolada o de impotencia, ellos saben sobrellevar como pocos; mañana es otro día, vuelven sus ilusiones, vuelven a entrenar, vuelven a soñar, no guardan rencores a la vida, no guardan rencores a nadie; la esperanza, esa dulce esperanza llena sus corazones y sus almas, saben esperar con ilusión otra temporada, esperar con ilusión ese momento que les pueda hacer felices y demostrar al mundo que viven por y para el toro, demostrar en definitiva que son, TOREROS.

Por todo esto, me vienen a la mente quienes para la próxima temporada y desde su puesto de privilegio debieran hacer examen de conciencia, apoyando y defendiendo a capa y espada y nunca mejor dicho; a estos hombres, a sus peñas, a los intereses de un aficionado que es quien siente en su alma y sustenta a la vez las mismas ilusiones que perviven en estos toreros, quienes en definitiva hacen con ello que subsista la Fiesta de los Toros.

Aquí como los soldados de Calderón de la Barca, hace falta lealtad, hacen falta hombres, pero hombres de verdad, honrados y gallardos, hombres que sepan -aunque sea mentalmente- meterse en un traje de luces y percibir ese sentir inenarrable que se vive como torero para que este milagro no desvanezca a consecuencia de una falta de sensibilidad hacia estos hombres, tan toreros como el más torero de los toreros.

En esto del toro sobran profetas, falsos profetas que prometen y no cumplen; falsos profetas que engañan a la gente con sus vanos y desgastados discursos; discursos que solamente vanaglorian a quienes puedan satisfacer su propio beneficio, actuando como lacayos ante empresarios “morucheros” -aunque sé que a mi amigo Pepe Olid no le guste que use este término porque dice falto al respeto a ese tipo de ganado- que del mismo modo no pueden ofrecer lo que prometen; y todo por un puñado de euros.

Haciendo una adaptación de un tema de musical podría decirse que son simples lacayos que creen marchar siempre muy seguros de sus historias, creyéndose reyes del mundo. Cuando con migajas de indulgencia alimentan tres o cuatro que le planchan la chaqueta; en realidad otros son quienes consiguen lo que tienen viviendo a su sombra, por eso; ese brillo que ellos creen que les envuelve no es otra cosa que el reflejo de otra luz. En su gesto indiferente se adivina que la gente no les importa en absoluto, ellos son su mundo, el sol les adormece y creen que es más decente acostarse con el alba. Que poco valen.

Son las siete de la mañana, es tarde o más correcto sería decir demasiado temprano, mi mente empieza a despejarse, presencio el amanecer frente al Aznaitín y Sierra Mágina y aquí me encuentro, sentado y fumando en el banco de un parque una fría madrugada de diciembre junto a “Queen” mi fiel perrita bóxer, llenando aún más, ayudado del cigarrillo, la ya de por sí contaminación existente en mi cuerpo. Ahora, casi extenuado entre el frio y el cansancio dejo estas líneas para pasarlas a limpio; espero poder descansar y que la luz y la fuerza del sol, aunque tenue en esta época del año, me entregue esa fuerza necesaria para seguir luchando, para seguir creyendo y sobre todo para seguir amando al Toro y sin serlo, vivir en TORERO.

 


 

 

Opinión

Dinero (I)
Como las libertades quedan subyugadas al dinero, la libertad de prensa, la de expresión o la de pensamiento quedan reducidas a escombros, también en el ámbito de la tauromaquia. Los mandamases de los despachos son los dictadores de la tauromaquia.
Por Íñigo Martín Apoita

jueves 18 de junio del 2015, 12:07h

Es curioso el proceso que nos ha llevado a deificar el dinero en esta nuestra sociedad. El símbolo del dólar representa para la civilización poco menos que un Dios, algo así como la idea suprema por la que toda clase de esfuerzos y sacrificios merecen la pena. Y claro, al igual que para un creyente Dios está por encima de todas las cosas -en ocasiones incluso por encima del cónyuge, de los padres o de los hijos-, para el hombre del siglo XXI el dinero representa lo máximo que puede alcanzar. Pasa por encima de ideales, valores o sentimientos. Así que si el dinero prima sobre sentimientos, qué les voy a contar de libertades o derechos. De eso cada día sabemos menos.

