PAGINAS DE MI ARCHIVO

28 Nov

PAGINAS DE MI ARCHIVO

Por Don Francisco Madrazo

PIEDRAS NEGRAS

Y

LA  LAGUNA.

Don José María González

Munoz

1887-1907

La ganadería de Piedras Negras, debutó la tarde del domingo 8 de noviembre del 1896, con seis ejemplares en la plaza de Bucareli del Distrito Federal.

El cartel lo formaron tres diestros andaluces, Juan Jiménez Ripoll “El Ecijano”, Joaquín Navarro “Quinito” y Diego Rodríguez “Silverio Chico”, este ultimo alternativado en México por Ponciano Díaz.

Abrió plaza un toro de pelo berrendo en negro aparejado, que se llamó “Gorro”, el cual lució en sus lomos la divisa roja y negra, colores que en décadas pasadas habían elegido para lidiar sus reses, dos famosos ganaderos españoles, Don Juan Miura (1849) y Don Faustino Murube (1889), y unos años mas tarde el Duque de Tovar(1912). El mencionado Duque, en su finca de “La Aldovea”, cuidó con esmero una punta de vacas procedentes de Vistahermosa, cruzadas con toros de Pablo Romero, que compró a Don Felipe, y después vendió en 1927 a Don Luis Bernaldo de Quiroz, ganadero salmantino criador del toro “Vinatero”, que el 20 de abril de 1930, en la primera corrida del abono madrileño, hirió de suma gravedad a nuestro Heriberto García Espejel.

Como dato para la historia, anotaremos que ya Piedras Negras había lidiado tres toros en la plaza de toros “San Rafael” el 30 de octubre de 1887, con otros tantos de Arribas Hermanos, que estoquearon Diego Prieto “Cuatro Dedos” y Carlos Borrego “Zocato”, siendo esta la primera vez que la famosa casa tlaxcalteca, se vio anunciada en un cartel taurino. Durante esa época Don José María González, lidió los productos de las vacas pías de San Cristóbal La Trampa, empadradas con los sementales españoles procedentes de las ganaderías de Benjumea, Miura y Murube.

No sé con certeza el número de toros que padrearon de las dos primeras casas, pero de Murube fueron diez. Esto nos indica, que la ganadería tlaxcalteca tenia en sus principios, por línea paterna, sangre de tres castas muy importantes, pero diametralmente opuestas, como lo fueron la vazqueña, la de Cabrera y la de Vistahermosa. Por lo mismo nos damos cuenta el porque en aquellos años, Piedras Negras era una casa con pintas muy variadas.

En sus albores, la divisa roja y negra, lidió con largueza en las plazas de “San Rafael”, “Bucareli”, “Tacubaya” y la “México”, y sus toros fueron muertos por espadas cuyos nombres, hoy nos parecen bíblicos.

El 26 de enero de 1902, el famoso diestro sevillano Antonio Fuentes y Zurita, alternativado en Madrid por Fernando Gómez “El Gallo” con el toro “Corredor” de Don José Clemente, mató en su beneficio ocho Piedras Negras en compañía de Joaquín Hernández “Parrao”. Y a finales de ese mismo año, el 7 de diciembre, se presentó en nuestra capital Rafael Gómez Ortega “El Gallo”, con seis toros de Don José María, alternando con José García “El Algabeño” y Manuel Jiménez “Chicuelo”, dos diestros que serían conocidos en la historia de nuestra fiesta mas por las hazañas de sus hijos, que por las de ellos mismos.

También durante la temporada de 1902-1903, partió plaza en la México, un diestro cantado en coplas por su apuesto talle y bellos ojos, me refiero a Antonio Reverte Jiménez, quien el día de los Santos Inocentes, mató tres Piedras Negras, en compañía de “El Algabeño”, que toreaba su beneficio.

El famoso diestro cordobés Rafael González Madrid “Machaquito”, se unió a la lista de toreros de alto bordo que mataron Piedras Negras. Esto fue el domingo 15 de noviembre de 1903, alternando con su paisano José Rodríguez “Bebé Chico” y obteniendo un sonoro éxito.

En 1904, el 10 de enero, Antonio Montes Vico hizo el paseo al lado de “Chicuelo” padre, para lidiar una corrida compuesta por tres astados de Tepeyahualco y tres de Piedras Negras. Quien le iba a decir entonces al sevillano, que ya en la finca de San Bartolomé del Monte, rumiaba bajo la placida sombra de los sabinos, el “Matajaca” numero cuarenta y dos, negro entrepelado, que el 13 de enero de 1907, lo hiriera de muerte en la misma plaza.

Antes de su trágica tarde, Antonio Montes había triunfado con los toros de Piedras Negras. Fue en los domingos 10 de diciembre de 1905 y 14 de enero de 1906, donde Montes se alzó como el gran triunfador alternando en la primer fecha con el gran Ricardo Torres Reina “Bombita” y en la segunda con su padrino Antonio Fuentes y otra vez con “Bombita”, quien por cierto sufrió una grave cornada al torear de capa al toro que cerró plaza.

Otros espadas, aunque no de la talla torera de los que he mencionado, mataron reses de Piedras Negras en aquella época. Ellos fueron Antonio Escobar “El Boto”, José Palomar “Caro Grande”, Rafael Molina Martínez “Lagartijo Chico” y Francisco Bonál “Bonarillo”.

El modelo de la fiesta en esos tiempos, era muy distinto al de nuestros días. La bravura se media básicamente en el primer tercio, siendo éste el principal de la lidia. Se analizaba con dureza la casta y el celo con que los toros se arrancaban de largo a los caballos desnudos y era primordial la cuenta de los tumbos y los jamelgos muertos.

El tercio de banderillas era de gran lucimiento, pues la mayoría de los espadas de cartel, eran eminentes rehileteros y la muleta, compañera inseparable en los años venideros de las grandes: faenas, servía sólo como aduana preparatoria para la suerte suprema.

A mi entender, esto dió pauta para que los ganaderos mexicanos del último tercio del siglo pasado, atentos a la suerte de varas, seleccionaran con rigor sus vacas pías, dejando en sus campos solo aquellas hembras que habían pasado con alta calificación la dura y dolorosa prueba de los puyazos, para luego echárselas a los toros españoles, que buenos o malos, tenían la ventaja de arrastrar todos ellos, una buena y rigurosa selección.

Así comenzó el viejo Don José María González Muñoz con sus Piedras Negras, buscando desde entonces la bravura y el celo de sus toros. Así lo hicieron los Barbabosa, los Llaguno y los Madrazo, que han sido junto con los González, los grandes pioneros que con su esfuerzo y dedicación sembraron el frondoso árbol que es hoy la esplendida ganadería brava mexicana.

DON LUBIN

GONZALEZ

GONZALEZ

1907 -1928

Dos toros de idéntico pelo -negros bragados, luceros- lidiados en la misma plaza “El Toreo” con un intervalo de veintiún años entre el primero y el segundo, acotaron los días ganaderos de uno de los mejores criadores mexicanos de reses bravas en lo que va de nuestro ya muribundo siglo, nos referimos a Don Lubín González González.

El primero de estos bureles se llamó “Tecolote”, estaba marcado con el numero 12 y abrió plaza la tarde del 10 de noviembre de 1907, fecha en la que Piedras Negras se presentó en el inolvidable coso de la Condesa; le tocó en suerte al malogrado diestro sevillano José Gallego Mateo, anunciado en los carteles como José Claro “Pepete”, que tres años después de este festejo, muriera en la plaza de Murcia, a consecuencia de la tremenda cornada que le produjo el toro “Estudiante” de Don Fernando Parladé, marcado a fuego con el numero 27 y de color negro.

El otro toro fué “Trepador”, numero 63. Le tocó cerrar plaza y temporada en un festejo dado el domingo 11 de marzo de 1928. Pepe Ortíz, estuvo formidable con el de Piedras Negras y después de una gran faena le cortó una oreja, saliendo a hombros de los entusiastas.

Aquel día alternó con el tapatío Antonio Posada, quien en la segunda corrida del ciclo le había dado la alternativa a Fermín Espinosa “Armillita”, con el toro “Maromero” de San Diego de los Padres.

Mucho y bueno lidió Don Lubín en sus años ganaderos, y aunque hasta 1915 se anunció la ganadería a nombre de su tío Don José María González Muñoz, todo el mundo sabia que era Don Lubín quien llevaba el peso en el manejo de la finca, siendo también el mayor responsable de conducir a buen puerto los empadres, herraderos, ahijaderos, tentaderos y el apartado de los toros en el campo de la divisa roja y negra. Buena temporada fue para Don Lubín González la de 1908-1909, que el empresario Don José del Rivero puso en marcha el domingo 4 de octubre, con seis de Piedras Negras para la presentación en “El Toreo” de dos diestros españoles de muy poco fuste: Diego Rodas “Morenito de Algeciras” y Antonio Boto “Regaterín”. De la corrida sólo se recuerda el brillante primer tercio del bravo toro que abrió plaza, “Chirimoyo” numero 10, de pelo chorreado en verdugo.