Como las libertades quedan subyugadas al dinero, la libertad de prensa, la de expresión o la de pensamiento quedan reducidas a escombros, también en el ámbito de la tauromaquia. Cuando un aficionado o un espectador suficientemente avispado entra en un portal taurino de los tradicionales (entre los cuales, evidentemente, queda excluido éste en el que escribo), puede comprobar sorprendido la sórdida manipulación que llevan a cabo de todo cuanto informan. Los silencios se convierten en aplausos, los aplausos en ovaciones y los afanosos indultos que conceden, pañuelos al aire, borrachos y fiesteros, se pintan como éxitos de la tauromaquia, del ganadero y, aún peor, del torero. Los portales más leídos consiguen así mantener al espectador medio, empeñado en leer esas webs y sólo esas webs, en una galaxia paralela en la que sol, copas y un tío moviendo un trapo son sinónimos de fiesta y desfase. El lector cierra Internet feliz por saberse informado, ignorando que sólo ha conseguido empaparse de manipulaciones irreales que rozan lo ficticio. Ese pobre hombre, terco y cerril como sólo los españoles sabemos ser, está paladeando la ilusa felicidad del ignorante. Se cree libremente informado y sabio en materia taurina. Los portales han convertido a ese hombre en una parte insignificante de un rebaño, una masa homogénea y estandarizada. Han conseguido ser algo así como la máquina que se introduce en el inconsciente de los ciudadanos en Un mundo feliz, de Aldous Huxley, hablándoles mientras duermen. Han desinformado a traición y de manera deliberada. Y lo más grave es que lo han hecho al amparo de los toreros, que son, al fin y al cabo, los principales beneficiados de la manipulación de datos, y los primeros que pagan a portales a cambio de anunciar sus carteles, sabiéndose así los amos del cotarro, porque en su mano está retirar ese anuncio, dejar de pagar y mandar periodistas al paro. Esos periodistas se ven abocados a una elección entre comer y ser precisos, donde la elección es evidente: yo también preferiría pan para mi hijo sobre información para un señor de Teruel.

Es fácil entender por qué los toreros eligen los portales para manipular. “La palabra es un arma cargada de futuro”, decía Blas de Otero. Quien controla los medios controla a la gente. Ya se sabe que una democracia es muy pobre si lo es el periodismo que en ella se desarrolla, y eso es exactamente lo que ocurre tanto en el mundo real como en el taurino. El mundo de los toros no aparenta ser una democracia porque no otorga ningún papel al que se rasca el bolsillo, que es el equivalente del ciudadano; ni siquiera quiere asemejarse al despotismo ilustrado que se resume en “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, porque el pueblo le da igual. Los déspotas taurómacas, que no son más que los mandamases de los despachos, son los dictadores de la tauromaquia. Y el aficionado, precisamente por serlo, está sujeto a una afición que intenta mantener, inconsciente de que mantenerla es también alimentar a quienes desearía expulsar.

El dinero no sólo pasa por encima de la libertad de prensa, sino también, como ya se ha dicho, de los valores. Y de eso precisamente hablaremos en la próxima entrega.

 


 

 

Hace 115 años se inauguró el Circo Teatro Yucateco
Por: Redacción
17 de junio de 2015

El día de hoy miércoles se cumplen 115 años de la inauguración del Circo Teatro Yucateco, inmueble que estuvo ubicado en los terrenos de la calle 68 x 57 y 70 del Barrio de Santiago de la ciudad de Mérida, Yucatán.

El Circo Teatro Yucateco, fue inaugurado el 17 de junio de 1900 con un festejo taurino, estando acartelados los toreros españoles “Silverio Chico” y “El Pípa”, acompañados por sus banderilleros “Marinerito”, “El Gaditano”, “Platerito”, “Marciano” y “Piñoncito”, con cuatro toros de casta pura de la ganadería de Tepeyahualco.

El inmueble con gradas de madera y estructura de acero tenía capacidad para 3,500 espectadores, fue construido a iniciativa de sus propietarios Miguel Nogués (Director), Ramón Arias (Tesorero) y Pedro Gamboa, (Administrador) que constituyeron una Sociedad Mercantil denominada “Compañía del Circo Teatro Yucateco”.

En el histórico Circo Teatro Yucateco, se realizaban festejos taurinos, funciones de boxeo, funciones circenses, eventos artísticos, religiosos y políticos; el inmueble fue demolido en el año de 1961.

El recordado Circo Teatro Yucateco
Foto: Archivo


 

AMÉRICA
Fantasma, el torero enmascarado
En Jalisco, en la plaza de toros de San Miguel El Alto, se presentó el primer matador de toros con máscara. Sin tomar la alternativa estoqueó un ejemplar de 530 kilos.

JUAN DIEGO MADUEÑO Actualizado:18/06/2015 19:12 horas

En Jalisco, en la plaza de toros de San Miguel El Alto, Fantasma, el matador de toros enmascarado, hizo por primera vez el paseíllo. Un debut sin dar la cara.

Como si hubiera abandonado la portada de un cómic de serie B, con un vestido salmón y plata y bajo una máscara sujeta con un pañuelo a la cabeza, lidió y estoqueó un toro cárdeno de 530 kilos ante los ojos de un público que abarrotó el coso al reclamo del misterio y la entrada libre.

Carmelo Pérez, cabeza visible de la empresa Casa Toreros y banderillero de Jesulín de Ubrique durante los años dorados del centenar de corridas, pasará a la historia del toreo como uno de los primeros empresarios que acarteló a un matador en la sombra.

Las declaraciones de su mentor, el matador Edgar Bejarano, a un medio mexicano, dan el giro definitivo: “Fantasma lo intentó como novillero pero no llegó a nada. Después, retirado de los ruedos, se dedicó a la actividad empresarial, tuvo éxito e hizo fortuna. Decidió volver a torear y para no perjudicar a sus clientes, lo ha hecho sin desvelar su identidad”.

“Aún no ha tomado la alternativa”, ha confesado Bejarano, “pero ya se ha enfrentado a un toro de 530 kilos y el público disfrutó con él. No sabemos sin mantendrá la máscara durante el resto de su trayectoria, pero de momento sí”, ha contado.

La ‘aparición’ ha dividido, aún más, a la afición en las dos orillas del toreo. Como siempre, el debate entre originalidad y sacrilegio está servido. Él, por lo pronto, ya se ha abierto una cuenta en Twitter y desde que entonces no ha dejado de especularse con su identidad.
El Fantasma
‏@FantasmaTorero
El telefono del apoderado no deja de sonar. Al menos cerradas 4 Fechas. Esto ha valido la pena.

 


Francisco @paco1rafigura
Ultimo comentario sobre el FARSANTE Ricardo Leos alias @FantasmaTorero ,lo siguiente BLOQUEAR !
20:41 – 15 jun 2015
23 Retweets 16 16 favoritos

 


 

 

TOROS
¿Puede Podemos acabar con la Fiesta?
Una reunión secreta del sector taurino desvela la profunda preocupación por el futuro de la Tauromaquia con el nuevo mapa político. La prohibición de Barcelona planea sobre muchas plazas. Sus consecuencias serían desastrosas para las economías locales

RUBÉN AMÓNMadrid Actualizado:18/06/2015 02:10 horas

La instrumentalización política de los toros explica que Bildu prohibiera las corridas en San Sebastián y haya eludido hacerlo en Pamplona. Queda en entredicho la coherencia ideológica y programática, como queda demostrado que los toros regresarán a Donosti en agosto porque acaba de rehabilitarlos el PNV gracias a su victoria en los comicios del 24-M.

Los carteles se anunciarán en breve a iniciativa de la empresa Chopera y con todos los síntomas de una victoria simbólica, si no fuera porque la reincorporación de San Sebastián a la temporada taurina representa la excepción de un escenario hostil inducido por la victoria de Podemos y sus marcas blancas.