Rafaél Gómez Ortega “El Gallo” y Manuel Mejías Rapela “Bienvenida”, indiscutibles figuras de su época, dieron una gran tarde de toros con los Piedras Negras que estoquearon en un mano a mano el 6 de diciembre de 1908. Ambos espadas estuvieron superior, teniendo el “Divino Calvo”, su mejor tarde en el coso capitalino, al cortarle la oreja al toro corrido en quinto lugar “Jilguero”, numero 23 de pinta castaño claro.

Otra fecha importante para la ganadería de Piedras Negras de aquel ciclo, fue la del domingo 17 de enero de 1909, en la que Rodolfo Gaona Jiménez, partió plaza por vez primera como matador de toros en el inolvidable coso, al lado de Rafael Gómez “El Gallo” y Antonio Boto Regaterín”. Lástima que su lote formado por los cinqueños “Ardillo” y “Alcaparro” salieran de la veta mala. A pesar de ello, el maestro de León tuvo una tarde muy aceptable.

En el mes de febrero del año antes mencionado, Gaona repite con los toros de Don Lubín. El domingo 7 alterna con “El Gallo” y su paisano Vicente Segura, y el 14 es el testigo de la alternativa, casi familiar, que Rafael le da a su hermano Fernando con el toro “Inglés” numero 11, colorado hornero, de la famosa casa tlaxcalteca; siendo este el primer doctorado que se dio en el coso de la Condesa a un torero español.

También Piedras Negras inauguró la siguiente temporada (1909 -1910), el domingo 3 de octubre, fecha en que el madrileño Tomás Alarcón “Mazzantinito”, en presencia de Manuel García Barbero “Revertito”, le dió la alternativa a nuestro paisano Rodolfo Rodarte, con el toro “Pulgo” número 46 de pelaje cárdeno claro, bragado y meano.

Pero la fecha importante para la divisa roja y negra en aquel ciclo, sería la del 28 de noviembre de 1909, cuando Don Lubín González echara seis magníficos toros para la presentación de Rodolfo Gaona que estuvo enorme toda la tarde, pero especialmente con el cuarto de nombre “Hormigo” marcado con el numero 2, de color retinto albardado, bociblanco y meleno, al que banderilló colosamente. Su compañero fue el granadino José Moreno “Lagartijillo Chico”, que cortó oreja a “Primoroso” numero 28, negro, corrido en el lugar de honor.

Pronto se convirtió Piedras Negra” en una ganadería de postín y en la temporada de 1910-1911 trajo a “El Toreo” siete corridas. De su abultado número de festejos -ninguna ganadería mexicana ha vuelto a lidiar cuarenta y seis toros en una misma temporada en la plaza mas importante del país-, sobresalieron cuatro: la alternativa de Luis Freg, y más tarde su encerrona; la presentación de Rodolfo Gaona que por tercera vez consecutiva mató Piedras Negras; y el muy esperado debut en “El Toreo” del maestro de La Coronela, Antonio Fuentes.

El doctorado del jóven diestro de Nonoalco, se programó para el cuarto festejo del ciclo (Piedras Negras lo había inaugurado el día 2 de octubre con Diego Rodas “Morenito de Algecíras” y Vicente Segura), el domingo 23 de Octubre de 1910. El padrino del que fuera llamado más tarde con toda justicia “Don Valor”, fue el hispano José Moreno del Moral “Lagartijillo Chico”, y el toro de la ceremonia se llamo “Tiburón” numero 30, negro zaino. Bien estuvo Freg toda la tarde, destacando por sus magníficas estocadas, de los que sobresalió el clásico volapié con que fulminó a su segundo enemigo, “Relojero” de nombre y que llevaba en sus lomos el 26 y de pinta negro bragado al que le cortó una oreja. Y mejor estuvo el día de su beneficio, 26 de febrero de 1911, en el que hizo el paseíllo como único espada para despachar una corrida de la divisa roja y negra, pasando esta hazaña a la historia de la fiesta, por ser la primera encerrona que se dio en “El Toreo” de la Condesa.