Sintonizan en la idea de que la tauromaquia constituye un anacronismo. Vinculan los toros al conservadurismo y al españolismo. Destacan que la precariedad presupuestaria contradice la idoneidad de las subvenciones, menos aún para “fiestas salvajes”. Anteponen la defensa de los derechos de los animales sin excepciones ni concesiones.

Es la razón por la que la nueva corporación de La Coruña, resultante de las mareas, neutraliza la celebración de los espectáculos taurinos, del mismo modo que Palma de Mallorca, bajo el gobierno del un estrafalario tripartito, ha convocado un pleno que declarará a la ciudad específicamente antitaurina.

El oxígeno de la tauromaquia ha dependido tanto de la cobertura del PP, que su reputación castiza y españolista ha perjudicado su noción elemental de acontecimiento apolítico
Fue el ejemplo que abrió el Ayuntamiento de Barcelona antes de consumarse la prohibición en el Parlament, aunque la decisión de sus señorías todavía está expuesta a la réplica del Tribunal Constitucional. No por cuestiones taurinas, quede claro, sino por discutir las atribuciones legislativas que adopta una cámara autonómica en el desmedido uso de sus funciones.

Trascenderá la decisión del TC en breve. Y apunta a la invalidación de la decisión del Parlament, pero estas novedades, aun gratificantes para el porvenir de la Fiesta en Cataluña -e igualmente gratificantes para que el nacionalismo pueda insistir en el discurso victimista de la dictadura de Madrid-, no remedian el desasosiego y la preocupación con que el sector taurino observa la irrupción de la izquierda alternativa y del nacionalismo en tantos municipios de tradición taurómaca.

Es el motivo por el que se celebró anteayer en Madrid una reunión de urgencia que implicaba a matadores, ganaderos y empresarios, abrumados unos y otros por la manera en que las corporaciones emergentes puedan desmantelar la base de la pirámide del espectáculo taurino. Que son las plazas de tercera y algunas de segunda. No porque sean las más relevantes en términos de notoriedad ni de repercusión mediática, sino porque sujetan la estructura del sistema mismo, igual que sucede en el fútbol con la segunda división, la segunda B y hasta la tercera división.

Los toros morirían de inanición. Se trataría de restringir o de invalidar los presupuestos que antes se dedicaban a las novilladas y a las corridas, más aún teniendo en cuenta que las subvenciones municipales o autonómicas alcanzan actualmente al 70% de las plazas españolas.

El dato retrata el problema, pero no implica que la tauromaquia resulte exacta o específicamente gravosa para los municipios. Y no sólo porque los espectáculos taurinos forman parte de una arraigada programación cultura y lúdica. También porque el impacto económico, laboral, comercial y turístico de los festejos trasciende el mero análisis de una partida presupuestaria.

Las entradas de la última tarde de toros celebrada en Barcelona. Toros de El Pilar para Juan Mora, José Tomás y Serafín Marín.
Es uno de los puntos de apoyo que el sector taurino considera imprescindible recalcar en el esfuerzo de una pedagogía articulada pata desmontar los grandes malentendidos que acechan a la credibilidad de la Fiesta.

Uno de ellos se resiente de su identificación política con el conservadurismo. El oxígeno de la tauromaquia ha dependido tanto de la cobertura del PP y ha servido tanto a la manipulación identitaria, que su reputación castiza y españolista ha perjudicado su noción elemental de acontecimiento apolítico.

El otro problema es el ecologista. ¿Cómo es posible que un fenómeno de semejante virtuosismo en términos medioambientales aparezca descrito en los lugares comunes como una aberración animalista?

Puede entenderse así que la Tauromaquia haya buscado una insólita cobertura ética y hasta política en Francia. Que un aficionado de Barcelona tenga que irse a Nîmes para ver una corrida ‘española’ escenifica una contradicción cuya envergadura se añade a la vanguardia francesa en materia legislativa, toda vez que el reconocimiento de los toros como patrimonio inmaterial -desde París al mundo- fortifica el porvenir de la tauromaquia en los lugares de tradición.