Preciosa era la corrida que Don Lubín González había apartado en su campo tlaxcalteca para la presentación de Rodolfo Gaona, pues bien sabía el amo la predilección de Rodolfo por los toros toluqueños de Atenco y San Diego de los Padres, y él no se iba a dejar ganar la pelea. Y así como eran de bonitos y bien cortados los seis astados, salieron de buenos. Gran tarde del “Califa de León”, con corte de tres orejas a “Judío” y “Desertor” en que alternó con “Lagartijillo Chico” el 4 de diciembre de 1910.

Antonio Fuentes y Zurita, figura de época y el esteta más grande, junto con Gaona, que ha pisado los ruedos; resentido y dolido de la tremenda cornada que un Saltillo le propinó en Zaragoza en 1903, se presentó en “El Toreo” el domingo 8 de enero de 1911, con seis toros de la divisa roja y negra, de sus grandes amigos mexicanos los González. Por desgracia, ya no era el Fuentes de sus días de gloria, pero no hay que olvidar que los toreros preñados de arte como él tienen su casta, y en los domingos venideros la sacó, terminando al lado de Gaona como los máximos triunfadores de aquella inolvidable temporada.

Fuentes, no desmintió a su acérrimo rival del último tercio del pasado siglo, el califa cordobés Rafael Guerra Bejarano “Guerrita”, que un día dijera: “Después de mi “naiden”, y después de “naiden”,… Fuentes”.

Pocos y nada buenos recuerdos dejó para Don Lubín González la temporada de 1911-1912. En cinco fechas vió anunciada su ganadería en los carteles de “El Toreo”, pero en ninguna salió un toro importante, sólo -recordaba Don Jerónimo Merchand íntimo amigo y, pariente del ganadero-, la corrida de la presentación de Gaona, el 10 de diciembre de 1911, en la que le tocó a Rodolfo, un toro de pelo berrendo en negro aparejado y coliblanco, que se llamó “Granadino”.

Abundando en datos para la historia de esta ganadería, diremos que en aquella no grata temporada mataron Piedras Negras los diestros Isidoro MartíFlores, Juan Cecilio Villanueva “Punteret”, Emilio Torres Reina “Bombita”, Rodolfo Gaona Jiménez, Fermín Muñoz González “Corchaíto” y el madrileño Vicente Pastor y Durán.

Debido al movimiento armado en que la Patria se encontraba sumida, al poco dinero circulante, y a que, en el elenco de matadores no figuraba ningún nombre de alto bordo, la temporada de 1912-1913, fué una de las menos lucídas en la historia de la plaza de “El Toreo”. Sin embargo para la ganadería de Piedras Negras fue clave.

Lo fue porque además de lidiar el mayor número de astados y tener éxito en casi todas sus corridas, Don Lubín echó por primera vez toros hijos de las vacas y sementales procedentes del Marqués de Saltillo -frondosa rama del tronco de Vistahermosa-, que habían llegado a su finca en el año de 1908, cuando la familia González le comprara la torada de Tepeyahualco a Don Manuel Fernández del Castillo y Mier, quien la había adquirido del hijo primogénito de Don José María González Pavón fallecido en el mes de agosto de 1904.

Dos tardes quedaron escritas con letras mayúsculas en el libro de Piedras Negras. La corrida de Covadonga celebrada el domingo 13 de octubre de 1912 y la alternativa del infortunado Merced Gómez el día primero de diciembre de aquel mismo año. En el primer festejo, alternaron Diego Rodas “Morenito de Algeciras” y Serafín Vigiola del Torco “Torquito”, quienes tuvieron una actuación triunfal al cortar cada uno una oreja a los poderosos toros de la divisa rojinegra, que además de terminar claros y con clase, habían hecho un brillante primer tercio al tomar de largo (entonces se ponían los toros en suerte), 25 puyazos, causar 14 tumbos y despenar nueve sardinas.

Diego Rodas “Morenito de Algeciras”, confirmante en el abono madrileño de 1903, cuando José García “El Algabeño” le cedió el toro “Ventero” numero 4, berrendo en jabonero de la ganadería portuguesa de Palha y Manuel Mejías “Bienvenida”, mermado para siempre por la cornada del “Viajero” de Don Jacinto Trespalacios, fueron el padrino y el testigo respectivamente del valiente diestro nacido en el barrio de Mixcoac.

Merced Gómez, que había renunciado a su primera alternativa y que sin saberlo torearía su solitaria temporada como matador de toros, se enfrentó en la tarde de su doctorado dos muy serios y cuajados toros de Piedras Negras. El de la ceremonia se llamó “Carrión”, número 17 de pelo cárdeno y ojicárdeno, con el que estuvo muy bien para cortarle una oreja. Con el sexto cumplió y los entusiastas aficionados lo sacaron a hombros de la plaza; en cuatro corridas más haría el paseíllo Merced, mostrando en cada una de ellas su innegable valentía; valor que le impondría el dolor de una cornada grave de un astado de Tepeyahualco.

La noche del 13 de marzo de 1913, -los treces a dobles- caminaría Merced Gómez despreocupado, de una partida de naipes, donde la vida le tenia guardado su trágico destino. Durante el juego hubo una reyerta, en la que un maletilla español apellidado Romero, le asesto al torero de Mixcoac, una tremenda puñalada en el muslo izquierdo que le partió la vena femoral y a los pocos días el Dr. Cuesta Barquero no tendría mas remedio que amputarle la pierna. Así un domingo de abril de 1913 -tarde de su beneficio- Merced Gómez daría, apoyado en un par de muletas, su última y amarga vuelta al ruedo.

Los mexicanos Rodolfo Gaona, Luis Freg y el novel Samuel Solís que tomó la alternativa, junto con los hispanos Vicente Pastor y Juan Belmonte García -recientemente doctorado en Madrid por Rafael González “Machaquito” con el toro “Larguito” de Oléa-, formaron la quinteta de espadas que se repartieron la camada de saca de Piedras Negras y la corrida de La Laguna que venía por cartel durante la temporada de 1913-14.

Pastor y Freg, dos verdaderos colosos de la espada, dieron cuenta con seis formidables estocadas de los piedrenegrinos, que como en otras ocasiones inauguraron la temporada. Buena tarde de ambos toreros que fueron fuertemente ovacionados por un público que llenó la plaza.

El fenómeno de Triana Juan Belmonte, mató por primera vez toros de Don Lubín el domingo 16 de noviembre de 1913, fecha en que también dio su primera alternativa, ésta a Samuel Solís con el toro “Pescador” que llevaba el 24 en el costillar y que era de pelo negro lombardo. Mala tarde de Solís, diestro de finos modos pero pocos recursos, y extraordinaria actuación del trianero, que sin cortar orejas, dio cátedra de su toreo lento y parsimonioso apoyado solo en sus privilegiados brazos y muñeca en una época en la que el toreo solo se apoyaba en las piernas.

Para el 30 de noviembre del año antes citado, se anunció la presentación de la ganadería de La Laguna, una de las dos partes en que fué dividida la antigua casa Tepeyahualco, propiedad de Don Romárico González González, hermano mayor de Don Lubín. El primero atento a su celo ganadero y al ilustre apellido campero que llevaba, afinó una corrida como las que preparaban los Miura y Pablo Romeros en los albores de este siglo. Seis toros con la boca hecha, cuajo, trapío y pitones, como para quitarle el hipo al más pintado.

Vicente Pastor y Rodolfo Gaona, fueron los encargados de matarla. El primer toro, “Farfarello” número 12, negro zaino, saltó a la arena luciendo en sus amplios lomos la nueva divisa de colores tabaco y roja; y en la faena de muleta, atrapó en su poderosa testa al madrileño, que pasó a la enfermería con una seria cornada. Gaona se quedó solo y pechó con los seis pavos.

“A Romárico se le pasó la mano y no veas la que pasé. La gente se me echó encima y no me dejó estar a gusto en toda la tarde. Ardió Troya, los picadores volaron como si fueran de papel y los de a pie a pesar de estar “Magritas”, anduvieron mal y de malas. Ya te imaginarás la música de viento y las mentadas de madre. Al día siguiente me fuí a León y les dije que no volvería a torear el resto de la temporada, pero volví…”. Palabras del maestro Gaona a este servidor sesenta años después de aquel festejo.

La Laguna volvió a la corrida concurso de ganaderías, celebrada en el “Toreo” el domingo 15 de febrero de 1914. El cartel era con Rodolfo Gaona y Juan Belmonte lidiando toros de Atenco, San Diego de los Padres, San Nicolás Peralta, Piedras Negras, Zotoluca y La Laguna. El festejo se dió a beneficio del empresario Don José del Rivero y los toros salieron al ruedo por estricto orden de antigüedad, como debe ser en todo concurso de ganaderías; para esta justa hubo dos premios, el primero al Toro mas bravo, ganado por “Revenido” #16, negro entrepelado y bragado de Don Romárico González que cerró plaza. El segundo premio fue para el loco mejor presentado y paró en manos de Don Ignacio de la Torre y Mier, criador del toro “Revistero” número 342, negro zaino, corrido en tercer lugar. Ambos astados le tocaron en suerte a Belmonte, que tuvo una tarde gris. Gaona mató el de la divisa roja y blanca y el de Don Aurelio Carvajal -“Nirlo” #11, negro entrepelado- que fue muy bueno y al que le hizo una gran faena para cortarle una oreja. Los toros de Atenco y Piedras Negras, terminaron su lidia, nada brillante por cierto, bajo la espada de Vicente Pastor.