De ahí provino el nuevo marco jurídico que lideró el Ministerio de Cultura de Wert para blindar los toros de las prohibiciones. Técnicamente hablando, las corridas no se pueden prohibir. Tampoco tiene efectos vinculantes, legislativamente hablando, que una ciudad se declare antitaurina, pero los municipios salientes del 24-M que promovían el abolicionismo tienen a su alcance un camino de sabotaje perfectamente legal, bien suprimiendo las subvenciones a los espectáculos, bien oponiendo defectos técnicos en los peritajes de idoneidad de la plaza, bien resolviendo los contratos vigentes y heredados de las antiguas administraciones.

Que un aficionado de Barcelona tenga que irse a Nîmes para ver una corrida ‘española’ escenifica una contradicción
Sobrevendría un litigio judicial, pero los plazos del recurso y hasta sus costes asfixiarían la viabilidad de muchas ferias. Y no tanto esta temporada, más o menos hilvanada, como la siguiente, especialmente si Podemos introduce la abolición de la corridas en su programa electoral.

No parece probable. Primero por la idea misma de la prohibición, en cuanto exceso de un paternalismo que coarta las libertades. Y, en segundo lugar porque la popularidad de los toros en muchos lugares de España contradice que un partido en periodo de expansión pueda permitirse un límite electoral.

Es verdad que la idea cristalizó en el programa de las europeas, pero José Manuel López, diputado regional en la Asamblea de Madrid y candidato ‘podemista’ en las pasadas autonómicas, aclaró en abril con ocasión del foro Nueva Economía que la prohibición no estaba contemplada y que la Tauromaquia, en todo caso, tendría que subsistir por sí misma.

Y por sí misma puede subsistir en las plazas estrella donde la Administración, incluso, gana mucho dinero gracias a los cánones de explotación que cobra a las empresas, pero difícilmente puede hacerlo sin la infraestructura municipal y la distribución de subvenciones (modestas) que garantizan, ladrillo a ladrillo, la estabilidad de la pirámide.

A los toros se los puede matar ejecutándolos (la prohibición) o de los puede matar de inanición, razón por la cual los profesionales del sector han jurado un pacto de cooperación que pretende concienciar al Partido Socialista -el PP es un más o menos aliado incondicional, aunque no siempre fructífero- y estimular su predicamento en muchas de las corporaciones que se han constituido con las marcas blancas de Podemos o listas alternativas.

Se trata de crear una mínima estabilidad política y de buscar un puente con Podemos también, admitiendo que el guirigay resultante de estos comicios subordina la hoja de ruta general a la especificidad de cada plaza y de cada ayuntamiento.

Habría que ir puerta a puerta, entretejiendo un camino titánico que no sólo debe conmover a las fuerzas políticas emergentes, sino abrirse a una sociedad donde la Tauromaquia se encuentra bastante aislada. Por sus propios errores de comunicación. Por el efecto ‘Disney’. Y porque la sacudida del soberanismo en Cataluña y en el País Vasco ha predispuesto un clima de hostilidad de acuerdo con el cual los toros son un obstáculo a la ‘modernidad’.

 


 

 

TAUROECONOMÍA
6 argumentos 6 sobre la salud económica de la tauromaquia
JUANMA LAMET Actualizado: 18/06/2015 03:10 horas

1. La tauromaquia crece

Lejos de las cifras recesivas de otras disciplinas artísticas, los toros han vuelto a crecer. En 2014 se celebró un 0,5% más de festejos que en 2013, según los datos del Ministerio de Cultura. En el caso de los festejos populares (encierros, correbous, etcétera), el incremento fue de nada menos que el 14,7% interanual. Un sector cultural ‘no tradicional’, como la edición de libros electrónicos cayó un 1,9%, por ejemplo.

2. La tauromaquia genera riqueza económica

Las corridas de toros y los festejos populares dejan una huella económica de más de 2.000 millones de euros, una cifra que supera el presupuesto anual de gasto no financiero de los ministerios de Economía, Justicia, Agricultura, Exteriores, Presidencia, Sanidad… A las plazas acuden cada año millones de espectadores y la cifra se multiplica por cuatro en los festejos populares. Además, se crea empleo sectorial: el número de empleados inscritos en el Registro General de Profesionales Taurinos subió un 3,7% el año pasado.

3. La tauromaquia impulsa la hostelería y el turismo

Tomando en cuenta los datos del INE, por cada 50 euros invertidos en la compra de una entrada se generan otros 90 euros adicionales para la economía local; es decir, en hoteles, bares, museos… Y los festejos populares son una mina. Baste citar los Sanfermines. Además, el toro es la imagen con la que los turistas más asocian a España (que es el segundo país receptor de visitantes del mundo), según el Barómetro Imagen de España del Instituto Elcano.

4. La tauromaquia también financia a las Administraciones Publicas

La mayoría de las empresas del sector no cobra, sino que, muy al contrario, paga por gestionar las plazas. Por ejemplo, en Madrid la concesionaria de la plaza de Las Ventas abona un mínimo de 2,3 millones de euros al año a la Comunidad de Madrid, que reinvierte en otras localidades. En 2014 los festejos taurinos mayores generaron como mínimo 30 millones de euros en concepto de IVA, sólo en las plazas de primera y segunda categoría. Las de tercera -que son mayoría y casi imposibles de medir con exactitud- engordan notablemente esta cifra. Sólo por el IVA de la Feria de San Isidro las arcas públicas ingresan 7 millones de euros. Negocio redondo.

5. La tauromaquia no recibe apenas subvenciones

De hecho, nadie las ha cuantificado fielmente aún. Los estudios elaborados por asociaciones abolicionistas que hablan de que los toros se hacen con cientos de millones de euros públicos cometen al menos dos grandes errores. En primer lugar, la falta de rigor: considerar que arreglar la puerta de una plaza de titularidad pública y gestión municipal es una subvención es tanto como decir que arreglar los lavabos de La Moncloa significa subvencionar la fontanería. Hay que decirlo claro: que un ayuntamiento organice una corrida en una plaza que es suya no es una subvención, es una inversión y en todo caso un gasto. En segundo lugar, la falta de datos, por considerar, de forma ciertamente imaginativa, que las corridas reciben un tercio de su coste en subvenciones (“ojalá”, dicen los empresarios taurinos). Además, la ley dice claramente que el Estado puede “adoptar medidas destinadas a fomentar y proteger las actividades a las que se refiere dicha ley, en atención a la tradición y vigencia cultural de la fiesta de los toros”, así que no sería pecado hacerlo, ni mucho menos.

6. La tauromaquia produce un alto valor ecológico

El toro de lidia ocupa nada menos que 540.000 hectáreas de alto valor ecológico, según las asociaciones que agrupan a las 1.094 ganaderías de bravo de España. El toro se ha erigido en el garante de la conservación de esas fincas, ya que necesita de una extensificación media de dos hectáreas por astado, según los cálculos de la Unión de Criadores de Toros de Lidia.

 


 


 

 

Bilbao es la plaza que tiene unos precios más altos

Los toros son caros, pero se pueden comparar de forma favorable con el futbol o la opera

Los precios de las localidades para los espectáculos taurinos son caros, o por mejor decir: no se ajustan a las posibilidades económicas de no pocos aficionados. Si además se tiene en cuenta que se viene dando un fenómeno social, según el cual se demandan más las localidades caras que las barata, se precisa más esa disfunción entre precios y posibilidades económicas. Y si se comparan precios entre los principales abonos del año, la plaza que resulta más cara es la de Bilbao, muy por delante incluso de Sevilla, que tampoco es barata. Con todo, si contraponemos los precios taurinos con los espectáculos como el futbol o la opera, resulta que los toros son bastante mas asequibles.

Actualizado 18 junio 2015

Redacción

Resulta incuestionable que el espectáculo taurino es caro. Sobre todo si se tiene en cuenta que son precisamente las localidades baratas las que más trabajo cuesta vender: se agota antes la sombra que el sol, el tendido que la andanada. De hecho, no hay sector taurino que no abogue por la moderación de los precios como una medida imprescindible para salir de la crisis.