Como dato complementario diremos que fue ésta, la primer corrida concurso de ganaderías que se celebró en “El Toreo”. En las temporadas posteriores hubo otras, que ya comentaremos cuando sea su momento, pero en realidad se han dado muy pocas a través de los años. Creo yo que son corridas muy importantes, y que se deberían efectuar con más frecuencia, pues son digno escaparate para medir la autentica bravura y estilo de los toros.

La camada de machos de 1911 en Piedras Negras fue corta, y Don Lubín solo lidió dos encierros en la temporada de 1915-16. Por cierto, ambas corridas fueron muertas por la misma pareja de toreros, Luis Freg y Juan Silveti Mañon, pareja diametralmente opuesta en su quehacer torero, pero unida como el calor al fuego por la misma piedra de toque de sus escudos de armas: el valor, condición indispensable para ser torero, que ellos llevaron basta lo infinito a pesar de las muchas y gravísimas cornadas que los toros talludos y encastados de su época les pegaron a lo largo de sus vidas toreras.

No hubo diestros mas valientes que ellos en la etapa secundaria de nuestra fiesta, hasta que en la década de los cuarenta aparecieran en los ruedos Antonio Velázquez y Rafael Rodríguez, para formar con los viejos, el basta hoy autentico pókar de ases de la baraja taurina mexicana, que pasaron a la posteridad como los mas valientes de este siglo.

La primera corrida de Piedras Negras se mató el domingo 16 de enero de 1916, y sirvió para que Luis Freg le diera la alternativa al “Tigre de Guanajuato”, con el toro número 33 que abrió plaza, de nombre “Rompeplumas”, negro entrepelado. Terciado en su conjunto fue el encierro de Don Lubín, pero bueno y fácil en términos generales, permitiendo que los dos diestros cortaran una oreja por barba, también esa tarde se lució con el capote y los palos, el notable subalterno leonés Pascual Ferro.

Después de esta corta temporada de 1915-1916, en la que el punto culminante fue la alternativa de Juan Silveti Mañon, la plaza de “El Toreo” cerró sus puertas debido al decreto redactado por el Sr. Presidente de la República Mexicana, Don Venustiano Carranza, que prohibía las corridas de toros del Distrito Federal.

Cuatro largos años duró el ayuno y el 16 de mayo de 1920, fecha histórica y trágica en la fiesta, se reanudaron las corridas en el magno escenario, con un cartel formado por Juan Silveti y José Corzo “Corcito”, quienes lidiaron seis ejemplares de la ganadería zacatecana de San Mateo, propiedad entonces de los hermanos Don Antonio y Don Julián Llaguno González.

Los excelentes aficionados, Don Ramón López, Don Joser del Rivero y Don Francisco Carreño, se encargaron de llevar las riendas de la empresa, e inauguraron su temporada formal de 1920-1921, el domingo 17 de octubre. Por enésima ocasión Piedras Negras abre el fuego, y mandan sus bien presentados toros para Juan Silveti, recuperado totalmente de su grave cornada del toro “Jilguero” de Palha, y Ángel Fernández “Angelete” diestro extremeño que hacia su presentación en la capital. Bien Silveti y mediocre, como siempre fue, el hispano.

A los quince días volvió al Distrito Federal Don Lubín con sus toros. Esa tarde del 31 de octubre, mataron la corrida, Alfonso Cela “Celita” que repetía, y Ernesto Pastor que se presentaba. Buena tarde de Pastor que estuvo muy lucido en dos de sus toros: “Gaditano” que fue el de su presentación y, Alcaparro” que cerró plaza.

Al domingo siguiente, el 7 de noviembre, se lidia la tercer corrida de Piedras Negras, que sirve para la presentación en “El Toreo” del fino diestro jerezano Juan Luis de la Rosa. Los toros cumplieron en términos generales, y Juan Luis estuvo muy bien con el sexto de nombre “Rebocero”, después de haber dado muerte con poca fortuna a “Muñeco” y “Lagartijo”.

Continuará…

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