Pero todo tiene un punto de relatividad. Y así, por ejemplo, si la comparación de precios taurinos se realiza, por ejemplo con el futbol, resulta que ir a los toros puede parecer hasta barato. Pero si la comparación se realiza con une espectáculo netamente elitista como la opera, resulta otro tanto.

La dificultad de las situaciones heterogéneas

Establecer una comparativa de los precios entre las distintas plazas y abonos de primer nivel, resulta una tarea complicada y no siempre fácil. En primer término, porque la distribución física de las localidades no sigue criterios homogéneos, porque cada Plaza se adapta a su propias disponibilidades de espacio, ni las tablas de precios responden tampoco a criterios uniformes, dado que algunas plazas se diferencian según la categoría de la fecha y el cartel, en consecuencia, pueden compararse de manera directa y con exactitud.

Y así, por ejemplo, Sevilla y Valencia cuentan, con tres filas diferenciadas de barreras y en la capital del Turia además se establecen hasta 6 filas de contrabarreras y en ambos cosos no son idénticos los precios todos los días de sus abonos.

Pero, sobre todo, tampoco las distintas plazas presentan idénticos aforos. Y así Madrid más que duplica a Sevilla, por citar un caso. Nos encontramos, pues, con un factor que influye decisivamente en el establecimiento de los precios,

Quiere ello decir que a la hora de comparar precios hay que proceder con extremo cuidado y siempre de una manera de algún modo relativa: más que el dato concreto, conviene quedarse con las tendencias que marcan las tablas de precios.

Pero con todas estas salvedades por delante, y sabiendo que no pueden realizarse comparaciones estrictamente directas, una cosa es cierta: entre las grandes ferias, Bilbao es la que presenta unos precios sensiblemente más altos, sea cuál sea la modalidad de localidad que se seleccione.

Así, una barrera de sombra que en Madrid cuesta 147,50 y en Pamplona 125, en la capital vizcaína sale por 171 euros en los días estrellas y por 152 los restantes. Una notable diferencia. Y si un tendido bajo de sombra en Bilbao sale por 97 euros, en Madrid cuesta 73,80 y en Pamplona 71. Pero exactamente las mis proporcionalidades se producen entre las localidades más baratas: mientras que en Madrid por menos 8,90 euros se puede a una andanada de sombra, la galería de sombra en Bilbao cuesta casi el doble: 18.

Prácticamente imposible resulta comparar lo que podríamos denominar el primer anfiteatro, porque en unos casos –incluso dentro de la misma plaza– se trata de palco y en otros de gradas.

Pero pese a todo ello, y aún teniendo en cuenta la existencia de abonos bonificados para la tercera edad o la juventud, resulta incuestionable que el espectáculo taurino es caro. Sobre todo si se tiene presente que son precisamente las localidades baratas las que más trabajo cuesta vender: se agota antes la sombra que el sol, el tendido que la andanada.

No resiste comparación con otros grandes espectáculos

Pero todo tiene un punto de relatividad. Y así, por ejemplo, si la comparación de precios se realiza, por ejemplo con el futbol, resulta que ir a los toros puede parecer hasta barato. Y así una entrada muy buena para un derby R.Madrid-Barcelona, en un estadio con 80.000 localidades –más de tres veces Las Ventas– se cotiza a casi 1.000 euros y la más barata tiene un importe de entorno a 70. Y además se acaba el papel con días de antelación, aunque se televise.

Pero si la comparación se realiza con une espectáculo netamente elitista como la opera, un abono para nueve funciones de estreno oscila entre 1.830 de la localidad más cara y 100 euros la más barata –que corresponde a los laterales del último anfiteatro–; lo que podría corresponderse con lo que taurinamente se entiende por un tendido bajo cotiza a 1.740 euros, mientras que una abono asimilable al tendido alto cuesta 1.500. En todos los casos, proporcionalmente más caros que una tarde de toros.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





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